La familia: la alcurnia de la persona

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En un  zoológico la vista se topa con diversos tipos, colores y tamaños de animales. Cada ejemplar encandila por lo logrado de su figura: la cebra con sus franjas; el tigre por la plasticidad de sus movimientos; y, el elefante por lo macizo de su porte, la blancura de sus colmillos y la gracilidad de su trompa. Cada animal retiene su propio encanto que lo diferencia de otro, sin embargo, en su hechura no ha participado el hombre.

La variedad y vistosidad de la flora asombra y conmueve. Basta mirar a una rosa para que el espíritu vibre con su delicadeza, fragancia y color. La rosa habla por el corazón cuando el amor quiere hacerse presente. El hombre se deja arrobar ante la índole y hermosura del reino vegetal, sin embargo, aquel no tenido participación alguna en su confección.

En la inmensidad, en la belleza y armonía rítmica de las olas del mar, el hombre no ha intervenido, le corresponde embelesarse ante el espectáculo tanto cuando el sol lo ilumina como cuando se esconde prodigando el sereno atractivo del atardecer.

La admiración que causan los elementos e individuos que conforman los reinos naturales no impide reconocer ni admitir que la persona humana es el ser más perfecto de toda la naturaleza. Su prelación y jerarquía radica en su índole racional, en su querer, en su singularidad, trascendencia y en su libertad.

La persona no emerge, ni crece ni se desarrolla al amparo de las estaciones climáticas. Viene la existencia gracias a la participación activa de un hombre y de una mujer. Trasmitir la vida es un privilegio con-cedido que no se agota en el acto procrear, reclama de la implicación de sus progenitores en el florecimiento y despliegue de esa vida. Esa implicación no resulta de un hecho forzado, aséptico o al extremo brusco exento de voluntariedad, más bien, de la atracción mutua entre hombre y mujer que, cual motor mueve a ir en pos del misterio y de las circunstancias que particularizan la biografía de cada uno.

Cuando se conoce el mundo interior, se desvela lo propio, lo singular, aquello que destaca sobre los demás y, por tanto, la persona lo quiere – en exclusiva – para sí como parte de su proyecto vital. En un solo acto no se posee a una persona. La grandeza de su naturaleza reclama de tiempo pero compartido. El vivir-con, la coexistencia se despliega en plenitud cuando se decide ‘pasar’ juntos los días y las noches compartiendo el hogar que, al habitarlo siendo-con-otro, no solo se aporta y recibe desde la condición de peculiar e irrepetible, sino que, además, se forja un ambiente fecundo y propicio para el advenimiento de nuevas vidas.

Este derrotero concluye con la participación de personas en la generación de otra persona. El hombre y la mujer unidos en alianza matrimonial materializan y prolongan su amor en un tercero: el hijo. Éste no nace en serie ni dentro de un colectivo informe. Viene al mundo especialmente recibido por sus padres, quienes se dedican a él festejando su exquisita singularidad, la misma que es acogida desde la vertiente de su amor mutuo que potenciado, arropa y da seguridad al ‘recién llegado’.

Edistio Cámere

Darse vuelta para aprender y mejorar

A pocas horas de terminar este año 2016, quizá lo que primero se nos venga a la cabeza y al corazón sea mirar hapulgar-arriba-y-abajo-cuerdacia adelante pergeñando nuevos planes y proyectos. ¡Qué duda cabe: el ser humano camina inexorablemente hacia el futuro! Puede hacerlo de muchos modos o maneras. Pero hay dos principios u objetivos dignos de tomar en cuenta: mirar hacia atrás para aprender y llegar al futuro siendo mejor de lo que se es en el presente.

La calidad en educación está entrelazada con la mejora personal del profesor, de manera que los vínculos posteriores que establezca con sus alumnos, tendrá un efecto positivo en los aprendizajes. ‘Darse vuelta’ es una buena práctica que tiene como propósito aprender de lo andado. En el caso del docente el aprendizaje contiene una particularidad: lo adquirido no le añade habilidades le da mayor prestancia y precisión. Efectivamente, cada experiencia educativa con un alumno es inédita, original, no se repetirá tal cual pero lo ganado en paciencia, escucha, empatía, capacidad de corrección… le servirá – atendiendo a las circunstancias específicas – para ser más fino y efectivo con un posterior estudiante.

Si hacemos el firme propósito de mejorar las virtudes personales que ayudan a la calidad de nuestro vínculo con los alumnos, el 2017 será más focalizado en la demanda de esfuerzos y el optimismo será amigo fiel durante ese año: el empeño por ser mejores no se agota, siempre se puede ser un poquito mejor. Al tiempo, que nos confirma en los efectos de esa mejora: niños, niñas y jóvenes con nombre, historia y proyectos propios.

Algunas cosas no cambiarán: la visión mecanicista y utilitaria de la educación; el intento de muchos estados de que impere un ciudadano tipo con una visión uniforme de la vida; el atropello a la libertad de enseñanza y, el desplazamiento de la función educadora – primera – de los padres de familia. Pero como el acto educativo es un prodigio personal no debemos desesperar. Lo que importa es andar sin pausa pero sin prisa y con la convicción de que la docencia es la única profesión que permite escribir directamente en la biografía de cada alumno.

Después de cada siete años he querido hacer una ‘suerte de maquillaje’ a la presentación o formato de este blog. La línea editorial sigue y seguirá siendo la misma, así mismo la disponibilidad para responder a los comentarios y críticas que tan amablemente me hacen nuestros lectores. Espero que estos mínimos cambios sean amablemente acogidos de lo contrario, estoy abierto a sus sugerencias.

No quiero terminar este año sin agradecer a todos y cada uno de ustedes por la gentileza en abrir – ordinaria o extraordinariamente- este blog. Espero que los artículos propuestos estén a la altura de sus expectativas, de modo que, sigan contando con la amabilidad de su lectura.

GRACIAS Y FELIZ AÑO 2017

Relación Familia-Colegio

relacion-escuela-familia               Las presentes líneas no buscan otra cosa que hacer extensivas a los directores de colegio y profesores, algunas reflexiones conceptuales en relación a los comportamientos intervencionistas de las entidades públicas, que en su afán miope por defender a los padres de familia, termina lesionando su participación fundamental en la educación de sus hijos. La naturaleza de la acción educativa recusa cualquier sesgo mercantilista como modo de explicación y de tratamiento normativo. La actitud de los colegios no sólo debe limitarse a esgrimir argumentos legales como respuesta al intervencionismo – lo cual es legítimo y oportuno – además, se hace imprescindible que expliquen y defiendan ante los padres que los logros escolares de los alumnos son consecuencia de una relación confiable, cálida y objetiva. La desconfianza entre las partes conlleva a reducir la educación a lo estrictamente utilitario e instructivo.

