En defensa de la Escuela

Edistio Cámere

La Comisión de Educación del Congreso de la República puso en el asador este pasado 3 de junio– aprobado por unanimidad – un dictamen mediante el cual determina los procedimientos para poner coto a la morosidad – en creciente alza-  en el pago de las pensiones escolares. Digo en el asador porque la educación, como todo lo que hace referencia a lo más consumado del hombre, es un concepto equivoco: sus diversas interpretaciones, visiones o actividades no hacen sino enriquecer su trascendencia. Pero esa apacibilidad conceptual se mal usa cuando se la coloca entre bandos contrarios: derecho-deber; libertad-responsabilidad; gratuidad- no gratuidad; control del estado- autonomía; pensamiento único- pluralidad de opciones; creencias religiosas- laicismo; el colegio- los padres de familia; el estado- los ciudadanos, etc… Mientras se aticen las brasas de lo antagónico, de la dialéctica, de los opuestos, los acuerdos y soluciones a los que se lleguen serán frágiles o impuestos por grupos de poder o por un Estado impersonal.

Los colegios privados han implementado unas buenas y razonables prácticas – sistema de becas o reducción en el monto de la pensión – conforme a las cuales los padres de familia que por motivos económicos estructurales o por el número de hijos no pueden pagar el monto pactado. Además, en virtud de la promulgación de la ley N° 23585 del 28/02/1983, los colegios y universidades privadas están obligadas a otorgar becas completas ante el fallecimiento del padre o del tutor. Solo una mente malintencionada es capaz de construir la figura de un director que categórica y malintencionadamente se niega escuchar y apoyar a unos padres que atraviesan una situación crítica. ¡Pensar en colegios descarnados e indolentes suena a mero prejuicio!

Si las escuelas ofrecen alternativas que permiten la continuidad de los estudios de los alumnos cuyos padres atraviesan criticas situaciones financieras, ¿cómo se debe interpretar la morosidad? ¿cómo un estilo de vida? o ¿será que responde a una efectiva insolvencia pecuniaria? Si fuera insolvencia ¿en el mercado ningún proveedor se mantendría en pie? Usualmente, la puntualidad es mayor que la morosidad. La honra y el cumplimiento de las obligaciones es superior que la deslealtad con los compromisos. Por tanto, una ley que premia la morosidad perjudica esencialmente a los servicios educativos. En primer lugar, es una medida populista. Quienes cumplen con sus pagos, a la vez que subsidian a los incumplidos, reciben servicios mediocres: por tanto, entre el usuario y el proveedor se establece una relación precaria, quien los presta no tiene cómo mejorarlos y, quien los paga no los recibe en condiciones óptimas ni menos puede exigir un mínimo de calidad, porque los primeros se excusan aduciendo que no le pagan.

En segundo lugar, termina subyugando a la escuela a intereses particulares.  Si el usuario de un servicio educativo advirtiera que un superior – en este caso el Estado – lo exonera de la responsabilidad de su contraprestación, no solamente se sentiría confirmado sino alentado para incursionar en otras regiones de la escuela para acomodarlas a su particular provecho. Si hoy día es el dilatar los desembolsos, mañana puede ser la modificación de una nota o la remoción a un docente…etc.  En tercer lugar, la suma de las dos anteriores da como resultado la quiebra, la fractura de un centro educativo. Al no contar con la majestad de la unidad, con la autonomía institucional y con los recursos económicos, se le condena contravenir con la naturaleza, propósito u esencia que anima su existencia. El populismo conmina a las instituciones a transitar por la medianía.

Por último, conviene desmontar la teoría que aduce en favor de la morosidad, el derecho a la educación. Esa prerrogativa no está en tela de juicio ni se pretende vulnerar. El derecho a la educación en los niños y jóvenes supone el deber de ejercitarlo. Sin embargo, ese deber – irrenunciable – por naturaleza y por la ley es competencia de sus padres. Las escuelas se constituyen en ayudas calificadas. Aquellos son quienes tienen que velar para que sus hijos inicien y culminen sus estudios escolares. Por tanto, despojémonos de eufemismos y de frases políticamente correctas, para que con recta intención, razonables normativas y mucho respeto al sentido común, quienes prestan el servicio y quienes tienen deber que sus hijos gocen su derecho a educarse, encuentren soluciones no precarias sino duraderas.

 

 

 

¿Se puede educar todavía?

