APUNTES PARA UNA CARRERA DOCENTE

Edistio Cámere

 La carrera magisterial propuesta por el Ministerio de Educación se basa en incrementos salariales, a quienes han satisfecho los requisitos definidos en las respectivas convocatorias. Sin duda, la mejora económica es un estimulante y apetecible indicador aun así no creo que a aquella se reduzca la trayectoria profesional. Existen diferentes variables que – a modo de peldaños – van valorando y sellando la carrera del docente. Por esta razón, no es tarea fácil para quien gobierna una escuela diseñar el futuro profesional de sus docentes.

La docencia se distingue por ser una profesión intelectual y de ayuda. Estas dos notas deberían de marcar el camino del crecimiento del docente. La aspiración a cargos directivos que siendo legítima, no conviene al conjunto de profesores, primero, por lo limitado del número de dichas posiciones en cualquier organización escolar; y, segundo porque implica intereses personales y competencias específicas que no a todos les mueve cultivar. De otro lado, la experiencia señala que una buena gestión directiva sucede al desempeño acabado del quehacer docente.

Un ámbito donde – sin duda – se luce el arte y la ciencia del docente es el aula. El sobrevenir de los años no empalidece su luminosidad, más bien, la acrisola pues ajustar con finura la materia que se imparte a las siempre nuevas y expectantes promociones de alumnos, actualiza renovadamente las competencias, prolonga la ilusión profesional y termina dibujando una satisfactoria carrera docente. En suma, en la misma actividad docente – en el aula- se encuentra su realización intelectual y de ayuda.

Más allá de las riquezas propias del aula, una línea de desarrollo profesional, podría derivarse de la comunicación intelectual. La misma que presenta tres campos: a) Sistematización de las experiencias o buenas prácticas y la investigación –acción o de campo; b) La publicación artículos, ensayos y los resultados de las investigaciones; y, c) participación activa en congresos, docencia universitaria o de post grado; consultorías o asesorías a escuelas de básica regular, regiones y a otra instituciones. A su vez, en lo relativo a la categoría de ayuda su campo de acción es más específico pero no por eso menos trascendente con miras a la carrera laboral, esto es, asuntos de tutoría u orientación a alumnos; mentoría o coaching a profesores; orientación a padres de familia. El desempeño de estas funciones reclama de estudios complementarios que especializan al docente y le abren un vasto panorama profesional.

El prestigio de un centro educativo abre opciones para la realización profesional del docente en los campos arriba mencionados. A mayor prestigio, sus docentes serán más requeridos para que trasmitan sus experiencias o compartan los resultados de las investigaciones concluidas. A su vez, la buena performance de los docentes redundará en el incremento del prestigio del centro, estableciéndose así un círculo virtuoso. ¡La realización de los docentes es la misión interna de la escuela, no cabe duda!

RETOS PARA LA EDUCACIÓN PRIVADA

Edistio Cámere

          Ordinariamente, el ingreso de un nuevo gobierno genera inquietudes y expectativas entre los ciudadanos. Es comprensible. Se esperan reformas y cambios en los que existe el riesgo que de un modo u otro puedan afectarnos. En el caso peruano, el presidente electo querrá marcar distancias, en forma y fondo, con respecto al saliente. Sin embargo, no creo que los retos para el sector educativo privado procederán de la nueva administración. Más bien, pienso que sus desafíos se derivarán de la robustez que goza en materia de la demanda y de la calidad de sus servicios.

          ¿El Estado sería igual de incisivo y enfático en su regulación e injerencia si la escuela privada estuviera instalada en la medianía? Pienso que no. No se saca agua de un pozo seco por más que se cuente con los medios de última generación para obtenerla. Por eso, mantenerse y conservarse saludable – como sector – es una buena estrategia pero no es suficiente. Se tiene salud no para evitar perderla, sino como condición para la acción, para moverse en pos de objetivos que, sobre la base de ‘cómo se está’, orientar los esfuerzos para alcanzar ‘lo que se debería ser’. Lo que haga o deje de hacer la educación privada como sector, asumiendo su robustez, será decisivo no para el próximo sino para los posteriores lustros.

          El crecimiento económico alcanzado en nuestro país – hoy en día, pausado por variables coyunturales – ha traído consigo el incremento de una clase media que no se conforma con el beneficio que otorga la cobertura: matricular al hijo en un determinado colegio. Busca más y mejores servicios educativos prestados por una misma escuela.

         Ante la sostenida demanda ¿podrán aparecer competidores? El Estado con sus Colegios de Alto Rendimiento (COAR) ¿podrá constituirse en un importante contendiente? Ojalá y dichos colegios, se multipliquen para atender a un mayor número de jóvenes – de recursos medios – pero deseosos de una buena educación. ¿Los colegios sistematizados, en serie, con una persona jurídica como titular, serán los llamados a copar el mercado educativo, de manera que, mermen el número de postulantes de las escuelas no seriadas? A la fecha eso no ha ocurrido. Si bien son atractivos por su precio, infraestructura y tecnología no lo son tanto, en los servicios y actividades que configuran una educación integral.

          Lo que si dificulto es el ingreso de nuevos operadores al sector educativo privado, por lo menos en la cantidad necesaria para atender la demanda. La barrera más alta que se opone al ingreso de competidores no es propiamente la actividad educativa sino el lugar en donde ésta se lleva a cabo: el terreno. Su escasez y el precio por metro cuadrado, los costos de construcción y el equipamiento, a los que suman las disposiciones municipales (trámites, regulaciones…), las leyes de protección de la economía familiar y similares… hacen onerosa y compleja la creación de nuevos colegios.

         Con un Estado que impenitentemente opone la regulación y el intervencionismo a la libertad de enseñanza; con una demanda sostenida y sin el asomo de nuevos competidores en el horizonte ¿cómo debería aprovechar de esta coyuntura la educación privada como sector? ¿Seguir protegiéndose del Estado a costa de ir entregando sus peones, alfiles, torres…y, por último su reina? ¿Mirarse a sí misma – cada escuela – complacida de sus logros y enfilando baterías en pos de ser la mejor del sector? ¿Buscar fortalecer la identidad y los servicios de los centros educativos privados para – como sector – contribuir decisivamente a satisfacer las necesidades humanas, culturales y formativas la sociedad peruana?

