El respeto social al docente

Edistio Cámere

Suena a antojadizo reclamar respeto a una sociedad que gracias a sus renuncias y carencias ha impuesto cargas pesadas sobre los hombros del profesor, y también sobre los de la escuela! Una sociedad donde se cuestiona la verdad, donde no hay normas objetivas, donde todo está permitido, donde la legalidad suplanta a la moralidad, y, donde se piensa que toda autoridad atenta contra la libertad ([1])… en la práctica no respeta al docente, más bien, lo mira con cierta indiferencia en su cotidiano y esforzado intento de ir contracorriente, que es educar bien.

En otros campos o áreas profesionales, la sociedad, acata el propio fuero profesional. Cuando se acude a un médico, a un abogado o a un contador, se espera hasta que emitan su diagnóstico, el informe o el balance respectivamente, sin intervenir directamente en el proceso. Con el documento en mano, se formulan preguntas, inquietudes o las inconformidades.  En caso que no satisfagan las expectativas – mediado el pago de los honorarios pactados – se busca una tercera opinión. En buen romance, a todo este itinerario se denomina respeto porque se considera la autoridad de dichos profesionales. Respeto que, lamentablemente, no se brinda a los profesionales de la educación.

Los errores y falencias no se pueden ocultar, pero en comparación a las buenas obras son siempre menos. Si tan sólo la mirada al quehacer docente fuera objetiva, ponderada y respetuosa, el juzgar con ligereza y hacer generalizaciones a partir de hechos particulares se extinguirían. Es cierto que una golondrina no hace el verano. Tampoco algunas conforman una bandada…pero muchas golondrinas vuelan con eficacia porque conocen como llegar a su destino. Más si desde diversas esquinas las balas zumban por efecto de los cazadores: se dispersan, algunas caen heridas y pocas llegan al final de su camino. Lo cierto es que cada vez habrá menos que quieran alzar vuelo y, las que lo hagan lo harán con miedo. ¿Eso queremos con los maestros?

Frente a este panorama real a la educación se le plantea un nuevo reto ¿Cómo mostrar a los jóvenes que los valores existen independientemente del comportamiento de algunas personas? ¿En qué fundamentar la esperanza en el futuro? No es con la pura enseñanza de materias – aunque su condición de medio es fundamental – como se responderá a los retos que propone nuestra sociedad. Tampoco, los grandes discursos ni las campañas nacionales serán decisivos. El camino es ir por delante señalando con el ejemplo los valores que valen la pena encarnar. Los niños y los jóvenes están pendientes de referentes significativos de quienes aprenden y aceptan consejos. Estos referentes son los profesores. La condición de significativo remite a afecto y autoridad. Lo más próximo al alumno es el profesor y, a través de él recibe las influencias. En un entorno cambiante e incierto la figura del profesor debe trasmitir seguridad y esperanza. La seguridad la logra conduciendo y convocando al alumno a lo que le es propio, el estudio y su formación. Y la esperanza, mostrando que, mediante el esfuerzo, el trabajo, el cultivo de las virtudes se construye el futuro en el presente. ¡Feliz día Maestro!


[1] Goñi, Carlos, La ética borrosa, Ed. Palabra, España, 2010, Págs. 17-29


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