AULAS VIVAS®

Edistio Cámere

Programa Aulas Vivas. Profesor del colegio Gutenberg Schule (Quito-Ecuador) en clase del colegio Santa Margarita (Lima-Perú).

Entre las diversas propuestas de capacitación tanto a directivos como docentes, Aulas Vivas tiene la virtud de integrar en simultaneo la ciencia y la técnica aplicada, explicada o mostrada por sus propios artífices. Un curso de capacitación acerca al conocimiento, Aulas Vivas – en cambio – conecta con el genio y arte del docente.

En este programa, al profesor no se le recibe en el vestíbulo, es introducido en la cultura, en el estilo y la estructura organizativa de una escuela. De esta forma, no solamente ‘pasa revista’ a las instalaciones, ni ‘visita’ un aula sino que participa activamente de las actividades ordinarias y extraordinarias previstas en un plan ordinario de trabajo. Participar aquí significa intercambiar enfoques, culturas y metodologías, que permiten re-apreciar – por analogía o por contraste – las actividades que desarrollan en su escuela de origen; iluminar, con mirada nueva, aquellos procedimientos, estrategias o acciones que el colegio receptor – por ser habitual o costumbre – no reconoce o se hace cargo de su valor.

La asistencia del docente a las actividades que organizan y participan sus pares no solo le reporta conocimientos teóricos en la docencia, sino conocimientos que en base a la experiencia directa atienden los síntomas y los relieves de la realidad. Fernández Mariano ([1]), afirma que aquellos se caracterizan por ser tácitos (Polanyi) por lo difícil de formalizarlos, lo que impide sean trasmitido por una facultad o un libro. Es como montar bicicleta; y, los pegajosos–sticky (Hippel) porque es difícil separarlos de la práctica, del ejercicio; se trasmiten y adquieren gracias a la colaboración profesional docente-alumno. De la interrelación profesional pueden surgir tópicos que susciten campos de investigación, de intercambio de información o interés por sistematizar buenas prácticas en aula. Asimismo, la ganancia trasciende hacia el plano personal. La cordialidad, la conversación, el buen trato y por qué no también la amistad que se inicia, contribuyen a complementar la formación del docente. También el modelado de los valores recogidos en el Ideario y que permean la estructura de la escuela, le permiten advertir la fuerza, coherencia e integridad de una cultura escolar. En el canje de motivos, visiones, esperanzas, conocimientos, culturas, el docente resuelve dudas, reanima su vocación y reforzado su querer se aventura con más vigor y entusiasmo a su quehacer educativo.

En esta línea, el programa Aula Viva favorece: la innovación distribuida gracias a que los docentes aprendan unos de otros, ajustando y modificando lo aprendido sin traer o importar prácticas no verificadas o por estar de moda; y, la difusión horizontal que implica contacto fluido y suficiente promoviendo los tiempos y los espacios de contactos no planificados. Se constituyen redes o centros de interés que permiten ampliar experiencias y distribuir la experimentación.

El contacto con los alumnos se establece a través del dictado de seminarios sobre su especialidad a los grados afines a los que enseña en su escuela de origen, quienes son expuestos a la experiencia de escuchar temas que si bien les son familiares, son aderezados con un enfoque, profundidad y didácticas de estreno. El profesor, por su parte, recibe de los alumnos retroalimentación acerca de su capacidad expositiva, de la eficacia de sus estrategias didácticas y de lo versado de sus conocimientos.

El programa de Aulas Vivas principia su despliegue con la convergencia del interés de las escuelas por subrayar el protagonismo del docente en su capacitación y formación. El intercambio físico entre profesionales de la educación – que puede ser simultáneamente o en fechas distintas – inicia cuando la escuela A envía a un profesor asumiendo el costo de trasporte y la escuela B que lo recibe se hace cargo de su alojamiento y alimentación durante el tiempo de permanencia previamente acordado y viceversa.

El programa Aula Vivas, promovido por la Red CENIT®, diluye las fronteras entre colegios, pues, tiene la certeza de que de todos sin excepción se puede aprender, todos pueden aportar copiosamente en algún área escolar, sean de la localidad, de la misma provincia, del mismo país o del extranjero, sean públicos o privados…lo importante es que tengan la disposición de aprender, de compartir y de ensanchar horizontes para poder brindar a la sociedad un servicio educativo de calidad siempre renovada y vigente en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Fernández E. Mariano, “La educación en la encrucijada” Fundación Santillana, Madrid, España, 2016

EL CUERPO COMO CAUCE DE LA MANIFESTACIÓN HUMANA

Edistio Cámere

La presencia del otro con su cuerpo resulta enigmática. No solamente se hace patente la incomunicabilidad sino que está allí, delante de mí… y me estremezco porque no “está-allí” sin más: es un ser libre capaz de una respuesta no programada, de una respuesta imprevisible. En este sentido, el cuerpo humano no se agota en sí mismo, sino que se abre a manifestaciones superiores del espíritu humano, su fin no es el mismo, sino que está proyectado a finalidades más altas, superiores a las corpóreas. No tiene plumas como las aves, por eso el vestido es objeto de un arte humano ya que ahí se da un reflejo, una manifestación, una prolongación de la interioridad, de lo que cada uno es, de su poco o mucha conciencia de la propia dignidad.