          El sector educativo privado puede elegir entre: a) mantenerse en el statu quo. En este escenario, no solamente se enfatizarán las diferencias entre las escuelas, sino que además, la presión por obtener vacantes, al acentuarse, dará pie a medidas populistas promovidas por algún (os) padre (s) de la patria; O, b) trabajar con denuedo y sencillez para lograr una efectiva interdependencia y acuerdos estratégicos generales que conduzcan a establecer pisos de calidad que satisfagan – independientemente de los precios – a las necesidades educativas de los padres de familia. Desde esta perspectiva me aventuro a sugerir una suerte de agenda para el próximo lustro:

  1. Afirmar, argumentar y defender como sector el principio de la libertad de enseñanza consagrado en el Constitución del Perú (cfr. Artículo 13)
  2. Aunar esfuerzos para proponer la promulgación de un instrumento jurídico que se haga cargo, sin miramiento ni concesiones, de la realidad, dinámica y objetivo de la educación privada. Además, velar para que se incluya el respeto a la libertad de enseñanza y la creación de centros y lo que estos principios implican. El respeto a la autonomía considerando la diversidad de personas jurídicas, titulares de los centros. Definir un estatuto y funciones del director atendiendo a las nuevas corrientes del liderazgo educativo. Asimismo, definido lo que se entiende y espera de la educación básica regular, permitir a las escuelas una banda ancha de innovación educativa.
  3. Constituir una gran federación de asociaciones – sin menoscabo de la propia identidad- con fines gremiales y procurar su inclusión en la Confederación Nacional de instituciones empresariales privadas (CONFIEP) o configurar una exclusivamente para centros educativos.
  4. Diseñar y aplicar una campaña de comunicación mediática con miras a devolverle el señorío y estatus a la educación y al docente de cara a la sociedad. La elevación de la imagen podrá atraer a los jóvenes a estudiar pedagogía.
  5. Estudiar formas, modos, estrategias, políticas….conducentes a mejorar las remuneraciones de los docentes, respetando la realidad de cada escuela.
  6. Crear una gran ‘escuela’ de formación para docentes en ejercicio, con miras a actualizarlos a las necesidades y requerimientos de la sociedad actual.
  7. Constituir un fondo fiduciario con el aporte de los agremiados, de empresas y editoriales, destinado a promover: Publicaciones Realización de encuentros o congresos.
  8. Becas de estudio a jóvenes y docentes con trayectoria tanto a nivel nacional como internacional.
  9. Investigaciones
  10. Aulas vivas: que representan un modo de romper el aislamiento educativo, celebrando alianzas, foros, intercambios y pasantías entre los docentes y directivos de los mismos colegios privados del Perú.

        Finalmente, un reto permanente: Las escuelas aún son acendrados bastiones llamados a preservar los altos principios por los que se inmolaron no pocos prohombres de nuestra historia; a cultivar las tradiciones, costumbres y cultura peruanas permeadas por los valores occidental-cristianos; y, promover el respeto a la dignidad de la persona, la solidaridad y la convivencia pacífica entre los peruanos. Desde esta vertiente, cabría afirmar que el conjunto de escuelas configura una cultura filosófica-educativa que informa a un significativo número de padres, alumnos y docentes. Un gran reto sería globalizar esa cultura, de modo que, su influencia fecunde orgánicamente a la sociedad peruana. ([1])

[1] Edistio Cámere, Signo Educativo N° 211, año 2012

CONTRATAR O DESCUBRIR: DILEMA DEL DIRECTIVO

Edistio Cámere

En la línea de contratar o descubrir nuevos talentos docentes, planteamos dos estrategias directivas, no antagónicos ciertamente, pero que tienen consecuencias distintas en el horizonte temporal de una escuela:

  1. Descubrir nuevos colaboradores con talento en el mercado educativo con la esperanza cierta de que viertan toda su valía y experiencia profesional, al proyecto educativo de la escuela. Esta estrategia descansa – una vez definida la posición a ocupar – en los medios utilizados para la convocatoria, en un riguroso proceso de selección y, finalmente en un eficaz protocolo de aceptación e inducción. Sin duda, los mejores talentos no vendrán únicamente por las tentadoras condiciones contractuales, también por el prestigio y consistencia del proyecto educativo de esa escuela.
  2. Descubrir nuevos talentos y capacidades en las personas que ya trabajan en la propia escuela. Esta estrategia implica:
    1. Identificar las necesidades específicas que se quieren satisfacer, considerando que la necesidad general a solventar en una escuela es la de introducir al niño o joven en la cultura de una colectividad a través de la enseñanza. Dichas necesidades que se recogen en el Ideario, dan lugar a saberes específicos que fundamentan nuevas actividades tanto en su concepción, diseño y realización.El saber especifico constituye un “además” en el desarrollo profesional de los docentes porque su aplicación abre nuevos áreas para el estudio, la investigación y para la gestión. Dichas acciones reclaman de titulares para su ejecución, por tanto, implementando un sistema matricial que permita su empoderamiento se consigue que – mientras se desarrolle un nuevo proyecto – ejerzan un liderazgo que incrementa su valía profesional, mayor aporte y compromiso con la escuela.
    2. Mostrar el sentido y los fines que reverberan en el cotidiano quehacer docente. En la medida que se le descubra la profundidad, el horizonte y las relaciones que anidan en toda tarea educativa se contribuye a confirmar y aquilatar la vocación del maestro.
    3. Confiar en que el docente desempeñara con eficiencia, lealtad y prudencia las tareas encomendadas. La confianza no se fundamenta en una evidencia. Confiar significa creer en alguien, en sus palabras, no en lo convincentes que puedan ser sus razones. El directivo que confía arriesga, porque abandona su propia seguridad que le otorgan sus conocimientos, experiencia o posición en favor de una promesa, de un ofrecimiento o de una disposición que no controla porque lo ofrecido aun no lo tiene. (Terrasa, Eduardo, 2005)
    4. Sobre la base de la confianza en una escuela se estructura y define la ‘zona de autonomía’ (Isaacs, David, 2004) que es el ámbito en el cual cada docente toma decisiones atendiendo el contexto y su criterio profesional. Compete al directivo – en estricta coherencia con la confianza depositada – respaldarlas e introducirlas en la cultura organizativa. Ordinariamente, cuando se reconoce autonomía en la zona de la propia competencia, el actuar con responsabilidad es un modo de corresponder a la confianza depositada en el docente como persona y profesional.
    5. Considerando que la docencia escolar es una profesión intelectual y de ayuda a otros, la escuela con el propósito de ofrecer un futuro atractivo, tiene que conocer a cada docente para proponerle oportunidades que – sin sacarlo necesariamente del aula – le permitan el desarrollo intenso y renovado del estudio, de la investigación, de la trasmisión de conocimientos a través de conferencias y/o de asesorías; así como poner a sus disposición instancias mediante las que pueda ayudar fina y capilarmente en su desarrollo personal a sus alumnos, a los padres de familia y a sus colegas.

