LAS CIFRAS Y SENTIDO COMÚN

Edistio Cámere

El año 2008, en la educación básica regular (EBR) de régimen público habían matriculados 6’125,456 estudiantes. El año 2016 el número de matriculados disminuyó a 5’746,098, es decir que en ocho años la educación pública perdió 379,358 alumnos, (47,500 alumnos por año). En cambio, el sector educativo privado, incremento el número de matriculados en 455, 677 (57, 000 estudiantes por año). Es decir, paso de 1’ 528,161 alumnos matriculados en el 2008 a 1’ 983,838 en el 2016. Estas cifras recuperadas – vía internet 2017 – de ESCALE, unidad de estadísticas del Ministerio de Educación del Perú (MINEDU), permiten elaborar las siguientes conclusiones:
a) Suponiendo hipotéticamente cada escuela tenga 2000 alumnos matriculados, quiere decir que en estos 8 años la EBR pública ha debido cerrar 190 escuelas, es decir, 24 cada año. Lo que debería implicar también la reducción o reubicación de docentes, administrativos y personal de mantenimiento.
b) En el caso de la educación básica regular privada, supuesta una población de 1500 estudiantes por centro educativo, se han debido de crear casi 303 (38 cada año) escuelas de esa magnitud para atender tan solo a quienes dejaban los servicios educativos estatales sin tomar en cuenta aquellos que directamente eligen colegios privados.
c) El año 2008, el número de docentes que trabajaba en las escuelas públicas fue de 287,505 y el año 2016 se elevó a 342,346 profesores. En ocho años se incorporaron 58,144 – 6,855 cada año – nuevos docentes al sistema estatal.
d) En cambio, en el caso de la educación privada, en 8 años el número de profesores ha crecido en 25,466, casi 3,833 por año. Las escuelas privadas el año 2008 contaban con 125,954 y el año 2016 con 151,420 docentes.
e) En el ámbito estatal, para el año 2008 la ratio un profesor por cada 23 alumno. Luego de ocho años la relación es de un docente por cada 17 discentes. En ese mismo periodo, la escuela privada comenzó con una relación de un docente por cada 12 alumnos y terminó el 2016 con 1 profesor por cada 13 alumnos. El origen del descenso en la escuela pública fue el incremento de los docentes y la disminución de alumnos. Mientras que en la escuela privada, es el incremento del número de estudiantes lo que modifica el coeficiente.
Comentarios:
1.- No se entiende la razón por la cual el sistema estatal pone trabas, controla y no promueve con procedimientos ágiles, la iniciativa privada. Los números presentados que tiene como fuente el Ministerio de Educación predican a las claras una gran demanda insatisfecha que busca educación no estatal.
2.- La Educación básica regular estatal al 2016 tiene menos alumnos matriculados que hace 8 años; más docentes; pide más recursos económicos para el 2018, porque dicen que la solución es mayor inversión.
3.-Si dividimos el número de alumnos matriculados entre el número de locales escolares estatales de la EBR: encontramos que cada centro educativo tiene 110 alumnos.
¿Es un problema de capacitación? ¿De recursos económicos? ¿Del cambio climático? O como apunta Vladimir Putin ¿Será un problema de sentido común y aceptación de la realidad?
Las APAFAS
Mención aparte merece la finalidad y el aporte de las Asociaciones de padres de familia (APAFAS) en las escuelas públicas. El artículo 15 de la ley N° 28628/ 24-11-2005, dictamina que los recursos de la APAFAS los siguientes: La cuota anual ordinaria y la extraordinaria así como las multas que se imponen a sus miembros, debidamente aprobadas por la Asamblea General. El monto de la cuota ordinaria no puede exceder del 1.5% de la Unidad Impositiva Tributaria (UIT), vigente a la fecha en que se realiza la Asamblea General respectiva.
Por su parte, el artículo 16 define que los ingresos se utilizarán para colaborar con:
• El mantenimiento y reparación de la infraestructura física;
• La conservación y refacción del mobiliario escolar;
• El equipamiento e implementación de tecnologías de información y comunicación;
• La realización de programas de capacitación para sus asociados, poniendo énfasis en las escuelas de padres; y,
• La adquisición y mantenimiento de materiales educativos, lúdicos y deportivos.

Una rápida lectura de los artículos mencionados afirma la buena voluntad del Estado, pero en su aplicación observamos el desconocimiento (o miopía) de la realidad. Partamos del siguiente ejercicio:
El año 2016 el 1.5% de una U.I.T fue de 59.25 soles. Ese mismo año, los alumnos matriculados en las escuelas públicas fueron 5’746,098. Si quisiéramos saber el número de familias aportantes a las APAFAS, asumamos la hipótesis de 3 hijos por familia, en este escenario, el conjunto de familias aportantes sería 1’915,366 y su aporte económico ascendería a 113’485,435.50. Para ese año, ESCALE reportó que en el sistema público habían 52,169 locales escolares, por tanto, cada colegio debió de recibir 2,175.34 soles. La pregunta es ¿Qué se puede hacer con ese monto al año en un colegio y cumplir con lo indicado en el artículo 16? De otro lado, aquellos ítems considerados ‘obligación’ de un APAFA competen al promotor de la escuela ¿Quién es el promotor de las escuelas públicas? El Estado.

 

 

 

CORAZÓN INTELIGENTE

Edistio Cámere

En cierta ocasión un amigo me dijo: “participación, liderazgo, paz, justicia, servicio,… promovidas desde la escuela suena bonito pero con una sociedad como la actual contraria y difícil, casi casi se convierten en fantasía o en trama de un videojuego y de terror”. Comentarios similares suelen hacerse presente cuando una persona – joven, adulta o anciana – propone una iniciativa que modifica el statu quo del entorno o del interlocutor. Las respuestas suelen ser lógicas pero tienen una particularidad acentúan los ‘oscuros’ de tal manera, que al omitir los ‘claros’ la realidad asoma inmodificable y como tal, se abren dos caminos: la pasividad o la quimera de los cambios estructurales sin el aporte de los hombres en lo cotidiano.

