La educación privada

Edistio Cámere

La educación privada no es privativa de pocos, más bien hace referencia a que su gestión está en manos de particulares, quienes asumen toda la responsabilidad tanto de los éxitos como de los fracasos. Otra gran diferencia es que la educación llamada pública es ‘gratuita’, – los servicios que tienen un costo- se pagan indirectamente y solidariamente vía impuestos; en la privada el servicio educativo los costos son pagados directamente por el padre de familia. Atendiendo a esa sola diferencia se corre el riesgo de etiquetar como social y humanitaria la una y exclusiva y elitista la otra. Cuando en verdad el costo de la educación privada incluye el costo de la educación pública. El padre de familia no puede deducir los gastos por la enseñanza de sus hijos.

educacion

                “Hasta fines de la década de los noventa el 85% de la matrícula del sistema educativo era atendida  por el sector público y el 15% por el sector privado.  Es a partir del presente siglo que el aumento de oportunidades de educación empieza a reposar exclusivamente en la educación privada. Su cobertura de atención fue 68% superior a la del 2000; es decir, se incrementó en 1’057,000 de estudiantes.  Lo contrario sucedió con la educación pública. El alumnado que asiste a sus instituciones se redujo en 1’097,000 estudiantes, lo que significa que atendía 14% menos de alumnos que a principios de siglos”[1]. ¿Qué lectura provoca esta realidad? Es cierto que la economía peruana está en un interesante y sostenido ritmo de crecimiento, por tanto, el incremento de la clase media genera más demanda. Pero también cabe preguntarse ¿por qué debería renunciar a un servicio educativo gratuito para elegir uno pagado? Si uno permanece en el primero y tiene más ingresos ¿por qué no lo destina al ahorro familiar? La única explicación es que el padre de familia privilegia la calidad incluso a costa de renunciar a invertir sus excedentes en otros avatares.

CONSECUENCIAS:

 1.-  El Estado debería cambiar su óptica al normar el Sector Educativo: legislando con miras a una educación peruana integrada e integral, en la cual todos tienen los mismos derechos y deberes.  Legislar para todos significa que la educación privada no es sinónimo de lucro de la que hay que defender a los usuarios, es una opción que se condice con el derecho a la libertad de la enseñanza.

 2.-  Los padres tiene el derecho de elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos. Tal derecho se ejerce en la medida que existan centros educativos que se diferencien por su axiología, proyecto y planes educativos. Un tipo único de escuelas no se condice con una  sociedad plural y, en último extremo con las familias que cuentan con objetivos educativos diferentes.

 3.-  La educación privada permite que el padre de familia pueda elegir y controlar  con mayor eficacia la calidad del servicio que ofrece la escuela elegida.  La educación privada no tiene por qué ser satanizada como en épocas pretéritas, su razón de ser se entronca con el hecho que los padres de familia son los primeros educadores de sus hijos y por ello tiene la potestad de elegir la mejor ‘ayuda calificada’ (colegio) para lograr con ese importante cometido.

 El crecimiento de la educación privada es señal clara que soplan nuevos vientos en la sociedad. Es de esperar que el Estado los aproveche para  imprimir también velocidad a la educación pública y no legislar para igualar hacia abajo todo el sistema educativo.


[1] Instituto de Investigación para el Desarrollo y la Defensa Nacional – INIDEN – Noviembre 2012. Año 21. N°11

Acción formativa del encuentro interpersonal

Por Edistio Cámere

    La formación es un proceso de ayuda en el perfeccionamiento de la inteligencia y la voluntad con el objeto de que el educando se oriente hacia la búsqueda de la verdad y se autodetermine hacia el bien mediante el correcto ejercicio de su libertad.

    Esta definición pone el énfasis en la acción educativa, que desde fuera procura que el estudiante cultive y ejercite su mente para abrirse y nutrirse de la realidad en su anchura y profundidad. A este fin concurren eficazmente las estrategias cognitivas, pero hay que dar un paso más: el diálogo interpersonal, que facilita que el alumno descubra y haga suya la verdad. Entre tantas ventajas del método socrático, la formación del criterio destaca sobremanera. Por eso, preguntarse es, no pocas veces, más provechoso que el mero escuchar respuestas.