Edistio Cámere

 El ciudadano de a pie presencia entre incrédulo e indignado las conductas incoherentes de no pocos servidores públicos: locales regionales y nacionales. De algunos, espera que velen por la justicia dando a cada cual lo suyo, pero lo que hacen es sembrar la inequidad otorgando prebendas a unos a costa de despojar a otros sus legítimos derechos. De otros aguarda que prioricen el bien común, pero tal es su miopía que sus talentos los hipotecan a favor de interés subalternos de grupos de poder o que operan al margen de la ley.

Los medios de comunicación aumentan la zozobra, tipificando las faltas por una supuesta ‘gravedad’ y según ella ‘sentencian’ y crean culpables; de manera que, difunden, expanden una imagen generalizada de corrupción en todo el aparato estatal y en muchos ciudadanos de la sociedad. Palabras como ‘todos’, ‘siempre’ ‘esto nadie lo cambia’ … y otras de condición similar circulan al modo de una carrera de postas: el testigo se pasa de mano en mano. El resultado: una sombra se filtra y se posesiona en el clima de nuestros países y en la esperanza de sus habitantes.

La corrupción, los malos políticos, los profesionales deshonestos, padres indiferentes e irresponsables y, en general, personas no probas han existido, existen y lamentablemente, siempre darán noticia de su presencia. Reconocer su existencia operativa no implica justificar su actuación ni impedir las justas sanciones; por el contrario, significa hacerse cargo que tras la comisión de un acto delictivo se descubre a una persona, libre y responsable que debe responder por sus actuaciones.

Un anciano, que al despuntar el alba solía pasear por la playa, divisó a lo lejos un joven que parecía bailar entre las olas y la arena. El buen hombre, se dijo para sus adentros: “Voy a acercarme a este joven que parece celebrar con tanta alegría la llegada de un nuevo día”. Apuro el paso para darle el encuentro. Al llegar, advirtió que lo que hacía era recoger estrellas de mar de la arena para devolverlas al agua. El anciano le preguntó: “Disculpa, ¿por qué haces eso?”. El joven respondió: “Cuando la marea baja, las estrellas que se quedan atrapadas en la arena, yo las regreso al mar”. El anciano exclamó: “Pero eso no merece la pena, la playa es enorme y son demasiadas estrellas”. El joven entonces se dobló, recogió una estrella, la lanzó al mar y respondió: “para ésta, si mereció la pena”.

De igual modo, mientras que la escuela y con ella, sus docentes se apropien, se apoderen de la certeza de que con su palabra y su actuación virtuosa son capaces –idóneos- de escribir en la personal biografía de cada alumno. Este aporte del maestro no se detiene allí: va a más. El estudiante, en tanto persona libre e inteligente, con su saber, con su querer y con su recto obrar dará un nuevo curso a los acontecimientos, primero en su propio ambiente y, por extensión a los de su sociedad. Mientras no se pierda de vista, la perspectiva histórica y personal de la educación, con el valioso aporte de cada docente, se podrá seguir educando.

 

 

 

REPENSANDO LA EDUCACION PRIVADA

Edistio Cámere

1. Toda acción humana tiene un autor, es atribuible a una persona concreta con nombre y apellidos. En la medida en que es arrogada a un sujeto se le puede denominar: privada, personal, individual o particular; desde la óptica de la influencia, impacto o radio de acción no es privativa, es pública.

2. La educación llamada pública no es “gratuita”, su costo se paga indirecta y solidariamente a través de los impuestos; mientras que en la escuela privada los costes son asumidos por el padre de familia. Atendiendo a esa sola diferencia se corre el riesgo de etiquetar como social y humanitaria la una y exclusiva y elitista la otra. Cuando en verdad, el precio de la educación privada incluye el costo de la educación pública.

3. En una sociedad democrática, las opciones educativas deben ser variadas y diversas. La pluralidad de la oferta para que calce con la libertad de elección reclama que los colegios se distingan entre sí en mérito a su proyecto educativo, a su cultura y procedimientos que – conocidos con anticipación – permitan una acertada y justa elección. Un tipo único de escuelas no se condice con una sociedad plural y, en último extremo con las familias que cuentan con objetivos educativos diferentes.

4. La iniciativa privada en educación constituye el conjunto de actividades que se despliegan en orden al bien de la sociedad, nacen de las energías de personas y son sostenidas por personas. Lo suyo no es competir ni ser mejor que la pública. Su propósito es garantizar la vigencia de la pluralidad de ofertas educativas en de modo que exista libertad para fundar escuelas y decidir qué tipo de educación se desea para los hijos.

5. La educación pública tiene por objeto asegurar que nadie sea vea impedido, por razones de diversa índole, de recibir una buena educación; por tanto, el Estado no debe conformarse con facilitar la cobertura educativa, justamente porque sus usuarios no tienen alternativas para elegir, le corresponde – sobre todo – brindar un servicio educativo de alta calidad.