La cabeza humana al asentarse sobre la columna vertebral hace posible el rostro, de lo contrario, la cabeza colgaría y el rostro se escondería. Por su parte, la cara permite la cavidad bucal que permite que la lengua sea necesaria para el lenguaje que es una actividad superior. Gracias el bipedismo, el hombre dispone de las manos, cuyo rango de operaciones indeterminado, da paso a una actividad superior: la técnica.  Por su parte, los movimientos gestuales con las manos y brazos: dar la mano, levantarla, inclinarse, abrazar,… vehiculan manifestaciones del espíritu del hombre.

La causa de la capacidad manifestativa del cuerpo es la presencia intensa del espíritu, lo mejor de nosotros “sale” al exterior gracias a la corporalidad. El corazón se “asoma” a través de los ojos. Tal es el corazón tal es la mirada. Mirar es un modo de poseer. Lo mirado alimenta el alma, que a su vez hace la mirada comunicativa. El  mirar y ser mirado no son actos meramente biológicos –pura captación de formas y colores- sino que la mirada es portadora de una copia de nuestro ser personal, coloreada por la esencia humana. La mirada se torna así el camino hacia el otro. Por este camino va la amada en busca del amado, un amigo en busca de su compañero o un ejército en busca de una victoria.

La mirada crea ámbitos de relación: cuando se mira el “yo” se desplaza hasta lo mirado. Fuera de su reducto se abre a novedosas formas de encuentro, disponiéndose a recibir, que es un modo de acoger a quien da. Al mirar diría Genera Castillo, realizamos un “viaje” desde lo más íntimo de uno mismo, para “ponerse” en sus pupilas, entonces, esa mirada es vista y decodificada por lo que revela: la personal intimidad.

Si acoge, comprende y respeta, quien mira se muestra. Al mostrarse, la mirada se hace dialógica. El diálogo es parte de la relación humana. El hombre comprende cuando es capaz de apertura, cuando se abre su mirar ya no refleja, comunica su vivencia que, como suya es original. Al cruzarse con la mirada del “otro” intercambian originalidades con relación a un mismo bien: la realidad.  La mirada es también una revelación de nuestro interior: Hay miradas tiernas, frías y hasta crueles, miradas humildes y miradas soberbias, miradas limpias y miradas torvas, miradas penetrantes y miradas superficiales. Saber mirar a los ojos y leer lo que dicen las miradas es un arte que puede evitar más de un contratiempo. Las miradas más hermosas son aquellas que proyectan lo más alto del ser humano: su inteligencia y su voluntad.  Son las que trasmiten el entender y el amar con respecto a otras personas y al universo: son las miradas inteligentes y amorosas que dicen con la mirada: ¡qué bueno que existas!” “¡eres único e irrepetible!”. Es la mirada de una madre, de un enamorado, de Dios.

Si uno “se hace” aquello que ve ¿qué importante se torna la presencia personal? A través ésta va un mensaje tácito o explícito, “nos ofrecemos en posesión a la mirada de los demás”. (Genara Castillo) En el look se entrega un mensaje de valoración propia y ajena, que debe ser acorde con la dignidad de la persona, de su edad, de sus funciones y responsabilidades. La imagen que proyectamos es una prolongación de nuestro “yo” interior. El buen gusto, la elegancia y el respeto forman parte de una buena relación comunicativa.

Cuando la relación se instrumentaliza, la mirada no confirma, cosifica y reduce. El contraataque es reafirmar mi libertad anulando la suya que es un modo de reducirlo y pagarle con la misma moneda. El conflicto se hace presente en la relación.  Piénsese en las relaciones interpersonales donde uno reduce al otro a la mera función. Entonces, cada vez que la persona “función” quiere opinar sobre algo “que no le compete” se ve como una intromisión. En todos estos casos la persona es reemplazable.

 

 

 

AL COLEGIO CON EL INDECOPI

Edistio Cámere

Al colegio con el INDECOPI ([1]) es el lema con el cual se pone en guardia a los padres de familia en contra de los colegios privados. Sus funcionarios aducen que la campaña tiene por objeto cumplir con lo que la ley prescribe. Sin perjuicio de sus buenas intenciones, el modo como se ha planteado genera inseguridad y pocos beneficios; a mi modo de ver estas son algunas consecuencias:

1.- Definición del consumidor.- La defensa del consumidor es necesaria y  bienvenida cuando el servicio o bien que se recibe es deficiente en calidad y en oportunidad; además, cuando lo ofrecido no se condice con lo aceptado; y, finalmente cuando se advierte comprobada negligencia, un engaño o fraude. En esta línea, cualquier intervención de oficio o por solicitud de la parte interesada es muestra de una real y efectiva  preocupación por el consumidor. Sin embargo, no se entiende el concepto de consumidor que maneja INDECOPI pues interviene en su favor cuando recibe y utiliza un servicio a satisfacción pero de modo unilateral decide no pagar lo debido. Este tipo de injerencia desestabiliza el orden jurídico porque un organismo del estado promueve y avala conductas irresponsables de cara a las obligaciones contractuales contraídas.

2.- El incumplimiento contractual y su impacto en la escuela.- Basta que la norma deje un orificio a través del cual se resuelva en favor de la conducta del no-pago para que se genere inseguridad jurídica, entonces el incumplimiento deja de ser una eventual posibilidad para convertirse en práctica ordinaria. Asimismo, aquella termina por minar la autoridad y el orden en las instituciones. Cuando los acuerdos estipulados entre las partes no son vinculantes, la relación se establece sabiendo que se puede quebrar con relativa facilidad y habilidad. Se instaura, entonces, la cultura de la sospecha y de la desconfianza. Al punto que un proveedor ante el hecho de no recibir lo que es debido por un servicio prestado, se ve obligado a demostrar – con la asesoría de abogados – que se le vulnera un derecho y, asimismo, que ha actuado conforme a ley. De esta manera, se ha introducido un ingrediente pernicioso: la vía judicial como método para resolver las desavenencias escolares entre el colegio y los padres.

