La paz, los valores y la escuela

Por Edistio Cámere

Entre las proposiciones ‘establecer la paz’ y ‘establecer una cultura de paz’ media una distancia significativa. ‘Establecer la paz’ sigue a una acción contraria previa y no se extiende a cómo sería un después. Es simplemente un cese de hostilidades. Mientras que ‘establecer una cultura de paz’ hunde sus raíces en el cómo de las relaciones entre los diversos actores sociales. El conjunto y el cómo de las relaciones entre todos los miembros de una sociedad configuran para bien o para mal la denominada convivencia.

paz y valores escuelaLas diferencias entre los hombres no son casuales, más bien predican su singularidad e irrepetibilidad. En esencia y dignidad todos somos iguales, pero precisamente por tener libertad las opciones, decisiones y acciones son distintas, diferentes. La pluralidad es la riqueza de la sociedad. Pero esa riqueza tiene que encauzarse, orientarse para que todos puedan aportar, en la medida que también cada persona pueda crecer y desarrollarse. Es necesario, por tanto, construir ‘estructuras’ que ordenen las relaciones entre los hombres, pues en el desorden campea el individualismo, preludio de la ley del más fuerte. El hombre tiene que abrirse a la realidad para advertir que en la naturaleza reina un orden y armonía a pesar de las diversas especies y seres que en ella existen.

San Agustín define la paz como la “tranquilidad en el orden”. Sea que el orden se entienda como prelación que reclama subordinación, sea que se comprenda como relación mutua entre sujetos, el orden tiene que ver con la disposición correcta de las unidades de un conjunto. En el mundo social esas partes del todo ordenado son los hombres mismos y sus actos de relación. Pero ¿cómo se ordenan unos u otros? Santo Tomás afirma que es “la finalidad perseguida la que sirve de canon o guía, de ratio, a la distribución de las cosas. Y tal finalidad es en cada grupo particular el objetivo perseguido en común; y en la sociedad globalmente considerada es el hecho mismo de la convivencia pacífica, como base para todos los fines de la vida. Por ello, son las relaciones sociales ordenadas y pacíficas las que garantizan la tranquilidad, el sosiego necesario para que las personas se crezcan como tales.

La paz no es un mero equilibrio de fuerzas o ausencia de guerra, ni puede surgir de una hegemonía despótica. La paz es obra de la justicia y del respeto, fruto del orden que necesita de un continuo hacerse y de una constante vigilancia de la autoridad. Entre otras razones porque las relaciones entre los hombres conforman una realidad de orden moral, cuya peculiaridad es que la libertad humana debe descubrir y realizarlo o no.  La paz se propone a la voluntad, al querer del hombre; no es una realidad que se imponga, ni menos que germine siempre en ‘primavera’.

Los colegios retienen para sí, después de las familias, el privilegio responsable de iniciar a sus alumnos en la cultura de la paz.  Sostengo esta afirmación porque:

1.- Los colegios tienen unos principios, una axiología que estructura el orden de las relaciones que allí se establecen.

3.- La misma disposición natural del colegio, distribuido por grados y edades, facilita el orden y la convivencia, pues la agrupación es por objetivos y fines específicos. Sin embargo, es necesario subrayar la necesidad de facilitar a los alumnos de Secundaria alta el respeto y cuidado por sus compañeros menores e insistir en que su ejemplo marca pautas de comportamiento futuro.

4.- La figura del tutor, cercana y cálida, permite que los alumnos confíen y abran su mundo interior de modo tal que por ese mismo canal se les vaya orientando personalmente. Los escolares no son anónimos o un número más, se les refuerza su singularidad e individualidad a través del trato personal.

5.- Además de la edad de los alumnos, pero sobre todo porque un colegio se caracteriza por la cantidad de relaciones humanas que allí se establecen, es necesario que la autoridad esté claramente identificada, pues en ese campo, por lo general, la solución tiene que venir desde fuera, dado que son situaciones imprevisibles y opinables.

6.- Propician directamente o por distintos canales: delegados, prefects, brigadieres… que emiten o se expresan con facilidad sus puntos de vista y se les toma en cuenta.

7.- El colegio tiene que ser un mosaico de oportunidades de modo tal que cada alumno encuentre el espacio para desarrollar en lo que destaque. Esto implica planes y proyectos en el ámbito académico, deportivo, extracurricular, de participación estudiantil, social, musical…

8.- No menos importante es la formación de una inteligencia que busque la verdad  y de una voluntad que sepa permanecer en el bien. En suma, el colegio comparte con la familia la tarea de formar personas y que los alumnos aprendan a serlo porque se les trata como tales.

Los valores 

Una mirada razonable evidencia que en la misma naturaleza de los colegios anidan valores. Entre otros podríamos citar: el aprender, la verdad, la familia, la amistad, la formación, el compañerismo, la puntualidad, el deporte, el estudio, el respeto, el trabajo, el cariño, la sinceridad, la generosidad….  Todos ellos constituyen bienes ciertos y reales.  La misma dinámica de las relaciones en la convivencia cotidiana, de la mano con los principios educativos propuestos por el centro educativo, favorece que los alumnos y docentes se encuentren de cara a los valores.

Un colegio es una comunidad compuesta por los padres de familia, los profesores y los alumnos que constituyen, en cierto sentido, una cultura.  Siguiendo a Geertz se la puede definir como un “sistema ordenado de significaciones y símbolos en virtud de los cuales los individuos definen su mundo, expresan sus sentimientos y formulan sus juicios”.  En todo centro educativo hay un saber, una moral y una estética que se inscriben dentro de un contexto social, nacional y universal.