Sin duda, comentarios como ese desaniman por sus consecuencias, más todavía si quienes lo escuchan son los hijos o los alumnos. Sin embargo, una cosa es cierta. Entre el hombre y la realidad existe una conexión originaria, posible gracias a esencial apertura de la persona y a la condición inelegible y la bondad de la realidad. En otros palabras, la realidad se comunica con su ser-así y el hombre le responde desde su índole racional. El entorno o realidad no está compuesto solo por cosas materiales también y sobre todo, por personas, por lo tanto, los cambios – en atención a su conexión originaria con la realidad – tienen que ser invitados a participar. Lo interesante es que en pleno ejercicio de la libertad no pocos se excusarán, otros sí se sumarán. Las alternativas y las elecciones no representan un defecto de la sociedad: la libertad es una misteriosa cualidad de la persona que tiene que ser eficazmente gobernada.

Así las cosas, aun escuchando voces agoreras, buscar lo central hará que aquellas no nos desanimen. Salomón fue un rey que gobernó con arte y sabiduría al pueblo de Israel. Cuando fue ungido monarca era joven e inexperto. En cierta ocasión, Dios se le apareció y le dijo: ‘pídeme lo que necesites que yo te lo concederé’. Salomón consciente de su realidad le solicita que le conceda un corazón comprensivo para juzgar y para saber discernir entre el bien y el mal. Pudo requerir: la derrota de sus enemigos; quizá abundantes riquezas; muchos años de vida; copiosas cosechas… ¿Eran estás demandas centrales para gobernar? ¡Imagínense un rey caprichoso y tirano que viva 100 años! Salomón pidió un corazón para escuchar, acoger, comprender y querer pero también solicitó inteligencia para conocer la realidad, a las personas y decidir con sabiduría y prudencia: le fue concedido un corazón inteligente para gobernar.

Aun podemos encontrar un consejo más del sabio rey. No solicitó solamente un gran corazón: consecuencias, un gobierno sellado por la emotividad, el capricho, la vanidad, el permisivismo; tampoco, se inclinó por la pura inteligencia: el signo de su mandato hubiera sido, el autoritarismo, la soberbia, el desdén y el rigor de la ley.

El arte de gobernar, no se limita a los funcionarios públicos o a los CEO de grandes corporaciones; ese arte alcanza a todos que tienen la responsabilidad de otras personas: papás, profesores, policías, enfermeros…y un gran etcétera. Bajo la consigna No uno sino muchos líderes, el corazón inteligente es bandera para mover al cambio.

Conclusión: primero, orden en las ideas, en las necesidades y en los recursos; Segundo: abrirse a la realidad para conocerla y advertir lo bueno que tiene; y, tercero, escuchar, acoger, tener paciencia y motivar con quienes compartimos, solo así lograremos ir en pos de ideales junto con otros. De la atenta escucha se constata la riqueza, la singularidad y las iniciativas de las personas con la que se integra el mismo ámbito y deseos.

 

CARTA A UN MAESTRO

Estimado Jorge desde hace tiempo estoy intentado ponerte unas líneas. ¿Excusas? Las tengo y las puedo presentar… Aun así aquellas no han abatido mi deseo de escribirte. A propósito, es interesante hacer notar que entre el querer y el poder se definen muchas conductas. Yo quise pero no pude, es una versión socialmente aceptada aunque no sea cierta. Mientras que pude pero no quise, siendo verídica, no es fácilmente digerible.

Desde el momento en que se me cruzó por la mente el escribirte, ¿En cuántas ocasiones no pude y en cuántas, en efecto, no quise? El no-querer en un determinado momento no predica renunciar definitivamente a ejecutar lo planeado. Lo ordinario es que el no-querer equivalga a postergar… a veces sine tempore. Lo postergado pierde vigencia ante la presencia y fuerza de una nueva oferta aun cuando ésta no sea mejor. Ante una compromiso incumplido uno puede justificarse insinuando: ‘me faltaron datos, creí que, pensé que; no obstante, la excusa no repone la acción no ejecutada y, ante el interlocutor, queda la sensación de que no ha querido cumplirla. ¿Confiarías nuevamente en esa persona? ¡Vale la pregunta!

También podría darse el caso contrario, es decir, querer pero no poder, por falta de recursos técnicos, de habilidades o de tiempo. El querer está relacionado con la capacidad de autodeterminación hacia algo valioso aunque suponga esfuerzo. El poder, por el contrario, conecta más con los medios o instrumentos, mismos que se pueden cambiar, intercambiar o modificar con vistas al fin perseguido. Sigue leyendo “CARTA A UN MAESTRO”

PENSANDO EN LOS QUE VIENEN DESPUES

 

Vivir la virtud de la piedad (la pietás). Agradecimiento a la familia, a la escuela, a la patria… respetando a las autoridades competentes, a su historia y a quienes precedieron y participando en la solución de los problemas más cercanos a uno. Conservar lo socialmente valioso recibido de las otras generaciones, de lo contrario se menosprecian la historia, tradición y la herencia cultural.
La paz social descansa en gran medida en la práctica de la piedad, que supone consideración por quien está constituido como superior, veneración al anciano, respeto del discípulo a su maestro, a quienes se les debe el honor, obediencia y servicio.

