EDUCACIÓN CON FAIR PLAY (2)

Edistio Cámere 

¿Los colegios son operadores tecnológicos?

Producida la suspensión de clases presenciales y el confinamiento social, como medida de salud preventiva, las comunicaciones de los padres de familia, son recibidas por una institución educativa cuya finalidad es educar y enseñar, actividad especializada en darle al  ‘conocimiento’  el  sentido pedagógico que respete las edades cronológicas y sus relaciones con otras áreas del saber. La emergencia sanitaria no ha cambiado la identidad de una escuela, que no es una empresa de tecnología cuyo propósito pueda ser lograr que sus usuarios naveguen por internet con celeridad y comodidad. Las plataformas o sistemas tecnológicos son instrumentos cuya metodología, protocolo de uso, entre otros, vienen dispuestos por quienes confeccionan los equipos y/o por quienes diseñan los programas y rutinas que permiten a la computadora realizar determinadas tareas. Toda una especialidad que requiere el sustento de conocimientos técnicos y científicos. Sin embargo, el saber prolijo y eficiente de un ingeniero de sistemas no lo acredita como educador.

A pesar de ello, la percepción, no verbalizada, que se va extendiendo con relación al servicio educativo es comparable a navegar por internet e ingresar a un buscador para que resuelva inquietudes o dudas, pero las que interesan, sin una finalidad pedagógica. Obviamente, bajo esta apreciación, cualquier pensión escolar será gravosa. El riesgo de esta emergencia sanitaria ha sido que a los colegios se les evalúe principalmente como ‘operadores tecnológicos’. Y, como tales, poco pueden argumentar a su favor. Sin embargo, no cabe duda que, los colegios se han visto espoleados a utilizar con experticia los medios tecnológicos. Queda y quedará un trecho aún que recorrer, es cierto, porque lo suyo es la educación presencial. ¡No han transcurrido ni dos meses desde que se postergó la fecha de retorno a las aulas y lo logrado, en cuanto a la utilización de entornos virtuales por los docentes, es encomiable!

Mientras dure la emergencia sanitaria, la educación tendrá que valerse de lo virtual para cumplir con sus objetivos y metas propuestas. Para comprender la denominada educación virtual, la incógnita que se tiene que despejar para calificarla es el sustantivo: educación, y, por extensión ¿quién educa y a quien se educa?  Precisamente porque se tiene una identidad, una misión, un fin, un saber, una cultura, unos valores…, los colegios y sus profesores han sido largamente capaces de remontar el reto de la tecnología. Y han sido capaces porque su apuesta y la de sus colegios ha sido y es su preparación personal y profesional, de manera que “cuanto más sepamos de una materia concreta, cuanta más rigurosidad y perfección logremos, cuanto más dominemos el oficio, cuanto mejores profesionales seamos, el uso inteligente de las nuevas tecnologías en provecho del ser humano será una feliz realidad”[1].

Insisto, la sustancia de la educación sigue siendo la misma, los instrumentos o canales han cambiado y merecen nuestra atención pero sin subordinarlos al fin. El juego es una activa forma educativa y de esparcimiento sin par para los niños. Estimula la socialización, la imaginación, la creatividad, el desarrollo corporal, la espontaneidad, el ingenio. Hoy en día, nadie obsequiaría a su hijo o hija un triciclo, bicicleta o scooter, por más que los considere necesarios para su crecimiento. Serían más recomendables los mecanos, las muñecas, los rompecabezas, los legos, entre otros, que consiguen que el niño juegue y desarrolle otras habilidades. La finalidad se mantiene, el instrumento cambia.

La educación escolar

La justa apreciación y calificación a la escuela tiene que ser la misma que antes de la emergencia sanitaria: como un lugar que educa y forma a niños y jóvenes. La educación escolar no es una aventura fragmentada; menos aún, una serie de acciones, actividades o movimientos inconexos y realizados al azar. Más bien, es un proceso temporal, concatenado y con la intencionalidad de ayudar al desarrollo de sus alumnos en sus facultades más humanas: la inteligencia, el querer y el elegir, ajustándose a sus necesidades, a sus dimensiones y a sus características evolutivas. Sin finalidad, objetivos ni sentido no se abona ni se siembra en favor del aprendizaje.

La educación escolar -aun en esta situación de emergencia sanitaria– presenta tres notas que la particularizan:
1.- La relación enseñanza-aprendizaje se sostiene porque lo que ‘pone’ el alumno y lo que ‘pone’ el docente guarda un equilibrio. El estudiante aporta sus capacidades, su interés, su disposición y su estudio. Mientras que el docente, desde fuera, ‘pone’ en común la verdad de una materia que domina con el propósito de que alumno se apropie e incorpore, respetando sus condiciones, de ese conocimiento. Ese intercambio de aportes se lleva a cabo porque el docente –al margen de los medios que deba utilizar– configura con versatilidad situaciones de aprendizaje que reclaman ‘trabajo de estudiante’; es decir, atención, concentración y su querer. En esta línea, “la adquisición del saber es un trabajo no solo porque supone el ejercicio de la razón para conquistar la verdad con esfuerzo, sino también porque se desarrolla en situaciones de trabajo”[1].   La presencia del docente no solamente configura, con criterio e intencionalidad, variedad de situaciones que armonicen el interés con lo interesante, sino que ofrece a la inteligencia del alumno el camino y la meta hacia dónde dirigirse, de manera que no se disperse y logre su incremento sistemático. “El más abrumador de los pesos para el alma es no saber qué es lo que hay que hacer”[2]. En efecto, en el colegio, su finalidad y sus profesores eliminan ese peso que abruma como consecuencia de andar a la deriva en materia de aprendizajes.
Concretamente, el rol que desempeñan los docentes se advierte en cuatro aspectos.
a) Ante la inmensidad, anchura y profundidad de los saberes o conocimientos, aquellos los acotan, los ordenan secuencialmente, los gradúan con arreglo a las dificultades, los hacen comprensibles y trasmisibles a las edades escolares.
b) Evitan la despersonalización en la recepción del conocimiento. Mas bien, procuran que el aprendizaje se ajuste a las necesidades, capacidades e intereses de cada alumno.c) Sin guía ni conductor que le señale el camino, el modo de andar, que gradúe los avances y priorice su ritmo, el alumno caerá en las fauces de la dispersión y el desánimo.
d) En la escuela, todo lo que llega al alumno pasa por la persona del profesor. El vínculo que se establece entre ambos es básico para el aprendizaje. El docente no simplemente traslada conocimientos al alumno, le comunica su relación personal, su esquema mental, su reflexión, análisis y síntesis, su forma de conocer y apropiarse de los conocimientos; todo ello le abrevia tiempo al alumno en la búsqueda y en el encuentro con su propio modo de conocer y de estudiar.
e) La relación con el docente tiene la virtud de verticalizar la instrucción. Atiende y dialoga acerca de los coloquios íntimos que tiene un alumno con una determinada materia, la que le descorre el velo de su atractivo y misterio.  El docente le descubre cualidades que, enunciadas ante sus compañeros, le incrementa su estima y confianza en sí mismo. En la relación alumno-docente, se cuelan miradas sobre el futuro, penas que se comparten, retos que se resuelven, correcciones oportunas, etc. En suma, en la educación escolar, el profesor ayuda al alumno en el discernimiento de su vocación futura. El docente –en palabras de Steiner, G.– enseña a ser cómplice de una posibilidad trascendente: la de crecer como persona.