6. Un sistema democrático que hostiliza la iniciativa privada, imponiéndole el cumplimiento de trámites y procedimientos farragosos para su ejercicio, atenta contra los principios fundamentales, induce a la anomia social, entra en litigio con el sentido común y con la gramática de la realidad.

7. La libertad de enseñanza impide el pensamiento único digitado desde las esferas del poder de turno; a su vez permite que los padres de familia opten por la propuesta educativa que coincida con su filosofía u objetivos familiares.

8. En una escuela, el plexo de relaciones interpersonales predica que los docentes no solo se aplican al logro de metas objetivas y cuantificables. La escuela ofrece servicios difícilmente cuantificables, menos aún valorables. La educación es una tarea en que la ayuda es superior al servicio de enseñanza prestado. “Hay una neta diferencia conceptual entre servicio y ayuda en razón de su finalidad (…) En el servicio, el tomador es alguien que recibe el bien, y es por tanto un receptor pasivo. En cambio, en la ayuda, el destinatario es alguien reforzado en su propia acción, y dicho refuerzo es precisamente el bien que se ofrece; el ayudado es un agente activo” (Altarejos, F. 2003, 43)

9. A diferencia de la industria y del comercio, el quehacer educativo incluye “insumos intangibles” que operan al margen de las leyes del mercado. Son impagables, su valor no se puede tasar: el consolar a un alumno cuando está triste; alentarlo cuando arrecia el desánimo; corregirlo cuando yerra; orientarlo para mejor elegir; reconocer sus logros o simplemente escucharlo…

10. La neutralidad que caracteriza la relación entre un vendedor y un comprador cualquiera no se predica en la relación docente– discente. La dinámica de la convivencia, el trato personal, las manifestaciones propias de la edad de los alumnos, fecundan en la relación el afecto, la preocupación, y el cariño. Al componente afectivo -“insumo intangible”- no se le puede poner precio. Desde esta perspectiva, a la educación no se le puede entender exclusivamente con las claves del mercado.

 

LOS OBJETIVOS EDUCATIVOS DE LA FAMILIA ¿CUENTAN?

 Edistio Cámere

            Roberto y Teresa están prontos a recibir a su primer hijo. Como buenos, ilusionados y previsores padres tienen todo planificado: el nombre, la clínica, los padrinos de bautismo, el color del ajuar, el médico pediatra… y un gran etcétera. No obstante, en sus miradas se colaban trazas de aflicción. ¿Qué les faltaba? La elección del colegio.

            En efecto, en los tiempos que corren elegir y encontrar cupo en un colegio se ha convertido en una estratégica y laboriosa ocupación paternal. La variedad de opciones a su disposición es un atributo de sociedades democráticas. Sin embargo, en algunas de esas sociedades campean, intentos por imponer un estilo o propuesta educativa única, digitadas desde las altas esferas de sus gobiernos. Suena a paradoja, no obstante, su contumacia, que, en un régimen democrático, a la capacidad de elección, extendida como un derecho en los padres de familia se oponga el voluntarismo educativo de un gobierno empoderado por el voto popular.

            El derecho a elegir se ejerce en la medida que existan alternativas no solamente en número sino también en características y contenido. Esta pluralidad y pluralismo se sostiene y dinamiza gracias al acceso y aporte de la iniciativa privada, tanta como el emprendimiento y compromiso social de sus agentes y como la normativa vigente lo permita. En educación, por el contrario, las escuelas públicas no pueden predicar ni pluralidad ni diversidad; entre otras razones, porque su promotor es el Estado y, porque el servicio que brindan mira más a la justicia. Lo suyo es atender a familias pobres o extremadamente pobres, quienes matriculan – en un porcentaje significativo- a sus hijos precisamente por razones de estrechez económica, por tanto, en atención a su reducido margen de libertad, las escuelas públicas poseen atributos similares entre ellas, pues, en atención a su reducido margen de libertad, el estado debe mostrar un fino respeto a los objetivos y estilos educativos diferentes de las familias vinculadas a sus escuelas. El deber sería que el estado les garantice la gratuidad de la enseñanza, al tiempo, que les permita elegir el tipo de educación que desean para sus hijos mediante la entrega de los denominados cheques o bonos escolares.