REFLEXIONES

1.- ¿El quehacer educativo puede ser considerado – en sentido estricto- como un bien o servicio mercantil? ¿Los padres de familia cara al colegio son clientes, son consumidores, son usuarios, son beneficiarios o son compradores? ¿Es meta de la escuela la satisfacción del cliente? ¿La eficiencia educativa de un colegio pasa por la reducción de costos y la mecanización de sus procesos? ¿Es el precio determinante en la elección de un colegio? ¿A mayor monto en la pensión menos alumnos y, por el contrario, a menor costo más alumnos? En suma ¿La educación puede reducirse a las claves del mercado?
2.- En una sociedad democrática, las opciones educativas para los padres de familia son variadas y diversas. La pluralidad de la oferta para que calce con la libertad de elección reclama que los colegios se distingan entre sí en mérito a su orientación y proyectivo educativo, a su cultura y procedimientos que – conocidos con anticipación – permitan una acertada y justa decisión por los padres de familia.
3 – El colegio no es una isla, para funcionar necesita proveerse de profesionales y recursos tangibles que se pagan y adquieren tan igual como lo hacen las organizaciones que operan en otros sectores. Requiere de una infraestructura que tiene que mantenerse; de docentes competentes remunerados adecuadamente; de equipos, y materiales técnico-pedagógicos…etc. cuya oportunidad, disponibilidad y calidad suponen unos costos que tienen que incluirse en el precio final del servicio educativo.
4. – A diferencia de la industria y del comercio, el quehacer educativo incluye “insumos intangibles” que operan al margen de las leyes del mercado, pero contribuyen decididamente en el aprendizaje. Son impagables, su valor no se puede tasar: el consolar a un alumno cuando está triste; alentarlo cuando arrecia el desánimo; corregirlo cuando yerra; orientarlo para mejor elegir; reconocer sus logros o simplemente escucharlo…, así se podría seguir abundando en hechos ‘in- apreciables’.
5.- La neutralidad que caracteriza la relación entre un vendedor y un comprador cualquiera no se predica en la relación docente– discente. La dinámica de la convivencia, el trato personal, las manifestaciones propias de la edad de los alumnos, fecundan la germinación del afecto, de la preocupación, y del cariño. Al componente afectivo –“insumo intangible”- no se le puede poner precio. Desde esta perspectiva, a la educación no se le puede entender exclusivamente con las claves del mercado.
6. – La axiología de un colegio compromete las mismas entrañas de su organización en su múltiple complejidad: cultura, procesos, normas, actividades, estilo didáctico, metodologías… Al tiempo que aquella reclama de adhesión de parte de los docentes. Por eso, la ejemplaridad es un elemento esencial en toda actividad educativa. En el comercio, en la industria, etc. se valora más la pura y simple eficiencia. En la educación la eficiencia viene condicionada por la ejemplaridad, porque la acción del maestro no se cumpliría correctamente si el alumno, descubriera en aquel los mismos vicios o defectos contra los cuales predica. (García Morente)
7. – La educación es un servicio de asistencia –se enseña al que no sabe- brindado por profesionales, utilizado con asiduidad por los padres de familia cuyos hijos se encuentran en edad escolar. En tanto que la educación es un proceso que requiere continuidad, a los padres de familia con respecto a los docentes y al colegio se les puede denominar propiamente: Clientes. Sin embargo, es inapropiado incluir a los alumnos dentro de la categoría de consumidores, primero porque la educación no es una mercancía y, en segundo lugar, porque sus efectos no se consumen, ni se extinguen, todo lo contrario perdura en el tiempo incorporada en el alumno.
8. – Los padres están comprometidos y participan activamente en la educación de sus hijos a tal punto que la dinámica familiar influye en sus logros. Su relación con el colegio no termina con su elección y el pago de la pensión escolar. Entre ambos se establece una alianza, objetivada en competencias y responsabilidades claramente distinguibles pero que concurren complementariamente en beneficio de la educación del alumno-hijo.
9. – La educación no se impone, se propone a voluntades libres. La libertad y el querer del alumno son datos esenciales, sin ellos no se califica como logrados o no los objetivos educativos.
10. – Se educa personas singulares e irrepetibles. Ante un mismo estímulo, las respuestas son diferenciadas y diversas, por tanto, en una escuela no se puede hablar de una uniformidad o estandarización sino de pluralidad en los logros o resultados educativos.
11. – Colegio y familia son instituciones completas e íntegras desde tanto el punto de vista del derecho natural como del civil. Coinciden en los fines. Uno de los fines del matrimonio – base de la familia – es la generación y educación de los hijos. El fin central de la escuela es la educación a través del proceso de enseñanza-aprendizaje.
12. – Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos, tienen el deber-derecho de hacerlo, del cual no pueden sustraerse ni menos se les puede arrebatar tal prerrogativa. Sin embargo, tienen la potestad de buscar y elegir – entre las que la sociedad provea – instituciones que les completen y complementen en su tarea. Estas instituciones ayudan porque pone el incremento allí donde ellos consideren necesario y, son calificadas porque ofrecen un servicio especializado, profesional e idóneo.
13. – Entre los centros educativos y los padres de familia – luego de la elección y satisfechos todos los procedimientos – se establece un vínculo jurídico cuyas partes son:
1. La materia: el hijo o hija en tanto educandos.
2. El objeto: la colaboración y voluntariedad de las partes para educar a un sujeto concreto, singular y con un ethos particular: el hijo.
3. El cuerpo: la coincidencia de los fines entre ambas instituciones que el colegio lo específica a través de su axiología y de su estilo educativo.
4. Contratantes: padres de familia y el colegio.
14. – La materia y el objeto son la razón y causa del vínculo jurídico. El pago de la pensión escolar – en el monto y modalidad acordada – impide que el vínculo devenga en nulo o se extinga en el corto plazo. Sin la oportunidad de los desembolsos, el colegio no podría adquirir ni contar con el personal, con los medios ni con los recursos adecuados para constituirse en una ayuda calificada idónea.
15. – La relación que el colegio establece es con cada familia. En razón de la materia y el objeto del vínculo, dicha relación no puede ni debe ser precaria, opuesta ni antagónica, si no buena y fluida, garantía de una diferenciada y mutua colaboración.
16. – Condiciones de una buena relación.-
a) Confianza
Los padres de familia confían en la idoneidad del cuerpo docente y en que sabrá conducir a su hijo teniendo como foco el perfil del alumno egresado que el colegio prometió (y que ellos aceptaron por coincidir con sus objetivos educativos familiares)
Para que la relación familias –colegio sea confiable conviene considerar que:
1. – Atribuir la responsabilidad de los problemas escolares de los niños a la otra parte, no es del todo cierto. Se tiene que aceptar que no existe un único responsable de los problemas que afectan a un niño.
2. – Los padres de familias no pueden observar directamente el comportamiento de su hijo durante la jornada escolar; los profesores no están dentro del ámbito familiar. Por tanto, para una mejor comprensión y toma de decisiones, ambos se complementan. No obstante, las versiones no siempre coinciden, la mutua y recíproca confianza ayuda a superar dicha limitación que es a su vez física y práctica.
b) Delegación de autoridad
La tarea de los padres no concluye con la elección del colegio ni menos con la matrícula. Es inherente al proceso educativo el delegar al colegio parte de su autoridad, el que a su vez la transfiere a los profesores para que puedan ejercer su quehacer académico y formativo. La autoridad no se agota en la conducción, también implica respaldo a las acciones educativas propuestas por la escuela. De ahí la importancia que la familia y el colegio coincidan en el cuerpo del vínculo.
El respaldo de los padres expresados en el acto de delegar su autoridad no es incompatible con el derecho que les asiste a solicitar correcciones o las explicaciones del caso. Lo capital es que aquellos derechos se orienten y dirijan a quienes puedan atenderlos y darles curso de solución.
c) Rectitud de intención
En una relación que apunta a un fin claramente definido la colaboración entre la partes reclama de una recta intención en el actuar. La escuela no puede garantizar infalibilidad e impecabilidad en sus actuaciones – como los padres tampoco- al fin y al cabo se trata de instituciones compuestas por hombres. Pero sí el colegio puede prometer acciones signadas con la intención de buscar el bien de cada uno de sus alumnos. En el marco de dicha atmósfera, padres y profesores podrán encontrar los mejores y más efectivos medios y criterios para zanjar presuntas desavenencias.