2.- La escuela es un ecosistema del crecimiento personal.  Un alumno, desde que ingresa hasta que concluye su etapa escolar, está en constante crecimiento. Junto con el desarrollo de su cuerpo, facultades y cualidades, también crece su dimensión interior, el conocimiento y su afectividad. La naturaleza ha dispuesto con exquisita sabiduría lo que el niño puede y debe aprender y hacer en cada etapa de su vida. Por lo general, a los seis años se inicia con éxito la lectoescritura. Empezar no implica dominio; es, simplemente, una suerte de cortejo con las palabras. Nombrarlas y relacionarlas entre sí es el comienzo del proceso. Acompañar al niño en esta odisea es estimularle el gusto por aprender. Mientras que exigirle más allá de lo que naturalmente puede realizar es poner distancia entre el estudio y el desarrollo de su personalidad. Esta es una de las razones por la que la educación es un proceso que tiene que ser gradual en sus objetivos y metas, sistemático, con propósitos alcanzables en el tiempo y sensible a las características evolutivas y personales del estudiante. Todo proceso recepciona y considera la dinámica del crecimiento: “somos lo que somos en el momento presente, pero también lo que hemos sido y, en cierto modo, lo que debemos ser” (Redondo, E. 1999).

3.– Desde esta óptica y en atención al contexto de la emergencia sanitaria, la priorización curricular no resulta una mutilación al plan de estudios ofrecidos; todo lo contrario, implica un ajustarse a la realidad y por eso mismo un cambio de estrategia. Conviene enfocarse en el hoy y el ahora con miras a descubrir los nuevos aprendizajes que suscita la cuarentena en los alumnos. Trabajar la flexibilidad y la adaptación a nuevos escenarios junto con la fortaleza para descubrir y encarar nuevas oportunidades.
Pedirle resultados inmediatos a la educación bajo la especial circunstancia que estamos viviendo es desconocer que quien aprende es una persona que piensa, quiere, decide, se cansa, tiene defectos, gustos e ideales. También, implica olvidar que el hombre es un ser no terminado, que va logrando sus perfecciones en el tiempo, con avances y retrocesos. De aquí la necesidad de una ayuda exterior que lo sostenga, anime y enseñe. Esta realidad antropológica se ha pasado por alto -en esta emergencia sanitaria- porque, gracias a los rezagos del paradigma de los logros, se pretende que los colegios muestren resultados como consecuencia de la aplicación de los entornos virtuales. Cuanto más se insista en resultados que midan lo que el adulto quisiera y no lo que el niño sea capaz de alcanzar, el aprendizaje se mirará como una acumulación de conocimientos y no cómo un modo también de desarrollo de su personalidad.



  1. Álvarez de Mon, Santiago, Aprendiendo a perder: Las dos caras de la vida, Plataforma Editorial, Barcelona, 2012,  p.163.
  2. Castillo, Gerardo, Los padres y la educación de sus hijos, EUNSA, Pamplona, 1990, p.16.
  3. Guitton, Jean, “El trabajo intelectual” Ed. Rialp, Madrid, 1981. p. 48.

 

 

Querer lo mismo

Edistio Cámere

Lo vivido, las experiencias, los aprendizajes, las relaciones, etc. dejan sendas huellas en el interior de cada persona y, por extensión, en las capacidades y facultades utilizadas. El tiempo así expresado permanece. El hombre no puede detener el tiempo ni su vivir, mientras acepte vivir su vida, podrá sacarle partido al tiempo del que dispone.

La gradualidad en la realización personal y el ritmo temporal conversan, armonizan y se complementan, tanto es así que los actos que el hombre ejecuta: adquirir conocimientos, adiestrarse en nuevas prácticas, emprender proyectos, o establecer relaciones interpersonales, implican que en esas operaciones intervienen capacidades y disposiciones que al ser confrontadas o exigidas al inicio, durante y al final de una acción, son conmovidas al punto que en ellas, se introduce una suerte de novedad: la primicia de su mejora. Precisamente, gracias a esa mejora, dichas capacidades se reconfiguran, de manera que, están en presencia aptas y sincronizadas para abordar nuevas, similares o distintas operaciones con mayor eficiencia, pertinencia y celeridad, con lo cual, se consigue con mayor éxito aprovechar y hacer rendir el tiempo.

Aprovechar el tiempo supone la formulación libre y personal de objetivos, propósitos y finalidades que no remiten ni se aparcan en la acción. Sin un impulso o un sentido subjetivo o trascendente la perfección alcanzada por las capacidades podría estacionarse en la mera complacencia con los elementos que prohíja lo meramente útil o placentero. Un por qué, o un sentido es capaz de hacer sincronizar en la acción la presencia en acto de las cualidades requeridas en el tiempo del que imperiosamente se dispone.

