QUEDARSE O VOLVER

Edistio Cámere

Los días se suceden implacables. La espera se torna densa y como la neblina no se tiene claro qué levantará la cuarentena: la palabra de un presidente, la voz de la ciencia, del sentido común o la necesidad acuciante. Incierto panorama. Lo cierto es que una frase se ha repetido por todos los canales imaginables: “ quedate en casa”. Dada la ofensiva del coronavirus obedecer  es el camino correcto y solidario. Quedarse en casa sabe a resignación, a no tengo más remedio  y, por tanto, lo mejor que se puede hacer es coger una arma para matar el tiempo de las formas más creativas posibles. Pero es quedarse en casa puede mirarse como un volver a lo más humano, a la vida ordinaria, a mirarse a los ojos, a descansar sin sobresaltos, a agradecer, leer ese libro que te obsequio tu consorte, a escribir metas concretas a lograr cuando termine esta crisis

Volver. He aquí un verbo que predica ritmo. Solamente cuando uno ha partido se espera o se presume que pueda volver. Aunque el regresar no sea una certeza porque se puede renunciar racional y libremente a hacerlo, no se parte del todo, existe un “algo” en lo que se deja temporalmente que mantiene vigente una causa razón o un cierto atractivo. Se vuelve a la tarea encomendada, al amigo, al hogar, al descanso y, en general,  a los compromisos contraidos. Es el ritmo de la vida que se especifica en los días. La posibilidad de volver permite ataviar la novela de nuestra vida con altos momentos poéticos (Borges). Volver tal y como uno partió  es una opción sí pero cansina e improductiva. El regreso tiene que estar marcado por la ilusión de un nuevo comienzo, de un nuevo hacer, de un nuevo mirar o de una más fina escucha. Hacer lo mismo, pero de un modo distinto: es poesía. No que mude sustancialmente la acción, se la completa…siempre cabe un matiz o tonalidad que la haga mejor, más perfecta y bella.

El hombre, al cabo humano, no siempre vuelve chispeante o entusiasmado. El que el sol no brille refulgente ni abraze con sus rayos no hace menos real y cierto el día. Al igual, la categoría del volver no la imprime la “cosa” a la que se vuelve sino el modo como se vuelve. En el modo se contiene el arte y la técnica; la inteligencia y el querer. A veces, el querer se rebela, se eriza en abierta oposición, entonces, es la hora de la razón que esgrime sus mejores argumentos para que caminen en abierta y patente cooperación. Otras veces, la aridez del intelecto se beneficia con los colores, los sabores y afectos del querer.

Mario Benedetti, en su novela “La borra del Café” (Madrid, 2007)  glosa con gracia y precisión lo que, para uno de sus personajes significa volver a su casa (…)

“No, el olor a que me refiero era el de la casa en sí; el que exhalaban por ejemplo las baldosas  blancas y negras del patio interior, o los escalones  de mármol del zaguán, o las tablas del parquet, o la humedad de una de las paredes, o el que venía de la higuera cuando yo dejaba mi ventana abierta. Todos esos olores formaban un olor promedio, que era la fragancia general de la vivienda. Cuando llegaba de la calle y abría la puerta, la casa me recibía con su olor propio, y para mi era como recuperar la patria”.

Cuando uno regresa al hogar se despoja de ese modo propio de la función o papel que desempeña fuera. El aparentar o el representar no conviene al estar en familia. En casa lo singular y atractivo es la acogida y la atención que se dispensan sin valoración tan sólo por ser quien es uno. Por eso, el retorno a un lugar con ese sello es como repostar en un oasis, es henchirse de seguridad y recibir esa mirada inteligente que grita con estruendo pero con armonía: ¡que bueno que hayas vuelto!,  ¡que buenos que éstes con nosotros! La naturaleza del hogar es revestir a sus miembros de humanidad; pero toca a quien vuelve con su actitud generosa y alegría atizarla para que no se desvirtúe o empalidezca.

 

AL COLEGIO CON EL INDECOPI

Edistio Cámere

Al colegio con el INDECOPI ([1]) es el lema con el cual se pone en guardia a los padres de familia en contra de los colegios privados. Sus funcionarios aducen que la campaña tiene por objeto cumplir con lo que la ley prescribe. Sin perjuicio de sus buenas intenciones, el modo como se ha planteado genera inseguridad y pocos beneficios; a mi modo de ver estas son algunas consecuencias:

1.- Definición del consumidor.- La defensa del consumidor es necesaria y  bienvenida cuando el servicio o bien que se recibe es deficiente en calidad y en oportunidad; además, cuando lo ofrecido no se condice con lo aceptado; y, finalmente cuando se advierte comprobada negligencia, un engaño o fraude. En esta línea, cualquier intervención de oficio o por solicitud de la parte interesada es muestra de una real y efectiva  preocupación por el consumidor. Sin embargo, no se entiende el concepto de consumidor que maneja INDECOPI pues interviene en su favor cuando recibe y utiliza un servicio a satisfacción pero de modo unilateral decide no pagar lo debido. Este tipo de injerencia desestabiliza el orden jurídico porque un organismo del estado promueve y avala conductas irresponsables de cara a las obligaciones contractuales contraídas.