 

La escuela tiene que ser fecunda

ENTREVISTA REALIZADA AL EDUCADOR EDISTIO CÁMERE
REVISTA ANTESALA (Edición agosto 2016)

“La escuela más que eficaz tiene que ser fecunda. Es fecunda porque es capaz de dar a sus alumnos la oportunidad de que cuenten con un tutor que los acoja. Cuando te miran a los ojos y te preguntan ¿Cómo estás?, te están confirmando: ¡Qué bueno que estés con nosotros! Es esta una de las experiencias más intensamente educativas que se pueden vivenciar; saberse que somos importantes para alguien especial. ¡Creo que no existe mayor motivación para hacer las cosas bien!”. Importante reflexión que nos deja el educador Edistio Cámere, quien además advierte: “A veces pienso que hemos perdido largamente de vista a quienes se educa. No son máquinas. Son personas libres, frágiles, con motivaciones de diversa índole, maduración en proceso”.

Para este especialista el éxito de la acción educativa se logra “cuando el docente aplica su inteligencia y su querer en orden a buscar el bien de todos y cada uno de sus alumnos”. Porque, como bien enfatiza, “los alumnos son como son y no como nos gustarían que fueran, pero pueden ser mejores si las estrategias didácticas y las actividades escolares se ajustan a sus necesidades y a sus características”. A continuación conversamos con él para conocer cómo afinar algunas estrategias educativas que deben ser parte del proyecto educativo.

-¿Hasta qué punto las instituciones educativas deben tener libertad para definir y desarrollar su estilo educativo?
Los principios de libertad de enseñanza junto con el de fundar centros educativos, consagrados en la nuestra Constitución, fundamentan el derecho de configurar un propio estilo educativo. Se suele pensar que la existencia de los centros educativos particulares obedece a intereses marcadamente lucrativos o que deben compensar las limitaciones de los estatales. Ambos enfoques son reductivos. En una sociedad plural, democrática, tiene que existir alternativas diversas precisamente para que los padres de familia ejerzan su derecho de elegir el colegio que más se acompase con lo que quieren educativamente para sus hijos. Las alternativas que se ofertan se configuran con arreglo al estilo y visión que cada titular imprime a su centro. Cuando, en aras de la educación de un ‘ciudadano global’ o de la calidad medida con indicadores productivos, se aboga y se quiere implantar un sistema ‘universal’ se afecta el derecho de cada familia de decidir ante sí y por sí el tipo de educación que quiere para sus hijos; y, desde el punto de vista político, se genera una suerte de oxímoron: democracia para votar pero autoritarismo para gobernar.

-¿A qué cursos o áreas se le debería dar mayor énfasis para mejorar el nivel educativo de los estudiantes?
Lo propio de la escuela no es la especialización, lo suyo -gradualmente- es incorporar a sus alumnos a la cultura de la sociedad, lo que implica la trasmisión de las ciencias, humanidades, artes, deportes… Por tanto, más que enfatizar en un curso o en un área, lo importante es que los alumnos aprendan. Con aprender me refiero a que a través de los conocimientos recibidos formen conceptos, los formulen original y apropiadamente a través del lenguaje y sepan transferirlos a situaciones nuevas. En suma, importa mucho en la escuela ayudar al alumno a pensar y a tomar decisiones acertadas. El nivel educativo de los alumnos no se mejora per se con nuevas materias, con medios de última generación, con franquicias internacionales… se incrementa si se logra que el alumno ejercite con autonomía su inteligencia, es decir, que quiera aprender no solamente lo que en el aula recibe, sino que busque profundizar. El aprender así es un acto libre del alumno, el reto es cómo convocar su libertad para aprender.

-¿Cómo debería realizarse la evaluación docente para reconocer sus verdaderas capacidades y habilidades?
La evaluación del docente tiene, a mi juicio, que atender las capacidades de la persona como tal, las que forman parte de la profesión y las que demanda la escuela con arreglo a su visión o ideario educativo. Desconozco si existe algún instrumento que las mida integralmente; sin embargo, prefiero partir de una sólida base: la vocación del maestro (incluyo también la de aquellos que por ocasión la han descubierto) abriga en su seno una serie de atributos que bien estimulados dan paso a habilidades sumamente positivas. Valoro como condición indispensable: el gobierno del aula, pues un profesor que no la gobierna no realiza la relación enseña-aprendizaje; pasión por lo que enseña; buena didáctica; e ilusión profesional. Si además los directivos lo conocen, lo tratan personalmente, la escuela caminará tras su visión corporativa y diferenciadamente.

-¿Cuál debe ser el perfil del director y hasta qué punto debería gozar de autonomía?
El perfil de un director no debería deducirse de las leyes y reglamentos educativos promulgados por el Ministerio de Educación. Su enfoque enfatiza más las funciones administrativas-pedagógicas. Creo que la definición del perfil de un director pasa por aceptar que el cometido de una escuela no se reduce a las actividades en aula; toda ella educa. Por tanto, se necesita que sea conducida -mirando el corto y el mediano plazo- por un líder que sea capaz de gobernar todas las variables e instancias organizativas con armonía e eficiencia. Para que un director sea y se desempeñe como líder se precisa que tenga el respaldo y autonomía delegada de los titulares de los centros. Así como en las escuelas públicas la labor del director está mediada por la burocracia y la desconfianza de las autoridades superiores, en las escuelas particulares la dificultad más recurrente es la intromisión de los titulares y, en consecuencia, los conflictos en la toma de decisiones. Por cierto, esto último es consecuencia del decreto legislativo N° 882 (09/11/96).