La persona, en su condición de unidad autónoma determina sus propios objetivos y pretensiones, pero como no vive en solitario se nutre por afinidad, por imitación o por convicción de “otros” o de instituciones que le ofrecen la ocasión de desplegar sus capacidades y concretar sus objetivos. Es interesante advertir que, si bien, el trabajo dispone a la realización personal, tiene una clausula: no puede ser en cualquier lugar ni, de cualquier forma. ¿El salario percibido es suficiente? Su importancia no se minimiza, sin embargo, el dinero es un medio que remite a otros fines de distinta índole, que por lo general se satisfacen fuera del ámbito donde se consiguió.

De otro lado, cumplir una labor siguiendo a pie juntillas los manuales, los procesos o las rubricas instadas por una organización no parece encajar con la composición que configura acerca de desempeñarse en un puesto de trabajo atractivo y gratificante. Cuando no empatan – en lo sustancial, siempre existen divergencias – mis propósitos con los de la organización, el conflicto interior al inicio se esboza, con el tiempo se convierte en un cuadro en el cual el trabajar por dinero exclusivamente o repetir sin ilusión mecánicamente la misma tarea diariamente lo pintan con colores oscuros y grises y pocas sombras claras.

En la escuela

Querer lo mismo y rechazar lo mismo es la traducción de la máxima latina: “Idem velle, idem nolle” usada como expresión de sintonía: un pensar y desear en común, puede ser entre amigos, entre cónyuges, con un ideal, con un partido político, con una institución…etc. Precisamente, una que trasmite, que ‘contagia’ conocimientos, estilos de vida, juicios morales, criterios estéticos, valores, ideales y futuros pensados, relaciones interpersonales, y, un largo etcétera, es la escuela. Por tanto, el quehacer docente no sea agota en lo operativo y procedimental, en todo caso, ellos son una suerte de pértigas que lo lanzan hacia territorios macizamente humanos: las ideas, el pensamiento, el querer, el decidir, los ideales, las convicciones, los afectos y, sobre todo la libertad para autodeterminarse.

La relación profesor- alumno no predica neutralidad como, en rigor, ninguna relación interpersonal: en el extremo inferior se produce un intercambio de presencias y en el superior, un encuentro de intimidades. La edad del alumno y la recurrencia en el trato personal adiciona a la relación con el profesor el afecto, en sus distintas manifestaciones: cariño, admiración, benevolencia, simpatía…

Una relación que prohíja tales condiciones, sin duda, facilita la comunicación, acoge y centra su atención en la persona del alumno a la par que procura respetar su exquisita singularidad y libertad. Sin embargo, para que prospere y se mantenga en el seno de un centro educativo, sin menoscabo de las habilidades que de partida cuente un docente, debería ser formulada como política educativa, introducida en el plexo organizativo como cultura y, fundamentada con razones que: a) Tengan la fuerza y el cariz teórico como para iluminar la inteligencia, de modo que estructure convicciones, inferencias y pensamientos; b) que sea capaz de mover a la acción … y que en cadena atraiga con el ejemplo, actuar a otros ; y, c) que tengan el vigor para impulsar cuando el cansancio, la rutina y otras particularidades cotidianas afecta la intención y finalidad del quehacer docente. Dicho en modo educativo. El ideario o la visión que anima la escuela debería de ser de tal fuste, que un docente, mediando la materia que dicta, lo trasmita – con naturalidad y sin poses artificiales – con la palabra y con la conducta.

Para que el profesor quiera y rechace lo mismo tiene que existir coincidencia, no ciertamente en el modo de dictar una materia sino en los grandes objetivos que animan a la escuela y al propio docente. Con el desencuentro se corre un doble riesgo: afecta el propósito de realización personal del docente y, por defecto su labor profesional; y, del lado de la escuela, la continuidad y la vigencia vigorosa de su ideario o visión educativa. Desde esta perspectiva, el éxito de un colegio no solo debería medirse por los resultados cuantitativos: estos se obtendrán con creces si los docentes quieren lo mismo que la escuela.

La estrategia y el esfuerzo en la capacitación y formación de los docentes debería residir en el intento de asociarlos, de hacerlos coparticipes en el ideario. El tiempo invertido en discutir, reflexionar y comprender su contenido será valioso en tanto que, al hacerlo propio, con la versatilidad y expertise de la docencia podrán trasmitirlo y “contagiarlo” a sus alumnos. Querer lo mismo implica un compromiso profesional y personal que libremente se asume porque tácitamente se ha establecido una alianza en pro de un objetivo común. La búsqueda compartida de un mismo propósito premia al quehacer docente para que con autodeterminación profesional pueda reflexionar y decidir entre los medios que dispone para alcanzar los objetivos previstos. Y a la escuela la premia con la unidad de convicciones y quereres que la impulsan corporativamente.

 

 

HACER LAS COSAS BIEN

Edistio Cámere

En una investigación de campo realizado en alumnos del cuarto de secundaria [1] ante la pregunta ¿Cuál crees que sea el mayor problema de la realidad actual de nuestro país? El 53.50% señaló a la corrupción. Este porcentaje no solo refleja la opinión de los jóvenes, sino que da noticia de lo difundida que -como acción o práctica – está la corrupción. Hace tiempo dejo de ser un asunto reservado al poder judicial y exclusivo de los adultos: se ha constituido en un tema habitual en los diálogos de los ciudadanos de a pie y de los jóvenes. Este hecho da noticia de que ese fenómeno se ha incrustado en las costuras más profundas y sensibles de la sociedad peruana. En los hogares, en los cafés, en los centros laborales, en los barrios… etc.  se comenta acerca de sus perjuicios mientras que la prensa da cuenta de cómo se abre paso a medida que campea la impunidad. La desesperanza y la desconfianza se extiende en una sociedad fracturada y con instituciones endebles, por lo que las posibilidades de que la cultura reverdezca y recapitule para señalar criterios éticos y morales como guías para una convivencia pacífica y fecunda, son muy lejanas.

Con una cultura debilitada y la corrupción aderezando las conversaciones cotidianas ¿Qué hacer para combatirla? Un gran paso es reconocerla como un enemigo silente y multiforme que precisa de políticas y de políticos comprometidos con darle batalla sin tregua. Pero ¿desde la escuela que se puede hacer? Antes de intentar una respuesta, vale la pena una cuestión previa: el hombre es por naturaleza libre y de su libertad puede optar por lo bueno o malo; y, los resultados en educación aparecen en el largo plazo.