2.- El incumplimiento contractual y su impacto en la escuela.- Basta que la norma deje un orificio a través del cual se resuelva en favor de la conducta del no-pago para que se genere inseguridad jurídica, entonces el incumplimiento deja de ser una eventual posibilidad para convertirse en práctica ordinaria. Asimismo, aquella termina por minar la autoridad y el orden en las instituciones. Cuando los acuerdos estipulados entre las partes no son vinculantes, la relación se establece sabiendo que se puede quebrar con relativa facilidad y habilidad. Se instaura, entonces, la cultura de la sospecha y de la desconfianza. Al punto que un proveedor ante el hecho de no recibir lo que es debido por un servicio prestado, se ve obligado a demostrar – con la asesoría de abogados – que se le vulnera un derecho y, asimismo, que ha actuado conforme a ley. De esta manera, se ha introducido un ingrediente pernicioso: la vía judicial como método para resolver las desavenencias escolares entre el colegio y los padres.

Como es lógico, la intromisión de tácticas  querellantes perjudica la mutua confianza entre el padre de familia y la escuela. Durante los trece años que dura, la relación no se limita al pago de la pensión, los padres participación activamente en el logro de los objetivos educativos de su hijo. Pero cuando la confianza se pierde la relación fluye por los meandros de la omisión. En efecto, omite el padre quien – al no estar al día en sus pagos – prefiere no asistir, no pedir, no apoyar ni aplicar las sugerencias para su hijo propuestas por la escuela. Por su parte, el colegio, también se ve forzado a omitir para evitarse demandas por algo que no le parece o le sienta bien al padre. El reclamo airado ha desplazado al dialogo. Se pierde la gran ocasión de sumar esfuerzos en bien del estudiante: ¡el aporte profesional del profesor!

3.- La sobrerregulación.- El empoderamiento del consumidor, corre el riesgo de convertirse en la dictadura del subjetivismo: lo que me afecta, lo que me parece, lo que me gusta…está por encima de la norma, de la realidad, del bien común y de la naturaleza de las cosas y, por tanto, el Estado y sus organismos deben velar para que la norma se me acomode y la autoridad se someta al imperio de lo que apetece.

Esta democracia de los consumidores presiona sobre la oferta. Esto se explica porque el modo de salir airoso de una denuncia venida de un ente estatal es haber cumplido en exceso con todas sus reglas, y superar ‘revisiones’ sin término y, por si fuera poco, maleables porque se ajustan al ánimo del funcionario de turno.  Un accidente, según el Diccionario de la Real Academia (vigésima tercera edición: 2014) es un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas, o también lo define como acción de que resulta daño involuntario para las personas o cosas, no obstante, a causa de un infortunio un proveedor es castigado y sancionado pecuniariamente.

Así, entre trabas y multas, brindar un servicio se ha tornado gravoso por el esfuerzo y tiempo invertidos para destrabar una regulación, pero sobretodo porque constriñe a descentrar la atención en el corazón de la institución para centrarse en evitar sanciones. Si la mejora de una escuela o de un servicio se  castiga ¿a quién se perjudica? ¿Esta es la defensa del consumidor que busca el INDECOPI?

4.- Aplicación unilateral del ‘derecho a la educación del niño’.- El derecho a la educación del niño es incuestionable y representa un interés superior que debe conducir a concertar determinados intereses y medios entre el estado, los padres – primeros educadores-, y los colegios a fin de remover los obstáculos que impidan su ejercicio. No obstante, una interpretación perversa de ese derecho impone sobre los hombros de las escuelas privadas la obligación unilateral de aplicarlo. Más aún, esa interpretación inaugura un camino de intromisión del Estado sin retorno en la educación privada. Apelando a tan noble derecho, se podrá implementar iniciativas políticamente correctas que veladamente afecten: la libertad de enseñanza, libertad para contractual o económica y libertad para elegir el tipo de educación para los hijos, todos también derechos de los ciudadanos.

Por paradójico que parezca, la campaña del INDECOPI ocurre en un país que se proclama democrático y con una educación privada en expansión y crecimiento. ¿Será que en el fondo, la férrea defensa del consumidor tiene por objeto el digitar desde las altas esferas, cómo debe vivir y pensar el peruano?

 

 

 

[1] INDECOPI, Instituto Nacional de Defensa de Defensa y de la Protección de la Propiedad Intelectual, es un organismo público autónomo especializado del Estado Peruano, adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros.