            La sola mención a educación privada remite a pensar en términos de lucro. ella única y exclusivamente en términos lucrativos. La artillería ideológica para que cumplió con su cometido. No obstante, en la vida real, la educación privada no se reduce a lo económico. Tiene muchos más predicamentos que mostrar. Si el dinero fuera una barrera, las escuelas privadas estarían agonizando por la carencia de relevos en sus estudiantes, y la pública superada largamente por la ingente demanda. Por el contrario, en el caso peruano, las escuelas de gestión no estatal se han incrementado significativamente y, por ende, los alumnos. Explicaciones varias. Prefiero pensar que los padres confían y tienen la esperanza que – estando en ellas – sus hijos ‘tendrán un buen futuro personal y profesional.

La presencia de la educación privada estimula y vitaliza la cultura de un país.

  1. Cada matrimonio, constituido por un hombre y una mujer irrepetibles y singulares, funda una familia y pone un hogar marcado por sus personalidades en constante fusión, valores y estilos educativos familiares distintos, en su suma, configuran una cultura que se perfila como continente y contenido de la crianza de sus niños. ¿Por qué obligar a que está variedad y riqueza natural y reconocida, desaparezca ante la presencia de un solo tipo de educación?
  2. La libertad se ejerce en la medida que existan alternativas u opciones educativas, sin embargo, para elegir acertadamente, considerando que cada estudiante habita trece años en una escuela, ambos, colegio y padres tiene que conocerse, hacerse cargo de lo que se ofrece y si esa oferta se está dispuesta a secundarla. La calidad se consigue, si se es sincero y veraz con lo que se oferta y con lo que se quiere y se está dispuesto a asumir.
  3. Lo variopinto de las propuestas escolares es interpretado por los padres atendiendo lo que las distingue. Existen escuelas cuyo énfasis recae en los idiomas, otras en los deportes, no pocas en lo artístico-musical, algunas en las ciencias, en la formación religiosa, en el liderazgo… Con lo cual se está educando a futuros ciudadanos con habilidades e intereses distintos, los mismos que, a través de la división del trabajo, generaran aportes complementarios al desarrollo de un mismo país.

De otra parte, cada colegio está convencido – como tiene que serlo – de que su propuesta o proyecto educativo es el más completo o que incuba los mayores beneficios, por lo tanto, innova, aprende y mira al futuro. Si los colegios vuelan como águilas sus alumnos llegarán más alto montadas en ellas… siempre y cuando el estado no les ponga grilletas a las escuelas.

 

 

Competencias del docente y la educación del futuro

Edistio Cámere

1° Es bueno imaginarse escenarios que revelen anticipadamente el futuro en educación. Yépez Ricardo (1993) filósofo español, fallecido en la cresta de su producción, solía comentar acerca del futuro: a) que suele ser más atractivo que el presente, si no fuera así, uno se quedaría anclado en él gozando de sus comodidades; y, b) al futuro se tiene que llegar mejor de lo que uno es en el presente. Dicho esto, ¿Qué se debe entender por educación del futuro? ¿Solo la trasmisión de conocimientos? ¿el modo que se aprende? ¿La formación del alumno? ¿La educación multidimensional o integral del alumno? ¿La educación centrada en la persona?

2° El escenario que se construya con respecto al futuro educativo puede ser universal en su proposición, pero matizable en su aplicación pues la acción educativa requiere sistematicidad, continuidad y una organización que solo pueden ser brindadas por instituciones especializadas. Desde esta perspectiva, en una sociedad plural y democrática, son las escuelas las llamadas no solamente a dibujar los escenarios educativos sino a realizarlos, entre muchas razones, porque así lo han ofrecido públicamente a los padres de familia.

3° Es ya lugar común el cargar sobre los hombros del docente la tarea de revestirse de competencias para educar con miras al futuro. ¿Cuáles competencias? Dependerá del experto. Por ventura ¿estamos ciertos que los resultados alcanzados en una escuela, obedecen a la acción de solo un profesor? Aun así, contar con un conjunto de profesores investidos de modernas competencias pero que actúen sin norte y cada quien, por libre no garantiza la consecución de objetivos dentro de una escuela.

4°   En el aula se enseña, pero en la escuela se educa. A tenor de esta premisa, forma parte constitutiva de una escuela, sus los principios educativos, el ideario, el plan de estudios, su estructura organizativa… en suma, su cultura. Por tanto, compete a los centros educativos, visualizar y modelar el futuro, luego definir qué competencias se les debe pedir – o formar – a los docentes. Lo propio de la escuela, es su aporte a la educación en términos de su visión y su cultura; lo propio del docente es aportar a la educación, haciendo circular, a través de su expertise pedagógica, la cultura de la escuela.

