El acoso a la libertad de enseñanza Segunda Parte

Intervención ¿para qué

El intervencionismo estatal es una práctica de larga data. No obstante, en la actualidad el nuevo pretexto para continuar en su empeño controlista es luchar contra la corrupción, la informalidad y la baja calidad educativa. El Ministerio de Educación (MINEDU) al no contar con argumentos enjundiosos, ni con una gestión eficiente, menos con resultados que respalden sus políticas, ha optado por utilizar su poder de legislar pergeñando irregularidades, determinando sanciones y cuantificando multas. Este poder que ostenta el MINEDU ha devenido en coercitivo por tres razones: a) Es parcializado, su foco es la escuela privada, a la que con el sanbenito de lo informal o de lo mercantil, la cuestiona y sanciona; b) Los estandares de calidad a los que invoca para medir y multar ¿ los ha implementado con éxito en sus colegios ¿Sirven como modelo? De lo contario ¿con qué autoridad moral se arroga la idoneidad de evaluar a los colegios que no caen bajo su gestión?; y, c) Las sanciones pecuniarias constituyen ingresos propios y, si a ello le sumamos el aumento en la discrecionalidad del funcionario, la consecuencia es obvia: la vitalidad de la escuela privadas corre el riesgo de “secarse” por exacción.

Las multas no tienen como propósito el enseñar o el corregir. El legislador “tiene la certeza” de que “intencionalmente y con malicia” la escuela transgrede una norma; por tanto, el monto tiende a paralizar, a quebrar las defensas económicas de un centro educativo. El MINEDU es uno de los pocos ministerios que anualmente se le ha asignado mayor presupuesto. ¿Qué razón poderosa justifica que tenga el poder de inflar más sus arcas?

No satisfecho con su posición de dominio – ojalá fuera porque destaca en lo pedagógico, en la gestión, en la elaboración de documentos de estudio y de promoción de la investigación – ha entrado a competir deslealmente con la educación privada. Los medios de comunicación han dado cuenta de que el MINEDU ha incrementado los sueldos a sus docentes, lo cual es loable y lícito. No obstante, para que se equitativa y justa dicha medida, los privados deberían de tener la misma versatilidad para hacer lo propio con sus maestros. ¿Habrá olvidado el ministerio que en los colegios los privados los padres de familia pueden dejar de pagar las pensiones escolares todo un año lectivo, gracias a que cuentan con su apoyo? ¿Habrá olvidado también que las escuelas privadas para corregir sus precios – siquiera a nivel de la inflación – tienen que pedir la anuencia de la Instancias intermedias educativas estatales? En buen romance, la brecha salarial entre los docentes de las escuelas públicas y no estatales, la acentúa el MINEDU, dificulto – salvo que muden las reglas de juego – que los colegios particulares puedan cerrarla.

La sobrerregulación ejerce presión sobre la oferta. Salir airoso de una denuncia interpuesta por un ente estatal implica haber cumplido en exceso con todas sus reglas y superar “revisiones” maleables y, sin término porque se acomodan a la mirada y al ánimo del funcionario de turno. Así, entre trabas y multas, brindar un servicio o producir un bien se encarece, pero no solo en términos de mayores costos, sino en el tiempo y esfuerzo invertidos para cumplir con los interminables requisitos, lo que lleva a descentrar la atención en el corazón de la actividad para centrarse en evitar ser punible de sanción por desacato. Si la mejora del servicio o de la institución se castiga, ¿a quién se perjudica? El intervencionismo del Estado no se aparca en lo académico o económico, busca imponer su ideología, afectando la sana pluralidad. El legislador prefiere la uniformidad, instaurar un pensamiento único, pero lo quiere sin invertir dinero, sino violando los bolsillos de los padres de familia y de las escuelas particulares.

“La ley busca promover la calidad educativa; por tanto, quien se opone a ella, lo hace también con la calidad”. Formulada así esta proposición sabe a sofisma y, además, guarda matices de despotismo. La burocracia se apoderó de la calidad como idea y propósito. Como toda escuela quiere que la calidad distinga el servicio educativo que ofrece, objetar la ley supone, ponerse a contrapelo de lo moderno, de la innovación y de la eficiencia. ¿Con que autoridad el MINEDU determina el territorio de la calidad? ¿qué modelo de calidad propone a las escuelas privadas, para que pueden seguir sus pasos e imitarla? De otro lado, en la afirmación aludida: “si se rechaza la ley, se rechaza la calidad”, no solamente brilla la intolerancia sino que supone: a) desorden administrativo por falta de norte y desconocimiento de la pretensión de la norma; y, b) una estrategia preconcebida que utilizando lenguaje y formas convencionales busca cambiar la esencia de las cosas. El resultado sería que un ciudadano, con atuendo de playa, despierte un buen día en la proa de una lancha… pero encallada en medio del desierto rodeada de cardos.  Una norma debe conducir hacia el bien, procurando que, pacíficamente coexistan los intereses particulares sin subvertir el orden social. Desde esta perspectiva, el entramado de artículos e incisos de una ley señala como alcanzar la conducta esperada. Pero sí lo que rige la ley es la punición y la magnitud del monto de las multas, las escuelas privadas, algunas correrán el riesgo del cierre definitivo y no pocas, pagarán un alto costo en su recuperación por los daños causados: en lo económico, en el tiempo pérdido, en la moral corporativa y en su buen nombre. 

Cuando el espiritu de una ley toma como sinónimos: debilidad, ignorancia, mala fe y perversidad y, en todos los casos, la sanción es monetaria, el dinero se configura como parte de la solución. Quien actúa con malicia sabe cómo utilizar en su beneficio la discrecionalidad de un funcionario; la impotencia de quien por desconocimiento infringe la ley, se obliga a reordenar su presupuesto sobre la marcha para cumplir con el Estado. Conclusión no se ha producido aprendizaje; en ambos casos, la que se perjudica es la calidad en el servicio educativo ¿con qué ánimos o con qué recursos podría alguien invertir en mejorar su escuela si el Estado interviene como un tercero precario?