-¿De qué manera se puede involucrar a los padres de familia en la formación escolar de sus hijos?
Entiendo la intención de la pregunta, pero no deja de llamarme la atención el hecho de que sean los colegios quienes tengan que pensar estrategias para que los padres se impliquen en la formación de ‘sus’ hijos. Debería ser al revés. Desde larga data la legislación acerca de las Asociaciones de Padres de Familia (APAFA) se ha centrado en la periferia: infraestructura, administración, economía… etc., ante la incursión de los padres, en todo menos en aquello que es la formación de sus hijos. La reacción de los colegios no se hizo esperar. Lo más dañino en la relación familia-colegio es la pérdida de la confianza, la misma que a pesar de las malas prácticas o normas populistas, debe siempre protegerse: el bien de cada alumno lo reclama y exige. No hay un modo único de involucrar a los padres. No olvidemos que cada colegio tiene un estilo educativo y cada familia el derecho de elegir el tipo de educación que quiere para sus hijos; por tanto, habrá colegios y padres donde la relación entre ambos tenga cotas bien definidas. Sin embargo, a pesar de la libertad de enseñanza, me parece que existen algunos indicadores que se pueden mencionar para lograr dicho fin. El colegio debe funcionar bien, tener prestigio académico ante sus padres, normas claras, organización cabal y eficiente de las actividades en que son invitados los padres; respeto y acogida en el trato ordinario… pero, sobre todo, tratar de modo personal a cada familia, confiar en ella y educar positivamente.

-¿Cuán importante es promover la tutoría con los alumnos?
Es una de las tareas más atractivas y demandantes, en el buen sentido de la palabra. La instrucción es una actividad grupal pero la educación, esa que busca extraer la singularidad de la persona, solo es posible mediante el trato personal. A través de la relación personal el tutor conoce al alumno, no de modo universal, sino como un alguien que crece, se relaciona, es afectado por su entorno, siente, piensa… a partir de esta recepción y acogida el tutor es capaz de sugerirle horizontes insospechados en su desarrollo. Insospechados porque no se repiten en otros, son originales. El conocimiento otorga autoridad: las sugerencias que recibe el alumno son pensadas con nombre propio. El ser humano es relacional y dialógico, la tutoría desarrolla y refuerza esas dos condiciones de la persona. La escuela, más que eficaz, tiene que ser fecunda. Es fecunda porque es capaz de dar a sus alumnos la oportunidad de que cuenten con un tutor que los acoja. Cuando te miran a los ojos y te preguntan ¿Cómo estás? Te están confirmando: ¡Qué bueno que estés con nosotros! Es esta una de las experiencias más intensamente educativas que se pueden vivenciar: saberse que somos importantes para alguien especial. ¡Creo que no existe mayor motivación para hacer las cosas bien!

-¿Cómo fortalecer la sana convivencia en la escuela?
Ante todo se podrá promover una sana convivencia si: a) En la escuela existe un adecuado nivel organizativo que permita el logro de metas y objetivos; es decir, que funcione y funcione bien; b) Se mantiene un clima pacífico y ordenado gracias al ejercicio de una autoridad orientada al servicio de los miembros de la comunidad educativa; y, c) Se procura que el ‘estar’ de los profesores y alumnos trascurra en un ambiente que sea limpio, grato y bonito. Otro gran capítulo a tomar en cuenta son las normas. Estas tienen que ser pocas en número, claras en su formulación, éticamente consistentes y posibles de cumplir. Al respecto, el personal docente y administrativo en su observancia deben in por delante. Las normas tienen que conducir a bienes demostrables y atrayentes y no ser resultado de caprichos o demostraciones de poder. La normativa debe facilitar que cada quien pueda cumplir con sus propias responsabilidades. En efecto, en la medida en que se confíe en los alumnos y profesores la convivencia podría discurrir por los cauces de orden en libertad. Finalmente, en la convivencia entre pares debe fomentarse y protegerse el buen trato y el respeto mutuo. Reconocer y acoger al yo del otro fortalece el compañerismo y alimenta la amistad. El crecimiento personal pasa por ayudar al ‘otro’ a crecer.

-¿Cuál es la importancia de promover la participación estudiantil a favor de la formación integral de los alumnos?
Es vital promover la participación de los estudiantes. El primer modo es la promoción, como práctica institucional, de la escucha atenta y respetuosa de los alumnos a partir de la cual se recogen iniciativas y se concretan modos de hacerlas viables. Se cumple el principio de que todos los alumnos puedan participar proporcionalmente en configurar una buena y pacífica convivencia, de acuerdo con las edades y capacidades. Con la participación se logra en los alumnos el sentido de pertenencia: Si puedo intervenir y aportar en las mejoras es porque formo parte ‘de’. Además, se educa socialmente; es decir, se aprende que los talentos se comunican para el bien de los demás.

¿Qué opinión tiene respecto de las evaluaciones sobre la Evaluación Censal de Estudiantes realizada por el Minedu y las pruebas PISA?
Obtener resultados es un objetivo legítimo pero debe ser el último de la lista de las pretensiones del docente. Los resultados expresados en guarismos o en porcentajes suelen ser epidérmicos. Una nota alta no refleja efectivamente que el estudiante haya aprendido y una baja no siempre es señal de un mal aprendizaje. Si el foco se centra en los resultados las actividades previstas se reducen a ese fin perdiendo su riqueza y posibilidades para lograr un ambiente propicio para la participación activa de los alumnos.
Los resultados en educación son consecuencia del crecimiento como persona y como profesional del docente. Su nivel de desarrollo es la medida del de sus alumnos. Crecer implica abrirse a la realidad del grupo y a las circunstancias de cada quien: los alumnos son como son y no como nos gustarían que fueran, pero pueden ser mejores si las estrategias didácticas y las actividades escolares se ajustan a sus necesidades y a sus características. En este esfuerzo el docente aplica su inteligencia y su querer en orden a buscar el bien de todos y cada uno de sus alumnos.
A las evaluaciones se les debe considerar siempre como oportunidades de aprendizaje más aún cuando los resultados ‘no son los esperados’. De este modo, se evita que el docente se congoje o frustre y se logra que este mejor dispuesto para reflexionar con objetividad y proponer –aceptar – las medidas correctivas.
Es cierto que en el Perú los resultados de la prueba Pisa no son muy alentadores. Pero en Singapur – en el mismo periodo de medición- solo el 20% de los alumnos tenía nota positiva. ¿Qué pasó con el 80%? ¿No que era un país desarrollado? No quiero ni me interesa hacer comparación alguna, simplemente señalo que ningún país logra el 100% en Pisa y que cada vez más la actividad empresarial está solicitando el cultivo y dominio de las habilidades llamada blandas en sus colaboradores. A veces pienso que hemos perdido largamente de vista a quienes se educa. No son máquinas. Son personas libres, frágiles, con motivaciones de diversa índole, maduración en proceso. Además no siempre lo que dicta la norma, el estándar económico o quimeras del funcionario es lo que conviene efectivamente a cada persona.