Laboriosidad. Su carácter virtuoso de la deriva de la obligación de trabajar que incumbe a todo hombre. Con el trabajo se mejoran las dimensiones fundamentales de la personalidad humana, se cumple con la misión de contribuir al crecimiento y progreso de los demás.
Laboriosidad es trabajar con esfuerzo y de forma positiva. ¿Qué se gana con las quejas ante las dificultades de toda índole? Nada. Solo desaliento y desánimo. Cuando se trabaja con motivación, en positivo, no hay dificultad insuperable. Quien es laborioso no tiene tiempo para quejarse, pues sabe que las “obras son amores y no buenas razones”.
Laboriosidad es trabajar con constancia. La flojera y la pasividad son sus principales escollos. La reflexión y la acción tenaz son herramientas indispensables. La laboriosidad es una virtud que exige metas y objetivos concretos para no perder tiempo ‘contemplando’ los problemas sino en empeñarse en encontrar las soluciones: ¿Qué se puede hacer? ¿Qué medios se van a poner? ¿Qué soluciones se van a ofrecer? La pereza no se define tanto por el mero no hacer nada, sino que no se hace nada por la tristeza que supone el esfuerzo a invertir para alcanzar un bien.

Tono humano . Se puede definir  el “tono humano” como el estilo del carácter propio del hombre que se refleja en las formas de conducta, individualmente considerada o en sus relaciones de convivencia. Así, cuando una persona sabe respetarse a sí misma y a los demás sin hacer mal a nadie, atendiendo a las personas que le rodean, creando un clima afable en su propio entorno, decimos que esa persona tiene un tono humano alto.
El tono humano se manifiesta principalmente:
A) En cuanto a la propia persona: en la conducta, el lenguaje, los modales, la forma de comer y de tratar a otras personas, así como la aplicación de lo apropiado en cada circunstancia y ocasión. Para ello son necesarias las virtudes de la limpieza, el optimismo, la autodisciplina, la naturalidad, sencillez, sobriedad, templanza, fortaleza, prudencia y justicia.
B) En cuanto al trato con los demás el “tono humano” se refleja en el saber tratar a cada uno teniendo en cuenta su dignidad, la amabilidad y delicadeza, comprensión y respeto con el que se desarrollan todas las relaciones interpersonales, la práctica de cortesía, educación y respeto para los demás; la forma de crear un ambiente agradable y delicado, adaptándose a las costumbres y tradiciones de la sociedad.

Edistio Cámere

EN DEFENSA DE LA LIBERTAD DE ENSEÑANZA

Es un tributo de la libertad el obrar en consonancia con el conocer, pero la responsabilidad tiene que morigerar la tentación de convertir ‘mi realidad’ en una suerte de ‘ley’ o ‘costumbre’ obligatoria. En esta línea, es lícito que el Estado presente y sustente su visión acerca de la realidad pero es arbitrario que la quiera imponer basado en la fuerza del poder o de la presión mediática. No siempre son ideas las que busca introducir forzosamente en las diversas instancias sociales. Ocurre a veces que desde el poder público – con buena intención, no me cabe duda – se pretende extinguir definitivamente algunas conductas cuestionables desde el punto de vista ético y moral, sin reparar en los daños colaterales que se originan: a) se atropella o desconoce la realidad; b) se afectan los principios fundamentales de la persona, y como consecuencia, se impone una antropología alternativa o una nueva visión del ser humano en el intento de extinguir una determinada conducta.

Sea de un modo u de otro lo que importa es formalizar y extender la nueva antropología de manera que se arraigue y se legitime socialmente. Esa finalidad encontrara cauce en la escuela que representa un eficaz medio para la difusión de ideas a través de los planes de estudio, de su cultura y de sus actividades…obviamente, siempre y cuando se consiga ‘elevar a la categoría de política nacional’ esa nueva visión; de lo contrario, sería inviable conseguir el agazapado propósito de generar un pensamiento único.

libertad de enseñanzaSi se ‘enseña’ en las escuelas como axiomas conceptos sin arraigo ni conexión con la realidad, la docencia se tornaría ideológica y al extremo autorreferencial. La primacía del querer sobre la razón, de la subjetividad sobre la objetividad, del capricho sobre el ‘deber ser’, del individualismo sobre la solidaridad, de la palabra sobre la realidad…son todas expresiones de una especie de voluntarismo que se deriva del no reconocimiento en la práctica de la libertad de pensamiento.

El voluntarismo construye realidades y las pretende universalizar. El concepto desgajado del objeto real, encuentra en la voluntad y, ésta en la palabra, el medio fuerte y flexible para configurar una suerte de superestructura lingüística con capacidad de dar categoría de ‘universal’ a comportamientos, opiniones y sentimientos particulares. “No sólo la realidad se construye a través del lenguaje sino que las identidades y la subjetividad también y que éstas se pueden cambiar, negociar a través del lenguaje” (1) “Me parece”, “me gusta”, “lo quiero”, “soy así, es mi vida”, “así lo siento”… se han convertido en argumentos incontrovertibles ante la razón y la lógica.

Los conceptos (2) se adquieren a partir de las cosas reales y concretas mediante el proceso de inducción espontanea (formación de conceptos) y a partir de atributos de criterios recibidos, mediante su relación con ideas pertinentes establecidas en la estructura cognoscitiva. Es decir, aparecen sin necesidad del contacto directo con las cosas, sino simplemente a partir del lenguaje descriptivo o explicativo (conceptos por asimilación) (3) Ambos modos ocurren en la etapa escolar. No obstante, la asimilación de conceptos está sujeta a errores, pues depende del lado del alumno: de la madurez de la estructura cognoscitiva y de su nivel de conocimientos; del lado del docente: de la forma cómo en su momento se apropió de los conceptos y del modo cómo los trasmite.