Como es lógico, la intromisión de tácticas  querellantes perjudica la mutua confianza entre el padre de familia y la escuela. Durante los trece años que dura, la relación no se limita al pago de la pensión, los padres participación activamente en el logro de los objetivos educativos de su hijo. Pero cuando la confianza se pierde la relación fluye por los meandros de la omisión. En efecto, omite el padre quien – al no estar al día en sus pagos – prefiere no asistir, no pedir, no apoyar ni aplicar las sugerencias para su hijo propuestas por la escuela. Por su parte, el colegio, también se ve forzado a omitir para evitarse demandas por algo que no le parece o le sienta bien al padre. El reclamo airado ha desplazado al dialogo. Se pierde la gran ocasión de sumar esfuerzos en bien del estudiante: ¡el aporte profesional del profesor!

3.- La sobrerregulación.- El empoderamiento del consumidor, corre el riesgo de convertirse en la dictadura del subjetivismo: lo que me afecta, lo que me parece, lo que me gusta…está por encima de la norma, de la realidad, del bien común y de la naturaleza de las cosas y, por tanto, el Estado y sus organismos deben velar para que la norma se me acomode y la autoridad se someta al imperio de lo que apetece.

Esta democracia de los consumidores presiona sobre la oferta. Esto se explica porque el modo de salir airoso de una denuncia venida de un ente estatal es haber cumplido en exceso con todas sus reglas, y superar ‘revisiones’ sin término y, por si fuera poco, maleables porque se ajustan al ánimo del funcionario de turno.  Un accidente, según el Diccionario de la Real Academia (vigésima tercera edición: 2014) es un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas, o también lo define como acción de que resulta daño involuntario para las personas o cosas, no obstante, a causa de un infortunio un proveedor es castigado y sancionado pecuniariamente.

Así, entre trabas y multas, brindar un servicio se ha tornado gravoso por el esfuerzo y tiempo invertidos para destrabar una regulación, pero sobretodo porque constriñe a descentrar la atención en el corazón de la institución para centrarse en evitar sanciones. Si la mejora de una escuela o de un servicio se  castiga ¿a quién se perjudica? ¿Esta es la defensa del consumidor que busca el INDECOPI?

4.- Aplicación unilateral del ‘derecho a la educación del niño’.- El derecho a la educación del niño es incuestionable y representa un interés superior que debe conducir a concertar determinados intereses y medios entre el estado, los padres – primeros educadores-, y los colegios a fin de remover los obstáculos que impidan su ejercicio. No obstante, una interpretación perversa de ese derecho impone sobre los hombros de las escuelas privadas la obligación unilateral de aplicarlo. Más aún, esa interpretación inaugura un camino de intromisión del Estado sin retorno en la educación privada. Apelando a tan noble derecho, se podrá implementar iniciativas políticamente correctas que veladamente afecten: la libertad de enseñanza, libertad para contractual o económica y libertad para elegir el tipo de educación para los hijos, todos también derechos de los ciudadanos.

Por paradójico que parezca, la campaña del INDECOPI ocurre en un país que se proclama democrático y con una educación privada en expansión y crecimiento. ¿Será que en el fondo, la férrea defensa del consumidor tiene por objeto el digitar desde las altas esferas, cómo debe vivir y pensar el peruano?

 

 

 

[1] INDECOPI, Instituto Nacional de Defensa de Defensa y de la Protección de la Propiedad Intelectual, es un organismo público autónomo especializado del Estado Peruano, adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros.

LA ESCUELA Y LA PUESTA EN VALOR

Edistio Cámere

Educar es poner en valor lo que el educando trae consigo. ¿Qué trae consigo? Lo que la naturaleza le ha concedido y la aportación cultural y afectiva de su familia. Lo que porta está en él pero como posibilidad, aptitud y perspectiva de hacerse y especificarse. ¿De qué dependerá que su actualización? De sus decisiones, de sus experiencias, de los conocimientos adquiridos, de los modelos que imita, de las relaciones interpersonales y del aprendizaje, etc. a condición de que su entorno sea rico y diverso en oportunidades, en estímulos, en ejemplos, en calidad e intensidad de retos y situaciones interesantes. ¿La escuela puede ser un entorno apto para actualizar las posibilidades que trae el alumno?

Desde una perspectiva antropológica corresponde a la escuela remover en el educando la ignorancia y promover la formación de su carácter. Gracias a la enseñanza de las materias escolares el estudiante es habilitado para insertarse e integrase en la vida y cultura de la sociedad. De la mano del docente adquiere criterios para emitir juicios, va configurando una cosmovisión y apreciando – a través del asombro – los contrastes y comparaciones que componen la belleza de las cosas sensibles. Mediante las materias trasmitidas y bien recibidas, conoce y al conocer se apropia y domina la realidad, es capaz de comprenderla, darle un sentido y descubrir territorios inéditos que los explica con la originalidad de su condición de irrepetible.