Al margen de la estrategia que se elija, el director no debe cejar en el empeño de lograr que su escuela sea lo suficientemente estimulante para que todos y cada uno de los docentes puedan desarrollar su labor como tales y puedan encontrar cauces para su satisfacción y realización profesional: intelectual y de ayuda. Asimismo, tiene que procurar que sea lo necesariamente flexible, de modo que, se pueda acompasar con las iniciativas, innovaciones y proyectos de cada uno de sus integrantes.

 

 

EN POS DE LO MEJOR

Edistio Cámere

        Un maestro paseaba por el bosque con su discípulo cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia muy pobre y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comenta al aprendiz sobre la importancia de las visitas, de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que se suscitan de esas experiencias.

       Llegando al lugar constata la pobreza del sitio. Se aproxima al padre de familia y le pregunta: ¿En este lugar no existen señales de trabajo ni comercio, como hacen para sobrevivir aquí? El señor calmadamente respondió: “Amigo mío, nosotros, mis tres hijos, mi esposa y yo, tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con el resto producimos queso y derivados para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo”.

       El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento y se fue. En el camino le ordenó a su discípulo: “Busca la vaquita, llévala a ese barranco y empújala”. Aquel cuestionó vivamente el mandato del maestro, quien se mantuvo imperturbable. Finalmente, el discípulo cumplió con la orden.

       Esta escena quedó grabada en su memoria durante algunos años. Al punto que un buen día, el joven regresó a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedirle perdón y ayudarla. A medida que se aproximaba veía todo muy bonito, con árboles floridos, habitado, niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y preocupado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir.

       El joven preguntó a un hombre por la familia que vivía allá hace unos cuatro años, éste le respondió que aún seguían viviendo allá. Asombrado entró corriendo a la casa y reconoció a la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le pregunta al dueño de aquella vaquita “cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida“.

       El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el cambio que ven tus ojos ahora”.

       Cambiar, remover modos, estilos de comportamiento que si bien tienen resultados nos mantienen en la comodidad, en la rutina. Para ir a más, el esfuerzo tiene que ser sostenido. La vida no es para contemplarla, para ensebarla sino para gastarla, consumirla en el propio desarrollo y en el de los demás.

      La leña se consume brindando calor. La gasolina se consume: el auto camina. El hombre al ingerir los alimentos retira los nutrientes necesarios para vivir. Cuando se consume, una parte se pierde para conseguir otra parte mejor; nada se pierde, permanece convertido en algo superior.

       Cuando se corre se pierden sales, minerales y el equilibrio del reposo, Pero ¿qué se consigue? Mejor flujo circulatorio, respiratorio, mayor resistencia, mayor velocidad. Todo esto se logra con el esfuerzo que acompaña al correr. Pero si, además, se pretende ser un gran corredor, entonces, tenemos que renunciar a otras cosas… buenas: dormir hasta tarde, comer todo lo que se nos antoja, desvelarse… Cuanto más alto y grande es lo que se quiere obtener, se tiene que dejar de lado acciones buenas pero inferiores con relación a lo que se espera obtener.

        Lo propio ocurre si uno quiere ser buen estudiante. El estudio demanda esfuerzo, consume energías y quiebra el estado de inactividad, además, obliga a renunciar otras cosas menos prioritarias. Ver televisión no es malo de suyo pero si se busca ser buen estudiante, mirar muchas horas al día aleja de esa meta.

        Los resultados exitosos pueden venir, el premio puede ser buen estímulo pero alegrarse sólo con ello, limita. Alegrarnos en cambio, procurando hacer las cosas bien, esforzándonos y poniendo en cada acto, alma, corazón y vida, nos cambia interiormente y nos hace más grandes. De este modo nos preparamos para seguir haciendo las cosas bien.

       Los modelos sociales miran hacia la uniformidad pero hacia abajo, se presentan bajo envolturas atractivas y vistosas. Ir contracorriente, implica no dejarse atrapar por esas imágenes. El picaflor se divierte yendo de flor en flor y en eso gastan su vida. La gaviota otea el horizonte de palmo a palmo y sólo recoge lo que necesita del mar, zambulléndose. Con la inteligencia bien formada se conoce y distingue lo bueno de lo malo; con la voluntad uno se adhiere y mantiene en el bien conocido, a pesar de que otros no participen de ese bien y de ese conocimiento.

 

 

SABOTEANDO LA AUTORIDAD DEL PROFESOR

Edistio Cámere

Soy profesor de primaria. El día de ayer me sucedió algo que nunca había pasado. Un niño estaba parado y no quería tomar asiento, hasta que le dije que no seguiría con la clase hasta que se sentara y los demás niños le dijeron fulano siéntate, a lo cual él se sentó, pero replico mi mama me dijo que no le hiciera caso a usted.

Es este un caso que me propuso un amable lector de este blog. Lo he leído varias veces… no sé si mi asombro se debe a la acción del niño o a la indicación de la madre. ¡Quedarse en pie cuando los compañeros están sentados! Me sabe a conducta osada y contestataria. ¿Sabrá el niño lo que busca expresar con dicha actitud? Cierto es, que por un momento tuvo en vilo al profesor al punto que gracias a la presión del grupo accedió a sentarse. Dificulto que ese niño de primaria haya tenido la intención de sabotear la clase.