Por Edistio Cámere

EDUCACIÓN CON FAIR PLAY (2)

Edistio Cámere 

¿Los colegios son operadores tecnológicos?

Producida la suspensión de clases presenciales y el confinamiento social, como medida de salud preventiva, las comunicaciones de los padres de familia, son recibidas por una institución educativa cuya finalidad es educar y enseñar, actividad especializada en darle al  ‘conocimiento’  el  sentido pedagógico que respete las edades cronológicas y sus relaciones con otras áreas del saber. La emergencia sanitaria no ha cambiado la identidad de una escuela, que no es una empresa de tecnología cuyo propósito pueda ser lograr que sus usuarios naveguen por internet con celeridad y comodidad. Las plataformas o sistemas tecnológicos son instrumentos cuya metodología, protocolo de uso, entre otros, vienen dispuestos por quienes confeccionan los equipos y/o por quienes diseñan los programas y rutinas que permiten a la computadora realizar determinadas tareas. Toda una especialidad que requiere el sustento de conocimientos técnicos y científicos. Sin embargo, el saber prolijo y eficiente de un ingeniero de sistemas no lo acredita como educador.

A pesar de ello, la percepción, no verbalizada, que se va extendiendo con relación al servicio educativo es comparable a navegar por internet e ingresar a un buscador para que resuelva inquietudes o dudas, pero las que interesan, sin una finalidad pedagógica. Obviamente, bajo esta apreciación, cualquier pensión escolar será gravosa. El riesgo de esta emergencia sanitaria ha sido que a los colegios se les evalúe principalmente como ‘operadores tecnológicos’. Y, como tales, poco pueden argumentar a su favor. Sin embargo, no cabe duda que, los colegios se han visto espoleados a utilizar con experticia los medios tecnológicos. Queda y quedará un trecho aún que recorrer, es cierto, porque lo suyo es la educación presencial. ¡No han transcurrido ni dos meses desde que se postergó la fecha de retorno a las aulas y lo logrado, en cuanto a la utilización de entornos virtuales por los docentes, es encomiable!

Mientras dure la emergencia sanitaria, la educación tendrá que valerse de lo virtual para cumplir con sus objetivos y metas propuestas. Para comprender la denominada educación virtual, la incógnita que se tiene que despejar para calificarla es el sustantivo: educación, y, por extensión ¿quién educa y a quien se educa?  Precisamente porque se tiene una identidad, una misión, un fin, un saber, una cultura, unos valores…, los colegios y sus profesores han sido largamente capaces de remontar el reto de la tecnología. Y han sido capaces porque su apuesta y la de sus colegios ha sido y es su preparación personal y profesional, de manera que “cuanto más sepamos de una materia concreta, cuanta más rigurosidad y perfección logremos, cuanto más dominemos el oficio, cuanto mejores profesionales seamos, el uso inteligente de las nuevas tecnologías en provecho del ser humano será una feliz realidad”[1].

Insisto, la sustancia de la educación sigue siendo la misma, los instrumentos o canales han cambiado y merecen nuestra atención pero sin subordinarlos al fin. El juego es una activa forma educativa y de esparcimiento sin par para los niños. Estimula la socialización, la imaginación, la creatividad, el desarrollo corporal, la espontaneidad, el ingenio. Hoy en día, nadie obsequiaría a su hijo o hija un triciclo, bicicleta o scooter, por más que los considere necesarios para su crecimiento. Serían más recomendables los mecanos, las muñecas, los rompecabezas, los legos, entre otros, que consiguen que el niño juegue y desarrolle otras habilidades. La finalidad se mantiene, el instrumento cambia.

La educación escolar

La justa apreciación y calificación a la escuela tiene que ser la misma que antes de la emergencia sanitaria: como un lugar que educa y forma a niños y jóvenes. La educación escolar no es una aventura fragmentada; menos aún, una serie de acciones, actividades o movimientos inconexos y realizados al azar. Más bien, es un proceso temporal, concatenado y con la intencionalidad de ayudar al desarrollo de sus alumnos en sus facultades más humanas: la inteligencia, el querer y el elegir, ajustándose a sus necesidades, a sus dimensiones y a sus características evolutivas. Sin finalidad, objetivos ni sentido no se abona ni se siembra en favor del aprendizaje.

La educación escolar -aun en esta situación de emergencia sanitaria– presenta tres notas que la particularizan:
1.- La relación enseñanza-aprendizaje se sostiene porque lo que ‘pone’ el alumno y lo que ‘pone’ el docente guarda un equilibrio. El estudiante aporta sus capacidades, su interés, su disposición y su estudio. Mientras que el docente, desde fuera, ‘pone’ en común la verdad de una materia que domina con el propósito de que alumno se apropie e incorpore, respetando sus condiciones, de ese conocimiento. Ese intercambio de aportes se lleva a cabo porque el docente –al margen de los medios que deba utilizar– configura con versatilidad situaciones de aprendizaje que reclaman ‘trabajo de estudiante’; es decir, atención, concentración y su querer. En esta línea, “la adquisición del saber es un trabajo no solo porque supone el ejercicio de la razón para conquistar la verdad con esfuerzo, sino también porque se desarrolla en situaciones de trabajo”[1].   La presencia del docente no solamente configura, con criterio e intencionalidad, variedad de situaciones que armonicen el interés con lo interesante, sino que ofrece a la inteligencia del alumno el camino y la meta hacia dónde dirigirse, de manera que no se disperse y logre su incremento sistemático. “El más abrumador de los pesos para el alma es no saber qué es lo que hay que hacer”[2]. En efecto, en el colegio, su finalidad y sus profesores eliminan ese peso que abruma como consecuencia de andar a la deriva en materia de aprendizajes.
Concretamente, el rol que desempeñan los docentes se advierte en cuatro aspectos.
a) Ante la inmensidad, anchura y profundidad de los saberes o conocimientos, aquellos los acotan, los ordenan secuencialmente, los gradúan con arreglo a las dificultades, los hacen comprensibles y trasmisibles a las edades escolares.
b) Evitan la despersonalización en la recepción del conocimiento. Mas bien, procuran que el aprendizaje se ajuste a las necesidades, capacidades e intereses de cada alumno.c) Sin guía ni conductor que le señale el camino, el modo de andar, que gradúe los avances y priorice su ritmo, el alumno caerá en las fauces de la dispersión y el desánimo.
d) En la escuela, todo lo que llega al alumno pasa por la persona del profesor. El vínculo que se establece entre ambos es básico para el aprendizaje. El docente no simplemente traslada conocimientos al alumno, le comunica su relación personal, su esquema mental, su reflexión, análisis y síntesis, su forma de conocer y apropiarse de los conocimientos; todo ello le abrevia tiempo al alumno en la búsqueda y en el encuentro con su propio modo de conocer y de estudiar.
e) La relación con el docente tiene la virtud de verticalizar la instrucción. Atiende y dialoga acerca de los coloquios íntimos que tiene un alumno con una determinada materia, la que le descorre el velo de su atractivo y misterio.  El docente le descubre cualidades que, enunciadas ante sus compañeros, le incrementa su estima y confianza en sí mismo. En la relación alumno-docente, se cuelan miradas sobre el futuro, penas que se comparten, retos que se resuelven, correcciones oportunas, etc. En suma, en la educación escolar, el profesor ayuda al alumno en el discernimiento de su vocación futura. El docente –en palabras de Steiner, G.– enseña a ser cómplice de una posibilidad trascendente: la de crecer como persona.