Al margen de las consideraciones legales y morales, campo propicio para que crezca y se multiplique la corrupción es actuar u obrar con medianía, a la criolla o tirando a malo. Si en una sociedad se instala el hábito de la mediocridad, se afecta la justicia porque no se le da al otro lo que le es debido, esperable a través de actos individuales, colectivos y culturales en los ámbitos familiares, laborales, amicales y sociales. Así las cosas, el plexo social ya no cuenta con las reservas éticas y anímicas que muevan a mejorar sin pausa y sin prisa. La escuela puede aportar en este intento, enseñando a los alumnos a que den lo debido como estudiantes, compañeros y amigos. Como estudiantes se espera que comiencen y terminen bien sus tareas y actividades escolares. Desde la postura en el pupitre hasta el trato respetuoso al compañero, la gama de actos que un alumno puede aprender a hacer bien – reconociendo la valía del otro – son innúmeros. Si un niño internaliza que las actividades “finalizan” a la hora fijada, cuando sea adulto le será difícil abandonar la tarea. Igualmente, si a un estudiante se le enseña a pechar las responsabilidades de sus actos, aceptará con hidalguía la calificación obtenida y en el futuro no recurrirá al plagio o a contubernios. Si en la escuela se trasmite que el saber no solamente sirve para alcanzar preseas y reconocimientos, sino también para tomar decisiones certeras y para brindar servicios o bienes de calidad a los presuntos beneficiarios. A la mediocridad se le derrota con la afirmación e incremento del bien en el actuar y en el obrar. Agregar valor (bien) implica realizar una acción con recta intención, inteligencia y toda la diligencia posible. Es importante, rescatar el mundo de la vida (Husserl) y sus instancias: las tradiciones, el orden, las costumbres, la autoridad, las instituciones, la moral… para que debidamente estructurado resista los embates de la corrupción. Desde esta óptica, la escuela podría retomar la tarea de la socialización – desplazada por las mediciones y las calificaciones – para enseñar las normas y valores de la cultura. “Los estudiosos coinciden habitualmente en que el objetivo de la prolongada infancia [y adolescencia] en los humanos es la asimilación cultural, el proceso de adquisición de las habilidades y el conocimiento y dominio de las costumbres y conductas requeridas en la cultura en que se vive” [2]

En esta cruzada la escuela no puede lidiar en solitario, la colaboración de los padres es vital. Si ambos buscan al unísono enseñar a sus hijos a hacer las cosas bien mirando al bien de otros, el Perú despertará de su aletargado sueño invernal.

 

[1] Cámere E. Los Valores, el Futuro y el Perú, Análisis de Opiniones de Alumnos de 4° de Secundaria, 2017.
[2] Sax, Leonard, El descalabro de la autoridad, Ed. Palabra, Madrid, 2017, p. 20

 

LOS OBJETIVOS EDUCATIVOS DE LA FAMILIA ¿CUENTAN?

 Edistio Cámere

            Roberto y Teresa están prontos a recibir a su primer hijo. Como buenos, ilusionados y previsores padres tienen todo planificado: el nombre, la clínica, los padrinos de bautismo, el color del ajuar, el médico pediatra… y un gran etcétera. No obstante, en sus miradas se colaban trazas de aflicción. ¿Qué les faltaba? La elección del colegio.

            En efecto, en los tiempos que corren elegir y encontrar cupo en un colegio se ha convertido en una estratégica y laboriosa ocupación paternal. La variedad de opciones a su disposición es un atributo de sociedades democráticas. Sin embargo, en algunas de esas sociedades campean, intentos por imponer un estilo o propuesta educativa única, digitadas desde las altas esferas de sus gobiernos. Suena a paradoja, no obstante, su contumacia, que, en un régimen democrático, a la capacidad de elección, extendida como un derecho en los padres de familia se oponga el voluntarismo educativo de un gobierno empoderado por el voto popular.

            El derecho a elegir se ejerce en la medida que existan alternativas no solamente en número sino también en características y contenido. Esta pluralidad y pluralismo se sostiene y dinamiza gracias al acceso y aporte de la iniciativa privada, tanta como el emprendimiento y compromiso social de sus agentes y como la normativa vigente lo permita. En educación, por el contrario, las escuelas públicas no pueden predicar ni pluralidad ni diversidad; entre otras razones, porque su promotor es el Estado y, porque el servicio que brindan mira más a la justicia. Lo suyo es atender a familias pobres o extremadamente pobres, quienes matriculan – en un porcentaje significativo- a sus hijos precisamente por razones de estrechez económica, por tanto, en atención a su reducido margen de libertad, las escuelas públicas poseen atributos similares entre ellas, pues, en atención a su reducido margen de libertad, el estado debe mostrar un fino respeto a los objetivos y estilos educativos diferentes de las familias vinculadas a sus escuelas. El deber sería que el estado les garantice la gratuidad de la enseñanza, al tiempo, que les permita elegir el tipo de educación que desean para sus hijos mediante la entrega de los denominados cheques o bonos escolares.

            La sola mención a educación privada remite a pensar en términos de lucro. ella única y exclusivamente en términos lucrativos. La artillería ideológica para que cumplió con su cometido. No obstante, en la vida real, la educación privada no se reduce a lo económico. Tiene muchos más predicamentos que mostrar. Si el dinero fuera una barrera, las escuelas privadas estarían agonizando por la carencia de relevos en sus estudiantes, y la pública superada largamente por la ingente demanda. Por el contrario, en el caso peruano, las escuelas de gestión no estatal se han incrementado significativamente y, por ende, los alumnos. Explicaciones varias. Prefiero pensar que los padres confían y tienen la esperanza que – estando en ellas – sus hijos ‘tendrán un buen futuro personal y profesional.

La presencia de la educación privada estimula y vitaliza la cultura de un país.