Poco sentido tendría exigir que un docente domine tecnologías de última generación cuando la escuela tiene serios problemas de conectividad; si la cultura del centro no prioriza el trato personal, ¿se podrá sancionar al docente que no lo práctica? o ¿sorprender por la significativa rotación del profesorado por no encontrar coincidencias con su preparación? Por último, ¿el nivel de exigencia académico depende de los docentes de una escuela? No exclusivamente. También se requiere, la definición de las metas a alcanzar; que exista orden y predictibilidad en la organización; apropiado número de horas de dictado de las materias …y, otras políticas que en su conjunto constituyan el saber o saberes específicos de la escuela.

5° Asentada la importancia de los colegios en la demanda de competencias y, si se me pidiese definir las habilidades del docente del futuro – en el escenario que de ellos dependiera exclusivamente los resultados académicos – daría dos condiciones y una competencia. Las condiciones: a) aquilatada vocación por el servicio educativo y b) integridad, se educa como persona. La capacidad: ser un gran comunicador, observable en varias facetas. Primero, comunicar eficaz y eficientemente los contenidos de las materias que enseña. Segundo, trasmitir, comunicar su pasión por el saber, pensar, descubrir innovar. Tercero, comunicar con asertividad las indicaciones, normas y explicaciones, de manera que logre un buen gobierno del aula. Cuarto, comunicar al estudiante, a través de la escucha atenta y pausada, ¡qué bueno que estés con nosotros! y así, confirmarlo en su singularidad. Quinto, comunicar las posibilidades y virtualidades del estudiante a su tutor, a sus padres y a él mismo cuando sea necesario, igualmente y, con la misma sencillez comunicar aquello en lo que debe mejorar. Y, por último, comunicar con su conducta los bienes y virtudes contenidos en la cultura de la escuela.

EL LIDERAZGO DIRECTIVO

Edistio Camere

achievement-administration-adult-14891204El expositor, antes de iniciar su presentación, recorrió con la mirada el recinto fijándola en el equipo organizador del evento, en voz alta y sin siquiera probarlo, preguntó ¿funciona el micrófono? La demanda, obviamente, incomodó a los organizadores y sorprendió a los asistentes. La reacción no pasó a mayores porque el ponente, micrófono en mano, explico el motivo de su proceder: quería graficar un estilo de gobierno o de dirección. Sigue leyendo “EL LIDERAZGO DIRECTIVO”

Ambiente y competencia en educación

Edistio Cámere

El aprendizaje y la convivencia configurarán en el educando un modo peculiar de ser y reaccionar si se logra fomentar y generar un ambiente capaz de reflejar la calidad y el estilo educativo del Centro. Este ambiente se alimenta con la conducta y la actitud de todos y cada uno de los que integran el Colegio.  La palabra o el consejo tendrán efecto si detrás existe el sustento de las obras. Educar no es sólo dar. Es sobre todo, forjar, formar, hacer personas; por tanto, el educando al advertir, que todos los profesores viven la puntualidad, asumirá de modo natural que dicha virtud es importante y la hará propia sin presiones o imposiciones. Cuando esto no ocurre, el desorden que se produce, lleva como de la mano a las sanciones.

Conviene aprovechar con diligencia – en la atractiva gesta de construir un ambiente educativo – los momentos no dedicados al dictado de clase para “estar-presentes” y cercanos a los alumnos, que es la vía más directa para “encontrarse” con su mundo personal, que es en rigor lo que se educa.

El ambiente también se construye atendiendo, reflexionando para hacer propias las metas que el centro educativo propone para un determinado periodo lectivo. De este modo el cuerpo docente al actuar con unidad es más eficaz y efectivo ante el comportamiento deseado en los alumnos. La formación trasciende posturas deterministas e individuales. De ahí que el concurso de todos los docentes sea vital, ora aportando luces para mejorar el sistema, ora ayudándose mutuamen­te para ir mejorando cada uno en concreto.

Un ambiente que eduque y forme no anula la diversidad, la presupone. El docente actúa en orden a su manera de ser y a sus cualidades propias. Sin perder su singularidad apuntala el cumplimiento de los objetivos propios del centro educativo. Los objetivos, las normas son como autopistas, su presencia lejos de obstaculizar, facilitan el desplazamiento de los vehículos. La mayor o menor velocidad dependerá de la calidad de los automóviles o de la pericia de los conductores.

A la competencia, se la debe entender como “ser competentes”, ser capaces, estar preparados para llevar a cabo con calidad las actividades del colegio. Por este camino, las energías se concentran en su interior, esto es, buscando promover el desarrollo, de las competencias directivas – que no son ajenas al quehacer docente – pero sobre todo de aquellas capacidades “distintivas” o que distinguen al colegio con arreglo a lo formulado en el ideario. Esto exige pensar en un plazo más largo que el que exige la reacción del mercado, porque esas competencias no se adquieren de la noche a la mañana.

