TUTORÍA Y FORMACIÓN CIUDADANA

Edistio Cámere

Balconear, baladrar, balbucear son tres verbos que, manifiestan formas de comportamiento que se van extendiendo e instalando en la sociedad actual. No intento formular una suerte de tipología social. Me interesa más poner a consideración de los tutores, a modo de reflexión en voz alta, las implicancias que en la vida social tienen esas actitudes. La escuela es el ámbito pertinente para rescatar y fundamentar la condición de la persona como ser social, al valor de la convivencia que vincula e invita a la solidaridad y al respeto de normas y principios que acogen al ‘otro’ en cuanto igual en dignidad y en derechos y deberes.

Balconear. Desde el balcón se tiene una panorámica de la situación o pasaje observado que incluye intersecciones, relaciones y no pocos detalles. Mirar no es lo mismo que ‘estar’. Otear de lo alto como hábito deviene en un mero curiosear. Se está al tanto de lo que ocurre en el radio de la mirada, pero es un conocer que no mueve ni a la acción reflexiva ni a la ejecutiva. No lo hace no porque lo que conocido sea inútil o neutro sino porque el sujeto que conoce prefiere la cómoda postura de mantenerse como espectador: mira para entretenerse o simplemente para fisgonear.

Quien balconea como práctica se muestra indiferente ante el curso que toma la sociedad. Estar al tanto de lo que ocurre no significa ni tomar partido ni comprometerse con lo que ocurre. Ha renunciado a ser agente activo y aportante en la configuración de la trama social para establecerse confortablemente en los reducidos linderos del individualismo. Para quien balconea, la sociedad es útil en cuanto satisface sus necesidades básicas y genera hechos y situaciones que complacen su condición de espectador.

Baladrar. De primera impresión quien baladra pareciera que está metido de lleno y le importa la sociedad. Sin embargo, quien vocifera, grita, alborota o chilla no tiene la intención de construir o de aportar. Grita aquel que se descontrola porque determinada situación no es de su agrado, porque no ha tenido el curso que quería o porque desea cambiarla a su antojo. ¿Acaso se puede dudar que las cosas pueden ser de otro modo al que uno piensa o anhela? Más aún ¿se puede dudar del valor y legitimidad de los puntos de vista ajenos? Quien suele baladrar ante que algo no le parece, pronto caerá en las fauces de la violencia; atenazado por el enojo, quien grita, pierde objetividad y serenidad para corregir o formular razonablemente sus propuestas, escuchar contrapropuestas, de modo que se pueda tender puentes de acercamiento y conciliación con otras posiciones.

El respeto a las personas no significa que coincida con sus opiniones, pero me obliga a que las escuche y las valore, les presente las mías con el ánimo de lograr un ajuste que, sin maltratar la verdad, satisfaga a ambos. Lo importante es que los derechos y deberes no se enajenan se corresponden recíprocamente. Por el contrario, quien baladra acumula para sí todos los derechos… total es deber de los otros el complacerlo si es que no quiere que vocifere. Sin duda, es una expresión de un individualismo a ultranza.

Balbucear: Aquel que baladra muestra lo que pretende, trasparenta su malestar. Mas quien murmura, farfulla, cuchichea o habla entre dientes oculta su respuesta. Queda la duda si afirma o niega: habla para sí mismo. Su real sentir lo comunica a otro u otros, cuando media distancia con su inicial interlocutor. La mirada esquiva anuncia que en cuanto uno se da vuelta, quien balbucea, astutamente siembra minas: no se notan pero explotan furiosamente. Asiste, escucha, anota, conversa con su compañero pero no comunica su posición. Quien dirige la reunión está persuadido que la proposición presentada cuenta con su anuencia. Error de apreciación. No solamente, no está de acuerdo sino que propaga un rumor contrario que genera desconfianza. De modo que, el balbuceo termina siendo un ataque sutil pero artero al bien común.

Teniendo la ocasión de aportar a la sociedad, el que balbucea como práctica, elige sus motivos pero actúa soterradamente para conseguirlos. Ciertamente el individualista sea que balconee, baladre o balbucee no se compromete ni con su entorno primario ni con el extenso, pendiente de sí no repara en su condición de ser social y, en caso que lo haga, le costará mucho incluir en los latidos de su corazón la praxis y la gramática del tú, del nosotros, del de ustedes y del de ellos.

LOS RESULTADOS EN EDUCACIÓN

Edistio Cámere

            En cierta ocasión un profesor, ante un grupo de colegas, comentó entusiasmado el reto que le representaba asumir un nuevo grado de primaria. Cada cual, con la carga horaria en la mano, manifestaba sus opiniones y expectativas con relación a sus inmediatos destinos como docentes. De pronto el primero añadió: “me preocupa que en el grado que me corresponde, precisamente en este año, el Ministerio de Educación vaya a aplicar una evaluación nacional, por tanto, desde ya estoy medio tenso porque tengo que obtener buenos resultados”. Su entusiasmo inicial se apagó y con el ceño fruncido se retiró.