El voluntarismo que puede vestirse con diferentes y variados atuendos: subjetivismo, individualismo, constructivismo ontológico, ideología de género, relativismo… afecta la centralidad de la escuela: la enseñanza y trasmisión de conocimientos. Si los conocimientos se adquieren al margen de la realidad, a costa de lo que se quiera y sienta, las escuelas corren el riesgo de convertirse en centros de adoctrinamiento. Sin una razón o un porque razonable, ¿en qué se convierte una competencia? De otro lado, sin referencia externa, sin normas objetivas, la elección entre lo bueno y lo malo se determina por conveniencias o gustos. Más aún ¿sobre qué base se enseña en la escuela la ética y la moral?

La multiplicidad de escuelas promovidas por la iniciativa privada, no tienen como objeto competir con las de gestión estatal ni tampoco convertirse en los paladines de la calidad. Lo suyo es garantizar la pluralidad de filosofías educativas para que se elija – entre ellas – la que más convenga a los fines de cada familia; mantener activa y vigente la mentalidad y la convivencia democrática en la medida en que se respete y valore puntos de vista diferentes pero convergentes en el bien común de un país. Por el contrario, familias con pensamiento único aportarán a la sociedad ciudadanos alineados a lo que el poder de turno quiera.

Las escuelas no pueden ser tratadas como una suerte de laboratorios en donde se ensayen cada tanto ‘ideas felices’ pergeñadas por los gobiernos de turno. Las escuelas: los padres de familia, los profesores y los alumnos, merecen respeto y consideración. La imposición – voluntarista – de una idea o programa afecta radicalmente 1) a la exquisita naturaleza de las cosas, 2) a la dignidad y libertad de las personas; y, 3) a la esencia de las escuelas: la trasmisión de conocimientos y valores.

Digámoslo con fuerza, así como una o una docena de golondrinas no hace el verano, tampoco las conductas impropias de algunos promotores no anula ni un ápice, la existencia y aporte de la educación privada. La corrección de las malas prácticas debe ser pronta, severa y constante pero no tiene por qué atentar contra el principio de la libertad de enseñanza ni privar a la sociedad que se beneficie con la innovación y pluralidad que ofrece la educación privada.

Edistio Cámere

(1) Enkvist, Inger (2006). Repensar la Educación. Madrid: Ediciones Internacionales Universitarias. p. 83.
(2) ‘Concepto’, según refiere Pablo Sánchez, se podría definir como contenido intelectual que encierra atributos de criterio comunes que hacen referencia a cosas, situaciones, acciones, etc., y que se designa habitualmente con un símbolo.                  (3)Pérez, Pablo (2016). Una teoría educativa: aprendizaje y desarrollo personal. Vol. III, Piura: Universidad de Piura. pp. 22-23

 

 

LA TRIADA DEL DOCENTE

Además de una muy buena didáctica (capacidad de enseñar) y un buen gobierno de aula, considero que el querer, el afirmar y el corregir terminan por definir la categoría de un maestro.

1) El querer puede interpretarse válidamente de múltiples formas. Así, una de ellas se relaciona con la resolución, la motivación o disposición para educar. Desde esta perspectiva, querer tiene el sabor de ‘fidelidad’ porque no se contenta con asistir sino que se centra activa e ilusionadamente en el despliegue cotidiano del quehacer docente. Muy cercana a esta acepción aparece aquella conectada con la toma de decisiones y su inmediato correlato: la puesta en acción. La educación no es dejada a la amplia, difusa y miscelánea influencia del medio sino que el docente la direcciona y conduce en determinado sentido alineado al conocimiento del alumno y la visión de la escuela.

Querer también predica afecto cuya manifestación se evidencia, se valora e interpreta en la presencia o en el modo de estar. Lo ‘interior’ se externaliza en los gestos, en las miradas, en las inflexiones de voz, en la postura… con el cuerpo se comunica emociones, afectos también como respuesta a lo que el ‘otro’ suscita. El querer, no obstante, se expresa sólido y contundente en los actos de escuchar y sonreír. Escuchar, es centrar la atención en un quien, valorarlo y atribuir empáticamente la misma importancia a la narrativa que trasmite o cuenta. Sonreír, es comunicar, compartir el gozo que edifica el encuentro, el trato con una persona determinada; y, a nivel de grupo, la sonrisa revela ‘un estar a gusto’, de estar en el lugar – que por muchas razones – es el más importante en el que se tiene que estar para aportar con sentido y a largo plazo.

Por último, este marco en el que se encuadra el querer, para que sea educativo debe tener un claro destino: buscar y querer el bien. Esta benevolencia se nutre del tiempo, del intercambio personal y del conocimiento que se recaba del educando, en tanto implicado y participante de las actividades escolares curriculares programadas. Querer el bien significa procurar ‘ese’ bien particular propio de una persona, que es posible descubrirlo en una relación personal y capilar, pues sobre el bien universal de la enseñanza o de inserción en la cultura de la sociedad – concernientes de toda escuela – cada alumno tiene uno específico que –, en el tiempo, puede mudar de acuerdo a variables de todo tipo y cualidad- reclama de un preciso camino, de un arte en el andar y apoyo para conseguirlo. Por el contrario, una visión utilitaria que solo busca resultados, presume que existe un único bien para todos, por cierto, no es un enfoque errado, es estrecho.

2.- El acto de querer es condición para activar la práctica del afirmar. Su inicio es el reconocimiento, no el que deriva de la ejecución de una buena acción o de la obtención de un logro, sino de aquel que cala en el alumno al saberse y sentirse que ‘importa’, que no es uno más en la ‘lista’ o en la ‘fila’. Un factor que incide negativamente en el aprendizaje es la indiferencia y el trato pálido y gris en la relación docente-alumno.