Las omisiones en EDUCACIÓN

Frente a una determinada situación caben dos posibilidades: actuar o no actuar. Si se actúa dos opciones se abren: se acierta o no se acierta. Si se acierta, se confirma la actuación, con lo cual se queda mejor dispuesto para replicar una similar o una mejor. En ambos escenarios se ha tenido una experiencia, un aprendizaje, pero por sobre todo, quien actúa incorpora, introduce – desde su condición de singular – en el curso de la historia una condición, un atributo o un bien, que antes no estaba.

Cuándo no se decide, cuándo no se actúa, ¿Cuál es el costo de esa omisión? En educación el precio que se paga está en relación directa con el bien que deja de adquirir un alumno quien está en franco proceso de crecimiento y maduración. Una buena decisión abre alternativas. Quien la toma – el profesor – solo conoce las contiguas, mientras que, las siguientes o posteriores serán discernidas y tendrán sentido para el alumno. La actuación del docente es movida por un bien que conviene al alumno. Al presentárselo amplía su horizonte de mejora integral, quien si decide hacerlo propio, su yo estará mejor dispuesto para ir al encuentro de otros y/o mejores bienes.

padres-hijosLa índole de la educación es ayudar, auxiliar a los alumnos en su crecimiento personal e integral, en este sentido, la intervención del docente siempre es y será un acto de primer orden. Reconocer el problema y dedicarse a actuar es quizá la acción de liderazgo más significativa que uno puede hacer”. (Harvard, A. 2013) precisamente porque el maestro al confirmar o rectificar una actitud o comportamiento abre cursos de desarrollo que el alumno podrá seguir y profundizar en beneficio propio. Por el contrario, cuando el docente no actúa, la red de alternativas de crecimiento de un determinado alumno no existirá. Lo que podía ser, no es, ni será. Desde la óptica educativa a) cuando no corrige – se pone recta- una conducta, queda como ‘aprendizaje’ en el alumno que ese modo de operar es el que tiene que elegir, además, las decisiones próximas continuaran en la línea de la inicial conducta; b) cuando no se interviene, el amplio espacio de acciones o conductas positivas se quedan sin valorar, fortalecer y estimular. Tan malo es no corregir como dejar de confirmar las cualidades y los buenos actos en beneficio propio y de los demás.

Hoy en día, es un ‘mandato’ darle la razón en todo y por todo a los padres y alumnos – se les llama clientes-; los entes públicos apuran sanciones sin detenerse a escuchar explicaciones ni menos conocer la realidad de la escuela; cada vez suele ser más frecuentes las sesiones en las que los directivos y docentes reciben impasibles cuestionamientos sobre su actuación pedagógica de parte de los padres de familia. El resultado cierto es que la confianza en la escuela se debilita y no se respalda su autoridad (toma de decisiones y criterio). Ante tal escenario ¿Cuál debería ser la conducta de la escuela? ¿No complicarse? ¿Actuar por omisión?

Quienes defienden el trato de clientes a los alumnos y quienes preconizan que los alumnos deben dar rienda a sus deseos sin que medie norma en contrario, desconocen el grave perjuicio que les están ocasionando en su presente y en su futuro. Duele reconocerlo pero lograran su propósito: sus hijos tendrán la razón en sus deseos… pero con una gran diferencia: la escuela aprenderá a no pasar un mal rato defendiéndose por todo antes los padres de familia. ¡Cuántas inmejorables oportunidades perdidas de crecimiento o adquisición de bienes para el alumno!  ¡A la historia de cada persona no se le afrenta con las equivocaciones sino con las omisiones!

 

En pos de lo mejor

        Un maestro paseaba por el bosque con su discípulo cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia muy pobre y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comenta al aprendiz sobre la importancia de las visitas, de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que se suscitan de esas experiencias.

       Llegando al lugar constata la pobreza del sitio. Se aproxima al padre de familia y le pregunta: ¿En este lugar no existen señales de trabajo ni comercio, como hacen para sobrevivir aquí? El señor calmadamente respondió: “Amigo mío, nosotros, mis tres hijos, mi esposa y yo, tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con el resto producimos queso y derivados para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo”.

       El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento y se fue. En el camino le ordenó a su discípulo: “Busca la vaquita, llévala a ese barranco y empújala”. Aquel cuestionó vivamente el mandato del maestro, quien se mantuvo imperturbable. Finalmente, el discípulo cumplió con la orden.

       Esta escena quedó grabada en su memoria durante algunos años. Al punto que un buen día, el joven regresó a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedirle perdón y ayudarla. A medida que se aproximaba veía todo muy bonito, con árboles floridos, habitado, niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y preocupado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir.

       El joven preguntó a un hombre por la familia que vivía allá hace unos cuatro años, éste le respondió que aún seguían viviendo allá. Asombrado entró corriendo a la casa y reconoció a la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le pregunta al dueño de aquella vaquita “cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida“.

       El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el cambio que ven tus ojos ahora”.

       Cambiar, remover modos, estilos de comportamiento que si bien tienen resultados nos mantienen en la comodidad, en la rutina. Para ir a más, el esfuerzo tiene que ser sostenido. La vida no es para contemplarla, para ensebarla sino para gastarla, consumirla en el propio desarrollo y en el de los demás.

      La leña se consume brindando calor. La gasolina se consume: el auto camina. El hombre al ingerir los alimentos retira los nutrientes necesarios para vivir. Cuando se consume, una parte se pierde para conseguir otra parte mejor; nada se pierde, permanece convertido en algo superior.

       Cuando se corre se pierden sales, minerales y el equilibrio del reposo, Pero ¿qué se consigue? Mejor flujo circulatorio, respiratorio, mayor resistencia, mayor velocidad. Todo esto se logra con el esfuerzo que acompaña al correr. Pero si, además, se pretende ser un gran corredor, entonces, tenemos que renunciar a otras cosas… buenas: dormir hasta tarde, comer todo lo que se nos antoja, desvelarse… Cuanto más alto y grande es lo que se quiere obtener, se tiene que dejar de lado acciones buenas pero inferiores con relación a lo que se espera obtener.

        Lo propio ocurre si uno quiere ser buen estudiante. El estudio demanda esfuerzo, consume energías y quiebra el estado de inactividad, además, obliga a renunciar otras cosas menos prioritarias. Ver televisión no es malo de suyo pero si se busca ser buen estudiante, mirar muchas horas al día aleja de esa meta.