Martínez Echevarría [i] afirma que sería erróneo reducir la competencia a una carrera por mejorar la eficiencia y reducir los costos y que, en cambio, la componente esencial de la competencia comienza más allá de la eficiencia, cuando las actividades escolares se integran de un modo que resulta inimitable. No que la eficiencia no sea importante, sino que hay que dar un paso más. La integración supone que las conductas y aportes, sin perder la riqueza de la singularidad de los docentes, se dirigen hacia un mismo fin. Cuanto más alto el fin mejor se disponen las capacidades personales para alcanzarlo. El modo o estilo resultante configurará el sello inimitable de la organización. Ese sello que caracteriza a las actividades y, en suma, a la escuela, es lo que atrae, lo que convoca a los padres de familia por la propuesta educativa del colegio. Entonces, no se compite, el colegio se distingue. Para lo cual es necesario aprender a convertir los fines inmediatos en medios pues, de este modo, se podrá optar por fines intermedios que a su vez serán medios para fines superiores. Por ejemplo, si el cuidado de recreos se advierte como una carga que constriñe, se dilapida oportunidades que contribuyan crecimiento institucional. Más si se percibe como un medio, permite alcanzar otros fines: velar por la seguridad y el orden durante los recreos, que, luego como medio se abre a un fin superior: conocer al alumno de modo más integral y completo… este modo de proceder sí que contribuye a fortalecer y mantener lo que tiene la escuela de inimitable: su unidad.

 

[i] Altarejos F. y otros “Retos educativos de la Globalización” EUNSA, Pamplona, España, 2003, Págs. 208

 

 

Pequeñas reflexiones (II)

                                                                                                                                      Edistio Cámere

 Los retos de la educación 

De lleno en el siglo XXI una pregunta se alza buscando respuesta ¿Qué retos tiene que enfrentar la educación? Ante esta interrogante aparece en la mente como acto reflejo, la comunicación virtual, la cibernética. En verdad la tecnología gravitará en el quehacer educativo. Pero sin proponérselo los educadores, el comercio ha logrado que los niños se inicien con presteza y éxito al mundo de la “virtualidad”. Los conocimientos previos de los alumnos- en este campo- asombran y facilitan el desarrollo de las clases. Se ve que en materia de destrezas y capacidad para dominar con arte la técnica, es poco el esfuerzo que tiene que hacer el sistema educativo.

Creo que el gran reto de la educación escolar para el presente milenio es el de generar – dentro de los centros educativos- espacios y opciones para que cada uno alumno pueda desarrollarse al máximo como persona. ¿Seremos lo suficientemente flexibles, creativos y arrojados como para abrirles horizontes, proyectos para sus vidas sin descuidar la relación enseñanza-aprendizaje?

Primacía de los principios 

Desde el punto de vista de la estrategia y de la eficacia, un colegio tiene que planificar, definir y prever el inicio de un nuevo periodo lectivo. Sin embargo, a pesar de ello, los verdaderos retos caen en el terreno de lo imponderable, donde se mide la calidad de una gestión. Para encarar con éxito lo no previsto, la novedad – propios de ámbitos plenos de relaciones humanas – se debe enfatizar en los principios, en los criterios, confiando su aplicación al caso, en la prudencia y a la discrecionalidad creativa de todos y cada uno de los docentes. Las situaciones nuevas se gobiernan estando sobre y no en ellas, lo que es posible gracias al conocimiento y el compromiso con los principios rectores de la escuela.

Las ideas, los principios, el sentido dan significado, perspectiva y sólida ubicación a la labor educativa. En el cine, las imágenes se suceden unas a otras, sin embargo, el espectador no ha mudado, sabe lo que tiene que hacer.

Cohesión y solidez institucional 

Lo importante, sin embargo, en un Colegio, hijo de este tiempo, es mantener y mostrar su cohesión y solidez institucional, de modo que sea un efectivo referente tanto para los alumnos como para sus padres. Tal presencia corporativa se logra, no sólo porque se mira a unos mismos principios educativos, sino porque también se simplifica y facilita el estar en el Colegio, a través de la información precisa y oportuna, del recibimiento atento y cordial, así como de la respuesta inmediata a una preocupación e inquietud de los alumnos y de los padres de familia.