El educando suele esperar aprobación, que lo ponderen pero sin que sea adulado usando ‘frases redondas’ que suenan bien pero que tienen el defecto de ser definitivas y uniformes. Definitivas porque no admiten la posibilidad de mejora ni la comprensión cuando se retrocede o se equivoca. “Al hombre no le es posible desarrollar todas sus potencias simultáneamente y en igual medida al igual que tampoco puede actualizar todas a la vez (…) El hombre se revela como un todo unitario en continuo proceso de hacerse y transformarse” ( ) precisamente esta realidad aboga en contra del uso de calificativos que no estiman la capacidad de autodeterminarse, del movimiento y de la progresión en el crecimiento de la persona.

El reconocimiento, la afirmación no se reduce a otorgar o no calificativos, también se expresa eficaz en esa mirada ‘cómplice’ que anima; en esa ‘palmada’ en el hombro señal que se confía en el educando; en esa conversación que se le descubre talentos o nuevos ideales; y, cuando más allá del mero reporte de las evaluaciones el docente es consciente que “el modo de ser propio de una persona se expresa también en formas que pueden seguir existiendo separadas de ella: en su letra (…) en todas sus obras, y también en los efectos que ha producido en otros hombres” y, por tanto, el docente tiene como tarea principal “comprenderlos: penetrar en la individualidad por medio del lenguaje de esos signos” ( )

La afirmación como ejercicio es siempre relevante, sin duda alguna. Pero su incidencia – profunda y omniabarcante – en toda la persona está en directa relación con la ascendencia. La autoridad y el prestigio del docente tienen la certeza de la credibilidad y el atractivo de la inspiración.

3.- El corregir no es una práctica buscada ni gustosa, se le omite o se le escamotea sin mayor rubor. Su fuente de inspiración está en la benevolencia. Con la corrección no se busca satisfacer las demandas, deseos ni gustos, tampoco los propios del docente, sino las necesidades realizando actos que promuevan el crecimiento y desarrollo del educando. Poner orden cuando sea menester y ‘rectas’ las conductas, es una manera precisa y concreta de mostrar afecto. ¿De qué otro modo se puede llamar al hecho de correr el riesgo de recibir por respuesta una mala cara, unas palabras hirientes o un afilado silencio, tan solo para buscar lo mejor para el otro?

El docente que corrige es magnánimo respecto al proyecto vital del alumno, porque cree en sus posibilidades y capacidades y, en lo que a él le competa pondrá todos los medios para que aquel no sea menos de lo que puede llegar a ser. Corregir implica creer y apostar. Al señalar una equivocación o un mal comportamiento, se ilumina la inteligencia al proporcionar argumentos o razones que expliquen la validez de su inhibición; se modela modos y se amplían nuevos horizontes para hacer las cosas bien; se le permite reivindicarse ante sí y ante los demás, es como si se diera la oportunidad de ubicarlo de nuevo en el partidor para volver a intentarlo. Sin duda, el corregir es un acto que mira al futuro del alumno y al bien común de la sociedad.

Si para afirmar se pedía ascendencia, la corrección solicita del docente coherencia que no impecabilidad, sino el patente esfuerzo desplegado en actuar y pensar en concordancia.

Edistio Cámere

 

 

 

Capacitación y Formación Docente

capacitacion-docenteLa formación de los integrantes del claustro de docentes – incluyendo directivos – es clave en una escuela, pero para nuestros propósitos conviene distinguirla de la capacitación. Ésta apunta más al incremento de la suficiencia técnico-pedagógica, que representa el ‘patrimonio’ con el cual el docente se presenta y ejerce su quehacer en un colegio. A mi juicio, el centro educativo tiene que alentar y promover la capacitación más no debe ‘reemplazar’ sino más bien acoger y patrocinar a quienes muestran interés. Un modo en que se revela la ilusión profesional es precisamente la motivación mostrada por capacitarse. Capacitarse, sin embargo, no supone la asistencia a centros de estudios superiores ni la acumulación de títulos universitarios – por cierto, que obtenerlos no es cosa de poca monta – es más bien, una actitud de estudio y análisis frente a las situaciones ordinarias que el ejercicio de la profesión conlleva. ‘Pararse a pensar’ frente a un suceso o conducta implica: a) romper con la rígida práctica del ‘siempre se hizo así’; b) la configuración y cierre de un círculo virtuoso: la teoría se ajusta a la situación y/o a la persona; c) la experiencia incorporada como consecuencia de los resultados obtenidos es rica, flexible y diferenciada; y, d) esta forma de proceder avoca de los directivos confianza en el docente y respaldo en las decisiones asumidas.

La formación, en cambio, se entronca con la visión, principios y valores (Ideario, también se suele denominar) que tiene la escuela y, con el hecho patente que con ocasión de la relación enseñanza-aprendizaje comparece la persona del alumno. La reflexión de las implicancias teórico-prácticas de franquear esa función o ese rol no tiene que ser tarea solitaria del docente, es competencia de la escuela conducirla y abonarla con argumentos. De otro lado, a toda escuela le puede interesar configurar un estilo, un talante que la distinga de las demás o de sus más cercanas competidoras. El modo de ser se forja mediante la adhesión libre de los docentes a los principios de su escuela, de tal manera que en su habitual comportamiento y con respeto a la singularidad de cada uno, manifiestan ante los alumnos lo ‘fundamental’ del centro educativo. “La eficacia de un centro no proviene solo de la eficiencia de uno de sus componentes, sino de un equipo integrado, en el que mutuamente se potencian sus componentes” (1) Sí como decíamos líneas arriba, con ocasión de la enseñanza-aprendizaje comparece la persona del alumno, ahora, tendremos que decir que, con ocasión de la conducta y actitud del docente comparece ante el alumno el ideario del colegio.