2.- La escuela es un ecosistema del crecimiento personal.  Un alumno, desde que ingresa hasta que concluye su etapa escolar, está en constante crecimiento. Junto con el desarrollo de su cuerpo, facultades y cualidades, también crece su dimensión interior, el conocimiento y su afectividad. La naturaleza ha dispuesto con exquisita sabiduría lo que el niño puede y debe aprender y hacer en cada etapa de su vida. Por lo general, a los seis años se inicia con éxito la lectoescritura. Empezar no implica dominio; es, simplemente, una suerte de cortejo con las palabras. Nombrarlas y relacionarlas entre sí es el comienzo del proceso. Acompañar al niño en esta odisea es estimularle el gusto por aprender. Mientras que exigirle más allá de lo que naturalmente puede realizar es poner distancia entre el estudio y el desarrollo de su personalidad. Esta es una de las razones por la que la educación es un proceso que tiene que ser gradual en sus objetivos y metas, sistemático, con propósitos alcanzables en el tiempo y sensible a las características evolutivas y personales del estudiante. Todo proceso recepciona y considera la dinámica del crecimiento: “somos lo que somos en el momento presente, pero también lo que hemos sido y, en cierto modo, lo que debemos ser” (Redondo, E. 1999).

3.– Desde esta óptica y en atención al contexto de la emergencia sanitaria, la priorización curricular no resulta una mutilación al plan de estudios ofrecidos; todo lo contrario, implica un ajustarse a la realidad y por eso mismo un cambio de estrategia. Conviene enfocarse en el hoy y el ahora con miras a descubrir los nuevos aprendizajes que suscita la cuarentena en los alumnos. Trabajar la flexibilidad y la adaptación a nuevos escenarios junto con la fortaleza para descubrir y encarar nuevas oportunidades.
Pedirle resultados inmediatos a la educación bajo la especial circunstancia que estamos viviendo es desconocer que quien aprende es una persona que piensa, quiere, decide, se cansa, tiene defectos, gustos e ideales. También, implica olvidar que el hombre es un ser no terminado, que va logrando sus perfecciones en el tiempo, con avances y retrocesos. De aquí la necesidad de una ayuda exterior que lo sostenga, anime y enseñe. Esta realidad antropológica se ha pasado por alto -en esta emergencia sanitaria- porque, gracias a los rezagos del paradigma de los logros, se pretende que los colegios muestren resultados como consecuencia de la aplicación de los entornos virtuales. Cuanto más se insista en resultados que midan lo que el adulto quisiera y no lo que el niño sea capaz de alcanzar, el aprendizaje se mirará como una acumulación de conocimientos y no cómo un modo también de desarrollo de su personalidad.



  1. Álvarez de Mon, Santiago, Aprendiendo a perder: Las dos caras de la vida, Plataforma Editorial, Barcelona, 2012,  p.163.
  2. Castillo, Gerardo, Los padres y la educación de sus hijos, EUNSA, Pamplona, 1990, p.16.
  3. Guitton, Jean, “El trabajo intelectual” Ed. Rialp, Madrid, 1981. p. 48.

 

 

¿QUÉ PROFESORES PARA EL SIGLO XXI?

Edistio Cámere

Imaginar cómo debería ser profesionalmente el docente es una mirada al futuro y una buena práctica de gobierno. Sin embargo, conviene tener en cuenta que el futuro – por las expectativas y la gestación de proyectos o emprendimientos, es más atractivo que el presente si no lo fuese quedaríamos atrapados y regodeándonos en el ahora, pero el gran reto que plantea el futuro es llegar siendo mejores que en el presente, con lo cual, es tarea imperativa no descuidarlo ni desaprovecharlo.

¿A quien compete imaginar la educación en el futuro? ¿Quién debería leer las necesidades de los alumnos, las demandas del mercado o los resultados de las investigaciones? ¿Le corresponde a la academia, a los expertos, a los analistas, a los consultores, a los gremios, al Ministerio de Educación, entre otros, a definir el perfil del docente? Sin desmerecer un ápice, su importante ayuda creo, que la llamada a precisar el tipo de docente que querrá es la misma escuela. Primero, porque la formulación general y universal de un perfil o tipo profesional tiene que especificarse, que concretarse en orden al quehacer o función que aquella espera que desempeñe. En una escuela, el futuro se convierte en presente.