La formación del carácter tiene que ver con lo que pone el docente mediante su ejemplo. Si el carácter es la personalidad valorada, éste se muestra de modo natural en el diario vivir. El maestro comunica de dos maneras: explícitamente lo que enseña e implícitamente lo que modela con su manera de ser, con su carácter; por su parte la calidad de la respuesta a lo ‘explicito’ dependerá de lo que retenga, de cómo le afecta y tome de lo ‘implícito’ el alumno.  El autodominio, la serenidad, la paciencia y la autoexigencia… junto con la coherencia y la integridad serán la raíz y fundamento de su autoridad. La misma que, fraguada con el esfuerzo y tensión personal para delinear la personalidad valorada, será doblemente eficaz: las proposiciones del docente tendrán el respaldo de su prestigio personal, y sabrá ser comprensivo con quien con energía intenta cambiar una determinada conducta, así como estimular al alumno que está en proceso o sugerir nuevas rutas o alternativas a quien está a punto de desistir en su empeño.  El ir por delante tiene esa virtualidad.

También tiene relación la formación del carácter con la convivencia con los pares con quienes guarda similitudes pero también diferencias que son las que, no pocas veces, hacen difícil el vivir con otros. La convivencia es una riqueza para el desarrollo personal y no origen de conflictos. Justamente la formación del carácter es condición para abrirse a la experiencia de las relaciones interpersonales, para no aparcarse en detalles irrelevantes que pueden incomodar por no ser del propio agrado sino trascenderlos para ir en pos del intercambio de pensamientos, sentimientos e ideales, de la colaboración mutua y de la realización de proyectos comunes.

La escuela debe promover entre los alumnos programas de participación en el que todos y cada uno puedan desplegar y comunicar sus talentos con miras a generar un ambiente que propicie la convivencia, la solidaridad y el apoyo mutuo. Preocuparse y ocuparse por el crecimiento de los demás a través de proyectos en los que tienen autonomía en el diseño y en las decisiones, propicia una cultura cooperativa y abre espacios donde los alumnos sirviendo a sus compañeros vean a su colegio como un mosaico de oportunidades para su desarrollo integral.

 

 

LA PALABRA Y LA REALIDAD

Edistio Cámere

          Susanita dormida sueña: -“Oh, Felipe, ¿No sería maravilloso qué entretejiéramos nuestras vidas”? – “Depende, ¿con qué punto”? responde Felipe. Al día siguiente. Felipe se encuentra leyendo una revista, de pronto, Susanita se acerca y por detrás le grita ¡TONTO! Da media vuelta y se retira. Felipe, no solamente, por el susto cae sentado al piso sino que queda confundido: no atina a comprender la actuación de Susana.

       Quino recoge situaciones de la vida ordinaria que las ilumina con la vena humorística que lo caracteriza tanto para el deleite como para la reflexión del lector. La presente historia, bien puede sacársele punta desde la óptica de las diferencias entre hombre y mujer pero de intento dejaré ese sesgo para otra ocasión. Más bien, me gustaría centrarme en una cierta tendencia actual que sin atender y sin abrirse a la realidad o a la misma naturaleza de las cosas, se juzga, se opina y hasta se actúa sobre la base de lo que uno siente o supone. Susanita actuó proactivamente basándose en un sueño sin asidero en la realidad. ¡Cuántas opiniones, incluso temerarias, se profieren sin detenerse a considerar si lo que se escucha o lee es cierto!

         La emoción otorga frescura al diario vivir. Más cuando el juicio es contaminado excesivamente por ella, pierde perspectiva y no atiende a la realidad tal y como es sino que le añade elementos o se la parcela, de manera que, solo focaliza la parte que más se acomode con los propios intereses. La adecuación del pensamiento con la realidad, facilita la emisión de juicios objetivos que mueven a actuar con coherencia. Por el contrario, cuando uno tiene la convicción de que la realidad se configura a partir de las ‘vibraciones’ que revolotean en el mundo interior se cae en las fauces del relativismo. Cuando el subjetivismo – hermana gemela del relativismo – reina los cauces de la convivencia y de la comunicación se resienten, por no decir, que se obturan. Si cada quien va a lo suyo porque es lo más importante, “el otro” no tiene cabida puesto que no interesa, y si interesa es por sernos útil o por ser un escollo que hay que sortear.

        La palabra expresada sin una referencia externa suena más a monologo que a dialogo. Las interferencias no provienen del entorno sino de ella misma que al estar vaciada de su real significado asume connotaciones subjetivas. La misma palabra tiene diferentes acepciones para quienes interactúan. Más aún al no existir relación con un referente objetivo, el compromiso dado a través de la palabra pierde consistencia y, al extremo con facilidad se incumple.

            La verdad, que es la adecuación del pensamiento a la realidad, debe presidir tanto en la cotidiana convivencia como en el dialogo para que fluyan sin cortapisas y para que el respeto a la dignidad de la persona sea una máxima en las relaciones sociales.