La composición de los hechos lleva a discurrir que el niño hace una interpretación literal y generalizada de la indicación recibida de su madre. Es bastante probable que ante un hecho puntual relativo a una norma o al modo de realizar una tarea, la mamá – ante la persistencia de su hijo por cumplir prolijamente lo señalado en el colegio – haya sentenciado: “no le hagas caso al profesor” quizá seguido de alguno que otro adjetivo como para no dejar duda de quién sabe más. Pero, ¡claro! Dato importante: el niño no es la madre ni ella va al colegio. Si lo fuera, el comentario no hubiera pasado a mayores. ¿Cuál fue el mensaje que decodificó el niño? ¿La madre tenía la intención de minar toda acción docente? Estimo que la buena señora no le tendría mala voluntad al profesor…porque eso de liquidarlo ante su hijo pinta a café amargo.

Desconozco la intención de la madre por eso es mejor no juzgar. Sin embargo, algo se puede decir acerca de las consecuencias de su comentario. Una primera tiene que ver con la comunicación, más bien, con la capacidad interpretativa del receptor. Uno interpreta no solamente en función de los signos que escucha también en relación a las experiencias, intereses o situaciones que despiertan y/o asocian con lo escuchado. Somos dueños de lo que decimos más no de sus resultados. Entre otras razones, porque la persona es imprevisible, puede actuar ‘justo de la manera que no se ha pensado’. Hoy en día en que las palabras se desplazan sin tocar la realidad ni para significarla menos para comprometerse; no obstante, el hombre es un ser que conversa, que dialoga, por tanto, más que gastar palabras en perjuicio de otro u otros para descargar la conciencia, hagamos de ellas verdaderos vehículos de pensamientos y sentimientos. Los niños y jóvenes no quieren que les digamos como están las cosas… ya lo saben, pues las viven; quiere saber por qué están así para… cambiarlas.

La segunda consecuencia da cuenta de la pertinencia del comentario. Me explico. Es habitual que haya algún tema o hecho con el que no se esté de acuerdo en el colegio. No es pertinente comentar, argumentar o criticar abiertamente de ese hecho ante la presencia del hijo. Primero, razón económica: él no puede hacer nada para solucionarlo. Segundo, cuanto menos edad tenga el niño, más lo pondrá en crisis: no sabrá cuál es el lado de la fuerza. Tercero, al padre le asiste el derecho y el deber de acercarse a la escuela y conversar amigablemente con el responsable. Éste, además de mostrarse agradecido, abundará en razones y explicaciones que por lo menos le dejará a usted la sensación de que en ese colegio se actúa con criterio y no con el hígado. ¿Quién es el ganador? Su hijo sin duda. Usted, ahora confía más en la escuela y, por tanto, apoyará y dejará actuar al profesor de su retoño.

En una escuela podemos encontrar dos fuentes de autoridad. “La legitimidad y necesidad de las relaciones de autoridad y obediencia se fundan no en el poder sino en la jerarquía como institución social creada para posibilitar la organización de los grupos humanos” (Quintana, J. María, 1989) Es decir, que la escuela constituida por personas requiere de una autoridad que permita fluidez en la convivencia y orden en el uso de los espacios y ambientes.

Una segunda fuente yace en la visión y principios educativos que destinan a una escuela, en consecuencia, en su elección va implícita la conformidad o aceptación como fundamento e itinerario de su autoridad. Cuando existe coherencia, la conducción de los alumnos en la escuela será más que llevadera. Ciertamente, la autoridad se puede resquebrajar pero frecuentemente en el punto de la aplicación pero al haber acercamiento en los juicios, de inmediato se puede revisar y modificar su práctica.

Antes de ‘soltar’ un ligero comentario del colegio o de un profesor ante nuestro hijos, tengamos presente: a) No sabemos cómo lo interpretará y que conducta finalmente emitirá b) Su hijo poco puede hacer ante sus reclamos, es mejor dirigirlos a quien le competa actuar c) Si son muchos los comentarios que le ‘suelta’, es momento de repensar: ¿Es este el colegio qué en verdad quiero para mi hijo?

EDUCAR NO ES COMPLACER

Edistio Cámere

Cuenta Jorge Bucay que el Maestro Sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma….

  • Maestro –lo encaró uno de ellos una tarde- tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado…
  • Pido perdón por eso.- Se disculpó el maestro- Permíteme que en señal de reparación te convide un rico durazno.
  • Gracias maestro, respondió halagado el discípulo.
  • Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
  • Si, muchas gracias, dijo el discípulo.
  • ¿Te gustaría – ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?….
  • Me encantaría… Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro.
  • No es un abuso sí yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte…
  • Permíteme que te lo mastique antes de dártelo…
  • No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó sorprendido el discípulo.
  • El maestro hizo una pausa y dijo:Si yo les explicara el sentido de cada cuento… sería como darles a comer una fruta masticada.

La moraleja que propone en su cuento Jorge Bucay va a contrapelo de la tendencia en auge de educar para la complacencia. Este estilo presume al alumno como ‘cliente’ a quien hay que darle la razón para contentarlo. Sin embargo, siendo precisos diremos que la manida frase: el cliente tiene la razón no aplica a la educación porque ésta no es una transacción – mediante la cual puntualmente se intercambia dinero por bienes – sino que es una relación. En efecto, en la acción educativa se advierte una relación entre dos sujetos (profesor y alumno) y un fundamento que la causa (el educar). A su vez, entre ambos sujetos o extremos no existe una única relación. La relación del docente hacia el alumno se especifica en la enseñanza; la relación del alumno hacia el docente se especifica en su condición de aprendiz. Siendo ambos parte de una misma relación, el acto de enseñar es distinto al de aprender y viceversa, es preciso – para que la relación persista- que el profesor se involucre en mantener activo el fundamento que la causa, es decir, el educar. La actividad del docente no se agota con la exposición didáctica de un tema aunque sea capaz de activar los hábitos intelectuales orientados al aprendizaje. Es importante pero no es suficiente. Con el arte de la docencia se tiene que remover o mitigar aquellas limitaciones que impiden el aprendizaje personal, por ejemplo: el desgano, la flojera, la falta de comprensión, las distracciones, emociones no controladas, las disrupciones en clase…. Ciertamente, su remoción requiere de tiempo, de paciencia, de motivar, de conocer y tratar al alumno… y de autoridad para intentar su interés y compromiso para aprender.