    Cada persona tiene un modo particular de llegar a la verdad: unos lo harán induciendo, otros deduciendo, no pocos mediante la intuición y algunos mediante el rigor especulativo. No faltarán aquellos que la acepten por el afecto o admiración que profesan a quien se la propone. En la línea de formación de la inteligencia, en mucho contribuyen los encuentros interpersonales. “La persona humana está llamada a ser dialogante, pero no hay diálogo sin verdad. Por eso es importante el lenguaje (…) El empobrecimiento del lenguaje es el decaimiento de la sociedad” (G. Castillo). ¡Cuánto se gana con el diálogo y la conversación!

    Pero el hombre se realiza no solo con el conocer sino también con el actuar. Su imperativo ético es crecer, optimizarse. El fin de su crecimiento es el bien y llegar a él supone doble movimiento: dirigirse ‘hacia’, es decir, identificarlo; y adquirir las virtudes necesarias para conseguirlo. No solo reconociendo o aceptando el bien permite queel educando se haga bueno. El bien se incorpora adquiriendo hábitos, que supone una buena dosis de motivación y convencimiento para renunciar a bienes inferiores en pos de los superiores.

    Es cometido de los educadores, mediante la exigencia cordial y el ejemplo, no solamente conseguir la libre adhesión al ‘bien’sino que el alumno lo incorpore y lo haga suyo en el tiempo. La formación del carácter y la promoción de las virtudes humanas en la escuela -como institución y comunidad- contribuyen significativamente al logro de ese objetivo yde ese fin.

    Por tanto, la acción del docente guarda para sí el privilegio de ser siempre y en todo momento‘perfeccionadora perfectible’. Una palabra, un gesto, una mirada y hasta una simple sonrisa contienen una superabundante dosis formativa porque facilitan el contacto y el diálogo. Son matices del afecto, de cuya importante presencia en el acto educativo estoy más que persuadido. Sin embargo, precisamente en razón de ese afecto es que para los educadores -padres de familia y maestros – el crecimiento del alumno se torna también en un imperativo ético.

    El cariño no es patente de corzo para la concesión, ni para la omisión. Todo lo contrario, tiene que ser el estímulo para que los educandos, entre lo bueno y lo mejor, elijan lo ‘mejor’. Apostar por lo mejor, sin duda, requiere, para no dar un salto en el vacío, que los educandos -también incluyo a los hijos- perciban que lo mejor es posible porque los adultos lo buscan con no menos pasión en su vida cotidiana. Esta es la clave para educar y formar bien a las nuevas generaciones.

Detenerse a pensar

Por Edistio Cámere

Thomas Welch da cuenta de dos hombres que dedicaron un día entero a cortar leña.Uno de ellos trabajó sin detenerse a descansar, y juntó una pila de leños bastante grande. El otro lo hizo durante lapsos de cincuenta minutos, con otros intercalados de diez minutos en los que descansó. Al terminar, sin embargo, tenía una pila de leños mucho mayor.

-“¿Cómo pudiste cortar tanta leña?”, le preguntó el hombre que trabajó sin descanso.

-“Es que mientras descansaba, afilaba el hacha”, respondió.

    ‘Afilar el hacha’ –en este texto– es una figura que me sugiere dos interpretaciones. La primera la conecto con el estudio en casa. A un estudiante durante una jornada escolar habitual se le enseña, se le explican varias materias; es más, el profesor se asegura a través de estrategias didácticas que las haya comprendido. Pero para que el conocimiento se haga pensamiento es necesario el trabajo intelectual que no puede alcanzarse sin el estudio personal. Es el acto en el que la inteligencia se apropia, hace suyo el saber para incorporarlo como haber, base para nuevos aprendizajes.

    En el momento en que se está frente a un texto o a unos ejercicios, aquello que hasta ese entonces estaba medianamente distante en comprensión, gracias al despliegue de sus operaciones, la razón se va acercando en la medida que desentraña su sentido, sus relaciones y sus fundamentos. Dicho de otro modo, en la medida en que la inteligencia convierte el saber impersonal en un saber pensado, lo pensado es tal en cuanto que los conceptos o ideas se han tratado, se les ha dado vueltas hasta llegar al punto en que se poseen como propias.