            Obtener resultados es un objetivo legítimo pero debe ser el último de la lista de las pretensiones del docente. Los resultados expresados en guarismos o en porcentajes suelen ser epidérmicos. Una nota alta no refleja efectivamente que el estudiante haya aprendido y una baja no siempre es señal de un mal aprendizaje. Si el foco se centra en los resultados las actividades previstas se reducen a ese fin perdiendo su riqueza y posibilidades para lograr un ambiente propicio para la participación activa de los alumnos.

               De otro lado, también es importante advertir que en educación los resultados no obedecen a principios mecánicos. De un input como A no se sigue necesariamente un output como A’. Los alumnos son personas libres que tienen sus propias motivaciones, intereses, cansancios y limitaciones. En efecto, los resultados no son consecuencia única y exclusivamente de la acción personal del profesor, además del propio estudiante influyen sus compañeros, los colegas y el ambiente familiar.

            Los resultados en educación deben procurarse a través del crecimiento del docente tanto como persona como profesional. La medida del crecimiento propio es la medida del crecimiento de los alumnos. Crecer implica abrirse a la realidad y circunstancias del grupo y de cada cual: los alumnos son como son y no como nos gustarían que fueran, en todo caso pueden ser mejores si las estrategias didácticas y las actividades se ajustan a sus necesidades y características. El esfuerzo desplegado para ese fin supone aplicar la inteligencia y el querer para lograr bienes en los alumnos.

            Cuando los resultados cuantitativos se buscan por sí mismos, el docente no contento consigo mismo, al no conseguirlos, se congoja o se frustra. Los resultados también son oportunidades de aprendizaje cuando ‘no son los esperados’. Los imponderables, la libertad de los estudiantes, las decisiones tomadas ante determinadas situaciones y cuyas consecuencias no se previeron… son variables que acompañan al quehacer docente y tienen la propiedad de operar cambios en el profesor que lo ayudan a crecer y a adquirir experiencia profesional.

            Para lograr resultados en educación me gustaría proponer seis pasos:

  1. Enseñar con pasión. El entusiasmo contagia y atrae.
  2. Divertirse. El buen humor, la alegría y la paciencia generan un clima distendido que invita a participar y preguntar.
  3. Ser buen profesor. Un profesional a carta cabal.
  4. Valorar el trabajo de los colegas que enseñan en el mismo grado.
  5. Aprender para crecer.
  6. Obtener resultados. Es la gran consecuencia de los anteriores.

A las autoridades educativas les asiste la potestad de solicitar resultados. A la implementación de las políticas le sigue el control y la supervisión. Sin embargo, su aplicación, en modo alguno tiene porque opacar ni hacer perder de vista el foco principal de la actividad educativa: el crecimiento profesional y personal del docente. El alumno aprende gracias a su esfuerzo, que es estimulado cuando en la interacción con su maestro advierte que es atendido en sus dudas, acogido en su realidad e incentivado a mejorar. Ese tipo de interacción será posible cuando el profesor tenga la libertad de desplegar su arte en la enseñanza y centrarse en el alumno. Los resultados en educación no deben ser el punto de partida sino consecuencia de la pasión del docente por enseñar y formar personas.

LA DIVERSIDAD EN LA EDUCACIÓN

Edistio Cámere

¿A qué se hace referencia cuando se alude a diversidad? ¿A variedad?, ¿a diferencia? , ¿A distintos?  ¿A los otros? ¿A multiplicidad?  En rigor no hay variedad de hombres  como si variedad de flores; no se advierte distintos hombres como si se hace en el reino animal: el tigre es muy distinto a la tortuga y ¡que decir entre el elefante y la hormiga!

En el ser humano se advierten diferencias que nacen de su condición de persona: digna, única, irrepetible e insustituible. Pero al mismo tiempo, se observa semejanzas cifradas precisamente en aquello que las diferencia: toda persona es única, digna, irrepetible e insustituible. No existen dos personas iguales: Juan es único, María lo propio, Roberto igual y Teresa es única. Cada una tiene una intimidad ‘original’ que la hace singular ([1])  Ahora bien, toda persona posee una patrimonio inicial: la vida, la genética, un cuerpo, inteligencia, voluntad, libertad…que luego, gracias a sus experiencias, situaciones de vida pero sobre todo a sus decisiones personales, lo modifica ya sea incrementándolo  o no.  La forma cómo se dispone o decide sobre el patrimonio recibido configura el modo de ser, del cual depende el modo de actuar, que revela el ‘estado actual’ de una persona. ([2]) Como la persona se manifiesta a través de su modo de ser, de su actuar –aunque, vale la pena recalcarlo, la persona no es su modo de ser ni su actuar, más bien: tiene un modo de ser y una forma de actuar  – la manera de aproximarse a ella es conociendo los aspectos relevantes de ese modo de ser, que no encajan a una férrea tipología psicológica, sino que derivan de una acendrada singularidad y exquisita libertad.