La complacencia, tiene el efecto de extinguir la relación maestro-alumno porque menoscaba el fundamento que la causa. Además, presenta tres peculiaridades que vale la pena mencionar:

  • El educando que no aprovecha los periodos sensitivos propios de su edad para aprender, las probabilidades que ese vacío le pase factura en el futuro son altas.
  • El docente, por su parte, para complacer tenderá a extremar la simplificación de la materia a dictar con el fin de uniformizar ‘el pasarla bien’ en sus alumnos; de manera que, ese fin perseguido terminará por ablandar su calidad profesional: no estudia para preparar las clases sino que traza estrategias para contentar a sus discípulos.
  • Se desaprovecha el gran aporte que los padres pueden brindar en la educación de sus hijos pues tienen la certeza que en la escuela todo marcha viento en popa. No me refiero a que un alumno tenga dificultades para aprender simplemente acotó que los hábitos intelectuales y volitivos se adquieren mediante la repetición de actos. ¡Vaya modo de congraciarse con los padres impidiendo que no ejerzan su deber-derecho de educar a sus hijos!

Cifrar la educación en dar al alumno lo que quiere o le provoca se convierte en una suerte de círculo vicioso: el engreimiento – síntoma no menor del egocentrismo- al no tener límites en sus demandas obliga a un continuo refinamiento en los modos de satisfacerlas. De no ‘romperse’ ese círculo, la tendencia resultante será formar ciudadanos miopes: aptos solo para mirar sus derechos y preferencias con escasas habilidades para la convivencia y la solidaridad.

En el sistema educativo, la complacencia tiene que ser resultado de los logros alcanzados o por alcanzarse, supuesto el esfuerzo, el tesón, la renuncia, el estudio, el orden, etc.… desplegados previamente. Es verdad que las capacidades no están distribuidas de modo uniforme, hay quienes que cuentan con más facilidad para comprender, sin embargo, atender en clase representa abstenerse de platicar con el compañero; de igual modo, hacer una tarea o estudiar supone ‘liberar’ un tiempo, dejando de realizar actividades más placenteras, para destinarlo al referido quehacer.

Percibir al alumno como ‘cliente’ finalmente, significa una inversión en la jerarquía de los valores, que gradualmente va calando en la formación del educando. Sin duda, el aprender y formarse es claramente un valor superior al de hacer lo que ‘me provoca o me gusta’. El primero queda incorporado como patrimonio en el alumno para disponerlo en otro momento, por ejemplo, para aprender asuntos más complicados y densos; el segundo, en cambio, se agota en sí mismo, termina al gozarlo y tiende a ‘oxidar’ las capacidades que ante una situación que las exige no acuden con la prontitud esperada.

 

 

 

 

 

TENER UN CORAZON ENAMORADO

Edistio Cámere

Es bueno aspirar un puesto en una de las diez compañías más prestigiosas del medio pero un corazón enamorado ama el puesto que desempeña en la empresa en la que ha sido contratado.

Me gustaría tener amigos que tengan contactos, sean inteligentes y graciosas, pero un corazón enamorado quiere y valora a los amigos que tiene gracias al colegio, a la universidad y al barrio.

Es bueno soñar con vivir en un país ordenado, desarrollado y con mucha cultura, pero un corazón enamorado quiere y se ilusiona con el país que le ha tocado en suerte nacer y vivir.

Es bueno acariciar la sensación del éxito, de los reconocimientos y aplausos, pero un corazón enamorado aprecia y se entusiasma con el esfuerzo, la perseverancia y la fortalece que a ellos conduce.

Es bueno tomar fotos de un viaje, de una actividad o de una fiesta para subirlas en espera de muchos ‘likes’; pero un corazón enamorado se abre a la experiencia, la disfruta intensamente y la incorpora a la propia historia para luego contarla con tal pasión y novedad que contagie y meta al amigo, a la amiga a ese momento de felicidad. La belleza y la alegría quedan cojas cuando se reportan solo cuando se trasmiten de adentro hacia afuera y cara a cara, mirándose a los ojos, se multiplica y se hace un recuerdo que permanece.

Es bueno dar rienda suelta a la creatividad con ahínco y ánimo realizando la tarea que te atrae y gusta, pero un corazón enamorado hace lo que debe y lo hace bien aunque la tarea que tiene entre manos no le guste; de manera que, además de adquirir virtud profesional debida, contribuye al crecimiento de su empresa y al bien común en la sociedad.

Es bueno estar al tanto de los acontecimientos, novedades y de lo que está de moda, pero un corazón enamorado es capaz de traer a la memoria para agradecer los beneficios, la dedicación y el afecto que sus padres, amigos y profesores le dispensaron para ser quien es. Usa su memoria para hacer presente los grandes valores y a las personas significativas en sus vidas.

Es bueno buscar la prosperidad material y económica pero un corazón enamorado sabe buscarla ‘fuera de las trampas de la opulencia’ para encontrarla también en las relaciones humanas, en las familias, en los vecindarios, en las comunidades, en el sentido de la vida y en la apuesta por los valores éticos.

Es bueno moverse, hacer cosas, tener la agenda ocupada, andar con prisa porque se está atareado, pero a un corazón enamorado más que el movimiento le importa el sentido y el destino de lo que hace. Por eso más que ser un experto en navegar sobre las olas, cultiva el arte de sondear las profundidades de los acontecimientos porque en su densidad, altura y perspectiva es capaz de encontrar la riqueza y el misterio que aquellos esconden.

Es bueno soñar con tener a la chica o al chico más guapo, atractivo e inteligente pero un corazón flechado distingue en el enamorado o enamorada aquello único e irrepetible que tiene por sobre los demás y al mirarlo con el poeta le dice “sé que cuando te llame / entre todas las gentes / del mundo, / sólo tú serás tú.”

Un corazón enamorado sin renunciar a defender con argumentos su planteamiento, tampoco a mandar cuando convenga, valora el dialogo, pues está persuadido que siempre el ‘otro’ tiene algo bueno que decirle.

Un corazón enamorado no se acomoda pasivamente con la configuración actual de la sociedad, es rebelde, va contracorriente; porque ama su momento histórico es capaz de ser inventivo, de imaginar nuevos escenarios y tener la valentía de pensar de modo diferente.

Un corazón enamorado no es un iluso soñador, es realista porque conoce, ama y se compromete con quien es, con lo que tiene y con el entorno que lo circunda. Quien ama no se conforma. Quiere ser mejor persona, quiere multiplicar sus cualidades y virtudes y quiere una sociedad donde reine la justicia y la paz.