    La posesión no solamente predica tenencia, sino dominio; lo que se domina puede presentarse de maneras diversas pero siempre originales porque contiene lo singular de quien ha pensado. El estudio personal en casa es, sin duda, un medio de primerísimo orden de ‘afilar el hacha’ para que los contenidos recibidos en el aula gracias a su participación activa se incorporen como patrimonio permanente en el alumno.

    La segunda anotación es que vivimos en una sociedad en donde el ruido, no solo derivado de los crujientes y trepidantes bocinazos sino de los múltiples estímulos producidos por los variados aparatos tecnológicos, distrae poderosamente nuestra atención. Las noticias, los rumores y chismes que con ocasión o sin ella proponen lo medios masivos de comunicación, así como el acoso de la publicidad que no cesa de percibirnos como presuntos consumidores, también hacen lo suyo. Tampoco se puede soslayar como otra nota social la actividad vertiginosa, la prisa por conseguir en el plazo inmediato las metas trazadas.

    Frente a esta situación el ‘afilar el hacha’ transita por el camino de la reflexión, de la escucha atenta y de la serenidad. El pararse a pensar para comprender la verdadera dimensión de los acontecimientos y mirarlos en una perspectiva más global e integral. Mirar lo importante de las situaciones sin exagerarlas ni minimizarlas contribuye a configurar un estado de ánimo sereno. La serenidad, por ello, favorece para hacer un alto en el trajín diario para atender asimismo a quienes están próximos, a través de la escucha. Y para escuchar conviene saber estar en silencio, sin ruidos externos e internos que impidan abrirnos al insondable, rico y original mundo de cada persona.

La docencia como virtud

Edistio Cámere

A propósito del día del maestro, que en Perú se celebra cada 6 de julio, vale la pena pararse a reflexionar acerca del quehacer docente como virtud, que es la calificación que mejor conviene a su actividad, pues cuando los docentes educan “no está en juego su propio desarrollo ni son los padres de las criaturas” [1]. La educación no recaba -en sentido estricto- para quien se dedica a ella ningún rédito  personal. El docente ya está formado y, en caso que tenga que hacerlo, su empeño obedece más a los beneficios que reportará para sus estudiantes, con quienes, a su vez, no guarda relaciones afectivas fundadas en lazos de sangre o de parentesco.

Las características exigidas al docente y las demandas propias de los alumnos son tales que su cumplimiento no encuentra cabal compensación por la vía salarial. Sin restar en absoluto su importancia, la justificación eficiente y eficaz de su quehacer anida en la calidad de su vocación, que de manera patente se despliega en su actuación cotidiana como docente y se muestra como virtud ante sus alumnos.

La actividad educativa esconde los ribetes de los logros espectaculares, no refulge como primicia mediática y tampoco es tópico de agenda para una sesión de ministros. Lo suyo es el esplendor de la mirada del alumno al descubrir que uniendo letras compone una palabra con sentido; es la algarabía que estalla al sonido de la campana señalando el inicio del recreo; es el mal momento que pasa el docente cuando tiene que reconvenir por alguna conducta inadecuada; es, en suma, el apogeo de lo cotidiano, de las cosas pequeñas que se hacen grandes y perennes a fuerza de que el alumno las haga suyas y aprenda.

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La actitud y el compromiso personal

Edistio Cámere

Son importantes los principios y el actuar con coherencia, aunque a veces suponga ser objeto de miradas de soslayo o que tengan que quedarse solos ante el encargo o tarea encomendada.