El docente trasmite conocimientos pero no agota su dimensión educativa en la enseñanza, se dispone a educar desde su ser personal, por tanto, la formación, también debe conducir al crecimiento y despliegue de sus talentos. Los talentos por tener un carácter social se orientan al crecimiento recíproco: aportan al crecimiento de los otros y, a su vez, los talentos de aquellos contribuyen a la propia mejora. El incremento de las propias capacidades depende de los demás: 1) En tanto que sus limitaciones y dimensiones se perciban como oportunidades para descubrir nuevos matices o perspectivas en los talentos propios; 2) En la medida en que se recibe un bien del que se carece y que es suministrado por otra persona que posee un talento mediano o al no tenerlo cuando la ocasión lo amerita, acicatea para ser adquirido o a mejorar su despliegue.

La unidad de una escuela no radica en ‘hacer todos, las mismas cosas y del mismo modo’, más bien, la unidad reside en querer los mismos principios educativos, expresados máximamente en procurar la mejora del alumno como persona. Lo cual se logra a través de una cálida, atractiva y sustentada formación docente.

Edistio Cámere

(1 )Mañu, Manuel, 1999, Equipos directivos, Rialp, Madrid, pág. 79

El docente cabalga en una sociedad sin rastros

Un nuevo año escolar ha comenzado y, junto con él reaparecen los mismos viejos desafíos para el docente, pero con un nuevo sentido. Viejos porque los comportamientos y tendencias colectivas de los alumnos se repiten con asombroso parecido; novedosos porque cada alumno vivencia de modo particular sus experiencias escolares, toma sus propias decisiones ante situaciones que afectan a todos y, finalmente, nuevas porque cada día el estudiante reestrena su libertad para orientarse a crecer y ser mejor persona.

El docente interesado en educar o con una vocación bordada con trazos firmes no encuentra eco ni apoyo en la sociedad. Habrá que decirlo con todas sus letras: “Cuanto más trabada y descompuesta esté la sociedad mayor deberá ser el esfuerzo, entrega y creatividad del docente en el ejercicio de su quehacer”. Ciertamente, no me refiero a la enseñanza en sentido estricto (trasmisión de conocimientos), me refiero a que la función del docente también incluye la orientación; es decir, proponer un norte, una meta a la que el alumno pueda adherirse libremente, que tiene que ser acompañada por argumentos y modelos que, gracias a su coherencia y ejemplo hagan más atractivo y transitable el camino que lo lleva hacia ese norte.

Quienes por función, por encumbramiento, deberían mostrarse como guardianes de los valores, el orden y la justicia social, se convierten en paladines de la práctica del ‘fin justifica los medios’. Los errores, las equivocaciones, las faltas no son excepciones en la vida ordinaria: la debilidad y fragilidad humanas son sus causas. Frente a aquellos, bien cabe la comprensión y el respeto lo que no implica, desde mi perspectiva, contemporizar con el error.

Desde una óptica educativa es contraproducente que, ante una conducta impropia o un error, se le enseñe al alumno a ‘rasgarse las vestiduras’ sorprendido ante tamaña trasgresión como si los jóvenes fueran privilegiadamente impolutos o marcadamente ilusos, creyendo en la existencia de la bondad natural en el hombre. También contraviene a la formación que el alumno advierta que: a) las faltas que otros cometen quedan impunes; b) solamente son acusados ante el poder judicial cuando trasgreden la ley mayormente ciudadanos de a pie, mientras que quienes ostentan cargos públicos o socialmente reconocidos, suelen ser liberados por “falta de pruebas concluyentes”; c) estén comprometidos en casos de corrupción o involucrados en escándalos funcionarios de gobiernos locales, regionales y nacionales de quienes, por el contrario, se esperaría que promuevan el bien común en sus respectivas jurisdicciones; d) Si quienes tienen el deber sagrado de conducir al país hacia el desarrollo con paz, delinquen impunemente, la figura de la autoridad – por extensión – en todas las comunidades u organizaciones tiende a perder su sentido y finalidad, en consecuencia, la sociedad empieza un proceso de descomposición sin retorno; e) Sin referentes sociales que encarnen ideales o valores se torna menos creíble caminar por la vía de las “buenas costumbres” (“¿Si mis, autoridades lo hacen qué razones tengo yo para inhibirme de hacer – en mi entorno – lo mismo?”)

Esta situación que caracteriza al sector más influyente de la sociedad, que contamina y afecta su dinámica, deja entre paréntesis a los colegios, sin norte, porque cuestiona de cuajo sus principios educativos. Sin embargo es esta misma sociedad la que, a través de sus instancias oficiales, se mantiene impertérrita exigiendo resultados en infraestructura y en el uso intenso de tecnologías al margen de la educación de los valores y la búsqueda del bien y la verdad.

La escuela no es un coliseo al que acuden los alumnos para ejercitarse ‘mecánicamente’ con miras a mejorar mi ‘marca’. No. El colegio es un lugar donde se trasmite conocimientos, se forma el criterio y se ayuda a bien querer mediante una acertada toma de decisiones.

Tenemos que alzar la voz exclamando: ¡profesor no te des por vencido!. No es fácil educar en este tramo del siglo. Con la gracia, la creatividad y el profesionalismo que te adornan – usando, además, con solvencia los espacios que permite el currículo oculto- formarás alumnos que no solo sepan discernir lo bueno de lo malo, sino que también sabrán determinarse hacia el bien, sin perder de vista la importancia de la comprensión y del afecto con quienes se equivocan.