Finalmente, un corazón enamorado es agradecido, sonríe y es optimista: los problemas son retos, el trabajo, vocación, los otros, personas dignas de respeto, el dolor, madurez y, la vida una gran oportunidad para ser más y mejor persona que contagie y trasmita bondad, belleza, verdad y unidad que la realidad tiene.

Entreeducadores desea una feliz Navidad y un año nuevo prodigo en proyectos y experiencias de crecimiento personal, familiar y profesional a sus seguidores y a sus amigos lectores. Asimismo, les expresa su agradecimiento por permitirnos continuar publicando notas gracias a su amable aceptación.

 

EDUCAR PARA LA FELICIDAD

Edistio Cámere

La escuela se configura como un servicio que tiende a satisfacer una necesidad fundamental de las familias: la instrucción e inserción de sus hijos en la sociedad.  Así como el médico ayuda a la recuperación de la salud de los miembros de una familia sobre la base de la aplicación de la ciencia médica, la escuela desde la perspectiva pedagógica introduce al niño y al joven al mundo de las ciencias y de las humanidades, es decir, lo culturiza. En ambos casos, el recabar un servicio no mengua la responsabilidad del padre de velar por la salud y educación de sus hijos, no solamente eligiendo el mejor de acuerdo a sus posibilidades y criterios sino también poniendo en práctica las sugerencias recibidas y adicionando las medidas que el sentido común le dicte para conseguir una vida más saludable o una educación integral para su hijo.    

Si nos atenemos a la estricta calidad, la solvencia teórico-práctica de la pedagogía incluye las determinaciones pertinentes para cumplir con las exigencias de la instrucción. La calidad hace referencia a la confección de un producto que de acuerdo a unas especificaciones resulta similar en todas sus reproducciones. Apunta más, a lo seriado, a lo homogéneo. Si tal fuera la finalidad exclusiva de la escuela, sin duda, sufragaría la necesidad universal de la familia pero haría prescindible la relación familia-colegio.

Para encaminarse hacia la felicidad no cuentan los indicadores, los repertorios, las tablas o registros que verificar. Lo que cuenta son los criterios, el ejemplo, la dedicación, la acogida y el afecto, donados  a una persona singular y concreta, en el albor de su historia con una vocación y misión en la sociedad a descubrir. Sin el concurso de los padres poco o nada se puede conseguir, de ahí nace la importancia de la colaboración mutua y diferenciada entre los padres y el colegio.

La felicidad está siempre en la promesa de un futuro mejor. Si la felicidad consiste en la ilusión, la infelicidad consiste en no tener objetivos (…) (Rojas, Enrique, 2003). Sin objetivos a lograr la familia y la escuela poco pueden aportar en favor de la felicidad de un niño o joven. No se habla aquí de una visión universal propuesta por la escuela ni de un deseo quimérico de los padres, de cuya validez e importancia al formularlos no se duda, pues sirven de norte o de guía. Considerando que la felicidad es personal, los propósitos que a ella se encauzan tienen que ser particulares y ajustados a la persona. Desde esta perspectiva, los objetivos que la escuela puede proponer nacen de las relaciones que el alumno tiene a partir del contacto con: 1) las materias a aprender; 2) con sus amigos o compañeros; y, 3) con la cultura de aquella.

El modo cómo es afectado el hijo en las relaciones mencionadas, es conocido por la escuela y es desconocido directamente por los padres, por tanto, la primera aporta lo que observa mientras que los últimos aportan el modo cómo las vive en la intimidad familiar. En efecto, al interactuar en esos ámbitos – que, sin duda, configuran sendas situaciones de aprendizaje – el alumno emite respuestas que comunican afectos, ideas y actitudes que de algún modo van perfilando su carácter o manera de ser. Sin embargo, para que esas experiencias sean incorporadas  como aprendizajes efectivos  se precisa de la aportación y de la colaboración de los padres que encuentran su apogeo, gracias al conocimiento capilar que tienen  de su propio hijo. ¡Quién mejor que los padres para iluminar su singularidad, lo que posee como radicalmente propio y su valía como persona simplemente por ser quien es!

En las relaciones y en la convivencia intrafamiliar el hijo expresa con espontaneidad lo más acendrado de su condición de impar. Por eso de cara a la escuela no es suficiente que los padres den por supuesto que lo quieren: su gran tarea es la trasmitir y contagiar al colegio, para que aprenda y sea capaz de educarlo desde su condición de amado. Los docentes lo presumen. Sin embargo, para que se dejen permear por la intensidad, la contemplación y alegría que mana desde la hondura de sus almas al experimentar: ‘lo bueno que es que su hijo exista y sea entre ellos’, los padres tienen que acrecentar ese amor.

El amor fuerza a respetar y tener en alta consideración la historia que el hijo comienza a escribir. “Cuanto más suyos más nuestros”, decía Gerardo Castillo enfatizando que si bien los padres engendran y cuidan, empero los hijos no son ellos ni tienen porque repetir como modelo de vida sus experiencias. La valía de una vida que tiene que descubrir su propio camino, reclama afecto – mucho, sin duda, –  y también de decisiones y desprendimiento de paradigmas y visiones quiméricas de como ‘les gustaría que fuera su hijo’, para conectarse y concentrarse en su realidad personal y situacional.

Se ama a una persona concreta con sus talentos y capacidades, en su condición de no repetible que la hace especial – lo que hace inútil e ineficaz las comparaciones – y, con sus limitaciones y defectos. El amor también comporta decisiones seguidas de actos para: potenciar sus cualidades, para acogerlo en su mismidad y para corregir con paciencia sus defectos. En esta línea se enmarcan los encuentros de los padres con el tutor o encargado de clase. No se trata de hacer prevalecer un punto de vista ni escudarlo con argumentos técnicos o subjetivos. Se trata de intercambiar aportes con miras a confeccionar planes de acción para cumplirlos con miras a hacer de nuestro hijo, de nuestra hija una mejor persona… y feliz. 
 