A escasos minutos para que el árbitro diera por finalizado el encuentro de fútbol, la desazón del público se podía ‘tocar’. Los más incrédulos abandonaban el estadio: una vez más el rendimiento del seleccionado peruano dejaba un sabor amargo en la boca de sus seguidores. La derrota era inminente. De pronto Juan Vargas, jugador que milita en el Florentina, equipo del competitivo y exigente campeonato italiano, se hizo del balón y se lanzó con más fuerza, pundonor y coraje que técnica hacia la portería contraria, apilando rivales en cuanto le salían al paso. El público se sacudió de su letargo para seguir expectante la arremetida del mencionado jugador. Cruza la pelota hacia el área rival y entra un delantero nuestro para añadirla en el arco. Un estentóreo y unísono grito de gol retumbó el estadio y la alegría se apoderó del rostro de los hinchas. Con el empate, la esperanza renació en aquel momento al punto que los más optimistas acariciaban el anhelo de ver la bandera flameando orgullosa entre los clasificados al mundial.

No es mi intención discurrir acerca de estrategias del fútbol que, según Sergio Markarián, entrenador uruguayo que dirige nuestra selección, es entre las cosas menos importantes la más importante. Más bien, me gustaría compartir -desde otra perspectiva- las reflexiones que me suscitaron la gran corrida de Juan Vargas.

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Los colegios son elegidos y los padres aceptados

“Sancionar los actos que riñen con la ley o la moral es necesario, imperioso y justo; otra cosa muy distinta es intervenir precariamente ‘desde fuera’ afectando los principios de libertad tanto de los padres para optar por un colegio como de las escuelas de defender su propuesta educativa.”

Por Edistio Cámere

    Así como los padres de familia ejercen su derecho de optar por el colegio que más se ajuste a su proyecto familiar -libertad de enseñanza-, a toda persona natural o jurídica le asiste el derecho de crear una escuela con unos estatutos y filosofía fundacionales que marquen la visión y misión de su servicio educativo. Este debería ser uno los aspectos a tomar en cuenta a propósito de las informaciones y opiniones que se han vertido en el Congreso de la República del Perú, y en otros ambientes del acontecer público, calificando de ‘discriminatorios’ los procesos de admisión y los ingresos a los colegios privados.

    Al fundar un centro educativo, a los promotores no solamente les interesa que ‘funcione’ la institución como tal sino que permanezca en el tiempo atendiendo de la mejor manera a las familias que aprecien su propuesta y visión educativa. Desde esta óptica es lógico que los colegios valoren que las familias coincidan en lo sustancial con ellos. Los requisitos solicitados para acceder a un colegio, por tanto, no son otra cosa que puntos de partida para alcanzar la coincidencia entre cada proyecto familiar y el proyecto del centro educativo.

    Para iniciar una relación comercial o de servicios se solicita al proveedor que cuente con RUC. Sin este requisito la transacción deviene en informal o ilegal, mas no garantiza la calidad, la puntualidad o el precio del bien o del servicio. Si para una transacción comercial se requiere el cumplimiento de unas condiciones mínimas, ¿por qué un colegio no puede solicitar unos requisitos, habida cuenta que lo que se establece con las familias no es una transacción sino una relación que se mantiene trece años, que es lo que dura la educación escolar? En atención a la formación del niño o de la niña, ¿no es más eficaz y eficiente caminar en lo esencial ambos por un mismo sendero?

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Los colegios no discriminan: son elegidos

Edistio Cámere

“Elegir con responsabilidad y coherencia es

ejercer la capacidad de decisión, ponderando

los pros y contras, con miras a buscar la mejor

educación. Por eso afirmamos que los colegios

no discriminan, sino más bien son elegidos.”

El aumento de colegios privados en el país -este último lustro-  ha sido significativo, en especial en Lima Metropolitana. Pero el incremento de la natalidad no explica este movimiento, más bien la expansión obedece más a la mejora económica que permite que los padres de familia, ante una mayor disponibilidad de medios, dejen la escuela pública gratuita en pos de una particular pagada, percibida como mejor. El crecimiento de la oferta educativa sintoniza, por tanto, con las exigencias de una sociedad plural y al mismo tiempo permite el ejercicio de dos derechos fundamentales: el derecho de crear centros educativos y el derecho de elegir la educación que más se adecue con la filosofía de los padres como primeros educadores.

