El reto de los jóvenes ante la sociedad de hoy

Por Edistio Cámere

En portugués a los jóvenes se les dice ‘os novos’, los nuevos. ¡Qué atinado  significado! La juventud irrumpe en el status quo de la sociedad con una percepción y enfoque originales, novedosos. El solo hecho que los jóvenes hagan una lectura sin malicia y sin historia de su ambiente los ‘enfrenta’ conceptualmente con lo que miran y experimentan. Y esto ocurriría aún en el supuesto caso que la sociedad que los recibiese fuese más sólida y coherente que la actual. Por tanto, sorprenderse porque intenten cambiar o expresarse críticamente de lo actual desdice de un planteamiento maduro de parte de los adultos. Y es que si no hubiera ‘sangre nueva’, la sociedad se estancaría y se aletargaría. 

Es por ello necesario que de generación en generación se revise lo vivido y se planteen nuevos retos. El ser humano tiende al acostumbramiento, a la comodidad de lo rutinario; la juventud, entonces, funge como zaranda que con su movimiento constante quiebra la quieta pasividad de una posición o situación arraigada. Por tanto, culpar a los  jóvenes o criticarlos arteramente es un grave despropósito. 

Cito a Gerardo Castillo: “La juventud devaluada es una consecuencia de una generación adulta sin valores. Los jóvenes perdidos en la vida suelen tener padres excesivamente liberales y permisivos, que no han querido o no han sabido enseñar a sus hijos el camino de la verdad; que no les han transmitido una escala de valores; que no les han puesto en situaciones de esfuerzo y compromiso personal”.

Es necesario, en los tiempos que corren, recuperar el verdadero significado de la palabra ‘juventud’. Para eso se tiene que “alzar vibrantemente la voz contra quien, en la sombra, sin nobleza, con fines perversos, trata de corromper esta riqueza estupenda con tremendos sucedáneos de valores traicionados, con halagos mortales que en una existencia presa de desilusiones, y tal vez, vacío de ideales encuentran fácil cebo” (Juan Pablo II).

Los jóvenes deben saber a tiempo que la sociedad de hoy les ofrece el confort, como medio, para defenderse de ellos: cuanto primero queden prisioneros de las cosas, antes dejarán de hablar de libertad y de querer cambiar el mundo. Es claro que una juventud sin ideales es como un ave sin alas: se le denomina ave pero no podrá volar. No tengamos temor en enseñarles que la solidaridad, la lealtad, el servicio, la libertad, el esfuerzo, la generosidad, la autenticidad y el amor a los demás por Dios, son valores que se pueden vivir y encarnar, independientemente del tiempo en que nos haya tocado vivir.  De esta manera, tendrá vigencia aquel dicho clásico: “Juventud, divino tesoro”.       

En cierta ocasión dos amigos decidieron emprender un viaje de aventura. Después de caminar largo trecho, aprender a sortear dificultades y soportar las inclemencias del clima, llegaron a un poblado pequeño pero acogedor.  Permanecieron en él buen tiempo gozando de la hospitalidad de los pobladores y de la rudimentaria comodidad que ofrecía la aldea.  Un buen día dice uno de ellos: “Debemos continuar nuestra marcha… nos queda tanto por descubrir y aprender del mundo”.  El otro no contestó.  Se quedó pensativo.  A los tres días vuelve a la carga con más insistencia. Aún así no obtuvo respuesta. “¿Qué ocurre contigo? Acá la pasamos bien, todo es fácil y agradable. Pero afuera hay un bello paisaje, se respira aire puro. Tenemos más oportunidades.  Anímate, vamos en pos de nuestros ideales”, insistió.  El amigo que escuchaba rompió su silencio: “Estoy cómodo, tengo todo a la mano.  Salir significa volver a comenzar, esforzarme, luchar… ¿y si no consigo nada?  Prefiero lo seguro.  Ve tú solo”.  