 

 

 

 

SOY ASÍ

Edistio Cámere

            ‘Soy así’ suele ser una respuesta con la que una persona – adulta o joven – da por zanjada una conversación que verse sobre su comportamiento. Esa frase es una suerte de escudo que se empuña ante el ‘ataque’ de una crítica o propuesta de cambio. Ante aquella, se hace cuesta arriba esgrimir argumentos – racionales, persuasivos o coactivos – que puedan remover las resistencias que la sostienen y defienden. Aceptando de buen grado que en los asuntos de las personas no se puede generalizar, porque cada una es una novedad, intentaré comprender qué hay detrás de esa lacónica frase.

          Soy- así parece una declaración ufana pero tras ella, pivotea una forma reductiva de pensarse. El ser es un sujeto, una sustancia, el ‘así’, en cambio, se aloja, se anexa en aquel, por tanto, conviene especificarlo como un accidente, cuya presencia no es necesaria ni ordinaria para que el ser sea lo que es. En consecuencia, para pensarse siendo-así, en el proceso de auto-comprensión, muchas regiones esenciales del ser permanecen oscuras, menos el ‘así’ que elevado a la categoría de central y habitual, se configura como la propia identidad. En realidad, es una forma esquiva y reducida de comprenderse a sí mismo.

          El ser-así recoge una cualidad que califica un momento vital de la persona pero no se identifica con ella. Calificar no es definir, por tanto, ‘el ser-así’ se circunscribe a un talente o porte personal que se pretende normalizar pero a costa de identificarse con el ‘así’ de un momento o circunstancia específica. A su vez, la afirmación ‘soy-así’ desestima la posibilidad de ser de otro modo, al negarla le confiere una suerte de irreductibilidad permanente. Si una conducta humana fuera insubordinada lo sería a expensas de su autor, en cuyo caso, su fuerza sería categóricamente instintiva. Pero una conducta no es una especie de fenómeno inesperado que viene, se instala y se apropia del sujeto constriñéndolo a actuar ‘siendo –así’.

         El ‘ser – así’ que impele en un único sentido, va a contrapelo con la condición humana de perfeccionarse, de realizarse y de madurar aprendiendo. Entonces, la vida no es concebida como proyecto, como tarea que se ejecuta hoy pero se abre a un futuro, cuyo atractivo es precisamente llegar a él siendo mejor de lo que se es en el presente. El sino del ser-así es llevarse y posarse tal cual en la porción de tiempo en la que le cabe estar, sin estar cabalmente.

         El ser-así, ¿es una postura libre? Si, en la medida en que el sujeto se autoinstala en esa manera de ser; aunque paradójicamente: a partir de tal instauración el obrar se torna unívocamente determinado. No que se extinga la libertad es que se abandona su crecimiento dado que el ‘ser-así’ se propone como definitivo. La libertad que se solventa en la capacidad de establecer relaciones entre medios y fines ha perdido fundamento para su despliegue. Si el fin es menor lo serán también los medios con lo cual, alzarse con aquel no reviste mayor esfuerzo ni reclama la concurrencia de mayores cualidades. Desde esta perspectiva, se puede pensar que la libertad puede conducir a que un hombre renuncie a la expansión – tanto más – de la totalidad de sus virtualidades y facultades humanas para detenerse en una sola dimensión de su personalidad. Es el riesgo de tan imponente cualidad.

         El acto de decidir entre alternativas que el vivir suscita no agota la potencia de la libertad. Escoger una significa: a) desestimar otras con sus presuntas promesas; b) mantenerse en ella aun con la incertidumbre del curso que tomará; y, c) responder –se por los efectos que lleva consigo el camino designado. En consecuencia, la libertad define el título pero el cuerpo y el epilogo del texto es arte de la responsabilidad.

         El señalado ‘ser-así’, ¿no es una forma larvada de negar la autoría de las propias acciones y de sus frutos? Este conducirse de un modo determinado remite a defecciones que se perciben invencibles. En cierta forma es una excusa vital que justifica cuando un propósito no se cumple, cuando una situación se torna tensa o cuando por compleja exige más esfuerzo y diligencia de las que se está dispuesto apostar. Asimismo, el ‘ser-así’ es utilizado cuando se atribuye la causa a factores externos: a) a ‘otros’ es que si no fuera por…. No sería así; b) a hechos ‘dados’: si tuviera más cualidades…. Mejor situación económica… Efectivamente, la naturaleza y la convivencia social dejan su rastro pero no anulan la capacidad de autodeterminación.

         Más bien, la acomodaticia instalación en el ‘ser-así’ obedece al imperio de la práctica de deslocalizar la responsabilidad. Si los ‘otros’ y/o lo ‘dado’ son las causas, entonces, su efecto, no es mi responsabilidad: No se tiene porqué responder por sus consecuencias. Se vive en el anonimato, es decir, sin estampar la rúbrica que atribuye la  titularidad de una conducta. Quien deslocaliza su responsabilidad, no solamente afecta el ámbito de su proyecto de vida, también renuncia a participar, mediante la comunicación de sus talentos, en los acontecimientos de su entorno inmediato y,  por extensión, a toda la sociedad.

          Precede a una decisión una especie intervalo de sombras, parecido a la situación de descorrer una cortina cuya textura, ciertamente, trasluce formas, volúmenes y espacios pero sin la precisión necesaria como para determinar lo que son realmente. En cierto sentido, el decisor queda expuesto a los efectos inéditos de la acción a emprender. Al desconocerlos – por ‘ser-así’-  renunciaría a la capacidad de: a) asumir los riesgos que entrañan: falta de datos en la deliberación u error en la ejecución, b) honrar los compromisos contraídos con uno mismo y con los involucrados; y, c) aprender a aceptar la realidad, a conocerse objetivamente a sí mismo, para rectificar si fuera el caso o solicitar ayuda cuando se hace cuesta arriba el mantenerse en la decisión adoptada. La persona despliega sus propias facultades decidiendo. Decidir tiene sus costos, no obstante es el medio para ir en pos de la madurez personal. Esta meta es lejana para quien se instala en el ‘ser-así’.

          A diferencia de las empresas que como consecuencia del fenómeno de la globalización deslocalizan parte de sus operaciones movidas por las ventajas comparativas que ofrece un determinado país, el ‘ser-así’, al deslocalizar la responsabilidad – si no puedo o nada depende de uno mismo- no obtiene beneficios esenciales, a lo más consigue como prebenda evitar los costos inherentes al acto de decidir y emplazarse en una acomodada posición de espectador. Quien permanece espectador no saboreará el premio por el éxito ni el dolor por la derrota porque no le interesa transitar por el sendero que a ellos lleva. La vida sin la sazón de la alegría y de las contrariedades es una vida replegada, detenida que por plegada no tiene una finalidad, un sentido por el cual luchar.