La diversidad es un hecho antropológico, por tanto, su atención y trato no debería derivarse ni limitarse al nivel de la tenencia, de la cultura o del estatus económico, sino en la dignidad y condición de ser persona. Aquellas características no determinan la diversidad, a lo más dejan su impronta en el modo de ser o en la personalidad, por consiguiente, en educación el reto no es atender la diversidad sino la singularidad. ¡Esto sí que es ardua tarea porque no solamente interesan aquellos alumnos que exceden la norma tanto por arriba como por abajo, sino todos sin excepción, con el agregado que siendo irrepetibles también lo serán sus motivaciones, expectativas, intereses, capacidades, ideales, deficiencias,… y en el ejercicio de su libertad y decisiones! Para lo cual es fundamental procurar conocer y tratar a cada uno de los estudiantes desde su condición de personas.

Cuando se insiste en demasía en la diversidad basada en signos ‘externos’ se corre el riesgo de no reparar en las semejanzas ([3]) que tienen las personas: la coexistencia: la persona es una intimidad que es una apertura radical;  la libertad: que es la capacidad de autodeterminarse hacia la verdad y el bien. Dichas características hacen posible el abrirse a un tú, el encuentro y la acogida al ‘otro’, tan persona como yo, con quien puede relacionarme simultáneamente con singularidad y las diferencias en su modo de ser, dibujado con el pincel de su libertad, para complementarme como persona. La persona gracias a su apertura- coexistencia- y a su libertad puede donarse y aportar. Donarse desde su núcleo íntimo a otros semejantes –personas- en la amistad o en el amor personal. Aportar desde su condición de singular e irrepetible es contribuir con novedad a la sociedad mediante el trabajo, siendo solidarios en el logro del bien común.  Todas las personas están llamadas a la donación y el aporte personal. Las diferencias en su modo de ser y de actuar – la educación contribuye a remover los obstáculos antropológicos: la ignorancia y la falta de carácter que impiden la plena manifestación de su ser persona – los enriquecen y valoran.

 

[1] Como apunta Yépez: “La persona está detrás de sus manifestaciones, en un núcleo íntimo y oculto, a donde a primera vista no es fácil llegar… La persona está más allá de lo que muestra, de lo que dice y de lo que hace” en Alcázar, Manuel, Las decisiones directivas, Tesis Doctoral, UNAV, España, 2010, págs. 199-200
[2] “La esencia´ humana – mi modo de ser, del cual depende mi modo de actuar – es el estado actual de mi ‘humanidad’ modificada – para mejor o para peor – a través de las acciones, de la vida vivida” Ibíd. Pág. 207
[3]“En lugar de levantar acta de lo que el vecino puede tener de diferente, quizá sea más oportuno buscar lo que tenemos de común con él. Porque existen entre todos los hombres, por muy alejados que estén los unos de los otros en la geografía o en la historia, puntos de coincidencia intelectuales o morales que los hacen menos desiguales de lo que con frecuencia imaginan (…) Un francés puede sentirse muy diferente de un hombre de Patagonia en materia de costumbres o de vivienda, pero un patagón y un francés que se estrechan la mano hablan la misma lengua, y esto es, precisamente, lo que hay que dedicarse a practicar, mucho antes que eso del ‘derecho a la diferencia’ ”. Frossard, André, El hombre en preguntas, Ediciones Dolmen, Colombia, 1995, pág. 61

¿QUE ESPERA EL DOCENTE DEL DIRECTIVO?

Edistio Cámere

Concluida una dinámica, cordial e interesante reunión de intercambio de opiniones entre profesores de escuelas públicas y privadas – a la que asiste como simple escucha – tres ideas me quedaron grabadas con respecto a lo que los docentes esperan de sus directivos.

La Confianza.- Confiar significa creer en las capacidades y en la disposición del docente con relación al desempeño de su quehacer. Hacerse cargo de que como profesional de la educación aportará a los fines de la escuela. La confianza predica respeto a su autonomía y jurisdicción en el ámbito de su aula. A su vez se hace cargo del querer (libertad) mediante la cual el docente procurará intencionadamente que el alumno aprenda y de su responsabilidad que en buena cuenta implica ‘el responder’ por el encargo recibido y por las consecuencias derivadas de su ejercicio docente.

Confiar direcciona la relación profesional hacia una suerte de ‘sociedad’: directivos y docentes se asocian para que cada cual desde su propio saber, contribuyan a un mismo fin. Esta complementariedad recaba el conocimiento de la misión externa, valores y el saber específico de la escuela a través de programa de formación a los docentes –grupal e individual – más que en la capacitación técnico-pedagógica de los mismos: es ese su patrimonio profesional a partir del cual aportan – pero desde su condición personal- a la escuela.

Confiar también significa delegar aceptando que el docente logrará el objetivo incorporando la originalidad de su aporte y creatividad. Se trata de llegar a la misma meta no de hacer lo mismo para alcanzarla.