  1. Cada matrimonio, constituido por un hombre y una mujer irrepetibles y singulares, funda una familia y pone un hogar marcado por sus personalidades en constante fusión, valores y estilos educativos familiares distintos, en su suma, configuran una cultura que se perfila como continente y contenido de la crianza de sus niños. ¿Por qué obligar a que está variedad y riqueza natural y reconocida, desaparezca ante la presencia de un solo tipo de educación?
  2. La libertad se ejerce en la medida que existan alternativas u opciones educativas, sin embargo, para elegir acertadamente, considerando que cada estudiante habita trece años en una escuela, ambos, colegio y padres tiene que conocerse, hacerse cargo de lo que se ofrece y si esa oferta se está dispuesta a secundarla. La calidad se consigue, si se es sincero y veraz con lo que se oferta y con lo que se quiere y se está dispuesto a asumir.
  3. Lo variopinto de las propuestas escolares es interpretado por los padres atendiendo lo que las distingue. Existen escuelas cuyo énfasis recae en los idiomas, otras en los deportes, no pocas en lo artístico-musical, algunas en las ciencias, en la formación religiosa, en el liderazgo… Con lo cual se está educando a futuros ciudadanos con habilidades e intereses distintos, los mismos que, a través de la división del trabajo, generaran aportes complementarios al desarrollo de un mismo país.

De otra parte, cada colegio está convencido – como tiene que serlo – de que su propuesta o proyecto educativo es el más completo o que incuba los mayores beneficios, por lo tanto, innova, aprende y mira al futuro. Si los colegios vuelan como águilas sus alumnos llegarán más alto montadas en ellas… siempre y cuando el estado no les ponga grilletas a las escuelas.

 

 

LAS INSTITUCIONES Y EL BIEN COMÚN

Edistio Cámere

Las encuestas no califican positivamente la actuación de las instituciones del Estado.  Ciertamente éstas no tienen categoría de verdad, sin embargo, muestran señas que “algo” en aquellas no funciona, en tres aspectos generales: a) simplemente, no actúan; b) actúan contrariamente a su propia naturaleza; y, c) no actúan con arreglo a su función social.                                                                                                                                                 Cuando se analiza el comportamiento de una institución sobre la base de su productividad, se focaliza su eficiencia en materia de la calidad y la cantidad de sus servicios. Si se la examina desde la perspectiva de las relaciones públicas, se hace hincapié en su capacidad para atender y recibir a los usuarios. Finalmente, si nos detenemos en su representatividad, se alude entonces, al cumplimiento, en todos los casos, de lo solicitado por los ciudadanos. El discurrir por estos senderos, aunque ciertos, nos desviarían del fondo de la cuestión y se caería en el lugar común propio de la oposición o de los que se desilusionan porque se creían sujetos de privilegios. Que una institución tutelar no cumpla con su función, tiene repercusiones graves para la marcha de una sociedad.

LIMITARSE A LO  “QUE SE HACE”

 El objeto del Estado es velar por el bien común y el bienestar de todos los ciudadanos.  Para cumplir a cabalidad con ese fin, la sociedad le delega poder para que administre (Ejecutivo), legisle (Congreso) y arbitre (Poder Judicial). Cuando el Legislativo promulga leyes administrativas que miran al beneficio de grupos, o cuando se entrampan en extensas e infructuosas discusiones que encubren intereses, subalternos, no está cumpliendo con su fin, aunque aparentemente su accionar febril así lo demuestre. El trabajo del Parlamento, es eficiente cuando es capaz – interpretando la realidad – de promulgar normas que estimulen y dinamicen el desarrollo de la sociedad. La fuerza, la creatividad y el empuje social deben ser canalizados a través de cursos seguros, precisos y alentadores. Por eso, afirmar que el Congreso no funciona porque produce pocas leyes, es hacerle un beneficio: la crítica se limita al “qué hace”.  Administrar justicia es dar a cada uno lo suyo. Pero cuando quien debe hacerlo no actúa con autonomía, serenidad e imparcialidad, el ciudadano se ve obligado a buscar “padrinos” o a preferir un “mal arreglo”, pues se da cuenta que la ley se aplica con arreglo al mejor ‘postor’: dinero o poder, y, no en “dar lo que es debido”.

¿QUÉ TIPO DE SOCIEDAD…?    

Las consecuencias del deterioro de las Instituciones pueden especificarse en:  Primero. – ¿Si el mayor no cumple con sus fines y obligaciones, por qué el menor tendría que hacerlo en su ámbito? El amor a la patria es un sentimiento que se nutre del ejemplo de quienes les corresponde, por deber, demostrarlo con obras. La sociedad se vertebra con arreglo a sus líderes, que están a su servicio. ¿Es lícito, después sorprenderse por la atomización de la sociedad o de su anomia, cuando ellos buscan su bien particular? Segundo. – Se anula la libertad social, es decir, la capacidad que tiene el ciudadano de asociarse para decidir acerca de las cuestiones que le afecten directamente. Razón por la cual, el estado debería promover las asociaciones o grupos intermedios y no solamente tolerarlas movido más por el qué dirán democrático que por el convencimiento de que son expresión auténtica de la condición social de la persona.  Tercero. – Cuando se cercena la libertad social -propia de una democracia representativa- el ciudadano se encuentra solo, aislado y desnudo de defensa frente al estado; y, cuando se reúne con otros, lo hace más para defenderse que para crear. Cuarto. – Cuando el estado no establece un marco jurídico preciso que, de seguridad y firmeza a las creaciones, proyectos sociales, los ciudadanos se atribuyen el derecho de responder a las injusticias o de hacer prevalecer sus derechos.  En esta situación los débiles y marginados llevan la peor parte.  A esto se llama privilegiar el individualismo a ultranza.   Quinto.- La autoridad se ostenta cuando la justicia se pone al servicio de los ciudadanos. Una correcta administrarla protege al individuo de los abusos de los grupos de presión, de las demasías de una libertad mal entendida o de los desvaríos de una torpe política.

 Si el Estado permite que sus instituciones más representativas no funcionen con eficiencia y con la mira al bien común, habrá entonces que preguntarse ¿Qué tipo de sociedad quiere, por qué y para qué?