Segundo, en el aula se enseña, pero en la escuela se educa. Por tanto, el perfil del docente se dibujará en relación con lo que ponga y proponga la escuela para trazarlo: su ideario, sus políticas, su cultura y su visión corporativa de la docencia. Tercero, el docente no es un verso suelto en el poema de la educación ni un quijote lidiando solo en la intemperie contra los factores que la amenazan. En el marco de un enfoque institucional o corporativo, la escuela reconoce al maestro como pieza fundamental, conformando parte de un claustro dentro del cual se multiplican y potencian sus capacidades. Cuarto, lo propio del profesor es aportar a la educación haciendo circular entre sus alumnos- mediante la trasmisión de conocimientos y de su expertise didáctica – la cultura del colegio. Por último, el modo de ser y la filosofía de un centro educativo señalan, por un lado, las cualidades profesionales que debería tener y/o adquirir un docente; y, de otro lado, el patrimonio personal que trae y porta consigo el docente, en términos de visión, valores y virtudes, los tiene que priorizar, perfilar y alimentar con el saber, tradiciones, políticas y cultura de la escuela.

Con el propósito de conocer cómo sería la educación en el futuro el año 2018 ([1]) se aplicó un cuestionario a 300 jóvenes profesionales, entre 25 y 35 años para intentar conocer su visión, expectativas, recuerdos y deseos… acerca de la escuela que querrían en el caso que tuvieran sus hijos en edad escolar. Se cuidó que cumplieran con ese requisito, precisamente para que las respuestas fueran menos subjetivas.

Ante la pregunta: ¿cuáles son las 3 mejores cosas que tenía tu colegio?  El 41.3% dijo que los profesores. El 34% señaló la infraestructura y, un 24.3% la formación académica. En cierto modo, el 65.60% de la muestra considera al docente como lo mejor de su colegio, si se toma en cuenta el porcentaje de la formación académica en la que aquel tiene un rol protagónico. En un segundo análisis si quiso saber – con más detalle – razones personales de dicha elección. Las respuestas más repetidas fueron: “docentes capacitados, buenos, con valores, con prestigio y con altos estándares y con paciencia”. En resumen, los encuestados no aprecian que el docente sea un mero instructor o trasmisor de conocimientos, que sea distante, que este metido en su mundo sin escuchar a sus alumnos y que mida tan solo sobre la base de estándares. Valoran, más bien del docente sus aptitudes profesionales, como persona y su modo de relacionarse con sus alumnos, entre otras cualidades.

¿Qué profesores para el futuro? Las escuelas deberán buscar y formar profesores que sean: buenas personas, capaces de inspirar ideales, iluminar inteligencias, acoger a cada alumno en su condición de singular, tener una visión corporativa de la educación y tener posesión de una amplia gama de alternativas didácticas. El profesor del futuro tendrá que ser mejor como persona y profesional que el del presente, el cambio comienza por quienes  están hoy en la escuela.

[1] Cámere y otros, “Encuesta a jóvenes profesionales”, Estudio cuantitativo, inédito/ Mayéutica Consultores, Lima, 2018

 

Querer lo mismo

Edistio Cámere

Lo vivido, las experiencias, los aprendizajes, las relaciones, etc. dejan sendas huellas en el interior de cada persona y, por extensión, en las capacidades y facultades utilizadas. El tiempo así expresado permanece. El hombre no puede detener el tiempo ni su vivir, mientras acepte vivir su vida, podrá sacarle partido al tiempo del que dispone.

La gradualidad en la realización personal y el ritmo temporal conversan, armonizan y se complementan, tanto es así que los actos que el hombre ejecuta: adquirir conocimientos, adiestrarse en nuevas prácticas, emprender proyectos, o establecer relaciones interpersonales, implican que en esas operaciones intervienen capacidades y disposiciones que al ser confrontadas o exigidas al inicio, durante y al final de una acción, son conmovidas al punto que en ellas, se introduce una suerte de novedad: la primicia de su mejora. Precisamente, gracias a esa mejora, dichas capacidades se reconfiguran, de manera que, están en presencia aptas y sincronizadas para abordar nuevas, similares o distintas operaciones con mayor eficiencia, pertinencia y celeridad, con lo cual, se consigue con mayor éxito aprovechar y hacer rendir el tiempo.

Aprovechar el tiempo supone la formulación libre y personal de objetivos, propósitos y finalidades que no remiten ni se aparcan en la acción. Sin un impulso o un sentido subjetivo o trascendente la perfección alcanzada por las capacidades podría estacionarse en la mera complacencia con los elementos que prohíja lo meramente útil o placentero. Un por qué, o un sentido es capaz de hacer sincronizar en la acción la presencia en acto de las cualidades requeridas en el tiempo del que imperiosamente se dispone.

La persona, en su condición de unidad autónoma determina sus propios objetivos y pretensiones, pero como no vive en solitario se nutre por afinidad, por imitación o por convicción de “otros” o de instituciones que le ofrecen la ocasión de desplegar sus capacidades y concretar sus objetivos. Es interesante advertir que, si bien, el trabajo dispone a la realización personal, tiene una clausula: no puede ser en cualquier lugar ni, de cualquier forma. ¿El salario percibido es suficiente? Su importancia no se minimiza, sin embargo, el dinero es un medio que remite a otros fines de distinta índole, que por lo general se satisfacen fuera del ámbito donde se consiguió.

De otro lado, cumplir una labor siguiendo a pie juntillas los manuales, los procesos o las rubricas instadas por una organización no parece encajar con la composición que configura acerca de desempeñarse en un puesto de trabajo atractivo y gratificante. Cuando no empatan – en lo sustancial, siempre existen divergencias – mis propósitos con los de la organización, el conflicto interior al inicio se esboza, con el tiempo se convierte en un cuadro en el cual el trabajar por dinero exclusivamente o repetir sin ilusión mecánicamente la misma tarea diariamente lo pintan con colores oscuros y grises y pocas sombras claras.