LAS CIFRAS Y SENTIDO COMÚN

Edistio Cámere

El año 2008, en la educación básica regular (EBR) de régimen público habían matriculados 6’125,456 estudiantes. El año 2016 el número de matriculados disminuyó a 5’746,098, es decir que en ocho años la educación pública perdió 379,358 alumnos, (47,500 alumnos por año). En cambio, el sector educativo privado, incremento el número de matriculados en 455, 677 (57, 000 estudiantes por año). Es decir, paso de 1’ 528,161 alumnos matriculados en el 2008 a 1’ 983,838 en el 2016. Estas cifras recuperadas – vía internet 2017 – de ESCALE, unidad de estadísticas del Ministerio de Educación del Perú (MINEDU), permiten elaborar las siguientes conclusiones:
a) Suponiendo hipotéticamente cada escuela tenga 2000 alumnos matriculados, quiere decir que en estos 8 años la EBR pública ha debido cerrar 190 escuelas, es decir, 24 cada año. Lo que debería implicar también la reducción o reubicación de docentes, administrativos y personal de mantenimiento.
b) En el caso de la educación básica regular privada, supuesta una población de 1500 estudiantes por centro educativo, se han debido de crear casi 303 (38 cada año) escuelas de esa magnitud para atender tan solo a quienes dejaban los servicios educativos estatales sin tomar en cuenta aquellos que directamente eligen colegios privados.
c) El año 2008, el número de docentes que trabajaba en las escuelas públicas fue de 287,505 y el año 2016 se elevó a 342,346 profesores. En ocho años se incorporaron 58,144 – 6,855 cada año – nuevos docentes al sistema estatal.
d) En cambio, en el caso de la educación privada, en 8 años el número de profesores ha crecido en 25,466, casi 3,833 por año. Las escuelas privadas el año 2008 contaban con 125,954 y el año 2016 con 151,420 docentes.
e) En el ámbito estatal, para el año 2008 la ratio un profesor por cada 23 alumno. Luego de ocho años la relación es de un docente por cada 17 discentes. En ese mismo periodo, la escuela privada comenzó con una relación de un docente por cada 12 alumnos y terminó el 2016 con 1 profesor por cada 13 alumnos. El origen del descenso en la escuela pública fue el incremento de los docentes y la disminución de alumnos. Mientras que en la escuela privada, es el incremento del número de estudiantes lo que modifica el coeficiente.
Comentarios:
1.- No se entiende la razón por la cual el sistema estatal pone trabas, controla y no promueve con procedimientos ágiles, la iniciativa privada. Los números presentados que tiene como fuente el Ministerio de Educación predican a las claras una gran demanda insatisfecha que busca educación no estatal.
2.- La Educación básica regular estatal al 2016 tiene menos alumnos matriculados que hace 8 años; más docentes; pide más recursos económicos para el 2018, porque dicen que la solución es mayor inversión.
3.-Si dividimos el número de alumnos matriculados entre el número de locales escolares estatales de la EBR: encontramos que cada centro educativo tiene 110 alumnos.
¿Es un problema de capacitación? ¿De recursos económicos? ¿Del cambio climático? O como apunta Vladimir Putin ¿Será un problema de sentido común y aceptación de la realidad?
Las APAFAS
Mención aparte merece la finalidad y el aporte de las Asociaciones de padres de familia (APAFAS) en las escuelas públicas. El artículo 15 de la ley N° 28628/ 24-11-2005, dictamina que los recursos de la APAFAS los siguientes: La cuota anual ordinaria y la extraordinaria así como las multas que se imponen a sus miembros, debidamente aprobadas por la Asamblea General. El monto de la cuota ordinaria no puede exceder del 1.5% de la Unidad Impositiva Tributaria (UIT), vigente a la fecha en que se realiza la Asamblea General respectiva.
Por su parte, el artículo 16 define que los ingresos se utilizarán para colaborar con:
• El mantenimiento y reparación de la infraestructura física;
• La conservación y refacción del mobiliario escolar;
• El equipamiento e implementación de tecnologías de información y comunicación;
• La realización de programas de capacitación para sus asociados, poniendo énfasis en las escuelas de padres; y,
• La adquisición y mantenimiento de materiales educativos, lúdicos y deportivos.

Una rápida lectura de los artículos mencionados afirma la buena voluntad del Estado, pero en su aplicación observamos el desconocimiento (o miopía) de la realidad. Partamos del siguiente ejercicio:
El año 2016 el 1.5% de una U.I.T fue de 59.25 soles. Ese mismo año, los alumnos matriculados en las escuelas públicas fueron 5’746,098. Si quisiéramos saber el número de familias aportantes a las APAFAS, asumamos la hipótesis de 3 hijos por familia, en este escenario, el conjunto de familias aportantes sería 1’915,366 y su aporte económico ascendería a 113’485,435.50. Para ese año, ESCALE reportó que en el sistema público habían 52,169 locales escolares, por tanto, cada colegio debió de recibir 2,175.34 soles. La pregunta es ¿Qué se puede hacer con ese monto al año en un colegio y cumplir con lo indicado en el artículo 16? De otro lado, aquellos ítems considerados ‘obligación’ de un APAFA competen al promotor de la escuela ¿Quién es el promotor de las escuelas públicas? El Estado.

 

 

 

PENSANDO EN LOS QUE VIENEN DESPUES

 

Vivir la virtud de la piedad (la pietás). Agradecimiento a la familia, a la escuela, a la patria… respetando a las autoridades competentes, a su historia y a quienes precedieron y participando en la solución de los problemas más cercanos a uno. Conservar lo socialmente valioso recibido de las otras generaciones, de lo contrario se menosprecian la historia, tradición y la herencia cultural.
La paz social descansa en gran medida en la práctica de la piedad, que supone consideración por quien está constituido como superior, veneración al anciano, respeto del discípulo a su maestro, a quienes se les debe el honor, obediencia y servicio.