Continuidad y Renovación

Reinventar la educación fue un titular que alcance a leer a vuelo de pájaro en un diario de circulación nacional. Me imagino que el contenido patrocinaría cambios en la estructura curricular, uso intensivo en tecnología y otras ideas de igual jaez, sin embargo, poco o nada se diría acerca de confiar más en el docente, de acompañarlo en su labor, de confirmarle en su autoridad. La educación descansa en un quién, en una persona: el docente.

Continuidad y renovación van de la mano. Un árbol sin tronco no es árbol y uno sin ramas languidece sin poder cumplir su misión. La renovación se alimenta de la creatividad, de la disposición y de la profesionalidad de todos y cada uno de los integrantes de un colegio; y al mismo tiempo con dicho aporte se garantiza su continuidad. La renovación nace de dos fuentes: una autónoma y otra sugerida. Gracias a la primera se reflexiona, se revisa y se actualiza el propio quehacer para realizarlo siempre con mayor eficiencia. La segunda hace referencia a las propuestas sugeridas por el colegio, que conviene aplicar para medir su eficacia. Puede ocurrir que dichas indicaciones afecten los propios criterios y costumbres de trabajo; también puede suponer un mayor esfuerzo no previsto; y, finalmente, se puede emitir un juicio de valor. Sea como fuere, lo profesional y apropiado es facilitar y permitir su aplicación.

Las innovaciones son siempre bienvenidas a condición de que no nos aparten de nuestra misión pero si que nos acerquen más al docente. Creo que estamos en ese camino. Más que reinventar la educación lo que hay que hacer es repersonalizarla, procurando que en su organización y en sus procesos prime la persona.

 

 

La escuela y el compromiso con su país

Edistio Cámere

La educación no termina con la instrucción. Es sumamente sensible a los acontecimientos que ocurren en la sociedad. El entorno influye tanto en el docente como en el alumno. Este último recibe sensaciones, percibe los malestares, poco entiende de razones, de causas o de argumentos.  Un niño, por ejemplo, no entiende porque sus padres se separan. Sólo advierte que no se quieren o que no lo quieren o que su padre no estará más.

Contrariamente con lo que ocurre con la macroeconomía que los efectos de su crecimiento demoran en llegar al ciudadano de a pie, la falta de dirección, el desgobierno, la crisis de valores y la corrupción impactan con velocidad que hiere y descoloca a todas las instancias de la sociedad, tanto que, sin ningún rubor van relajándose en la defensa y cumplimiento de sus deberes y compromisos.

Mientras que el gobierno y los políticos se apuran en solucionar cada crisis coyuntural, la estela que deja cada una, que nubla todo viso de esperanza en el futuro a los ciudadanos. La recomposición de un gabinete, no es una práctica irrelevante; el “destape” de un hecho inmoral no es una mera noticia; las reyertas callejeras no son simples diferencias de opiniones; la inseguridad en las calles no es consecuencia de un mercado recesivo… estos hechos y otros similares son como una nube cargada que no permite ver el horizonte, pero mantiene en vilo por ser presagio de tormenta.

Frente a este crudo panorama, a la educación se le plantea un nuevo reto ¿Cómo mostrar a sus alumnos que los valores existen independientemente del comportamiento de algunas personas? ¿En qué fundamentar la esperanza en el futuro? No es la matemática ni el lenguaje – aunque nos podemos servir de ellos – los que responderán al reto social. Tampoco, los grandes discursos ni las campañas nacionales. El camino es ir por delante señalando con el ejemplo los valores que valen la pena encarnar. Los niños y los jóvenes están pendientes de referentes significativos de quienes aprenden y aceptan consejos. Estos referentes son sus padres y sus profesores. La condición de significativo remite a afecto y autoridad. La cercanía afectiva deja huella. El docente – y sus padres – esta próximo al alumno. En un entorno cambiante e incierto la figura del profesor debe trasmitir seguridad y esperanza.  La seguridad la logra conduciendo y convocando al alumno a lo que le es propio, el estudio. Y la esperanza mostrando que, con el esfuerzo, con las virtudes y con valores se construye el futuro en el presente. El joven debe en su ambiente próximo e inmediato ver reflejado en acto los valores.

Una vez más la escuela tiene que suplir, se ve obligada a adosarse nuevas obligaciones. Carlos Llano pensador mexicano decía que “estamos más pendientes de las decisiones que se toman en el gobierno, de lo que dicta el mercado y de lo que dicen los medios de comunicación y olvidamos que las grandes decisiones se toman en la familia, en la escuela y en ámbito personal”. Que un joven siga creyendo en su país, decida estudiar y trabajar en y por aquel, es una decisión capital a la cual se ha contribuido desde la escuela. ¡No es una frase hecha afirmar que el docente tiene el futuro del país en sus manos!