En la escuela

Querer lo mismo y rechazar lo mismo es la traducción de la máxima latina: “Idem velle, idem nolle” usada como expresión de sintonía: un pensar y desear en común, puede ser entre amigos, entre cónyuges, con un ideal, con un partido político, con una institución…etc. Precisamente, una que trasmite, que ‘contagia’ conocimientos, estilos de vida, juicios morales, criterios estéticos, valores, ideales y futuros pensados, relaciones interpersonales, y, un largo etcétera, es la escuela. Por tanto, el quehacer docente no sea agota en lo operativo y procedimental, en todo caso, ellos son una suerte de pértigas que lo lanzan hacia territorios macizamente humanos: las ideas, el pensamiento, el querer, el decidir, los ideales, las convicciones, los afectos y, sobre todo la libertad para autodeterminarse.

La relación profesor- alumno no predica neutralidad como, en rigor, ninguna relación interpersonal: en el extremo inferior se produce un intercambio de presencias y en el superior, un encuentro de intimidades. La edad del alumno y la recurrencia en el trato personal adiciona a la relación con el profesor el afecto, en sus distintas manifestaciones: cariño, admiración, benevolencia, simpatía…

Una relación que prohíja tales condiciones, sin duda, facilita la comunicación, acoge y centra su atención en la persona del alumno a la par que procura respetar su exquisita singularidad y libertad. Sin embargo, para que prospere y se mantenga en el seno de un centro educativo, sin menoscabo de las habilidades que de partida cuente un docente, debería ser formulada como política educativa, introducida en el plexo organizativo como cultura y, fundamentada con razones que: a) Tengan la fuerza y el cariz teórico como para iluminar la inteligencia, de modo que estructure convicciones, inferencias y pensamientos; b) que sea capaz de mover a la acción … y que en cadena atraiga con el ejemplo, actuar a otros ; y, c) que tengan el vigor para impulsar cuando el cansancio, la rutina y otras particularidades cotidianas afecta la intención y finalidad del quehacer docente. Dicho en modo educativo. El ideario o la visión que anima la escuela debería de ser de tal fuste, que un docente, mediando la materia que dicta, lo trasmita – con naturalidad y sin poses artificiales – con la palabra y con la conducta.

Para que el profesor quiera y rechace lo mismo tiene que existir coincidencia, no ciertamente en el modo de dictar una materia sino en los grandes objetivos que animan a la escuela y al propio docente. Con el desencuentro se corre un doble riesgo: afecta el propósito de realización personal del docente y, por defecto su labor profesional; y, del lado de la escuela, la continuidad y la vigencia vigorosa de su ideario o visión educativa. Desde esta perspectiva, el éxito de un colegio no solo debería medirse por los resultados cuantitativos: estos se obtendrán con creces si los docentes quieren lo mismo que la escuela.

La estrategia y el esfuerzo en la capacitación y formación de los docentes debería residir en el intento de asociarlos, de hacerlos coparticipes en el ideario. El tiempo invertido en discutir, reflexionar y comprender su contenido será valioso en tanto que, al hacerlo propio, con la versatilidad y expertise de la docencia podrán trasmitirlo y “contagiarlo” a sus alumnos. Querer lo mismo implica un compromiso profesional y personal que libremente se asume porque tácitamente se ha establecido una alianza en pro de un objetivo común. La búsqueda compartida de un mismo propósito premia al quehacer docente para que con autodeterminación profesional pueda reflexionar y decidir entre los medios que dispone para alcanzar los objetivos previstos. Y a la escuela la premia con la unidad de convicciones y quereres que la impulsan corporativamente.

 

 

En defensa de la Escuela

Edistio Cámere

La Comisión de Educación del Congreso de la República puso en el asador este pasado 3 de junio– aprobado por unanimidad – un dictamen mediante el cual determina los procedimientos para poner coto a la morosidad – en creciente alza-  en el pago de las pensiones escolares. Digo en el asador porque la educación, como todo lo que hace referencia a lo más consumado del hombre, es un concepto equivoco: sus diversas interpretaciones, visiones o actividades no hacen sino enriquecer su trascendencia. Pero esa apacibilidad conceptual se mal usa cuando se la coloca entre bandos contrarios: derecho-deber; libertad-responsabilidad; gratuidad- no gratuidad; control del estado- autonomía; pensamiento único- pluralidad de opciones; creencias religiosas- laicismo; el colegio- los padres de familia; el estado- los ciudadanos, etc… Mientras se aticen las brasas de lo antagónico, de la dialéctica, de los opuestos, los acuerdos y soluciones a los que se lleguen serán frágiles o impuestos por grupos de poder o por un Estado impersonal.

Los colegios privados han implementado unas buenas y razonables prácticas – sistema de becas o reducción en el monto de la pensión – conforme a las cuales los padres de familia que por motivos económicos estructurales o por el número de hijos no pueden pagar el monto pactado. Además, en virtud de la promulgación de la ley N° 23585 del 28/02/1983, los colegios y universidades privadas están obligadas a otorgar becas completas ante el fallecimiento del padre o del tutor. Solo una mente malintencionada es capaz de construir la figura de un director que categórica y malintencionadamente se niega escuchar y apoyar a unos padres que atraviesan una situación crítica. ¡Pensar en colegios descarnados e indolentes suena a mero prejuicio!

Si las escuelas ofrecen alternativas que permiten la continuidad de los estudios de los alumnos cuyos padres atraviesan criticas situaciones financieras, ¿cómo se debe interpretar la morosidad? ¿cómo un estilo de vida? o ¿será que responde a una efectiva insolvencia pecuniaria? Si fuera insolvencia ¿en el mercado ningún proveedor se mantendría en pie? Usualmente, la puntualidad es mayor que la morosidad. La honra y el cumplimiento de las obligaciones es superior que la deslealtad con los compromisos. Por tanto, una ley que premia la morosidad perjudica esencialmente a los servicios educativos. En primer lugar, es una medida populista. Quienes cumplen con sus pagos, a la vez que subsidian a los incumplidos, reciben servicios mediocres: por tanto, entre el usuario y el proveedor se establece una relación precaria, quien los presta no tiene cómo mejorarlos y, quien los paga no los recibe en condiciones óptimas ni menos puede exigir un mínimo de calidad, porque los primeros se excusan aduciendo que no le pagan.