La confianza libera al docente de los temores y de las excusas para aventurarse por el camino de la innovación, del cambio y de las sugerencias que, recibidas por los directivos, se constituyen en un importante y valioso modo de gobernar conjuntamente. Al permitir, no solamente aplicar una política sino que en su aplicación se la corrige o se le ratifica, que es el modo de hacer escuela en la que todos los actos son protagonistas principales.

La Previsibilidad.- Es como un árbol: mudan las hojas pero el tronco permanece. La estabilidad del tronco permite que las hojas y/o frutos florezcan cuando el clima sea propicio y se replieguencuando es contrario. En ambos casosel árbol sigue enhiesto cumpliendo su misión. En la escuela la previsibilidad no implica rutina ni menos se opone a la innovación, más bien, promueve que el docente establezca una relación personal y profesional con el proyecto educativo, de manera que estará en condiciones de conocerlo en todas sus dimensiones y desde esta perspectiva proponer mejoras puntuales en su ejecución. ‘Tener posesión’ de lo que la escuela busca en el mediano y largo plazo le da seguridad al docente. Los cambios intempestivos generan desasosiego que impide un despliegue eficiente de su desempeño.

La previsibilidad también alude a la importancia de contar con reglas claras, concisas y razonables, no sujetas al estado de ánimo ni al capricho de los directivos. Cuando las normas son precisas y objetivas contribuyen decididamente a crear una buena y positiva convivencia en la escuela.

El buen trato.- La relación entre el directivo y el docente es doble: a) simétrica pues se establece entre dos personas capaces de conocer, querer y decidir libremente; y, b) asimétrica porque el primero tiene que lograr objetivos institucionales pero contando con el conocimiento, el querer y la libertad del segundo. El buen trato reclama que la función no anule a la persona, es ésta la que da relieve a aquella. Aceptar al docente desde su condición radical de persona implica reconocer la valía de su aporte aderezado con su particular modo de ser y actuar. Es desde esta aceptación que la escucha atenta encuentra su mejor argumento. Se escucha a un ‘quien’ único e irrepetible empeñado en realizar su vocación docente, con iniciativas, ganas y conocimientos pero que a veces la institución o su modo de ser se lo impiden. Entonces, la palabra que estimula, el ejemplo que arrastra o la remoción de algún inconveniente organizacional se tornan en tarea irremplazable del directivo.

BUSCANDO EL CENTRO EN LA EDUCACIÓN

Edistio Cámere

–          … “A veces pienso que algo hicimos algo muy mal en la educación de nuestro hijo…”

–          ¡Pero Querida! Si sigue dos carreras, habla cuatro idiomas, toca varios instrumentos, practica todos los deportes…

–          “Si…Pero sólo come hamburguesas con papas fritas” ([1])

            En los días que corren con la educación ocurre un fenómeno curioso. Por un lado, se le atribuye el desarrollo económico de un país; de otro, se le endilga el poder de reparar los males o problemas sociales; el gobierno de turno la utiliza como ‘pista de aterrizaje’ de su ideología y de las promesas ofrecidas en su campaña electoral; los organismos multilaterales no solo diseñan políticas educativas, sino que buscan ‘aplicarlas’ condicionando las ayudan económicas a su implementación; en general, los críticos especialistas, hombres de prensa y hasta los ciudadanos de a pie dictaminan, califican, cuestionan y resuelven en torno al ‘deber ser’ de la educación.

         Lo dicho hasta ahora subraya la importancia que tiene la educación. Sin embargo, de esta feliz coincidencia en su jerarquía no se sigue una feliz coincidencia en las intenciones y en el quehacer educativo. Un argumento que lo explica puede deberse a que detrás de un plan o política educativa hay una filosofía o concepción de la persona y de la sociedad que sesga o acentúa uno o varios aspectos dejando sin iluminar otros. Asimismo,  independiente de la posición ideológica, impera cierta visión ‘mágica’: se tiene la certeza de que tal o cual propuesta, por el solo hecho de implementarla dará los resultados educativos esperados. Aparejada a dicha visión se incuba una mirada reduccionista de los últimos protagonistas: docentes y profesores, quienes sin autonomía, sin intereses y motivaciones particulares ni vida propia….tienen que ajustarse a los mandatos provenientes de las altas esferas políticas.

         El padre quiere que su hijo sea ingeniero; el empresario, profesionales proactivos; el Ministerio de educación, alumnos con alto rendimiento; el gobierno, ciudadanos solidarios; la universidad, estudiantes creativos, el residente vecinos corteses;  el profesor, escolares aplicados y obedientes… En suma, todos queremos que el ‘otro’ sea como nos parece o complace. No obstante, cuando el hijo, el profesional, el escolar, el vecino… no se comporta como se espera, se le echa la culpa también a la educación. ¿En qué quedamos? ¿La educación es a la vez la solución y la culpable? ¿No será que miramos a la educación desde una perspectiva utilitarista y pragmática?