Edistio Cámere

LO QUE CARACTERIZA A UN LÍDER

lider

INSPIRACIÓN

 “Stefan Zweig, escritor austriaco, cuenta que cuando tenía 23 años, después de una apasionada conversación sobre pintura y escultura con su amigo Verhaere, fue invitado a la casa de Rodin, a la sazón, un artista sumamente prestigioso. Joven él, ante importante personaje, pasó la velada intimidado sin siquiera soltar palabra alguna. Ante su sorpresa, su timidez complació al escultor, que le propuso conocer su estudio. Al ‘sí’ entusiasta, le siguió una invitación a cenar.

Primera lección: Los grandes hombres son siempre los más amables.

Ese hombre, cuya fama llenaba el mundo, comía y vivía con la misma austeridad que un campesino.

Segunda lección: Los grandes hombres siempre viven de forma sencilla

Luego el escultor lo condujo a un pedestal cubierto por unos paños húmedos que escondían su última obra. Retiró los trapos y retrocedió unos pasos; al mirar la imagen advirtió un pequeño detalle que corregir. Avanzaba y retrocedía, cambiaba y corregía. Trabajó con fuerza y pasión, estuvo absorto durante una hora sin reparar en el joven Zweig que, silencioso, con el corazón encogido y un nudo en la garganta, estaba feliz de contemplar en pleno trabajo a un maestro único como Rodin.

Tercera lección: El escritor había visto revelarse el eterno secreto de todo arte grandioso y, en el fondo, de toda obra humana: la concentración, el acopio de todas las fuerzas, de todos los sentidos” (Aguiló, Alonso, 2006).

Así se aprende de los líderes sin que siquiera ellos lo adviertan. Rodin no hizo nada especial, se comportó con naturalidad, como era él. La interpretación es siempre personal y de ella nace un aprendizaje. ¿Que mantuvo focalizado a Stefan Zweig? El prestigio de Rodin. ¿Qué le encandiló? Dos cosas, 1) la sencillez de como llevaba su prestigio y, 2) lo imitable de su conducta. ¡En lo mío o con lo mío: puedo ser como él!

 

El HÁBITO DE VIVIR EN LA VERDAD

La poetisa rusa Olga Sedakova, que conocía a Juan Pablo II, dijo de él en una ocasión: Necesitaba algo personal de todo el que conocía […] Miraba a las personas con sumo interés y esperanza, como diciendo ¿qué cosas tan maravillosas vas a ayudarme a descubrir? ¿Qué regalo me vas a ofrecer? (Harvard, A. 2013, pág. 88).

Un objetivo a conseguir por parte del líder es atender y pararse a pensar acerca de la realidad, camino seguro para vivir en la verdad, en estricta relación con el corazón de su principal competencia: dirigir y animar a cada quien para que descubra, haga propia y realice su misión.

Desde esta óptica le corresponde explorar y reconocer la verdad de sí mismo y de los demás. Entre otras características a considerar destacan: a) nuestra condición de creaturas, hemos venido a la existencia no por acción o méritos propios. Tener vida significa hacerse cargo de ella para -como tarea-  llevarla a plenitud. Toda persona posee una dignidad y una grandeza que se conjugan con acierto y extensivamente: yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos; nadie, absolutamente nadie, escapa de ser titular de tan valiosas y apreciables notas.

Cada quien tiene talentos pero también defectos; el aprender a reconocerlos, aceptarlos y luchar contra ellos, hará posible que los primeros brillen más.

El hombre tiene un encargo que cumplir en su vida. Por tanto, una vez descubierto y definido, se tiene que procurar que guarde proporción con la dignidad; aprovechar eficazmente los talentos y reducir las desviaciones o retrocesos que las debilidades pueden ocasionar en pos de los objetivos. Por cierto, el encargo es irrenunciable y no intercambiable. A cada quien le compete sacarlo adelante.

Desde esta óptica, el líder se configura como un importante agente que, desde afuera, anima, orienta y señala el norte. Para ayudar, atender en lo que necesitan o precisan los demás, se requiere que un líder viva la virtud de la humildad, que le permita confirmar y ser movido racionalmente por la dignidad y la grandeza de las demás.

Más que gestionar las cosas o estar pendiente que se ejecuten o salgan, lo propio del líder es hacer que la gente crezca. El líder debe ser lo suficiente sabio para dar poder a los demás, permitir que ellos mismos, por sí y ante sí, se autodeterminen (Harvard, Alexander, 2013). Según el mismo autor, servir -esencia del liderazgo- implica más tirar de ellos que empujarles, enseñar más que ordenar e inspirar más que reprender. Si un líder presenta la agudeza sensible de descubrir la grandeza de los demás, estará en la inmejorable posición de procurar, de dibujar un abanico de alternativas orientadas a actualizar su potencial humano.

 

LA ACCIÓN Y EL TALENTO

 Reconocer el problema y dedicarse a actuar es quizá la acción de liderazgo más significativa que uno puede hacer” (Harvard, A. 2013, pág. 62). También, hacer factible que cada persona sea protagonista -actor- de su propio perfeccionamiento y sujeto dinámico en la consecución del bien común.

¿Cuál es el costo de una omisión, cuando no se decide o cuando no se actúa? El costo está en relación directa con el bien que deja de adquirir quien depende de uno. Una decisión certera abre alternativas que tienen sentido para el beneficiado confirmando el bien buscado, y es a partir de esa confirmación que -ordenada la conducta- se va al encuentro de otros y/o mejores bienes. Por el contrario, cuando no se actúa, se autoconfirma un comportamiento que traza un camino pero paralelo al bien ofrecido o buscado.