        Los resultados exitosos pueden venir, el premio puede ser buen estímulo pero alegrarse sólo con ello, limita. Alegrarnos en cambio, procurando hacer las cosas bien, esforzándonos y poniendo en cada acto, alma, corazón y vida, nos cambia interiormente y nos hace más grandes. De este modo nos preparamos para seguir haciendo las cosas bien.

       Los modelos sociales miran hacia la uniformidad pero hacia abajo, se presentan bajo envolturas atractivas y vistosas. Ir contracorriente, implica no dejarse atrapar por esas imágenes. El picaflor se divierte yendo de flor en flor y en eso gastan su vida. La gaviota otea el horizonte de palmo a palmo y sólo recoge lo que necesita del mar, zambulléndose. Con la inteligencia bien formada se conoce y distingue lo bueno de lo malo; con la voluntad uno se adhiere y mantiene en el bien conocido, a pesar de que otros no participen de ese bien y de ese conocimiento.

Saboteando la AUTORIDAD DEL PROFESOR

Soy profesor de primaria. El día de ayer me sucedió algo que nunca había pasado. Un niño estaba parado y no quería tomar asiento, hasta que le dije que no seguiría con la clase hasta que se sentara y los demás niños le dijeron fulano siéntate, a lo cual él se sentó, pero replico mi mama me dijo que no le hiciera caso a usted.

Es este un caso que me propuso un amable lector de este blog. Lo he leído varias veces… no sé si mi asombro se debe a la acción del niño o a la indicación de la madre. ¡Quedarse en pie cuando los compañeros están sentados! Me sabe a conducta osada y contestataria. ¿Sabrá el niño lo que busca expresar con dicha actitud? Cierto es, que por un momento tuvo en vilo al profesor al punto que gracias a la presión del grupo accedió a sentarse. Dificulto que ese niño de primaria haya tenido la intención de sabotear la clase.

La composición de los hechos lleva a discurrir que el niño hace una interpretación literal y generalizada de la indicación recibida de su madre. Es bastante probable que ante un hecho puntual relativo a una norma o al modo de realizar una tarea, la mamá – ante la persistencia de su hijo por cumplir prolijamente lo señalado en el colegio – haya sentenciado: “no le hagas caso al profesor” quizá seguido de alguno que otro adjetivo como para no dejar duda de quién sabe más. Pero, ¡claro! Dato importante: el niño no es la madre ni ella va al colegio. Si lo fuera, el comentario no hubiera pasado a mayores. ¿Cuál fue el mensaje que decodificó el niño? ¿La madre tenía la intención de minar toda acción docente? Estimo que la buena señora no le tendría mala voluntad al profesor…porque eso de liquidarlo ante su hijo pinta a café amargo.

Desconozco la intención de la madre por eso es mejor no juzgar. Sin embargo, algo se puede decir acerca de las consecuencias de su comentario. Una primera tiene que ver con la comunicación, más bien, con la capacidad interpretativa del receptor. Uno interpreta no solamente en función de los signos que escucha también en relación a las experiencias, intereses o situaciones que despiertan y/o asocian con lo escuchado. Somos dueños de lo que decimos más no de sus resultados. Entre otras razones, porque la persona es imprevisible, puede actuar ‘justo de la manera que no se ha pensado’. Hoy en día en que las palabras se desplazan sin tocar la realidad ni para significarla menos para comprometerse; no obstante, el hombre es un ser que conversa, que dialoga, por tanto, más que gastar palabras en perjuicio de otro u otros para descargar la conciencia, hagamos de ellas verdaderos vehículos de pensamientos y sentimientos. Los niños y jóvenes no quieren que les digamos como están las cosas… ya lo saben, pues las viven; quiere saber por qué están así para… cambiarlas.

La segunda consecuencia da cuenta de la pertinencia del comentario. Me explico. Es habitual que haya algún tema o hecho con el que no se esté de acuerdo en el colegio. No es pertinente comentar, argumentar o criticar abiertamente de ese hecho ante la presencia del hijo. Primero, razón económica: él no puede hacer nada para solucionarlo. Segundo, cuanto menos edad tenga el niño, más lo pondrá en crisis: no sabrá cuál es el lado de la fuerza. Tercero, al padre le asiste el derecho y el deber de acercarse a la escuela y conversar amigablemente con el responsable. Éste, además de mostrarse agradecido, abundará en razones y explicaciones que por lo menos le dejará a usted la sensación de que en ese colegio se actúa con criterio y no con el hígado. ¿Quién es el ganador? Su hijo sin duda. Usted, ahora confía más en la escuela y, por tanto, apoyará y dejará actuar al profesor de su retoño.

En una escuela podemos encontrar dos fuentes de autoridad. “La legitimidad y necesidad de las relaciones de autoridad y obediencia se fundan no en el poder sino en la jerarquía como institución social creada para posibilitar la organización de los grupos humanos” (Quintana, J. María, 1989) Es decir, que la escuela constituida por personas requiere de una autoridad que permita fluidez en la convivencia y orden en el uso de los espacios y ambientes.

Una segunda fuente yace en la visión y principios educativos que destinan a una escuela, en consecuencia, en su elección va implícita la conformidad o aceptación como fundamento e itinerario de su autoridad. Cuando existe coherencia, la conducción de los alumnos en la escuela será más que llevadera. Ciertamente, la autoridad se puede resquebrajar pero frecuentemente en el punto de la aplicación pero al haber acercamiento en los juicios, de inmediato se puede revisar y modificar su práctica.

Antes de ‘soltar’ un ligero comentario del colegio o de un profesor ante nuestro hijos, tengamos presente: a) No sabemos cómo lo interpretará y que conducta finalmente emitirá b) Su hijo poco puede hacer ante sus reclamos, es mejor dirigirlos a quien le competa actuar c) Si son muchos los comentarios que le ‘suelta’, es momento de repensar: ¿Es este el colegio qué en verdad quiero para mi hijo?

EDUCAR NO es COMPLACER

Cuenta Jorge Bucay que el Maestro Sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma….

  • Maestro –lo encaró uno de ellos una tarde- tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado…
  • Pido perdón por eso.- Se disculpó el maestro- Permíteme que en señal de reparación te convide un rico durazno.
  • Gracias maestro, respondió halagado el discípulo.
  • Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
  • Si, muchas gracias, dijo el discípulo.
  • ¿Te gustaría – ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?….
  • Me encantaría… Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro.
  • No es un abuso sí yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte…
  • Permíteme que te lo mastique antes de dártelo…
  • No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó sorprendido el discípulo.
  • El maestro hizo una pausa y dijo:Si yo les explicara el sentido de cada cuento… sería como darles a comer una fruta masticada.