En segundo lugar, termina subyugando a la escuela a intereses particulares.  Si el usuario de un servicio educativo advirtiera que un superior – en este caso el Estado – lo exonera de la responsabilidad de su contraprestación, no solamente se sentiría confirmado sino alentado para incursionar en otras regiones de la escuela para acomodarlas a su particular provecho. Si hoy día es el dilatar los desembolsos, mañana puede ser la modificación de una nota o la remoción a un docente…etc.  En tercer lugar, la suma de las dos anteriores da como resultado la quiebra, la fractura de un centro educativo. Al no contar con la majestad de la unidad, con la autonomía institucional y con los recursos económicos, se le condena contravenir con la naturaleza, propósito u esencia que anima su existencia. El populismo conmina a las instituciones a transitar por la medianía.

Por último, conviene desmontar la teoría que aduce en favor de la morosidad, el derecho a la educación. Esa prerrogativa no está en tela de juicio ni se pretende vulnerar. El derecho a la educación en los niños y jóvenes supone el deber de ejercitarlo. Sin embargo, ese deber – irrenunciable – por naturaleza y por la ley es competencia de sus padres. Las escuelas se constituyen en ayudas calificadas. Aquellos son quienes tienen que velar para que sus hijos inicien y culminen sus estudios escolares. Por tanto, despojémonos de eufemismos y de frases políticamente correctas, para que con recta intención, razonables normativas y mucho respeto al sentido común, quienes prestan el servicio y quienes tienen deber que sus hijos gocen su derecho a educarse, encuentren soluciones no precarias sino duraderas.

 

 

 

¿Se puede educar todavía?

Edistio Cámere

 El ciudadano de a pie presencia entre incrédulo e indignado las conductas incoherentes de no pocos servidores públicos: locales regionales y nacionales. De algunos, espera que velen por la justicia dando a cada cual lo suyo, pero lo que hacen es sembrar la inequidad otorgando prebendas a unos a costa de despojar a otros sus legítimos derechos. De otros aguarda que prioricen el bien común, pero tal es su miopía que sus talentos los hipotecan a favor de interés subalternos de grupos de poder o que operan al margen de la ley.

Los medios de comunicación aumentan la zozobra, tipificando las faltas por una supuesta ‘gravedad’ y según ella ‘sentencian’ y crean culpables; de manera que, difunden, expanden una imagen generalizada de corrupción en todo el aparato estatal y en muchos ciudadanos de la sociedad. Palabras como ‘todos’, ‘siempre’ ‘esto nadie lo cambia’ … y otras de condición similar circulan al modo de una carrera de postas: el testigo se pasa de mano en mano. El resultado: una sombra se filtra y se posesiona en el clima de nuestros países y en la esperanza de sus habitantes.

La corrupción, los malos políticos, los profesionales deshonestos, padres indiferentes e irresponsables y, en general, personas no probas han existido, existen y lamentablemente, siempre darán noticia de su presencia. Reconocer su existencia operativa no implica justificar su actuación ni impedir las justas sanciones; por el contrario, significa hacerse cargo que tras la comisión de un acto delictivo se descubre a una persona, libre y responsable que debe responder por sus actuaciones.

Un anciano, que al despuntar el alba solía pasear por la playa, divisó a lo lejos un joven que parecía bailar entre las olas y la arena. El buen hombre, se dijo para sus adentros: “Voy a acercarme a este joven que parece celebrar con tanta alegría la llegada de un nuevo día”. Apuro el paso para darle el encuentro. Al llegar, advirtió que lo que hacía era recoger estrellas de mar de la arena para devolverlas al agua. El anciano le preguntó: “Disculpa, ¿por qué haces eso?”. El joven respondió: “Cuando la marea baja, las estrellas que se quedan atrapadas en la arena, yo las regreso al mar”. El anciano exclamó: “Pero eso no merece la pena, la playa es enorme y son demasiadas estrellas”. El joven entonces se dobló, recogió una estrella, la lanzó al mar y respondió: “para ésta, si mereció la pena”.

De igual modo, mientras que la escuela y con ella, sus docentes se apropien, se apoderen de la certeza de que con su palabra y su actuación virtuosa son capaces –idóneos- de escribir en la personal biografía de cada alumno. Este aporte del maestro no se detiene allí: va a más. El estudiante, en tanto persona libre e inteligente, con su saber, con su querer y con su recto obrar dará un nuevo curso a los acontecimientos, primero en su propio ambiente y, por extensión a los de su sociedad. Mientras no se pierda de vista, la perspectiva histórica y personal de la educación, con el valioso aporte de cada docente, se podrá seguir educando.

 

 

 

REPENSANDO LA EDUCACION PRIVADA

Edistio Cámere

1. Toda acción humana tiene un autor, es atribuible a una persona concreta con nombre y apellidos. En la medida en que es arrogada a un sujeto se le puede denominar: privada, personal, individual o particular; desde la óptica de la influencia, impacto o radio de acción no es privativa, es pública.

2. La educación llamada pública no es “gratuita”, su costo se paga indirecta y solidariamente a través de los impuestos; mientras que en la escuela privada los costes son asumidos por el padre de familia. Atendiendo a esa sola diferencia se corre el riesgo de etiquetar como social y humanitaria la una y exclusiva y elitista la otra. Cuando en verdad, el precio de la educación privada incluye el costo de la educación pública.

3. En una sociedad democrática, las opciones educativas deben ser variadas y diversas. La pluralidad de la oferta para que calce con la libertad de elección reclama que los colegios se distingan entre sí en mérito a su proyecto educativo, a su cultura y procedimientos que – conocidos con anticipación – permitan una acertada y justa elección. Un tipo único de escuelas no se condice con una sociedad plural y, en último extremo con las familias que cuentan con objetivos educativos diferentes.