          Si se mezcla hidrógeno y oxígeno en las proporciones adecuadas se obtendrá agua. Empero, de la enseñanza no se sigue necesariamente el aprendizaje como tampoco de la promulgación de una ley, su cumplimiento. De igual manera, lo aprendido no conduce estrictamente a su aplicación – en el sentido deseado – en el obrar. La educación no es un acto y proceso mecánicos, es una propuesta – no imposición – a personas libres tal y como son el educador y el educando.

El centro de la educación no es su utilidad, ni los resultados per se. Lo central de la educación es la persona de quien enseña y de quien aprende. Cuando se habla de persona se alude a un quién con nombre propio, con una personalidad, con una historia, con inteligencia, voluntad, irrepetible y libre por naturaleza. Desde esta óptica, la clave en educación es definir el cómo se convoca la libertad de los actores principales, más que en centrarse en lo que otros pretenden.  Si a la inteligencia se la orienta a su fin: la verdad;  sí a la voluntad se le propone valores y virtudes, obviamente todo ello a través de un definido plan curricular con el decidido aporte de cada escuela, el primer y gran resultado es el desarrollo de la persona quien será capaz luego de aportar, en consonancia con sus capacidades y su vocación, a la sociedad en su conjunto. Aunque también puede renunciar a hacerlo: gajes de la libertad y no de una mala educación.

        A los educandos – personas – vale la pena mostrarles con la palabra y el ejemplo,  lo simple, lo  justo, lo bello y lo verdadero que tienen las cosas y la realidad, que además de darles seguridad y esperanza, se les ayudará  a puedan acertar en la elección de su propio camino, aun cuando el sufrimiento aparezca o tengan que rectificar para nuevamente empezar.


[1] Maitena. Revista Somos, 21 de septiembre de 2013

LA CONFIANZA EN EL COLEGIO: Reto del Director

Edistio Cámere

El pasado 17 de agosto en el Congreso Internacional de Profesores (CIP) organizado por ADECOPA (1) presentamos las conclusiones de la investigación realizada bajo el patrocinio de la Fundación SM sobre la “Convivencia Escolar en Lima Metropolitana” en la que analizamos las opiniones de 2,400 alumnos – entre 12 y 15 años – tanto de colegios particulares como nacionales. Entre las conclusiones a las que arribamos, me gustaría compartir una que, a mi juicio, es sugerente e interpelante: Seis de cada 10 alumnos afirman que tienen poca confianza en su colegio.
Dos apreciaciones surgen de inmediato. Primero, el porcentaje significativo que desconfía de su centro educativo y; segundo, sí la confianza remite a la credibilidad, entonces, la recepción de los estudiantes de la trasmisión de la escuela en términos de contenidos, valores y cultura, será también débil. Ciertamente, no es factible saber la causa real de la poca confianza, el único modo sería preguntando a cada alumno sobre el particular; sin embargo, lo que sí es posible inferir es que dicha percepción alimenta la configuración de un ambiente escolar caracterizado por la desconfianza: a menor confianza mayor inseguridad, mayor recelo y más reglamentación, la misma que acentúa la distancia entre los actores.
El diccionario de la Real Academia de la lengua española define confianza como la esperanza firme que se tiene de alguien o algo y esperanza, como poner en alguien la confianza de que hará algún bien. ¿Eso espera el alumno de su colegio? No me atrevo a afirmar que tal interrogante se la plantee el estudiante, no porque no sea capaz sino porque lo más sensato sería escuchar su personal punto de vista; pero sí creo que puede ser materia de reflexión de parte de las autoridades de un plantel sobre la base de revisar los siguientes aspectos que propongo con la reserva de que es a título personal.
El primer canal a partir del cual un colegio labra la confianza es mediante la relación tutor y los profesores de asignatura: ¿Es política del plantel centrar sus esfuerzos en la persona y necesidades del alumno? ¿Es preocupación del centro promocionar el prestigio del docente respetando la autonomía en el campo de su jurisdicción, respaldando sus decisiones y formándolo en los principios educativos que animan a la escuela?
Un segundo aspecto a considerar se vincula con la seguridad afectiva: ¿El colegio valora y promueve el trato personal entre el profesor y el alumno, así como entre el docente y los directivos? ¿Los estudiantes encuentran oportunamente resolución a sus problemas ‘pequeños y cotidianos’? ¿Los docentes tienen conciencia de la importancia de la ‘labor de pasillos’ y de su presencia en los recreos? ¿El colegio promueve una sana convivencia entre los alumnos? ¿Los alumnos mayores respetan y ayudan a los menores? ¿La escuela facilita que sus alumnos intervengan asertivamente en la organización y ejecución de las actividades como medio para satisfacer el sentimiento de pertenencia al plantel?
Un tercer campo da cuenta del ‘estar’ de los alumnos en el colegio: ¿Es política de la institución el cuidado y limpieza de los ambientes en los cuales trascurre la vida de los alumnos? ¿Se planean y organizan las actividades con criterio y eficiencia profesional de manera que los alumnos se sientan respetados y acogidos? ¿Se procura que en los recreos los alumnos tengan los espacios adecuados para el juego y el descanso?
Finalmente, ¿Cuál es el estilo de gobierno que impera en la escuela? ¿Las autoridades son percibidas como siempre punitivas o más bien cercanas y asequibles? ¿Las normas son aplicadas como un medio o como un fin? ¿Son pocas, claras, entendibles y concretas? ¿Se toma tiempo para explicar el sentido de la sanción cuando se aplica al alumno? ¿Las autoridades y docentes son conscientes que en el cumplimiento de las normas, ellos deben ir por delante? ¿Los directivos y profesores comprenden que la generación de un ambiente acogedor y formativo se alimenta con la coherencia, buen humor y profesionalidad en todos sus actos y decisiones?