La moraleja que propone en su cuento Jorge Bucay va a contrapelo de la tendencia en auge de educar para la complacencia. Este estilo presume al alumno como ‘cliente’ a quien hay que darle la razón para contentarlo. Sin embargo, siendo precisos diremos que la manida frase: el cliente tiene la razón no aplica a la educación porque ésta no es una transacción – mediante la cual puntualmente se intercambia dinero por bienes – sino que es una relación. En efecto, en la acción educativa se advierte una relación entre dos sujetos (profesor y alumno) y un fundamento que la causa (el educar). A su vez, entre ambos sujetos o extremos no existe una única relación. La relación del docente hacia el alumno se especifica en la enseñanza; la relación del alumno hacia el docente se especifica en su condición de aprendiz. Siendo ambos parte de una misma relación, el acto de enseñar es distinto al de aprender y viceversa, es preciso – para que la relación persista- que el profesor se involucre en mantener activo el fundamento que la causa, es decir, el educar. La actividad del docente no se agota con la exposición didáctica de un tema aunque sea capaz de activar los hábitos intelectuales orientados al aprendizaje. Es importante pero no es suficiente. Con el arte de la docencia se tiene que remover o mitigar aquellas limitaciones que impiden el aprendizaje personal, por ejemplo: el desgano, la flojera, la falta de comprensión, las distracciones, emociones no controladas, las disrupciones en clase…. Ciertamente, su remoción requiere de tiempo, de paciencia, de motivar, de conocer y tratar al alumno… y de autoridad para intentar su interés y compromiso para aprender.

La complacencia, tiene el efecto de extinguir la relación maestro-alumno porque menoscaba el fundamento que la causa. Además, presenta tres peculiaridades que vale la pena mencionar:

  • El educando que no aprovecha los periodos sensitivos propios de su edad para aprender, las probabilidades que ese vacío le pase factura en el futuro son altas.
  • El docente, por su parte, para complacer tenderá a extremar la simplificación de la materia a dictar con el fin de uniformizar ‘el pasarla bien’ en sus alumnos; de manera que, ese fin perseguido terminará por ablandar su calidad profesional: no estudia para preparar las clases sino que traza estrategias para contentar a sus discípulos.
  • Se desaprovecha el gran aporte que los padres pueden brindar en la educación de sus hijos pues tienen la certeza que en la escuela todo marcha viento en popa. No me refiero a que un alumno tenga dificultades para aprender simplemente acotó que los hábitos intelectuales y volitivos se adquieren mediante la repetición de actos. ¡Vaya modo de congraciarse con los padres impidiendo que no ejerzan su deber-derecho de educar a sus hijos!

Cifrar la educación en dar al alumno lo que quiere o le provoca se convierte en una suerte de círculo vicioso: el engreimiento – síntoma no menor del egocentrismo- al no tener límites en sus demandas obliga a un continuo refinamiento en los modos de satisfacerlas. De no ‘romperse’ ese círculo, la tendencia resultante será formar ciudadanos miopes: aptos solo para mirar sus derechos y preferencias con escasas habilidades para la convivencia y la solidaridad.

En el sistema educativo, la complacencia tiene que ser resultado de los logros alcanzados o por alcanzarse, supuesto el esfuerzo, el tesón, la renuncia, el estudio, el orden, etc.… desplegados previamente. Es verdad que las capacidades no están distribuidas de modo uniforme, hay quienes que cuentan con más facilidad para comprender, sin embargo, atender en clase representa abstenerse de platicar con el compañero; de igual modo, hacer una tarea o estudiar supone ‘liberar’ un tiempo, dejando de realizar actividades más placenteras, para destinarlo al referido quehacer.

Percibir al alumno como ‘cliente’ finalmente, significa una inversión en la jerarquía de los valores, que gradualmente va calando en la formación del educando. Sin duda, el aprender y formarse es claramente un valor superior al de hacer lo que ‘me provoca o me gusta’. El primero queda incorporado como patrimonio en el alumno para disponerlo en otro momento, por ejemplo, para aprender asuntos más complicados y densos; el segundo, en cambio, se agota en sí mismo, termina al gozarlo y tiende a ‘oxidar’ las capacidades que ante una situación que las exige no acuden con la prontitud esperada.

 

 

 

 

 

Tener un corazón enamorado

Es bueno aspirar un puesto en una de las diez compañías más prestigiosas del medio pero un corazón enamorado ama el puesto que desempeña en la empresa en la que ha sido contratado.

Me gustaría tener amigos que tengan contactos, sean inteligentes y graciosas, pero un corazón enamorado quiere y valora a los amigos que tiene gracias al colegio, a la universidad y al barrio.

Es bueno soñar con vivir en un país ordenado, desarrollado y con mucha cultura, pero un corazón enamorado quiere y se ilusiona con el país que le ha tocado en suerte nacer y vivir.

Es bueno acariciar la sensación del éxito, de los reconocimientos y aplausos, pero un corazón enamorado aprecia y se entusiasma con el esfuerzo, la perseverancia y la fortalece que a ellos conduce.

Es bueno tomar fotos de un viaje, de una actividad o de una fiesta para subirlas en espera de muchos ‘likes’; pero un corazón enamorado se abre a la experiencia, la disfruta intensamente y la incorpora a la propia historia para luego contarla con tal pasión y novedad que contagie y meta al amigo, a la amiga a ese momento de felicidad. La belleza y la alegría quedan cojas cuando se reportan solo cuando se trasmiten de adentro hacia afuera y cara a cara, mirándose a los ojos, se multiplica y se hace un recuerdo que permanece.

Es bueno dar rienda suelta a la creatividad con ahínco y ánimo realizando la tarea que te atrae y gusta, pero un corazón enamorado hace lo que debe y lo hace bien aunque la tarea que tiene entre manos no le guste; de manera que, además de adquirir virtud profesional debida, contribuye al crecimiento de su empresa y al bien común en la sociedad.

Es bueno estar al tanto de los acontecimientos, novedades y de lo que está de moda, pero un corazón enamorado es capaz de traer a la memoria para agradecer los beneficios, la dedicación y el afecto que sus padres, amigos y profesores le dispensaron para ser quien es. Usa su memoria para hacer presente los grandes valores y a las personas significativas en sus vidas.

Es bueno buscar la prosperidad material y económica pero un corazón enamorado sabe buscarla ‘fuera de las trampas de la opulencia’ para encontrarla también en las relaciones humanas, en las familias, en los vecindarios, en las comunidades, en el sentido de la vida y en la apuesta por los valores éticos.

Es bueno moverse, hacer cosas, tener la agenda ocupada, andar con prisa porque se está atareado, pero a un corazón enamorado más que el movimiento le importa el sentido y el destino de lo que hace. Por eso más que ser un experto en navegar sobre las olas, cultiva el arte de sondear las profundidades de los acontecimientos porque en su densidad, altura y perspectiva es capaz de encontrar la riqueza y el misterio que aquellos esconden.