 

 

 

 

 

La escuela y el compromiso con su país

Edistio Cámere

La educación no termina con la instrucción. Es sumamente sensible a los acontecimientos que ocurren en la sociedad. El entorno influye tanto en el docente como en el alumno. Este último recibe sensaciones, percibe los malestares, poco entiende de razones, de causas o de argumentos.  Un niño, por ejemplo, no entiende porque sus padres se separan. Sólo advierte que no se quieren o que no lo quieren o que su padre no estará más.

Contrariamente con lo que ocurre con la macroeconomía que los efectos de su crecimiento demoran en llegar al ciudadano de a pie, la falta de dirección, el desgobierno, la crisis de valores y la corrupción impactan con velocidad que hiere y descoloca a todas las instancias de la sociedad, tanto que, sin ningún rubor van relajándose en la defensa y cumplimiento de sus deberes y compromisos.

Mientras que el gobierno y los políticos se apuran en solucionar cada crisis coyuntural, la estela que deja cada una, que nubla todo viso de esperanza en el futuro a los ciudadanos. La recomposición de un gabinete, no es una práctica irrelevante; el “destape” de un hecho inmoral no es una mera noticia; las reyertas callejeras no son simples diferencias de opiniones; la inseguridad en las calles no es consecuencia de un mercado recesivo… estos hechos y otros similares son como una nube cargada que no permite ver el horizonte, pero mantiene en vilo por ser presagio de tormenta.

Frente a este crudo panorama, a la educación se le plantea un nuevo reto ¿Cómo mostrar a sus alumnos que los valores existen independientemente del comportamiento de algunas personas? ¿En qué fundamentar la esperanza en el futuro? No es la matemática ni el lenguaje – aunque nos podemos servir de ellos – los que responderán al reto social. Tampoco, los grandes discursos ni las campañas nacionales. El camino es ir por delante señalando con el ejemplo los valores que valen la pena encarnar. Los niños y los jóvenes están pendientes de referentes significativos de quienes aprenden y aceptan consejos. Estos referentes son sus padres y sus profesores. La condición de significativo remite a afecto y autoridad. La cercanía afectiva deja huella. El docente – y sus padres – esta próximo al alumno. En un entorno cambiante e incierto la figura del profesor debe trasmitir seguridad y esperanza.  La seguridad la logra conduciendo y convocando al alumno a lo que le es propio, el estudio. Y la esperanza mostrando que, con el esfuerzo, con las virtudes y con valores se construye el futuro en el presente. El joven debe en su ambiente próximo e inmediato ver reflejado en acto los valores.

Una vez más la escuela tiene que suplir, se ve obligada a adosarse nuevas obligaciones. Carlos Llano pensador mexicano decía que “estamos más pendientes de las decisiones que se toman en el gobierno, de lo que dicta el mercado y de lo que dicen los medios de comunicación y olvidamos que las grandes decisiones se toman en la familia, en la escuela y en ámbito personal”. Que un joven siga creyendo en su país, decida estudiar y trabajar en y por aquel, es una decisión capital a la cual se ha contribuido desde la escuela. ¡No es una frase hecha afirmar que el docente tiene el futuro del país en sus manos!

 

 

 

 

 

LAS CIFRAS Y SENTIDO COMÚN

Edistio Cámere

El año 2008, en la educación básica regular (EBR) de régimen público habían matriculados 6’125,456 estudiantes. El año 2016 el número de matriculados disminuyó a 5’746,098, es decir que en ocho años la educación pública perdió 379,358 alumnos, (47,500 alumnos por año). En cambio, el sector educativo privado, incremento el número de matriculados en 455, 677 (57, 000 estudiantes por año). Es decir, paso de 1’ 528,161 alumnos matriculados en el 2008 a 1’ 983,838 en el 2016. Estas cifras recuperadas – vía internet 2017 – de ESCALE, unidad de estadísticas del Ministerio de Educación del Perú (MINEDU), permiten elaborar las siguientes conclusiones:
a) Suponiendo hipotéticamente cada escuela tenga 2000 alumnos matriculados, quiere decir que en estos 8 años la EBR pública ha debido cerrar 190 escuelas, es decir, 24 cada año. Lo que debería implicar también la reducción o reubicación de docentes, administrativos y personal de mantenimiento.
b) En el caso de la educación básica regular privada, supuesta una población de 1500 estudiantes por centro educativo, se han debido de crear casi 303 (38 cada año) escuelas de esa magnitud para atender tan solo a quienes dejaban los servicios educativos estatales sin tomar en cuenta aquellos que directamente eligen colegios privados.
c) El año 2008, el número de docentes que trabajaba en las escuelas públicas fue de 287,505 y el año 2016 se elevó a 342,346 profesores. En ocho años se incorporaron 58,144 – 6,855 cada año – nuevos docentes al sistema estatal.
d) En cambio, en el caso de la educación privada, en 8 años el número de profesores ha crecido en 25,466, casi 3,833 por año. Las escuelas privadas el año 2008 contaban con 125,954 y el año 2016 con 151,420 docentes.
e) En el ámbito estatal, para el año 2008 la ratio un profesor por cada 23 alumno. Luego de ocho años la relación es de un docente por cada 17 discentes. En ese mismo periodo, la escuela privada comenzó con una relación de un docente por cada 12 alumnos y terminó el 2016 con 1 profesor por cada 13 alumnos. El origen del descenso en la escuela pública fue el incremento de los docentes y la disminución de alumnos. Mientras que en la escuela privada, es el incremento del número de estudiantes lo que modifica el coeficiente.
Comentarios:
1.- No se entiende la razón por la cual el sistema estatal pone trabas, controla y no promueve con procedimientos ágiles, la iniciativa privada. Los números presentados que tiene como fuente el Ministerio de Educación predican a las claras una gran demanda insatisfecha que busca educación no estatal.
2.- La Educación básica regular estatal al 2016 tiene menos alumnos matriculados que hace 8 años; más docentes; pide más recursos económicos para el 2018, porque dicen que la solución es mayor inversión.
3.-Si dividimos el número de alumnos matriculados entre el número de locales escolares estatales de la EBR: encontramos que cada centro educativo tiene 110 alumnos.
¿Es un problema de capacitación? ¿De recursos económicos? ¿Del cambio climático? O como apunta Vladimir Putin ¿Será un problema de sentido común y aceptación de la realidad?
Las APAFAS
Mención aparte merece la finalidad y el aporte de las Asociaciones de padres de familia (APAFAS) en las escuelas públicas. El artículo 15 de la ley N° 28628/ 24-11-2005, dictamina que los recursos de la APAFAS los siguientes: La cuota anual ordinaria y la extraordinaria así como las multas que se imponen a sus miembros, debidamente aprobadas por la Asamblea General. El monto de la cuota ordinaria no puede exceder del 1.5% de la Unidad Impositiva Tributaria (UIT), vigente a la fecha en que se realiza la Asamblea General respectiva.
Por su parte, el artículo 16 define que los ingresos se utilizarán para colaborar con:
• El mantenimiento y reparación de la infraestructura física;
• La conservación y refacción del mobiliario escolar;
• El equipamiento e implementación de tecnologías de información y comunicación;
• La realización de programas de capacitación para sus asociados, poniendo énfasis en las escuelas de padres; y,
• La adquisición y mantenimiento de materiales educativos, lúdicos y deportivos.