Los colegios -en sentido estricto- no son islas, forman parte ‘de’, participan de los valores universales…  Pero los valores a trasmitirse en un centro educativo deben recogerse y plasmarse en el Ideario que rige su destino, de modo que la organización y, en general, todas las actividades encuentren en aquel su fundamento y guía. Pero no sólo deben presidir las acciones educativas, también es debe ser insoslayable para el docente, quien intencionalmente debe procurar encarnarlos personalmente. Por último, utilizando las estrategias pertinentes, corresponde presentarlos y mostrarlos a los alumnos considerando los periodos sensitivos propios de la edad.

La educación en valores no pasa de ser una frase hecha a condición que se busque decididamente enlazarlos en la vida de cada educando. Si el valor no se encarna en una persona singular se corre el riesgo de masificarlo, vaciándolo de su contenido de manera que cada persona lo llene con arreglo a su percepción, estado de ánimo o movido por simple comodidad. 

Hoy en día -es curioso, por decir lo menos-  se habla mucho de valores y se refiere a ellos con preocupación que a veces raya en cierto fundamentalismo; sin embargo, en el ambiente se respira desconcierto, atropello, ponzoña, deslealtad… nos hemos quedado en el mero enunciado. Si los valores no se viven, no se experimentan ni se expresan en conductas específicas pierden su condición de guías que norman el diario vivir. Los valores son universales, no son personales en el sentido que se individualizan a tenor de las propias circunstancias, sentimientos o caprichos. 

Encarnar un valor exige esfuerzo personal. Sin este ingrediente lo apreciable del valor se diluye. En una sociedad que no privilegia el esfuerzo, la renuncia personal ni el sacrificio, poco espacio queda para la asunción de valores. Sostener la arquitectura de los valores sin el cultivo personal, que pasa por la formación del criterio para discernir meridianamente por la verdad y educar la voluntad para optar y querer el bien, es como tratar de buscar peces en la tina. No solamente eso sino que para mantenerse en la elección del bien es necesario adquirir virtudes, que son repeticiones de hábitos operativos buenos. 

Por tanto, el enlace de los valores en cada persona singular y concreta pasa por la educación de las virtudes. Una persona sincera, generosa, desprendida, solidaria estará en condiciones de vivir el valor de la amistad o del amor. Por el contrario, una persona estacionada en el egoísmo no encarnará fielmente el valor de la amistad o del amor; y si preconiza sobre ellos lo hará desde su particular y subjetiva óptica. Es lógico que así sea pues no se descentra de su ‘yo’ para hacerse con el valor, a pesar de que intelectualmente comprenda sus alcances y propiedades: No falla la inteligencia; falla la voluntad.

El valor, que es una verdad objetiva, se encuentra fuera de uno. Acercarse a él para conducirse con arreglo a sus postulados es tarea personal inajenable que el colegio puede contribuir decisivamente.

Algunas dificultades razonables con respecto a la educación en valores pueden ser:

  1. Poco estudio y reflexión acerca de la persona humana como fin de la educación.
  2. Falla en la comunicación oportuna, completa y ejemplar del Ideario o carácter propio del centro educativo.
  3. Error en la apreciación sobre lo que realmente es valioso, lo que puede conducir a acentuar como valores bienes utilitarios o de corta vigencia.
  4. Poca inversión y esfuerzo en la formación de docentes, a pesar que ellos son los que con su ejemplo muestran a sus alumnos lo atractivo y beneficioso que son los valores como guía de comportamiento.
  5. Oportunidad de la posesión de valores, que en buen romance es procurar que aquellos se enlacen en la vida de cada alumno. Si los valores no se viven, no se experimentan y no se expresan en conductas específicas pierden su condición de guías que norman el diario vivir. 

12 pensamientos en “La paz, los valores y la escuela

  1. El orden es indispensable. Necesitamos que la sociedad funcione en torno al pluralismo y la tolerancia, pero con el debido respeto a una autoridad que más allá de merecer ese nivel por ser un personaje elegido,designado o capcitado para ello, de muestras o testimonio de una vida ejemplar. Porque la autoridad está basada en el ejemplo, no puede imponerse.

  2. hooLaa!pss dejeenmee decirLees quue estuubo muuy bieen Loo quee Leei (y) eeL de arribaa tienee raazon mee ayuddo muucho con mi tarea,, tieenen uun muuy bueen puunto dee vissta acercaa de Loss vaLorees quee se practicaan en uun coLeggio,, muuy compLeta su información… GRACIAS! (:
    COLEGIO.TEPEYAAC.DE.CD.ALTAMIRANO.GUERRERO.MEXICO

  3. MUY BUENO, Y MUY CONVENIENTE PARA EL ESTUDIO QUE REALIZO RELACIONADO CON LA CULTURA DE PAZ, GRACIAS POR LA AYUDA.

    • Valentina
      Muchas gracias por tomarse el tiempo y hacerme llegar su comentario. Los artículos de entreeducadores apuntan más a la reflexión, a compartir ideas y experiencias; ciertamente, algunas no son universales y, por tanto no coinciden con las de unos o con las otros. La aplicación, que es siempre contextual y personal, sucede a la teoría, a los conceptos, a las ideas. No es al revés. Tal vez usted me pueda sugerir el cómo para hacer que un artículo sirva. Estaré agradecido.
      Cordialmente
      Edistio Cámere

  4. muy bueno su trabajo y su enseñanza ,me ayuda hacer la tarea de mi hija ,ella esta en primer grado .muy agradecida

  5. Hola a todos los q nos interesamos´por la educación. m encantaria q en su articulo colocara un mapa conceptual de los valores de paz, pues ami hijo se lo dejaron de tarea y se es un poco dificil ordenarlos gracias por su tiempo. saludos desde Guatemala…..

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