(1) Asociación de colegios privados amigos que agrupa 22 colegios de Lima- Perú

LA PROMOCIÓN DE LA FAMILIA: NUEVA TAREA DE LA ESCUELA

Edistio Cámere

Un árbol será flexible y más resistente a las inclemencias climáticas en la medida que sus raíces sean fuertes y profundas. Por su parte, una nación se mantendrá cohesionada en tanto que sus familias sean sólidas y fuertes.

 El valor que tiene la familia para los suyos y para la sociedad no lo certifica el Estado. Su valía es inherente a su naturaleza, la familia vale por lo que es.  Al Estado no le corresponde intervenir hacia adentro de la familia para configurarla de acuerdo a las visiones de moda; su obligación es promulgar leyes o iniciativas que generen alternativas y faciliten los medios para que aquella se despliegue conforme a su esencia.

 Un modo de que la familia se ocupe y decida sobre la base de sus necesidades, capacidades y valores en aquello que le compete directamente es que el Estado practique el principio de subsidiariedad básicamente permitiendo que la familia disponga de liquidez económica para atender los derechos de salud, educación y vivienda de sus miembros. ¿Cómo? Simplemente que esos gastos puedan deducirse del pago del impuesto de renta anual.

 Una sociedad pequeña o grande despliega sus virtualidades cuando existe un clima seguro y pacífico. Por eso, cuando las familias se rompen, aumenta la delincuencia y el desorden social. El Estado debe intervenir y reafirmar el control social con más acción policial, con una ampliación del sistema penitenciario, con unas ayudas infantiles coactivas, y con tribunales que dirijan la vida familiar ([1]) lo que incrementa el gasto público y también la intervención coercitiva del Estado.

famila Las familias fuertes que permanecen unidas estabilizan al Estado y reducen la necesidad de agencias sociales burocráticas, costosas e intrusivas.([2]) Desde esta perspectiva debería corresponder a Estado y a los gobiernos locales, con leyes y medidas simples y prácticas –  desde fuera – contribuir decididamente a que las familias cumplan con sus funciones y tareas inherentes a su naturaleza: la promoción y formación de las personas, el querer a sus integrantes por lo que son y no por lo que hacen, educar a los hijos de modo capilar y respetando sus condiciones y características personales; trasmitiendo sus tradiciones y creencias… Más que claudicar ante la flaqueza o debilidad humana, promulgando leyes que lejos de eliminar esa realidad, la hacen evidente, aquellas deben orientarse a poner al alcance de las familias, ayudas calificadas que los acompañen en la reestructuración o fortalecimiento del proyecto familiar.

El gran matemático Albert Einstein refiriéndose con admiración al Mahatma Ghandi dijo: “En nuestro tiempo (…) él era el único verdadero hombre de Estado que en la esfera política defendía las relaciones humanas” ([3])   Tanto la educación como las relaciones humanas – entendidas en su significado más amplio – son baluartes necesarios para el desarrollo integral y para la cimentación pacífica, participativa y ética de toda sociedad. En este sentido, el papel que juega la familia, en ambos campos, es preponderante y de primer orden; silencioso pero constante; con yerros pero con buenas intenciones; con pocos recursos quizá pero generosamente distribuidos. Tal es la familia, tal es la  persona y la sociedad.

