El ‘tuteo’ en el trato profesor-alumno

Por Edistio Cámere

“La relación entre el profesor y el alumno, por tanto, es opuesta pero complementaria: ambos se necesitan para cumplir a cabalidad con sus roles”.

“Oye, Coco, ¿podrías explicar de nuevo que no he entendido? (…)   Profesor, ¿podría repetir, por favor? No he entendido”.

El fondo,  lo que se pide en estas dos expresiones es lo mismo. Pero es en la forma de decirlo donde se aprecia la diferencia. Tutear o no tutear es, sin duda, un asunto controversial. Hay quienes están a favor del ‘tuteo’ y no ven inconvenientes que sea utilizado como modo ordinario en la relación profesor-alumno. 

A favor del tuteo se esgrime el hecho de que se privilegia cierta horizontalidad en las relaciones que configura un clima más distendido dentro del aula y, en consecuencia, el alumno sentirá mayor confianza para acercarse al profesor. Otro argumento da cuenta que cuando el educando llama al profesor por su nombre de pila, el trato se torna más informal, más espontaneo, todo lo cual contribuye a que el alumno esté más dispuesto a ‘contar sus asuntos personales’.

El uso del tuteo presenta algunas implicancias que también vale la pena considerar. Dado el periodo evolutivo en que se sitúan sobre todo los púberes y adolescentes -los niños suelen decir: “Profesor, tú… o Miss, tú…” que en la práctica es lo mismo que decirusted’el tuteo puede tornarse en una señal equívoca: el docente la entiende como expresión de confianza, sin embargo el alumno puede interpretarla subjetivamente: ‘el profesor es buena gente así…’. Además -pongo por caso- ante una llamada de atención, el ‘tú’, que encierra ciertas licencias en el trato, permite reacciones, gestos o dichos que se inhibirían de mediar el ‘usted’.

Pero el tuteo puede afectar la imparcialidad en la relación. En cierto modo, el anteponer el ‘tu’ establece una distinción, es una suerte de permiso para ir más allá de lo protocolar en el trato personal. Y sí además convenimos que toda relación interpersonal es un estreno, porque quienes interactúan son singulares e irrepetibles, entonces cada alumno -con arreglo a su modo de ser- dará una lectura distinta a la respuesta del profesor, matizada a su vez por ese modo de ser. En tanto el discente perciba o sospeche preferencias en la relación del docente con sus compañeros, el clima en el aula podrá enrarecerse.

Objetivamente el profesor y el alumno no son iguales, ni entre ellos puede existir de plano una relación horizontal. Primero, por la función que desempeñan, por los objetivos que pretenden; y, segundo, por la edad y la madurez en que ambos se encuentran. Sin alumno no hay profesor, y sin este tampoco aquel existiría. El docente tiene que enseñar y el discente aprender. Pero para aprender debe estar dispuesto, actitud que no se logra ‘naturalmente’ desde fuera. Alguien -el profesor- tiene que animarlo y exigirle a través de una buena didáctica y una buena dosis de autoridad.

La relación entre el profesor y el alumno, por tanto, es opuesta pero complementaria: ambos se necesitan para cumplir a cabalidad con sus roles. Sin gobierno de aula el docente no podría ejercer su labor y simultáneamente el estudiante tan poco cumpliría la suya: aprender. Asimismo, en la medida que el maestro despliegue sus condiciones docentes con calidad, su prestigio profesional será la mejor invitación para que sus alumnos lo busquen para que los oriente en asuntos de índole personal.

Finalmente, un argumento a favor del respeto al profesor se puede rastrear desde los antiguos romanos, quienes ponderan el cultivo de la ‘pietas’ como virtud social. Practicarla suponía agradecer a la institución respetando a sus  autoridades competentes, a su historia y a quienes los precedieron. También, conservar lo socialmente valioso, sobre todo lo recibido como tal de otras generaciones. La paz social se sostiene por la consideración a quien está constituido como superior: veneración al anciano, respeto del discípulo a su maestro que por su excelencia se les debe el honor, obediencia y servicio.  Estoy firmemente persuadido que vivir la ‘pietas’ en estos días que corren es el mejor tributo que la sociedad puede rendirle a los profesores.