Una rápida lectura de los artículos mencionados afirma la buena voluntad del Estado, pero en su aplicación observamos el desconocimiento (o miopía) de la realidad. Partamos del siguiente ejercicio:
El año 2016 el 1.5% de una U.I.T fue de 59.25 soles. Ese mismo año, los alumnos matriculados en las escuelas públicas fueron 5’746,098. Si quisiéramos saber el número de familias aportantes a las APAFAS, asumamos la hipótesis de 3 hijos por familia, en este escenario, el conjunto de familias aportantes sería 1’915,366 y su aporte económico ascendería a 113’485,435.50. Para ese año, ESCALE reportó que en el sistema público habían 52,169 locales escolares, por tanto, cada colegio debió de recibir 2,175.34 soles. La pregunta es ¿Qué se puede hacer con ese monto al año en un colegio y cumplir con lo indicado en el artículo 16? De otro lado, aquellos ítems considerados ‘obligación’ de un APAFA competen al promotor de la escuela ¿Quién es el promotor de las escuelas públicas? El Estado.

 

 

 

PENSANDO EN LOS QUE VIENEN DESPUES

 

Vivir la virtud de la piedad (la pietás). Agradecimiento a la familia, a la escuela, a la patria… respetando a las autoridades competentes, a su historia y a quienes precedieron y participando en la solución de los problemas más cercanos a uno. Conservar lo socialmente valioso recibido de las otras generaciones, de lo contrario se menosprecian la historia, tradición y la herencia cultural.
La paz social descansa en gran medida en la práctica de la piedad, que supone consideración por quien está constituido como superior, veneración al anciano, respeto del discípulo a su maestro, a quienes se les debe el honor, obediencia y servicio.

Laboriosidad. Su carácter virtuoso de la deriva de la obligación de trabajar que incumbe a todo hombre. Con el trabajo se mejoran las dimensiones fundamentales de la personalidad humana, se cumple con la misión de contribuir al crecimiento y progreso de los demás.
Laboriosidad es trabajar con esfuerzo y de forma positiva. ¿Qué se gana con las quejas ante las dificultades de toda índole? Nada. Solo desaliento y desánimo. Cuando se trabaja con motivación, en positivo, no hay dificultad insuperable. Quien es laborioso no tiene tiempo para quejarse, pues sabe que las “obras son amores y no buenas razones”.
Laboriosidad es trabajar con constancia. La flojera y la pasividad son sus principales escollos. La reflexión y la acción tenaz son herramientas indispensables. La laboriosidad es una virtud que exige metas y objetivos concretos para no perder tiempo ‘contemplando’ los problemas sino en empeñarse en encontrar las soluciones: ¿Qué se puede hacer? ¿Qué medios se van a poner? ¿Qué soluciones se van a ofrecer? La pereza no se define tanto por el mero no hacer nada, sino que no se hace nada por la tristeza que supone el esfuerzo a invertir para alcanzar un bien.

Tono humano . Se puede definir  el “tono humano” como el estilo del carácter propio del hombre que se refleja en las formas de conducta, individualmente considerada o en sus relaciones de convivencia. Así, cuando una persona sabe respetarse a sí misma y a los demás sin hacer mal a nadie, atendiendo a las personas que le rodean, creando un clima afable en su propio entorno, decimos que esa persona tiene un tono humano alto.
El tono humano se manifiesta principalmente:
A) En cuanto a la propia persona: en la conducta, el lenguaje, los modales, la forma de comer y de tratar a otras personas, así como la aplicación de lo apropiado en cada circunstancia y ocasión. Para ello son necesarias las virtudes de la limpieza, el optimismo, la autodisciplina, la naturalidad, sencillez, sobriedad, templanza, fortaleza, prudencia y justicia.
B) En cuanto al trato con los demás el “tono humano” se refleja en el saber tratar a cada uno teniendo en cuenta su dignidad, la amabilidad y delicadeza, comprensión y respeto con el que se desarrollan todas las relaciones interpersonales, la práctica de cortesía, educación y respeto para los demás; la forma de crear un ambiente agradable y delicado, adaptándose a las costumbres y tradiciones de la sociedad.

Edistio Cámere

Apuntes para una CARRERA DOCENTE

La carrera magisterial propuesta por el Ministerio de Educación se basa en incrementos salariales, a quienes han satisfecho los requisitos definidos en las respectivas convocatorias. Sin duda, la mejora económica es un estimulante y apetecible indicador aun así no creo que a aquella se reduzca la trayectoria profesional. Existen diferentes variables que – a modo de peldaños – van valorando y sellando la carrera del docente. Por esta razón, no es tarea fácil para quien gobierna una escuela diseñar el futuro profesional de sus docentes.

La docencia se distingue por ser una profesión intelectual y de ayuda. Estas dos notas deberían de marcar el camino del crecimiento del docente. La aspiración a cargos directivos que siendo legítima, no conviene al conjunto de profesores, primero, por lo limitado del número de dichas posiciones en cualquier organización escolar; y, segundo porque implica intereses personales y competencias específicas que no a todos les mueve cultivar. De otro lado, la experiencia señala que una buena gestión directiva sucede al desempeño acabado del quehacer docente.