 


[1] Matrimonio y bien común: Los diez principios de Princeton, Social Trends Institute, España, 2007, Págs. 19-20

[2] Ob. Cit. Pág. 19

[3] Santiago Álvarez de Mon Pan, “ El mito del líder”, Prentice Hall, Madrid, 2001, Pág. 90

LA EDUCACIÓN PRIVADA ¿POR QUÉ Y PARA QUÉ?

alumnos

Edistio Cámere

       En una de las páginas de un diario de circulación nacional apareció una noticia en la que la Ministra de Educación (Patricia Salas) remarcó que la Evaluación Censal de Estudiantes (2012) revela que en el aprendizaje de matemática, los colegios públicos superan a los privados en Lima Metropolitana. Hay casos en los distritos con nivel socioeconómico medio o bajo, en los que la educación privada aparece muy por debajo de la educación pública. Esto muestra que, en general, no todos los colegios privados son mejores, especialmente en sectores populares. En lo personal me da mucho gusto que los colegios públicos puedan superar a los privados, sin embargo, la razón de la existencia de los últimos no radica en que sirvan como termómetro contra el cual se mide la temperatura de los públicos ni tampoco se explica que sean los contrincantes contra los que se tiene que competir en la calidad de los servicios educativos ofrecidos. En otras palabras, ambos sistemas existen no precisamente para demostrar quién es el mejor, esta percepción se queda en la periferia de lo político.

       La Carta Magna del Perú al reconocer y garantizar la libertad de enseñanza (Art. N° 13) sanciona también la  vigencia del principio de libertad en el sistema educativo.  Este principio se hace viable de la mano con otro valor constitucional: la pluralidad. “La efectiva proyección del valor libertad en el sistema educativo se termina de plasmar necesariamente con la configuración de un ámbito de pluralismo educativo” (Castillo, Luis: 2004) Este pluralismo se expresa no solamente en la posibilidad de la creación y dirección de centros educativos sino también en la variedad de ofertas educativas basadas en valoraciones, axiologías o ideologías: es precisamente, esta pluralidad la que hace posible la práctica de la libertad de enseñanza. De un lado se permite la fundación y dirección de centros educativos y de otro, cada cual tiene la potestad de dotarlo de un Ideario o Carácter Propio que recoge la visión y orientación ideológica del titular o promotor. Sobre la base de estos derechos se hace patente otro derecho: el de escoger el tipo de educación que los padres de familia deseen para sus hijos. La elección de los padres no descansa – como suele suponerse – en la mera enseñanza dado que en las asignaturas existe cierta uniformidad exigida por el Plan Nacional Curricular y por la universalidad de las ciencias, su decisión se enlaza con aquello que distingue a cada escuela: sus valoraciones, principios e ideología.

       La educación pública tiene por objeto asegurar que nadie sea vea impedido, por razones económicas o de otra índole, de recibir una educación adecuada; de este modo, el Estado garantiza la igualdad de oportunidades ofreciendo servicios educativos gratuitos. Ahora bien, a la educación pública no solo le compete facilitar la cobertura educativa, que es un modo limitado de ejercer la justicia, sino justamente porque sus usuarios no tienen alternativas para elegir, le corresponde brindar un servicio educativo de alta calidad, que es dar a cada cual lo suyo. Que la educación pública sea igual o mejor que la privada es un caro anhelo que si fuera cierto no tendría por qué condicionar la existencia de la educación no pública, simplemente el Estado lograría en el marco de un sistema educativo plural, armonía entre los principios de justicia y libertad.

       La educación privada por su parte hace patente el ejercicio de la libertad de enseñanza tanto para los padres de familia como para quienes fundan y dirigen centros educativos. La educación privada no tiene como finalidad el competir y ser mejor que la pública, su presencia es garantía para la vigencia de la pluralidad de ofertas educativas en una sociedad democrática que valora la libertad de los padres para decidir qué tipo de educación desean para sus hijos. El ideal sería que – sin descuidar la justicia (la gratuidad) – todos los padres puedan optar por el colegio de su preferencia.

GAJES DEL INICIO DE UN NUEVO PERIODO ESCOLAR

Edistio Cámere

 El inicio de un nuevo periodo escolar no representa tan solo la expectativa del adolescente reencontrarse con sus amigos, ni tampoco la ilusión del pequeño de estrenar útiles y cuadernos con portadas de un superhéroe o una artista de moda. ¡Curioso modo, de motivar la compra! Si un cuaderno es elegido porque en su tapa aparece – un clásico – superman, ¿qué relación tiene el ‘hombre de acero’ con los estudios?, ¿qué mensaje se quiere comunicar?; que la educación hace fuertes y triunfadores. Es posible, aunque no oculto que me sabe a jalada de los pelos esa interpretación.  Sin embargo, lo cierto es que junto con la ilusión que puede generar la novedad de los comienzos en los alumnos, el volver a las aulas mueve febrilmente a otros agentes de la sociedad.

 1.- Los establecimientos comerciales dan noticia, a través de nutrida publicidad mediática, que tienen los mejores productos escolares y a menor precio. Es tan rica la energía creativa que no solo oferta un tipo de lápiz sino una ingente variedad que aviva el gusto e imaginación del niño y colisiona con sobriedad del gusto del padre y con el importe que aquel estaba dispuesto a pagar. Conclusión. El monto por arropar a un niño ‘como alumno’ esta directamente relacionado con la capacidad de consentir que tenga el padre.