El carácter social y la diversidad de talentos sufraga al conjunto de personas que integran un pequeño, mediano o gran colectivo. Su condición de medio propicia su intercambio aportando simultáneamente al crecimiento de unos y otros. En efecto, las propias capacidades se dilatan ya sea porque uno es capaz de distinguir las necesidades de los demás, las mismas que se proponen como oportunidades para descubrir un nuevo matiz o perspectiva en aquellas, o porque se es receptor de un bien del cual se carece y el cual es aportado por un menor, medio o gran talento que no se posee.

La diferencia de talentos en las personas no solamente habla de diversidad de funciones sino también de personas que tienen muchas capacidades dentro de una comunidad. Su existencia debe ser aceptada, porque han de dar a la sociedad más de lo que deben recibir de ella. ¿Dónde está la ganancia? En su crecimiento personal que esto significa: poner muchas más capacidades al servicio de los demás (Pérez, Pablo, 2013).

En este sentido, es fundamental hacerse cargo de que en el cabal cumplimiento de la propia tarea -sea la que fuere- reside el aporte a los demás. Si por algún motivo los talentos no se despliegan de acuerdo a su naturaleza y al servicio de los demás, la persona deja de aportar, la sociedad se resquebraja, la armonía se pierde y el bien común es imposible (Pérez, P. 2013).

Del líder se espera que sepa dirigir y animar -con exquisita prudencia y respeto a la libertad-, a que cada quien descubra, haga propia y realice su misión. Solamente las necesidades de la persona y los requerimientos de la misión definen el tipo y duración del apoyo que se le debe prestar al interesado. En resumen, cuando se reemplaza y se quitan las responsabilidades a una persona, se le reduce su función por debajo de sus capacidades y competencias, no se toma en cuenta su preparación y se limita su desarrollo y crecimiento personal y profesional.

Edistio Cámere

 

 

 

 

 

 

 

A UN MAESTRO CON ADMIRACIÓN

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En el otoño de su vida encontró, abrazó y vivió para su vocación de maestro. La pasión por educar no se despierta – exclusivamente-  a temprana edad. Será porque no requiere fuerza ni agilidad física sino, más bien, de un corazón vibrante, capaz de sorprenderse ante ese  prodigio personal, que ocurre en todo acto educativo: la comprensión. Vibrar y sorprenderse, siendo palabras con rico significado, no alcanzan a definir el educar. Un corazón educador es el que pone ‘entre paréntesis’ sus intereses para centrarse en la búsqueda del bien de su alumno o alumna. Pero para dar con ese bien, lo primero es acoger, conocer y querer.

Hace pocos días, sorpresivamente murió un gran hombre y maestro: sus alumnos lo llamaban Profesor Gustavo. Este modo de referirse a él tenía el encanto de la fusión: recibía el reconocimiento a su tarea: profesor. Al tiempo que le exteriorizaban su cariño llamándole por el nombre que lo identifica, que lo distingue y que acoge. El profesor Gustavo con su presencia serena – ¡qué importante es no exagerar ante una travesura o ante un logro!- con su mesura y predictibilidad, convocaba e infundía en sus alumnos seguridad. Con su buen humor y su cálida escucha, que no es postura, es virtud, no solo conseguía que sus alumnos aprendan, también lo buscaban para conversar sobre la  visión e interpretación joven del mundo.

Así como un diamante se pule por la acción de otro diamante, una persona se hace tal por la palabra, ejemplo y afecto de otra persona. El profesor Gustavo supo aventurarse y asomarse con delicado respeto a la riqueza singular del mundo interior de sus alumnos, tocando los resortes que los impulsaban libremente en pos de sus ideales. Los jóvenes buscaban a Gustavo para conversar, a pesar que no era un profesor fácil con las notas. Era estricto pero justo. No era joven precisamente, no obstante, la brecha generacional, no era un obstáculo. ¿Qué lo hacía atractivo con sus alumnos? Sin duda, sus dotes naturales que descubrieron su apogeo en la docencia. Sabía confiar y no calificaba a sus alumnos cuando le contaban sus sinsabores o sus proyectos. Sinceramente los quería. Me consta. No pocas veces, me comentaba – sin nombres propios  – preocupaciones de sus estudiantes. Las tenía identificadas, les daba vueltas pensando hasta lograr con la alternativa de solución más conveniente. Al tenerlos pendientes, no tenía nuevas relaciones con sus alumnos, era la misma que continuaba con diferentes circunstancias o características. El profesor Gustavo supo integrar biografías en una misma historia. ¡Gajes del maestro que quiere el bien de sus alumnos!

El colegio Lomas de Santa María, donde laboró más de 10 años, – ¡qué tiempo tan intensamente fecundo! – con buen tino, le encomendó – estos dos últimos años- la formación personal de los alumnos. Dejó las aulas para dedicarse a la consejería y orientación. No muchos profesores tienen el privilegio de dedicarse de lleno a tallar fino el corazón y la mente de sus alumnos a través del trato personal. Para recibir este encargo se requiere una condición que el Profesor Gustavo satisfizo largamente: un exquisito respeto a la libertad de cada alumno.

Gustavo Vázquez Vázquez – entrañable amigo – se nos ha ido. La educación está de luto. No aparecerá en los medios de comunicación toda su labor desplegada. La tarea del docente nunca es masiva. Es incidente, impregna y cambia a toda la persona. El hombre actual es insensible, así como no le parece asombroso que una flor germine de una semilla, tampoco le sabe a prodigio que un alumno aprenda a autodeterminarse hacia su bien. Es cierto que la obra del Profesor Gustavo no llenará las páginas de los diarios,  pero si permanecerá llenando los corazones y las vidas de todos sus alumnos y colegas. Ellos llevarán y extenderán su presencia por doquier. Gustavo, has cumplido a cabalidad con lo que se espera de la docencia: escribir en la biografía de cada alumno. ¡Misión cumplida!

Edistio Cámere