Laboriosidad. Su carácter virtuoso de la deriva de la obligación de trabajar que incumbe a todo hombre. Con el trabajo se mejoran las dimensiones fundamentales de la personalidad humana, se cumple con la misión de contribuir al crecimiento y progreso de los demás.
Laboriosidad es trabajar con esfuerzo y de forma positiva. ¿Qué se gana con las quejas ante las dificultades de toda índole? Nada. Solo desaliento y desánimo. Cuando se trabaja con motivación, en positivo, no hay dificultad insuperable. Quien es laborioso no tiene tiempo para quejarse, pues sabe que las “obras son amores y no buenas razones”.
Laboriosidad es trabajar con constancia. La flojera y la pasividad son sus principales escollos. La reflexión y la acción tenaz son herramientas indispensables. La laboriosidad es una virtud que exige metas y objetivos concretos para no perder tiempo ‘contemplando’ los problemas sino en empeñarse en encontrar las soluciones: ¿Qué se puede hacer? ¿Qué medios se van a poner? ¿Qué soluciones se van a ofrecer? La pereza no se define tanto por el mero no hacer nada, sino que no se hace nada por la tristeza que supone el esfuerzo a invertir para alcanzar un bien.

Tono humano . Se puede definir  el “tono humano” como el estilo del carácter propio del hombre que se refleja en las formas de conducta, individualmente considerada o en sus relaciones de convivencia. Así, cuando una persona sabe respetarse a sí misma y a los demás sin hacer mal a nadie, atendiendo a las personas que le rodean, creando un clima afable en su propio entorno, decimos que esa persona tiene un tono humano alto.
El tono humano se manifiesta principalmente:
A) En cuanto a la propia persona: en la conducta, el lenguaje, los modales, la forma de comer y de tratar a otras personas, así como la aplicación de lo apropiado en cada circunstancia y ocasión. Para ello son necesarias las virtudes de la limpieza, el optimismo, la autodisciplina, la naturalidad, sencillez, sobriedad, templanza, fortaleza, prudencia y justicia.
B) En cuanto al trato con los demás el “tono humano” se refleja en el saber tratar a cada uno teniendo en cuenta su dignidad, la amabilidad y delicadeza, comprensión y respeto con el que se desarrollan todas las relaciones interpersonales, la práctica de cortesía, educación y respeto para los demás; la forma de crear un ambiente agradable y delicado, adaptándose a las costumbres y tradiciones de la sociedad.

Edistio Cámere

LA TRIADA DEL DOCENTE

Además de una muy buena didáctica (capacidad de enseñar) y un buen gobierno de aula, considero que el querer, el afirmar y el corregir terminan por definir la categoría de un maestro.

1) El querer puede interpretarse válidamente de múltiples formas. Así, una de ellas se relaciona con la resolución, la motivación o disposición para educar. Desde esta perspectiva, querer tiene el sabor de ‘fidelidad’ porque no se contenta con asistir sino que se centra activa e ilusionadamente en el despliegue cotidiano del quehacer docente. Muy cercana a esta acepción aparece aquella conectada con la toma de decisiones y su inmediato correlato: la puesta en acción. La educación no es dejada a la amplia, difusa y miscelánea influencia del medio sino que el docente la direcciona y conduce en determinado sentido alineado al conocimiento del alumno y la visión de la escuela.

Querer también predica afecto cuya manifestación se evidencia, se valora e interpreta en la presencia o en el modo de estar. Lo ‘interior’ se externaliza en los gestos, en las miradas, en las inflexiones de voz, en la postura… con el cuerpo se comunica emociones, afectos también como respuesta a lo que el ‘otro’ suscita. El querer, no obstante, se expresa sólido y contundente en los actos de escuchar y sonreír. Escuchar, es centrar la atención en un quien, valorarlo y atribuir empáticamente la misma importancia a la narrativa que trasmite o cuenta. Sonreír, es comunicar, compartir el gozo que edifica el encuentro, el trato con una persona determinada; y, a nivel de grupo, la sonrisa revela ‘un estar a gusto’, de estar en el lugar – que por muchas razones – es el más importante en el que se tiene que estar para aportar con sentido y a largo plazo.

Por último, este marco en el que se encuadra el querer, para que sea educativo debe tener un claro destino: buscar y querer el bien. Esta benevolencia se nutre del tiempo, del intercambio personal y del conocimiento que se recaba del educando, en tanto implicado y participante de las actividades escolares curriculares programadas. Querer el bien significa procurar ‘ese’ bien particular propio de una persona, que es posible descubrirlo en una relación personal y capilar, pues sobre el bien universal de la enseñanza o de inserción en la cultura de la sociedad – concernientes de toda escuela – cada alumno tiene uno específico que –, en el tiempo, puede mudar de acuerdo a variables de todo tipo y cualidad- reclama de un preciso camino, de un arte en el andar y apoyo para conseguirlo. Por el contrario, una visión utilitaria que solo busca resultados, presume que existe un único bien para todos, por cierto, no es un enfoque errado, es estrecho.

2.- El acto de querer es condición para activar la práctica del afirmar. Su inicio es el reconocimiento, no el que deriva de la ejecución de una buena acción o de la obtención de un logro, sino de aquel que cala en el alumno al saberse y sentirse que ‘importa’, que no es uno más en la ‘lista’ o en la ‘fila’. Un factor que incide negativamente en el aprendizaje es la indiferencia y el trato pálido y gris en la relación docente-alumno.

El educando suele esperar aprobación, que lo ponderen pero sin que sea adulado usando ‘frases redondas’ que suenan bien pero que tienen el defecto de ser definitivas y uniformes. Definitivas porque no admiten la posibilidad de mejora ni la comprensión cuando se retrocede o se equivoca. “Al hombre no le es posible desarrollar todas sus potencias simultáneamente y en igual medida al igual que tampoco puede actualizar todas a la vez (…) El hombre se revela como un todo unitario en continuo proceso de hacerse y transformarse” ( ) precisamente esta realidad aboga en contra del uso de calificativos que no estiman la capacidad de autodeterminarse, del movimiento y de la progresión en el crecimiento de la persona.