Es bueno soñar con tener a la chica o al chico más guapo, atractivo e inteligente pero un corazón flechado distingue en el enamorado o enamorada aquello único e irrepetible que tiene por sobre los demás y al mirarlo con el poeta le dice “sé que cuando te llame / entre todas las gentes / del mundo, / sólo tú serás tú.”

Un corazón enamorado sin renunciar a defender con argumentos su planteamiento, tampoco a mandar cuando convenga, valora el dialogo, pues está persuadido que siempre el ‘otro’ tiene algo bueno que decirle.

Un corazón enamorado no se acomoda pasivamente con la configuración actual de la sociedad, es rebelde, va contracorriente; porque ama su momento histórico es capaz de ser inventivo, de imaginar nuevos escenarios y tener la valentía de pensar de modo diferente.

Un corazón enamorado no es un iluso soñador, es realista porque conoce, ama y se compromete con quien es, con lo que tiene y con el entorno que lo circunda. Quien ama no se conforma. Quiere ser mejor persona, quiere multiplicar sus cualidades y virtudes y quiere una sociedad donde reine la justicia y la paz.

Finalmente, un corazón enamorado es agradecido, sonríe y es optimista: los problemas son retos, el trabajo, vocación, los otros, personas dignas de respeto, el dolor, madurez y, la vida una gran oportunidad para ser más y mejor persona que contagie y trasmita bondad, belleza, verdad y unidad que la realidad tiene.

Entreeducadores desea una feliz Navidad y un año nuevo prodigo en proyectos y experiencias de crecimiento personal, familiar y profesional a sus seguidores y a sus amigos lectores. Asimismo, les expresa su agradecimiento por permitirnos continuar publicando notas gracias a su amable aceptación.

 

EDUCAR para la FELICIDAD

La escuela se configura como un servicio que tiende a satisfacer una necesidad fundamental de las familias: la instrucción e inserción de sus hijos en la sociedad.  Así como el médico ayuda a la recuperación de la salud de los miembros de una familia sobre la base de la aplicación de la ciencia médica, la escuela desde la perspectiva pedagógica introduce al niño y al joven al mundo de las ciencias y de las humanidades, es decir, lo culturiza. En ambos casos, el recabar un servicio no mengua la responsabilidad del padre de velar por la salud y educación de sus hijos, no solamente eligiendo el mejor de acuerdo a sus posibilidades y criterios sino también poniendo en práctica las sugerencias recibidas y adicionando las medidas que el sentido común le dicte para conseguir una vida más saludable o una educación integral para su hijo.    

Si nos atenemos a la estricta calidad, la solvencia teórico-práctica de la pedagogía incluye las determinaciones pertinentes para cumplir con las exigencias de la instrucción. La calidad hace referencia a la confección de un producto que de acuerdo a unas especificaciones resulta similar en todas sus reproducciones. Apunta más, a lo seriado, a lo homogéneo. Si tal fuera la finalidad exclusiva de la escuela, sin duda, sufragaría la necesidad universal de la familia pero haría prescindible la relación familia-colegio.

Para encaminarse hacia la felicidad no cuentan los indicadores, los repertorios, las tablas o registros que verificar. Lo que cuenta son los criterios, el ejemplo, la dedicación, la acogida y el afecto, donados  a una persona singular y concreta, en el albor de su historia con una vocación y misión en la sociedad a descubrir. Sin el concurso de los padres poco o nada se puede conseguir, de ahí nace la importancia de la colaboración mutua y diferenciada entre los padres y el colegio.

La felicidad está siempre en la promesa de un futuro mejor. Si la felicidad consiste en la ilusión, la infelicidad consiste en no tener objetivos (…) (Rojas, Enrique, 2003). Sin objetivos a lograr la familia y la escuela poco pueden aportar en favor de la felicidad de un niño o joven. No se habla aquí de una visión universal propuesta por la escuela ni de un deseo quimérico de los padres, de cuya validez e importancia al formularlos no se duda, pues sirven de norte o de guía. Considerando que la felicidad es personal, los propósitos que a ella se encauzan tienen que ser particulares y ajustados a la persona. Desde esta perspectiva, los objetivos que la escuela puede proponer nacen de las relaciones que el alumno tiene a partir del contacto con: 1) las materias a aprender; 2) con sus amigos o compañeros; y, 3) con la cultura de aquella.

El modo cómo es afectado el hijo en las relaciones mencionadas, es conocido por la escuela y es desconocido directamente por los padres, por tanto, la primera aporta lo que observa mientras que los últimos aportan el modo cómo las vive en la intimidad familiar. En efecto, al interactuar en esos ámbitos – que, sin duda, configuran sendas situaciones de aprendizaje – el alumno emite respuestas que comunican afectos, ideas y actitudes que de algún modo van perfilando su carácter o manera de ser. Sin embargo, para que esas experiencias sean incorporadas  como aprendizajes efectivos  se precisa de la aportación y de la colaboración de los padres que encuentran su apogeo, gracias al conocimiento capilar que tienen  de su propio hijo. ¡Quién mejor que los padres para iluminar su singularidad, lo que posee como radicalmente propio y su valía como persona simplemente por ser quien es!

En las relaciones y en la convivencia intrafamiliar el hijo expresa con espontaneidad lo más acendrado de su condición de impar. Por eso de cara a la escuela no es suficiente que los padres den por supuesto que lo quieren: su gran tarea es la trasmitir y contagiar al colegio, para que aprenda y sea capaz de educarlo desde su condición de amado. Los docentes lo presumen. Sin embargo, para que se dejen permear por la intensidad, la contemplación y alegría que mana desde la hondura de sus almas al experimentar: ‘lo bueno que es que su hijo exista y sea entre ellos’, los padres tienen que acrecentar ese amor.

El amor fuerza a respetar y tener en alta consideración la historia que el hijo comienza a escribir. “Cuanto más suyos más nuestros”, decía Gerardo Castillo enfatizando que si bien los padres engendran y cuidan, empero los hijos no son ellos ni tienen porque repetir como modelo de vida sus experiencias. La valía de una vida que tiene que descubrir su propio camino, reclama afecto – mucho, sin duda, –  y también de decisiones y desprendimiento de paradigmas y visiones quiméricas de como ‘les gustaría que fuera su hijo’, para conectarse y concentrarse en su realidad personal y situacional.

Se ama a una persona concreta con sus talentos y capacidades, en su condición de no repetible que la hace especial – lo que hace inútil e ineficaz las comparaciones – y, con sus limitaciones y defectos. El amor también comporta decisiones seguidas de actos para: potenciar sus cualidades, para acogerlo en su mismidad y para corregir con paciencia sus defectos. En esta línea se enmarcan los encuentros de los padres con el tutor o encargado de clase. No se trata de hacer prevalecer un punto de vista ni escudarlo con argumentos técnicos o subjetivos. Se trata de intercambiar aportes con miras a confeccionar planes de acción para cumplirlos con miras a hacer de nuestro hijo, de nuestra hija una mejor persona… y feliz.