Si bien el Estado consagra el derecho a la educación, en puridad habría que afirmar que lo que garantiza es la instrucción básica regular. La educación -que incluye la instrucción- implica una filosofía, valores, principios… los mismos que configuran un modelo, tipo o proyecto que, en tanto se ajusta a la filosofía, valores, principios de la familia, permite que los padres ejerzan otro derecho consagrado en la Constitución: la libertad de enseñanza. Desde esta óptica, los padres de familia puedan optar entre grandes grupos de colegios de acuerdo al proyecto educativo ofertado públicamente:

1.- Escuelas pluralistas: donde confluyen objetivos, orientaciones, criterios, métodos contrapuestos, porque pretenden que en ella se reflejen las diversas maneras de concebir el hombre, la vida y el mundo que caracteriza a la sociedad pluralista.

2.- Escuelas ideológicamente neutrales, por razón de su titularidad pública: escuelas públicas (a confesionalidad del Estado).

3.- Escuelas con ideario: que desean dar a la educación una orientación determinada, es decir, ofrecer un modelo educativo, un tipo de educación que tiene características específicas en el marco de la libertad de enseñanza consagrada en la Constitución.

4.- Las escuelas con ideario que a su vez son: a) Confesionales: es decir, gestionadas por congregaciones o grupos religiosos; y, b) No confesionales: gestionadas por personas o instituciones civiles.

La posibilidad de elección de una escuela por parte de los padres está consagrada; más aún, también lo está el proceso de deliberación que antecede a su decisión. Las escuelas no se distinguen por la instrucción, ya que todas ellas imparten las mismas materias que determina el Ministerio de Educación, además lo hacen con una metodología similar -los docentes son egresados de facultades de educación o de institutos pedagógicos-. Se diferencian más bien por una filosofía o concepción de la educación que se expresa en un modelo o proyecto educativo.  En razón de ello, los colegios, tan igual los que tienen o no ideario, se esfuerzan en explicitar públicamente -a través de los medios apropiados- aquello que los caracteriza, identifica o define como la alternativa que mejor coincida con la educación que los padres desean para sus hijos.

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Relación profesor-alumno: Matices

Edistio Cámere

No pocas veces he escuchado decir que la docencia es un apostolado. Tal frase no es cierta cuando se cree que el profesor debe de renunciar al natural deseo de una retribución económica acorde con sus aspiraciones personales. La actividad educativa tiene la densidad, la profundidad y deberes y derechos que tiene cualquier otra profesión. En lo que es cierto es en que la docencia y el apostolado, basan su eficacia en la entrega y transmisión de las cosas contempladas. Trasmitir significa trasladar, transferir algo hacia otro. La fuerza y contundencia no radica en el cómo sino en el qué se trasmite. Transmisión en mecánica es un conjunto de mecanismos que comunican el movimiento de un cuerpo a otro, alterando generalmente su  velocidad, su sentido o forma. Intentando una analogía se puede afirmar que lo que comunica algún tipo de movimiento en el alumno son los contenidos previamente contemplados por el profesor.

Contemplar es poner atención, considerar, descubrir, reflexionar, pensar y meditar. Con la contemplación lo que se conoce, lo que se experimenta se incorpora en la propia vida, dándole un sentido personal y, por ello original e inédito. La contemplación – en el caso del docente – agrega valor a su actividad, como consecuencia del diálogo previo que establece con la materia que imparte, de manera que lo que transmite lleva su impronta y sello personal, que tiene la fuerza y el atractivo de impactar vitalmente en la inteligencia y en el querer del alumno. Entregar las cosas contempladas despierta en los estudiantes  expectativa y emoción tales como la que se apodera del espíritu ante el estreno, ante la novedad y ante la sorpresa.