 2.- Los medios de comunicación que hacen notar llamativamente hechos recurrentes: en Lima el inicio de clases coincide con el verano, el calor genera incomodidades, evidenciarlas suena a cacofonía. Dando tribuna a  expertos que anticipan asertivamente los problemas que podrá sufrir el niño si no se toman tales y cuales medidas, como es de esperar, entre los miles de padres receptores habrá algunos sensiblemente preocupados que los busquen para evitar esos presuntos problemas en su hijo.

 3.- La ocasión se pinta propicia para que los funcionarios del Sector Educativo muestren al público su eficacia y diligencia en el cumplimiento de sus funciones. Es una práctica cíclica: actúan con bríos en verano y reposan plácidamente durante el resto del año. En este periodo anuncian sanciones, evalúan el estado de los centros educativos y advierten a los padres de familia sus derechos frente a los  colegios. En el Perú el aumento de la iniciativa privada en educación es galopante, gracias al crecimiento sostenido de nuestra economía, muchas familias han tomado la decisión de migrar de un servicio educativo público gratuito pero de calidad dudosa, a uno privado percibido de mejor calidad; el Ministerio de Educación en lugar de hacer un autoexamen para mejorar su sistema, considera políticamente correcto intervenir, entrometerse en la autonomía de los centros privados, dictando normas atentatorias a la libertad de enseñanza y alimentando la percepción de que aquellos buscan solamente sus propios intereses, frente a los cuales, el Ministerio emergerá como paladín de la justicia.

 4.- No solamente los funcionarios del sector educativo defienden a los padres, que ante una pluralidad de ofertas educativas ejercen su derecho a elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos, también están los políticos. Para estos no es nada deleznable procurar réditos – colocándose en la cresta de las noticas –  promoviendo campañas en contra de la libertad de enseñanza. Para tener una idea baste señalar que, según las estadísticas del Ministerio de Educación para el 2009, el número de alumnos matriculados en básica regular en el sistema privado fue de 2’028,576.00 para inferir que el número de padres de familia (léase votos) largamente garantiza una reelección en el caso de los congresistas.

 5.-  El ente defensor de los consumidores, para el que la educación es un bien que se consume, si así fuera no habría aprendizaje. Además, solamente se focaliza en los derechos olvidando que una buena relación también implica deberes y, que la perfección al brindar un servicio no es posible, por tanto, muchas correcciones puede hacerse directamente a través del dialogo; son muy pocas las prácticas que obligan su intervención. Sin embargo, aquel ha puesto en circulación una detallada y larga lista de presuntos abusos que hacen necesaria su intervención paternalista allá donde el atropello de los que educan y forman a las nuevas generaciones, se adviertan.

 Mientras tanto, en todos los centros educativos con el peso del calor, profesores, profesoras y sus directivos se capacitan, programan y hacen planes para recibir lo mejor que puedan a los alumnos para trasmitirles cultura y buenos ejemplos. Esta es la realidad que hace posible que la educación continúe y siga complementando eficazmente la tarea educativa de los padres de familia.

Los colegios son elegidos y los padres aceptados

“Sancionar los actos que riñen con la ley o la moral es necesario, imperioso y justo; otra cosa muy distinta es intervenir precariamente ‘desde fuera’ afectando los principios de libertad tanto de los padres para optar por un colegio como de las escuelas de defender su propuesta educativa.”

Por Edistio Cámere

    Así como los padres de familia ejercen su derecho de optar por el colegio que más se ajuste a su proyecto familiar -libertad de enseñanza-, a toda persona natural o jurídica le asiste el derecho de crear una escuela con unos estatutos y filosofía fundacionales que marquen la visión y misión de su servicio educativo. Este debería ser uno los aspectos a tomar en cuenta a propósito de las informaciones y opiniones que se han vertido en el Congreso de la República del Perú, y en otros ambientes del acontecer público, calificando de ‘discriminatorios’ los procesos de admisión y los ingresos a los colegios privados.

    Al fundar un centro educativo, a los promotores no solamente les interesa que ‘funcione’ la institución como tal sino que permanezca en el tiempo atendiendo de la mejor manera a las familias que aprecien su propuesta y visión educativa. Desde esta óptica es lógico que los colegios valoren que las familias coincidan en lo sustancial con ellos. Los requisitos solicitados para acceder a un colegio, por tanto, no son otra cosa que puntos de partida para alcanzar la coincidencia entre cada proyecto familiar y el proyecto del centro educativo.

    Para iniciar una relación comercial o de servicios se solicita al proveedor que cuente con RUC. Sin este requisito la transacción deviene en informal o ilegal, mas no garantiza la calidad, la puntualidad o el precio del bien o del servicio. Si para una transacción comercial se requiere el cumplimiento de unas condiciones mínimas, ¿por qué un colegio no puede solicitar unos requisitos, habida cuenta que lo que se establece con las familias no es una transacción sino una relación que se mantiene trece años, que es lo que dura la educación escolar? En atención a la formación del niño o de la niña, ¿no es más eficaz y eficiente caminar en lo esencial ambos por un mismo sendero?

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