El reconocimiento, la afirmación no se reduce a otorgar o no calificativos, también se expresa eficaz en esa mirada ‘cómplice’ que anima; en esa ‘palmada’ en el hombro señal que se confía en el educando; en esa conversación que se le descubre talentos o nuevos ideales; y, cuando más allá del mero reporte de las evaluaciones el docente es consciente que “el modo de ser propio de una persona se expresa también en formas que pueden seguir existiendo separadas de ella: en su letra (…) en todas sus obras, y también en los efectos que ha producido en otros hombres” y, por tanto, el docente tiene como tarea principal “comprenderlos: penetrar en la individualidad por medio del lenguaje de esos signos” ( )

La afirmación como ejercicio es siempre relevante, sin duda alguna. Pero su incidencia – profunda y omniabarcante – en toda la persona está en directa relación con la ascendencia. La autoridad y el prestigio del docente tienen la certeza de la credibilidad y el atractivo de la inspiración.

3.- El corregir no es una práctica buscada ni gustosa, se le omite o se le escamotea sin mayor rubor. Su fuente de inspiración está en la benevolencia. Con la corrección no se busca satisfacer las demandas, deseos ni gustos, tampoco los propios del docente, sino las necesidades realizando actos que promuevan el crecimiento y desarrollo del educando. Poner orden cuando sea menester y ‘rectas’ las conductas, es una manera precisa y concreta de mostrar afecto. ¿De qué otro modo se puede llamar al hecho de correr el riesgo de recibir por respuesta una mala cara, unas palabras hirientes o un afilado silencio, tan solo para buscar lo mejor para el otro?

El docente que corrige es magnánimo respecto al proyecto vital del alumno, porque cree en sus posibilidades y capacidades y, en lo que a él le competa pondrá todos los medios para que aquel no sea menos de lo que puede llegar a ser. Corregir implica creer y apostar. Al señalar una equivocación o un mal comportamiento, se ilumina la inteligencia al proporcionar argumentos o razones que expliquen la validez de su inhibición; se modela modos y se amplían nuevos horizontes para hacer las cosas bien; se le permite reivindicarse ante sí y ante los demás, es como si se diera la oportunidad de ubicarlo de nuevo en el partidor para volver a intentarlo. Sin duda, el corregir es un acto que mira al futuro del alumno y al bien común de la sociedad.

Si para afirmar se pedía ascendencia, la corrección solicita del docente coherencia que no impecabilidad, sino el patente esfuerzo desplegado en actuar y pensar en concordancia.

Edistio Cámere

 

 

 

Capacitación y Formación Docente

capacitacion-docenteLa formación de los integrantes del claustro de docentes – incluyendo directivos – es clave en una escuela, pero para nuestros propósitos conviene distinguirla de la capacitación. Ésta apunta más al incremento de la suficiencia técnico-pedagógica, que representa el ‘patrimonio’ con el cual el docente se presenta y ejerce su quehacer en un colegio. A mi juicio, el centro educativo tiene que alentar y promover la capacitación más no debe ‘reemplazar’ sino más bien acoger y patrocinar a quienes muestran interés. Un modo en que se revela la ilusión profesional es precisamente la motivación mostrada por capacitarse. Capacitarse, sin embargo, no supone la asistencia a centros de estudios superiores ni la acumulación de títulos universitarios – por cierto, que obtenerlos no es cosa de poca monta – es más bien, una actitud de estudio y análisis frente a las situaciones ordinarias que el ejercicio de la profesión conlleva. ‘Pararse a pensar’ frente a un suceso o conducta implica: a) romper con la rígida práctica del ‘siempre se hizo así’; b) la configuración y cierre de un círculo virtuoso: la teoría se ajusta a la situación y/o a la persona; c) la experiencia incorporada como consecuencia de los resultados obtenidos es rica, flexible y diferenciada; y, d) esta forma de proceder avoca de los directivos confianza en el docente y respaldo en las decisiones asumidas.

La formación, en cambio, se entronca con la visión, principios y valores (Ideario, también se suele denominar) que tiene la escuela y, con el hecho patente que con ocasión de la relación enseñanza-aprendizaje comparece la persona del alumno. La reflexión de las implicancias teórico-prácticas de franquear esa función o ese rol no tiene que ser tarea solitaria del docente, es competencia de la escuela conducirla y abonarla con argumentos. De otro lado, a toda escuela le puede interesar configurar un estilo, un talante que la distinga de las demás o de sus más cercanas competidoras. El modo de ser se forja mediante la adhesión libre de los docentes a los principios de su escuela, de tal manera que en su habitual comportamiento y con respeto a la singularidad de cada uno, manifiestan ante los alumnos lo ‘fundamental’ del centro educativo. “La eficacia de un centro no proviene solo de la eficiencia de uno de sus componentes, sino de un equipo integrado, en el que mutuamente se potencian sus componentes” (1) Sí como decíamos líneas arriba, con ocasión de la enseñanza-aprendizaje comparece la persona del alumno, ahora, tendremos que decir que, con ocasión de la conducta y actitud del docente comparece ante el alumno el ideario del colegio.