 

 

 

 

 

AULAS VIVAS®

Edistio Cámere

Programa Aulas Vivas. Profesor del colegio Gutenberg Schule (Quito-Ecuador) en clase del colegio Santa Margarita (Lima-Perú).

Entre las diversas propuestas de capacitación tanto a directivos como docentes, Aulas Vivas tiene la virtud de integrar en simultaneo la ciencia y la técnica aplicada, explicada o mostrada por sus propios artífices. Un curso de capacitación acerca al conocimiento, Aulas Vivas – en cambio – conecta con el genio y arte del docente.

En este programa, al profesor no se le recibe en el vestíbulo, es introducido en la cultura, en el estilo y la estructura organizativa de una escuela. De esta forma, no solamente ‘pasa revista’ a las instalaciones, ni ‘visita’ un aula sino que participa activamente de las actividades ordinarias y extraordinarias previstas en un plan ordinario de trabajo. Participar aquí significa intercambiar enfoques, culturas y metodologías, que permiten re-apreciar – por analogía o por contraste – las actividades que desarrollan en su escuela de origen; iluminar, con mirada nueva, aquellos procedimientos, estrategias o acciones que el colegio receptor – por ser habitual o costumbre – no reconoce o se hace cargo de su valor.

La asistencia del docente a las actividades que organizan y participan sus pares no solo le reporta conocimientos teóricos en la docencia, sino conocimientos que en base a la experiencia directa atienden los síntomas y los relieves de la realidad. Fernández Mariano ([1]), afirma que aquellos se caracterizan por ser tácitos (Polanyi) por lo difícil de formalizarlos, lo que impide sean trasmitido por una facultad o un libro. Es como montar bicicleta; y, los pegajosos–sticky (Hippel) porque es difícil separarlos de la práctica, del ejercicio; se trasmiten y adquieren gracias a la colaboración profesional docente-alumno. De la interrelación profesional pueden surgir tópicos que susciten campos de investigación, de intercambio de información o interés por sistematizar buenas prácticas en aula. Asimismo, la ganancia trasciende hacia el plano personal. La cordialidad, la conversación, el buen trato y por qué no también la amistad que se inicia, contribuyen a complementar la formación del docente. También el modelado de los valores recogidos en el Ideario y que permean la estructura de la escuela, le permiten advertir la fuerza, coherencia e integridad de una cultura escolar. En el canje de motivos, visiones, esperanzas, conocimientos, culturas, el docente resuelve dudas, reanima su vocación y reforzado su querer se aventura con más vigor y entusiasmo a su quehacer educativo.

En esta línea, el programa Aula Viva favorece: la innovación distribuida gracias a que los docentes aprendan unos de otros, ajustando y modificando lo aprendido sin traer o importar prácticas no verificadas o por estar de moda; y, la difusión horizontal que implica contacto fluido y suficiente promoviendo los tiempos y los espacios de contactos no planificados. Se constituyen redes o centros de interés que permiten ampliar experiencias y distribuir la experimentación.

El contacto con los alumnos se establece a través del dictado de seminarios sobre su especialidad a los grados afines a los que enseña en su escuela de origen, quienes son expuestos a la experiencia de escuchar temas que si bien les son familiares, son aderezados con un enfoque, profundidad y didácticas de estreno. El profesor, por su parte, recibe de los alumnos retroalimentación acerca de su capacidad expositiva, de la eficacia de sus estrategias didácticas y de lo versado de sus conocimientos.

El programa de Aulas Vivas principia su despliegue con la convergencia del interés de las escuelas por subrayar el protagonismo del docente en su capacitación y formación. El intercambio físico entre profesionales de la educación – que puede ser simultáneamente o en fechas distintas – inicia cuando la escuela A envía a un profesor asumiendo el costo de trasporte y la escuela B que lo recibe se hace cargo de su alojamiento y alimentación durante el tiempo de permanencia previamente acordado y viceversa.

El programa Aula Vivas, promovido por la Red CENIT®, diluye las fronteras entre colegios, pues, tiene la certeza de que de todos sin excepción se puede aprender, todos pueden aportar copiosamente en algún área escolar, sean de la localidad, de la misma provincia, del mismo país o del extranjero, sean públicos o privados…lo importante es que tengan la disposición de aprender, de compartir y de ensanchar horizontes para poder brindar a la sociedad un servicio educativo de calidad siempre renovada y vigente en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Fernández E. Mariano, “La educación en la encrucijada” Fundación Santillana, Madrid, España, 2016