          La libertad no es solamente capacidad para la libre iniciativa también implica la dimensión del deber.  El deber se hace tarea porque la persona es responsable.  Por tanto, cuando la responsabilidad personal se esquiva, entonces, ¿Quién inicia? ¿Quién aporta? ¿Quién decide? ¿El sistema? ¿El Estado? ¿Los medios de comunicación? ¿El mercado? Da igual. La consecuencia es la demarcación del vivir: no vivo por mí, soy vivido por estos ‘otros’. La  persona enajena su autoría en el gran privilegio de responder por el mayor bien recibido: su vida.

MODOS DE CONVIVIR EN LA ESCUELA

Edistio Cámere

Los modos en que se experimenta la convivencia según Sáenz, O, 2000 ([1]) son: a) estar con otro; b) ser con otro; y, c) ser para otro. En conexión con el referido autor, intentaré mostrar que esos modos de convivir encuentran en la escuela un interesante ámbito para su desarrollo y concreción.

Esencialmente, en la convivencia va implicada la comunicación en un lenguaje que no se detiene en la formulación de mensajes o contenidos, sino que la trasciende para trasponerse en la órbita del , con miras a complementarlo en su condición de persona.

El estar presente en un mismo grupo y espacio físico, no solamente contextualizan ‘un encuentro’, sino que dan pie al establecimiento de relaciones cuya fuerza y continuidad la reciben de la coincidencia del coexistir en ese grupo y lugar determinados. En esta forma de comunicación – que tiene en la convivencia su curso natural de expresión – se aprende a reconocer el esplendor de la novedad y de la originalidad de la presencia de los ‘otros’.

El estar con otro como acción consumada ha supuesto vencer los muros del aislamiento; de no querer estar solo. En la escuela, la soledad no es elección voluntaria. De ordinario la sensibilidad de los alumnos y los objetivos comunes (aprendizaje, recreos…) abona en favor del estar con otro. Por eso, cuando a un alumno se le margina o se le excluye de los juegos comunica sus temores salvaguardando su existencia. Para ese alumno, el coexistir en una comunidad deviene en carga pesada de la que busca librarse: está, pero no-con, sino irremediablemente sorteando el en-con-trarse con sus pares.

La promoción para la convivencia con el otro, jalona una condición inestimable: que reine un ambiente de paz en la escuela. No aquella que se consigue sobre la base de un autoritarismo que ahoga el florecimiento de la singularidad y creatividad; tampoco aquella paz lograda a costa de un equilibrio precario entre grupos que marcan su ‘territorio’ y el ritmo de las actividades escolares, frente a los cuales se termina cediendo y concediendo para evitar las secuelas de un desgobierno. Por último, la paz no debe ser consecuencia de “aguar” la enseñanza-aprendizaje – cometido que conlleva no pocas dosis de esfuerzo y exigencia- para acomodarse con la visión que sostiene que ‘el cliente tiene la razón y en su complacencia está el éxito de una escuela’. Enajenar la propia naturaleza e identidad no es camino seguro hacia una paz duradera.

El estar con otro implica también la “apropiación de nutrientes de la vida psíquica – saberes, creencias, ideales, lengua, conducta, tradiciones – que las obtiene el hombre principalmente, aunque no exclusivamente, por inmersión, por impregnación en esa papilla afectivo-cognitiva que es el glacis social” (Sáenz, O: 2000). La inmersión aludida avoca, en primer lugar, la presencia de una cultura que desde el proyecto educativo o ideario permee todos los procesos de un centro educativo. Sin una cultura que de sentido e intencionalidad al discurso y a las actividades educativas no es posible la impregnación. “La única forma de comenzar a aprender cómo comportarse correctamente es ver cómo se comportan quienes me rodean y empezar a imitarles, atraído por el resplandor que la conducta recta lleva consigo” (Llano, A. 2003). Más que forzar un modo uniforme de realizar las operaciones y las actividades educativas, se trata de vivir y convivir en unidad con la cultura del centro; justamente, su adhesión operativa por parte de los directivos y docentes la valida como una propuesta cognitiva y afectiva bien recibida por los alumnos.

De otro lado, es necesario que el corpus de los saberes esté ordenadamente estructurado para que se trasmitan: a) dosificadamente atendiendo las edades y periodos evolutivos de los alumnos; b) con oportunidad y eficiencia: actividades planeadas y preparadas. Igualmente el conjunto de normas y reglas deben caracterizarse por ser sencillas, concisas y concretas en su formulación, habida cuenta que su principal propósito es servir de guía para la promoción de una convivencia en la que sea posible a los alumnos el estar con otros. No menos importante, es la atención al ornato y a la estética de los espacios más frecuentados por los aquellos. Un espacio en donde se advierta orden y buena disposición de las cosas entre sí, contribuye asimismo a la configuración de un clima sereno, pacífico y tranquilo.

Un ambiente de tal fuste se convierte en una especie de sustrato conectivo que hace más asequible a sus integrantes establecer lazos recíprocos y a experimentar el modo de convivir estando con otro. En cierto sentido, ‘el orden y cultura establecidos’ limpian la maleza tejida de desconciertos, de inseguridades, de conflictos… para dar paso al florecimiento de un vasto jardín en que es posible la coexistencia entre quienes allí coinciden. En la escuela, es educativamente vital, promover el saber estar con otro, pues en la relación con sus pares, los alumnos aprenden a conocerse a través “de la imagen que de sí mismos reciben reflejada en otros” (Sáenz: 2000). La imagen que uno proyecta de sí mismo es confirmada, corregida o incrementada gracias a los aportes comunicados mediante el contacto interpersonal. La autopercepción se nutre de la respuesta que emite el otro sobre la base de su particular y personal interpretación que suscita la imagen de un par. En un salón de clases, por ejemplo, el alumno se revela sin cesar a la mirada de sus compañeros y cada quien desde su óptica, lo que capta e interpreta contribuye a la configuración de la imagen que uno se forma y tiene de sí mismo. Sigue leyendo