Es usual escuchar este tipo de respuestas cuando uno tiene iniciativas e ideales altos. La sensación de soledad, entonces, nos invade; podemos pensar que los amigos no responden, que la sociedad está en crisis, que el dinero no alcanza, que el colegio es exigente, que el estado no hace nada por nosotros… y así podríamos seguir enumerando, una a una, las dificultades que enfrentamos cuando queremos salir del anonimato, cuando queremos ir en pos de nuestras nobles metas.

La vida no es color de rosa pero tampoco es oscura. Las alternativas para ser mejores existen, no hay obstáculo alguno que nos impida radicalmente ser los propios autores de nuestro proyecto de vida. Hay que saber que todavía existen muchas personas que se resisten a tocar siempre la guitarra como acompañamiento. Luchan contracorriente para no ser presa fácil de los medios de comunicación social, de la violencia, del libertinaje sexual, del trabajo hecho sin ilusión, de la falta de compromiso… En pocas palabras, luchan para ser promotores y pioneros del cambio en el ambiente donde se desenvuelven. Esta realidad anima, estimula y nos debe devolver el optimismo.

Es aquí donde deben salir a flote en los jóvenes sus cualidades de liderazgo, que se deben promover como parte de su formación integral como personas. Estoy convencido que el liderazgo no sólo es asunto de carisma; es, sobre todo, una cuestión de ejemplaridad, de convicción y de un auténtico espíritu de servicio. Por tanto, no es pretensión decir que todos en nuestro ambiente podemos y debemos ser líderes: El ejemplo valora la palabra; la palabra da noticia de los valores que la nutren; el espíritu de servicio facilita la construcción de la paz.   

El reto está planteado. No es problema de uno o de varios líderes, el problema está en la ausencia de muchos líderes, que lo sean en su propio ambiente: en su familia, en el colegio, en el barrio y en la ciudad. Una famosa actriz norteamericana, visitó en cierta ocasión un hospital de leprosos. Al despedirse dijo a la religiosa que la había acompañado: “Es admirable la labor que hacen ustedes; yo no sería capaz de hacer esto ni por un millón de dólares”. La religiosa, muy dulcemente, le contestó: “Nosotras tampoco”.  Igualmente, para servir, para ser un verdadero líder no hay que buscar compensaciones materiales. El verdadero motor del líder debe ser el cariño, el afecto y el interés por ayudar a los demás: a metas altas se llega por motivos más altos. Un reto que los adultos debemos plantear a los jóvenes de hoy.

3 pensamientos en “El reto de los jóvenes ante la sociedad de hoy

  1. Muchas gracias por su articulo, es perfecto para plantearle cuestionamientos a mis estudiantes de último grado.

    • Carlos
      Gracias por su comentario y más aún que le pueda servir para sus alumnos. Debo confesar que sus líneas me motivan a seguir proponiendo temas con la única intención de contribuir en algo en la gran tarea del docente.
      Cordialmente
      Edistio Cámere

  2. hay una contradicción en la cual se ven envueltos nuestros jóvenes, que por una parte se les habla de valores, pero las demandas de la sociedad, de sus padres y del entorno son en ocasiones diametralmente opuestas a los discursos que se da de boca en boca, eso sin mencionar nada sobre los medios de comunicación…. que muchas veces ejercen influencia negativa…
    Resulta importante comprender que el aprendizaje de los valores no es un asunto netamente académico, es decir, los valores no se enseñan como las matemáticas, la biología o la trigonometría. Los Valores no se enseñan se inculcan y en muchos casos son una cuestión de ejemplo.
    se trata mas bien de que los padres y maestros nos esforcemos por ser ejemplares y ganarnos asi su carino y respeto y admiracion para que quieran ser como uno. cabe resaltar que no podemos inculcar un valor que no vivimos, que no sentimos, que no creemos desde el fondo de nuestro ser.
    pero si podemos reflexionar, reaccionar, revertir errores y tratar de esforzarnos mucho mas en ser mejores personas por el bien de nuestros alumnos e hijos. que es la mayor motivación ya que generara los beneficiara a ellos y de paso a nosotros los adultos

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