Un ámbito donde – sin duda – se luce el arte y la ciencia del docente es el aula. El sobrevenir de los años no empalidece su luminosidad, más bien, la acrisola pues ajustar con finura la materia que se imparte a las siempre nuevas y expectantes promociones de alumnos, actualiza renovadamente las competencias, prolonga la ilusión profesional y termina dibujando una satisfactoria carrera docente. En suma, en la misma actividad docente – en el aula- se encuentra su realización intelectual y de ayuda.

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Más allá de las riquezas propias del aula, una línea de desarrollo profesional, podría derivarse de la comunicación intelectual. La misma que presenta tres campos: a) Sistematización de las experiencias o buenas prácticas y la investigación –acción o de campo; b) La publicación artículos, ensayos y los resultados de las investigaciones; y, c) participación activa en congresos, docencia universitaria o de post grado; consultorías o asesorías a escuelas de básica regular, regiones y a otra instituciones. A su vez, en lo relativo a la categoría de ayuda su campo de acción es más específico pero no por eso menos trascendente con miras a la carrera laboral, esto es, asuntos de tutoría u orientación a alumnos; mentoría o coaching a profesores; orientación a padres de familia. El desempeño de estas funciones reclama de estudios complementarios que especializan al docente y le abren un vasto panorama profesional.

El prestigio de un centro educativo abre opciones para la realización profesional del docente en los campos arriba mencionados. A mayor prestigio, sus docentes serán más requeridos para que trasmitan sus experiencias o compartan los resultados de las investigaciones concluidas. A su vez, la buena performance de los docentes redundará en el incremento del prestigio del centro, estableciéndose así un círculo virtuoso. ¡La realización de los docentes es la misión interna de la escuela, no cabe duda!

Tener un corazón enamorado

Es bueno aspirar un puesto en una de las diez compañías más prestigiosas del medio pero un corazón enamorado ama el puesto que desempeña en la empresa en la que ha sido contratado.

Me gustaría tener amigos que tengan contactos, sean inteligentes y graciosas, pero un corazón enamorado quiere y valora a los amigos que tiene gracias al colegio, a la universidad y al barrio.

Es bueno soñar con vivir en un país ordenado, desarrollado y con mucha cultura, pero un corazón enamorado quiere y se ilusiona con el país que le ha tocado en suerte nacer y vivir.

Es bueno acariciar la sensación del éxito, de los reconocimientos y aplausos, pero un corazón enamorado aprecia y se entusiasma con el esfuerzo, la perseverancia y la fortalece que a ellos conduce.

Es bueno tomar fotos de un viaje, de una actividad o de una fiesta para subirlas en espera de muchos ‘likes’; pero un corazón enamorado se abre a la experiencia, la disfruta intensamente y la incorpora a la propia historia para luego contarla con tal pasión y novedad que contagie y meta al amigo, a la amiga a ese momento de felicidad. La belleza y la alegría quedan cojas cuando se reportan solo cuando se trasmiten de adentro hacia afuera y cara a cara, mirándose a los ojos, se multiplica y se hace un recuerdo que permanece.

Es bueno dar rienda suelta a la creatividad con ahínco y ánimo realizando la tarea que te atrae y gusta, pero un corazón enamorado hace lo que debe y lo hace bien aunque la tarea que tiene entre manos no le guste; de manera que, además de adquirir virtud profesional debida, contribuye al crecimiento de su empresa y al bien común en la sociedad.

Es bueno estar al tanto de los acontecimientos, novedades y de lo que está de moda, pero un corazón enamorado es capaz de traer a la memoria para agradecer los beneficios, la dedicación y el afecto que sus padres, amigos y profesores le dispensaron para ser quien es. Usa su memoria para hacer presente los grandes valores y a las personas significativas en sus vidas.

Es bueno buscar la prosperidad material y económica pero un corazón enamorado sabe buscarla ‘fuera de las trampas de la opulencia’ para encontrarla también en las relaciones humanas, en las familias, en los vecindarios, en las comunidades, en el sentido de la vida y en la apuesta por los valores éticos.

Es bueno moverse, hacer cosas, tener la agenda ocupada, andar con prisa porque se está atareado, pero a un corazón enamorado más que el movimiento le importa el sentido y el destino de lo que hace. Por eso más que ser un experto en navegar sobre las olas, cultiva el arte de sondear las profundidades de los acontecimientos porque en su densidad, altura y perspectiva es capaz de encontrar la riqueza y el misterio que aquellos esconden.

Es bueno soñar con tener a la chica o al chico más guapo, atractivo e inteligente pero un corazón flechado distingue en el enamorado o enamorada aquello único e irrepetible que tiene por sobre los demás y al mirarlo con el poeta le dice “sé que cuando te llame / entre todas las gentes / del mundo, / sólo tú serás tú.”

Un corazón enamorado sin renunciar a defender con argumentos su planteamiento, tampoco a mandar cuando convenga, valora el dialogo, pues está persuadido que siempre el ‘otro’ tiene algo bueno que decirle.

Un corazón enamorado no se acomoda pasivamente con la configuración actual de la sociedad, es rebelde, va contracorriente; porque ama su momento histórico es capaz de ser inventivo, de imaginar nuevos escenarios y tener la valentía de pensar de modo diferente.

Un corazón enamorado no es un iluso soñador, es realista porque conoce, ama y se compromete con quien es, con lo que tiene y con el entorno que lo circunda. Quien ama no se conforma. Quiere ser mejor persona, quiere multiplicar sus cualidades y virtudes y quiere una sociedad donde reine la justicia y la paz.

Finalmente, un corazón enamorado es agradecido, sonríe y es optimista: los problemas son retos, el trabajo, vocación, los otros, personas dignas de respeto, el dolor, madurez y, la vida una gran oportunidad para ser más y mejor persona que contagie y trasmita bondad, belleza, verdad y unidad que la realidad tiene.

Entreeducadores desea una feliz Navidad y un año nuevo prodigo en proyectos y experiencias de crecimiento personal, familiar y profesional a sus seguidores y a sus amigos lectores. Asimismo, les expresa su agradecimiento por permitirnos continuar publicando notas gracias a su amable aceptación.