9 thoughts on “El ‘tuteo’ en el trato profesor-alumno

  1. En mi experiencia como docente de inglés donde los alumnos suelen llamarte Teacher o Mister, dependiendo del colegio donde uno se encuentre, este tema del tuteo es algo diferente ya que el uso del título es propiamente un aspecto marcadamente del idioma. Me explico, en países de habla inglesa, los profesores son llamados Sr. Fulano y por ende en inglés el titulo apropiado es Mister, lo cual el alumno asume su uso como parte del curso en si. Es un titulo dicho y propio de aquellos que están aprendiendo el inglés. Esto es claramente si el profesor es masculino, pero en el caso de ser femenina, ya de por si en nuestro país decimos “miss”. Sï la clase es dictada enteramente en inglés sin traducción, el uso del tú y el Ud. Se vuelve más confuso todavía ya que en inglés el uso del tu y el Ud. se limita al uso de la palabra “you” ambos “títulos” son cubiertos bajo la palabra “you”. Ahí es hasta donde se limita el uso técnicamente dicho del tu y Ud. pero esto es solo una visión semántica, pero el problema de fondo persiste aun en el uso del inglés pues el tuteo no está limitado simplemente al uso de palabras, sino a actitudes por parte de nuestros alumnos, este tuteo puede ser percibido como demasiada confianza y falta de respeto pero al mismo tiempo puede ser señal justamente de respeto. Aquí el docente tiene que usar un juicio crítico y determinar el motivo del tuteo pues podría demostrar una confianza en hacer preguntas sobre el tema enseñado o temas personales, lo cual lograría una mayor empatía por ambas partes, pero también depende mucho de la madurez emocional del cada alumno. Y justo ahí yace el problema. Si permitimos a uno el uso del tuteo a un alumno cuyo trato es respetuoso y entiende los límites del tuteo y la demarcación de profesor/alumno entonces tenemos que obligadamente dar el mismo privilegio a todo el salón, sino pecaríamos de ser preferentes hacia un alumno, donde los compañeros podrían reclamar un trato preferente hacia dicho alumno respetuoso.
    Es claro que al margen de todo, el uso de Ud. no implicaría una falta de empatía ni falta de confianza si marcamos pauta y entablamos un rapport con el alumno y logramos empatía, ahí entonces el alumno vera una marcada línea invisible de respeto pero al mismo tiempo una puerta abierta donde el alumno se sienta en confianza en decir cosas importantes o abordar preguntas académicas que no haría en frente de sus compañeros para no quedar en ridículo.

  2. Cuando era estudiante secundaria, mi autoestima estaba un poco baja. Y el trato de los profesores, sobre todo los jóvenes, con sus tuteos y acercamientos “de igual a igual” no ayudó para nada. Hasta que un año, tuvimos una profesora de Física que nos trataba de usted. Eso me hizo sentir adulta. Su respeto hacia mí, su consideración al tratarme de usted, como a una persona , me desafió a comportarme con la responsabilidad que merecía ese trato.
    Ahora que soy profesora, trato de usted a todos mis alumnos. Yo no soy su tía ni su mamá. Soy su profesora. Y en la mayoría de ellos he visto el cambio positivo que mencioné anteriormente. Desde ya que puedo decir, luego dos generaciones de alumnos, que el tutear a un alumno no implica el acercamiento. Al contrario, en muchos casos surgen favoritismos en el trato con los alumnos más desenvueltos. Y que, sorprendentemente para algunos, el trato de usted forja acercamientos más sólidos, estables y uniformes, dentro de la distancia pedagógica que corresponde.

    1. Isabel
      Gracias por su comentario que confirma, gracias a su experiencia, las ventajas de tratar con respeto a los alumnos. Además como usted lo ha comprobado la cercanía no se pierde, es más, los alumnos confían más en su profesor plenamente identificado con su tarea. El alumno reclama de modelos claros y cálidos.
      Coincido plenamente con su opinión.
      Cordialmente
      Edistio Cámere

  3. muy interesante articulo, me gusto mucho la parte que menciona que el trato debe ser justo y equitativo para todos los alumnos por parte del profesor, gracias por los comentarios que complementan la lectura, sin duda cada dia se aprende mas sobre todo, leyendo.

  4. Muy interesante (y sugerente) artículo. En mi “novel” experiencia como profesor, he notado que los estudiantes tienden a aproximarse, abrirse, confiar y respetar “más” al docente, cuando la relación entre ambos se da en la formalidad del ‘Usted’. Creo que, en cierto sentido, la asimetría es necesaria: los estudiantes requieren de alguien que los oriente, que los escuche, que les aconseje y -principalmente- que les enseñe. La formalidad no tiene por qué asociarse a/con un trato frío o autoritario. Es más (como bien resalta el artículo), contribuye en ese proceso formativo de personas tolerantes, cordiales y -especialmente- democráticas. Esa es mi modesta opinión. Un abrazo

  5. ¿Qué pasaría si los estudiantes son de nivel superior y mayores de edad?? ¿qué pasaría si los estudiantes son casi de mi misma edad? Creo que sería diferente debido a que emocionalmente son más maduros. Sería bueno diferenciar entre alumnos de secundaria y de nivel superior.

    1. José Ángel, la situación es la misma. La menor edad no altera la relación, el profesor es el que conduce, marca el enfoque de la explicación y es quien tiene que asegurar el aprendizaje de sus estudiantes. Ahora bien, es quien también debe tomarle el pulso a la clase para decidir si su madurez acepta el tuteo.
      Gracias por comentar este texto
      Cordialmente
      Edistio Cámere

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