La trasmisión contemplada de la materia que se enseña es condición cardinal para que la relación profesor-alumno cristalice en un  encuentro entre dos personas – más allá de la mera función- pero con una particular característica: una en un estadio de madurez logrado y, la otra en proceso de crecimiento. Toda relación supone trato y acercamiento, al tiempo que su continuidad facilita la aparición de vínculos afectivos con una ventaja para el docente: los niños y los jóvenes se dejan querer; en cambio aquel debe poner de su parte la intención de querer conocer a fuerza de invertir tiempo en pensarlo para querer el bien del alumno. Cuando el docente mira más allá de la inmediatez funcional de la instrucción para acompañar al alumno en su crecimiento personal, intentará su propio crecimiento al encarnar un valor o vivir unas virtudes, entonces, no solamente entregará la novedad de la palabra sino también la novedad del ejemplo

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Los textos escolares y el ataque a los colegios

Edistio Cámere

Suele ser una práctica frecuente que semanas previas al inicio de las clases la escuela suba al podio mediático de los acusados. Esta vez cogieron como reos a los textos escolares. Como es de suponer, la campaña se origina por la comisión de praxis inmorales por parte de algunos colegios coludidos con algunas editoriales o viceversa.

Pero es muy importante advertir que ‘algunos’ no son ‘todos’ aunque formen parte del todo. Pero la gracia de la noticia es incluir a todos en una misma categoría y a partir de allí establecer gratuitamente generalizaciones que hacen más daño que el bien que pretenden.

Soy un convencido de la noble misión de la escuela como institución que educa y colabora con los padres de familia en la formación de sus hijos, por tanto no puedo menos que ponerme de lado de tantos y tantos centros educativos que día a día se esfuerzan por dar una educación de calidad, a pesar de las dificultades de toda índole. Al respecto, me permito hacer algunos apuntes:

1.- No creo que sea noticia de titulares el descubrir que las personas somos débiles, capaces de cometer errores y actos que riñen contra la moral. Si somos proclives a actuar en ese sentido, quiere decir que en todos los sectores productivos y de servicios ocurre lo propio.  ¿O es que se piensa que los únicos ‘humanos’ son los educadores y que el resto del cuerpo social es inmaculado?

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Optimismo y confianza

Por Edistio Cámere

Mafalda, el famoso personaje de Quino, preocupada lee en un diario:      “Estocolmo: Suecia tiene construidos ya refugios antiatómicos como para albergar a la mitad de su población. Asimismo, gran cantidad de fábricas han sido instaladas bajo tierra”. Levanta la vista del periódico y piensa: “¡Qué dilema con estos suecos! Uno no sabe si admirarles la ingeniería o el pesimismo”.

      La inquietud de Mafalda tiene sentido. Todo un esfuerzo económico y técnico para ‘no crecer y esconderse’, porque según los suecos no tienen esperanza que el mundo cambie, nos deja pensando. Considero que tal juicio es incompatible con la educación, pues lo propio de aquella -y como compañero inseparable- es el optimismo. David Isaacs lo define así: “Confía, razonablemente, en sus propias posibilidades y en la ayuda que le pueden prestar los demás, y confía en las posibilidades de los demás, de tal modo que, en cualquier situación, distingue, en primer lugar, lo que es positivo en sí y las posibilidades de mejora que existen y, a continuación, las dificultades que  se opongan a esa mejora (…)”.

      Quisiera detenerme en una sola idea: ‘Confía razonablemente…’,  lo que equivale a decir, reconocer con equidad las propias capacidades (ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre). Al mismo tiempo, con prudencia y respeto, reconocer las posibilidades de mejora y capacidades de los demás. La confianza es el fundamento de la cooperación y de las relaciones interpersonales. 

      Pero esa confianza no se soporta solo en la familiaridad sino en la firme consideración de la valía personal de los demás. De modo que cuando, luego de haber intentado sacar el bien de una determinada situación, se solicita la intervención de otra persona es porque se confía en ella para que nos ayude a mirar nuevamente las cosas positivamente. La cooperación, de suyo, entraña una gran dosis  de optimismo: ‘Lo que me falta para crecer el otro me lo suple.  Lo que aquel carece yo se lo ofrezco’. Es, por tanto, una relación horizontal entendida en una real y justa valoración.  

      En un centro educativo la cooperación interpersonal, basada en el optimismo y la confianza, no solo permite el mejoramiento personal sino que también forja una cultura organizativa que facilita la educación moral en los alumnos. El respeto, la consideración, el reconocimiento entre los miembros de una comunidad educativa le da un sentido positivo a las normas de convivencia. Su uso contribuye a que cada alumno mejore (bien particular) y ayude a que los demás también mejoren (bien general).