El docente trasmite conocimientos pero no agota su dimensión educativa en la enseñanza, se dispone a educar desde su ser personal, por tanto, la formación, también debe conducir al crecimiento y despliegue de sus talentos. Los talentos por tener un carácter social se orientan al crecimiento recíproco: aportan al crecimiento de los otros y, a su vez, los talentos de aquellos contribuyen a la propia mejora. El incremento de las propias capacidades depende de los demás: 1) En tanto que sus limitaciones y dimensiones se perciban como oportunidades para descubrir nuevos matices o perspectivas en los talentos propios; 2) En la medida en que se recibe un bien del que se carece y que es suministrado por otra persona que posee un talento mediano o al no tenerlo cuando la ocasión lo amerita, acicatea para ser adquirido o a mejorar su despliegue.

La unidad de una escuela no radica en ‘hacer todos, las mismas cosas y del mismo modo’, más bien, la unidad reside en querer los mismos principios educativos, expresados máximamente en procurar la mejora del alumno como persona. Lo cual se logra a través de una cálida, atractiva y sustentada formación docente.

Edistio Cámere

(1 )Mañu, Manuel, 1999, Equipos directivos, Rialp, Madrid, pág. 79

El docente cabalga en una sociedad sin rastros

Un nuevo año escolar ha comenzado y, junto con él reaparecen los mismos viejos desafíos para el docente, pero con un nuevo sentido. Viejos porque los comportamientos y tendencias colectivas de los alumnos se repiten con asombroso parecido; novedosos porque cada alumno vivencia de modo particular sus experiencias escolares, toma sus propias decisiones ante situaciones que afectan a todos y, finalmente, nuevas porque cada día el estudiante reestrena su libertad para orientarse a crecer y ser mejor persona.

El docente interesado en educar o con una vocación bordada con trazos firmes no encuentra eco ni apoyo en la sociedad. Habrá que decirlo con todas sus letras: “Cuanto más trabada y descompuesta esté la sociedad mayor deberá ser el esfuerzo, entrega y creatividad del docente en el ejercicio de su quehacer”. Ciertamente, no me refiero a la enseñanza en sentido estricto (trasmisión de conocimientos), me refiero a que la función del docente también incluye la orientación; es decir, proponer un norte, una meta a la que el alumno pueda adherirse libremente, que tiene que ser acompañada por argumentos y modelos que, gracias a su coherencia y ejemplo hagan más atractivo y transitable el camino que lo lleva hacia ese norte.

Quienes por función, por encumbramiento, deberían mostrarse como guardianes de los valores, el orden y la justicia social, se convierten en paladines de la práctica del ‘fin justifica los medios’. Los errores, las equivocaciones, las faltas no son excepciones en la vida ordinaria: la debilidad y fragilidad humanas son sus causas. Frente a aquellos, bien cabe la comprensión y el respeto lo que no implica, desde mi perspectiva, contemporizar con el error.

Desde una óptica educativa es contraproducente que, ante una conducta impropia o un error, se le enseñe al alumno a ‘rasgarse las vestiduras’ sorprendido ante tamaña trasgresión como si los jóvenes fueran privilegiadamente impolutos o marcadamente ilusos, creyendo en la existencia de la bondad natural en el hombre. También contraviene a la formación que el alumno advierta que: a) las faltas que otros cometen quedan impunes; b) solamente son acusados ante el poder judicial cuando trasgreden la ley mayormente ciudadanos de a pie, mientras que quienes ostentan cargos públicos o socialmente reconocidos, suelen ser liberados por “falta de pruebas concluyentes”; c) estén comprometidos en casos de corrupción o involucrados en escándalos funcionarios de gobiernos locales, regionales y nacionales de quienes, por el contrario, se esperaría que promuevan el bien común en sus respectivas jurisdicciones; d) Si quienes tienen el deber sagrado de conducir al país hacia el desarrollo con paz, delinquen impunemente, la figura de la autoridad – por extensión – en todas las comunidades u organizaciones tiende a perder su sentido y finalidad, en consecuencia, la sociedad empieza un proceso de descomposición sin retorno; e) Sin referentes sociales que encarnen ideales o valores se torna menos creíble caminar por la vía de las “buenas costumbres” (“¿Si mis, autoridades lo hacen qué razones tengo yo para inhibirme de hacer – en mi entorno – lo mismo?”)

Esta situación que caracteriza al sector más influyente de la sociedad, que contamina y afecta su dinámica, deja entre paréntesis a los colegios, sin norte, porque cuestiona de cuajo sus principios educativos. Sin embargo es esta misma sociedad la que, a través de sus instancias oficiales, se mantiene impertérrita exigiendo resultados en infraestructura y en el uso intenso de tecnologías al margen de la educación de los valores y la búsqueda del bien y la verdad.

La escuela no es un coliseo al que acuden los alumnos para ejercitarse ‘mecánicamente’ con miras a mejorar mi ‘marca’. No. El colegio es un lugar donde se trasmite conocimientos, se forma el criterio y se ayuda a bien querer mediante una acertada toma de decisiones.

Tenemos que alzar la voz exclamando: ¡profesor no te des por vencido!. No es fácil educar en este tramo del siglo. Con la gracia, la creatividad y el profesionalismo que te adornan – usando, además, con solvencia los espacios que permite el currículo oculto- formarás alumnos que no solo sepan discernir lo bueno de lo malo, sino que también sabrán determinarse hacia el bien, sin perder de vista la importancia de la comprensión y del afecto con quienes se equivocan.

Edistio Cámere