4. La iniciativa privada en educación constituye el conjunto de actividades que se despliegan en orden al bien de la sociedad, nacen de las energías de personas y son sostenidas por personas. Lo suyo no es competir ni ser mejor que la pública. Su propósito es garantizar la vigencia de la pluralidad de ofertas educativas en de modo que exista libertad para fundar escuelas y decidir qué tipo de educación se desea para los hijos.

5. La educación pública tiene por objeto asegurar que nadie sea vea impedido, por razones de diversa índole, de recibir una buena educación; por tanto, el Estado no debe conformarse con facilitar la cobertura educativa, justamente porque sus usuarios no tienen alternativas para elegir, le corresponde – sobre todo – brindar un servicio educativo de alta calidad.

6. Un sistema democrático que hostiliza la iniciativa privada, imponiéndole el cumplimiento de trámites y procedimientos farragosos para su ejercicio, atenta contra los principios fundamentales, induce a la anomia social, entra en litigio con el sentido común y con la gramática de la realidad.

7. La libertad de enseñanza impide el pensamiento único digitado desde las esferas del poder de turno; a su vez permite que los padres de familia opten por la propuesta educativa que coincida con su filosofía u objetivos familiares.

8. En una escuela, el plexo de relaciones interpersonales predica que los docentes no solo se aplican al logro de metas objetivas y cuantificables. La escuela ofrece servicios difícilmente cuantificables, menos aún valorables. La educación es una tarea en que la ayuda es superior al servicio de enseñanza prestado. “Hay una neta diferencia conceptual entre servicio y ayuda en razón de su finalidad (…) En el servicio, el tomador es alguien que recibe el bien, y es por tanto un receptor pasivo. En cambio, en la ayuda, el destinatario es alguien reforzado en su propia acción, y dicho refuerzo es precisamente el bien que se ofrece; el ayudado es un agente activo” (Altarejos, F. 2003, 43)

9. A diferencia de la industria y del comercio, el quehacer educativo incluye “insumos intangibles” que operan al margen de las leyes del mercado. Son impagables, su valor no se puede tasar: el consolar a un alumno cuando está triste; alentarlo cuando arrecia el desánimo; corregirlo cuando yerra; orientarlo para mejor elegir; reconocer sus logros o simplemente escucharlo…

10. La neutralidad que caracteriza la relación entre un vendedor y un comprador cualquiera no se predica en la relación docente– discente. La dinámica de la convivencia, el trato personal, las manifestaciones propias de la edad de los alumnos, fecundan en la relación el afecto, la preocupación, y el cariño. Al componente afectivo -“insumo intangible”- no se le puede poner precio. Desde esta perspectiva, a la educación no se le puede entender exclusivamente con las claves del mercado.

 

LOS OBJETIVOS EDUCATIVOS DE LA FAMILIA ¿CUENTAN?

 Edistio Cámere

            Roberto y Teresa están prontos a recibir a su primer hijo. Como buenos, ilusionados y previsores padres tienen todo planificado: el nombre, la clínica, los padrinos de bautismo, el color del ajuar, el médico pediatra… y un gran etcétera. No obstante, en sus miradas se colaban trazas de aflicción. ¿Qué les faltaba? La elección del colegio.

            En efecto, en los tiempos que corren elegir y encontrar cupo en un colegio se ha convertido en una estratégica y laboriosa ocupación paternal. La variedad de opciones a su disposición es un atributo de sociedades democráticas. Sin embargo, en algunas de esas sociedades campean, intentos por imponer un estilo o propuesta educativa única, digitadas desde las altas esferas de sus gobiernos. Suena a paradoja, no obstante, su contumacia, que, en un régimen democrático, a la capacidad de elección, extendida como un derecho en los padres de familia se oponga el voluntarismo educativo de un gobierno empoderado por el voto popular.

            El derecho a elegir se ejerce en la medida que existan alternativas no solamente en número sino también en características y contenido. Esta pluralidad y pluralismo se sostiene y dinamiza gracias al acceso y aporte de la iniciativa privada, tanta como el emprendimiento y compromiso social de sus agentes y como la normativa vigente lo permita. En educación, por el contrario, las escuelas públicas no pueden predicar ni pluralidad ni diversidad; entre otras razones, porque su promotor es el Estado y, porque el servicio que brindan mira más a la justicia. Lo suyo es atender a familias pobres o extremadamente pobres, quienes matriculan – en un porcentaje significativo- a sus hijos precisamente por razones de estrechez económica, por tanto, en atención a su reducido margen de libertad, las escuelas públicas poseen atributos similares entre ellas, pues, en atención a su reducido margen de libertad, el estado debe mostrar un fino respeto a los objetivos y estilos educativos diferentes de las familias vinculadas a sus escuelas. El deber sería que el estado les garantice la gratuidad de la enseñanza, al tiempo, que les permita elegir el tipo de educación que desean para sus hijos mediante la entrega de los denominados cheques o bonos escolares.

            La sola mención a educación privada remite a pensar en términos de lucro. ella única y exclusivamente en términos lucrativos. La artillería ideológica para que cumplió con su cometido. No obstante, en la vida real, la educación privada no se reduce a lo económico. Tiene muchos más predicamentos que mostrar. Si el dinero fuera una barrera, las escuelas privadas estarían agonizando por la carencia de relevos en sus estudiantes, y la pública superada largamente por la ingente demanda. Por el contrario, en el caso peruano, las escuelas de gestión no estatal se han incrementado significativamente y, por ende, los alumnos. Explicaciones varias. Prefiero pensar que los padres confían y tienen la esperanza que – estando en ellas – sus hijos ‘tendrán un buen futuro personal y profesional.

La presencia de la educación privada estimula y vitaliza la cultura de un país.

  1. Cada matrimonio, constituido por un hombre y una mujer irrepetibles y singulares, funda una familia y pone un hogar marcado por sus personalidades en constante fusión, valores y estilos educativos familiares distintos, en su suma, configuran una cultura que se perfila como continente y contenido de la crianza de sus niños. ¿Por qué obligar a que está variedad y riqueza natural y reconocida, desaparezca ante la presencia de un solo tipo de educación?
  2. La libertad se ejerce en la medida que existan alternativas u opciones educativas, sin embargo, para elegir acertadamente, considerando que cada estudiante habita trece años en una escuela, ambos, colegio y padres tiene que conocerse, hacerse cargo de lo que se ofrece y si esa oferta se está dispuesta a secundarla. La calidad se consigue, si se es sincero y veraz con lo que se oferta y con lo que se quiere y se está dispuesto a asumir.
  3. Lo variopinto de las propuestas escolares es interpretado por los padres atendiendo lo que las distingue. Existen escuelas cuyo énfasis recae en los idiomas, otras en los deportes, no pocas en lo artístico-musical, algunas en las ciencias, en la formación religiosa, en el liderazgo… Con lo cual se está educando a futuros ciudadanos con habilidades e intereses distintos, los mismos que, a través de la división del trabajo, generaran aportes complementarios al desarrollo de un mismo país.

De otra parte, cada colegio está convencido – como tiene que serlo – de que su propuesta o proyecto educativo es el más completo o que incuba los mayores beneficios, por lo tanto, innova, aprende y mira al futuro. Si los colegios vuelan como águilas sus alumnos llegarán más alto montadas en ellas… siempre y cuando el estado no les ponga grilletas a las escuelas.

 

 

Competencias del docente y la educación del futuro

Edistio Cámere

1° Es bueno imaginarse escenarios que revelen anticipadamente el futuro en educación. Yépez Ricardo (1993) filósofo español, fallecido en la cresta de su producción, solía comentar acerca del futuro: a) que suele ser más atractivo que el presente, si no fuera así, uno se quedaría anclado en él gozando de sus comodidades; y, b) al futuro se tiene que llegar mejor de lo que uno es en el presente. Dicho esto, ¿Qué se debe entender por educación del futuro? ¿Solo la trasmisión de conocimientos? ¿el modo que se aprende? ¿La formación del alumno? ¿La educación multidimensional o integral del alumno? ¿La educación centrada en la persona?

2° El escenario que se construya con respecto al futuro educativo puede ser universal en su proposición, pero matizable en su aplicación pues la acción educativa requiere sistematicidad, continuidad y una organización que solo pueden ser brindadas por instituciones especializadas. Desde esta perspectiva, en una sociedad plural y democrática, son las escuelas las llamadas no solamente a dibujar los escenarios educativos sino a realizarlos, entre muchas razones, porque así lo han ofrecido públicamente a los padres de familia.

3° Es ya lugar común el cargar sobre los hombros del docente la tarea de revestirse de competencias para educar con miras al futuro. ¿Cuáles competencias? Dependerá del experto. Por ventura ¿estamos ciertos que los resultados alcanzados en una escuela, obedecen a la acción de solo un profesor? Aun así, contar con un conjunto de profesores investidos de modernas competencias pero que actúen sin norte y cada quien, por libre no garantiza la consecución de objetivos dentro de una escuela.

4°   En el aula se enseña, pero en la escuela se educa. A tenor de esta premisa, forma parte constitutiva de una escuela, sus los principios educativos, el ideario, el plan de estudios, su estructura organizativa… en suma, su cultura. Por tanto, compete a los centros educativos, visualizar y modelar el futuro, luego definir qué competencias se les debe pedir – o formar – a los docentes. Lo propio de la escuela, es su aporte a la educación en términos de su visión y su cultura; lo propio del docente es aportar a la educación, haciendo circular, a través de su expertise pedagógica, la cultura de la escuela.

Poco sentido tendría exigir que un docente domine tecnologías de última generación cuando la escuela tiene serios problemas de conectividad; si la cultura del centro no prioriza el trato personal, ¿se podrá sancionar al docente que no lo práctica? o ¿sorprender por la significativa rotación del profesorado por no encontrar coincidencias con su preparación? Por último, ¿el nivel de exigencia académico depende de los docentes de una escuela? No exclusivamente. También se requiere, la definición de las metas a alcanzar; que exista orden y predictibilidad en la organización; apropiado número de horas de dictado de las materias …y, otras políticas que en su conjunto constituyan el saber o saberes específicos de la escuela.

5° Asentada la importancia de los colegios en la demanda de competencias y, si se me pidiese definir las habilidades del docente del futuro – en el escenario que de ellos dependiera exclusivamente los resultados académicos – daría dos condiciones y una competencia. Las condiciones: a) aquilatada vocación por el servicio educativo y b) integridad, se educa como persona. La capacidad: ser un gran comunicador, observable en varias facetas. Primero, comunicar eficaz y eficientemente los contenidos de las materias que enseña. Segundo, trasmitir, comunicar su pasión por el saber, pensar, descubrir innovar. Tercero, comunicar con asertividad las indicaciones, normas y explicaciones, de manera que logre un buen gobierno del aula. Cuarto, comunicar al estudiante, a través de la escucha atenta y pausada, ¡qué bueno que estés con nosotros! y así, confirmarlo en su singularidad. Quinto, comunicar las posibilidades y virtualidades del estudiante a su tutor, a sus padres y a él mismo cuando sea necesario, igualmente y, con la misma sencillez comunicar aquello en lo que debe mejorar. Y, por último, comunicar con su conducta los bienes y virtudes contenidos en la cultura de la escuela.

EL LIDERAZGO DIRECTIVO

Edistio Camere

achievement-administration-adult-14891204El expositor, antes de iniciar su presentación, recorrió con la mirada el recinto fijándola en el equipo organizador del evento, en voz alta y sin siquiera probarlo, preguntó ¿funciona el micrófono? La demanda, obviamente, incomodó a los organizadores y sorprendió a los asistentes. La reacción no pasó a mayores porque el ponente, micrófono en mano, explico el motivo de su proceder: quería graficar un estilo de gobierno o de dirección. Sigue leyendo «EL LIDERAZGO DIRECTIVO»