CORAZÓN INTELIGENTE

Edistio Cámere

En cierta ocasión un amigo me dijo: “participación, liderazgo, paz, justicia, servicio,… promovidas desde la escuela suena bonito pero con una sociedad como la actual contraria y difícil, casi casi se convierten en fantasía o en trama de un videojuego y de terror”. Comentarios similares suelen hacerse presente cuando una persona – joven, adulta o anciana – propone una iniciativa que modifica el statu quo del entorno o del interlocutor. Las respuestas suelen ser lógicas pero tienen una particularidad acentúan los ‘oscuros’ de tal manera, que al omitir los ‘claros’ la realidad asoma inmodificable y como tal, se abren dos caminos: la pasividad o la quimera de los cambios estructurales sin el aporte de los hombres en lo cotidiano.

Sin duda, comentarios como ese desaniman por sus consecuencias, más todavía si quienes lo escuchan son los hijos o los alumnos. Sin embargo, una cosa es cierta. Entre el hombre y la realidad existe una conexión originaria, posible gracias a esencial apertura de la persona y a la condición inelegible y la bondad de la realidad. En otros palabras, la realidad se comunica con su ser-así y el hombre le responde desde su índole racional. El entorno o realidad no está compuesto solo por cosas materiales también y sobre todo, por personas, por lo tanto, los cambios – en atención a su conexión originaria con la realidad – tienen que ser invitados a participar. Lo interesante es que en pleno ejercicio de la libertad no pocos se excusarán, otros sí se sumarán. Las alternativas y las elecciones no representan un defecto de la sociedad: la libertad es una misteriosa cualidad de la persona que tiene que ser eficazmente gobernada.

Así las cosas, aun escuchando voces agoreras, buscar lo central hará que aquellas no nos desanimen. Salomón fue un rey que gobernó con arte y sabiduría al pueblo de Israel. Cuando fue ungido monarca era joven e inexperto. En cierta ocasión, Dios se le apareció y le dijo: ‘pídeme lo que necesites que yo te lo concederé’. Salomón consciente de su realidad le solicita que le conceda un corazón comprensivo para juzgar y para saber discernir entre el bien y el mal. Pudo requerir: la derrota de sus enemigos; quizá abundantes riquezas; muchos años de vida; copiosas cosechas… ¿Eran estás demandas centrales para gobernar? ¡Imagínense un rey caprichoso y tirano que viva 100 años! Salomón pidió un corazón para escuchar, acoger, comprender y querer pero también solicitó inteligencia para conocer la realidad, a las personas y decidir con sabiduría y prudencia: le fue concedido un corazón inteligente para gobernar.

Aun podemos encontrar un consejo más del sabio rey. No solicitó solamente un gran corazón: consecuencias, un gobierno sellado por la emotividad, el capricho, la vanidad, el permisivismo; tampoco, se inclinó por la pura inteligencia: el signo de su mandato hubiera sido, el autoritarismo, la soberbia, el desdén y el rigor de la ley.

El arte de gobernar, no se limita a los funcionarios públicos o a los CEO de grandes corporaciones; ese arte alcanza a todos que tienen la responsabilidad de otras personas: papás, profesores, policías, enfermeros…y un gran etcétera. Bajo la consigna No uno sino muchos líderes, el corazón inteligente es bandera para mover al cambio.

Conclusión: primero, orden en las ideas, en las necesidades y en los recursos; Segundo: abrirse a la realidad para conocerla y advertir lo bueno que tiene; y, tercero, escuchar, acoger, tener paciencia y motivar con quienes compartimos, solo así lograremos ir en pos de ideales junto con otros. De la atenta escucha se constata la riqueza, la singularidad y las iniciativas de las personas con la que se integra el mismo ámbito y deseos.

 

LA DIVERSIDAD EN LA EDUCACIÓN

Edistio Cámere

¿A qué se hace referencia cuando se alude a diversidad? ¿A variedad?, ¿a diferencia? , ¿A distintos?  ¿A los otros? ¿A multiplicidad?  En rigor no hay variedad de hombres  como si variedad de flores; no se advierte distintos hombres como si se hace en el reino animal: el tigre es muy distinto a la tortuga y ¡que decir entre el elefante y la hormiga!

En el ser humano se advierten diferencias que nacen de su condición de persona: digna, única, irrepetible e insustituible. Pero al mismo tiempo, se observa semejanzas cifradas precisamente en aquello que las diferencia: toda persona es única, digna, irrepetible e insustituible. No existen dos personas iguales: Juan es único, María lo propio, Roberto igual y Teresa es única. Cada una tiene una intimidad ‘original’ que la hace singular ([1])  Ahora bien, toda persona posee una patrimonio inicial: la vida, la genética, un cuerpo, inteligencia, voluntad, libertad…que luego, gracias a sus experiencias, situaciones de vida pero sobre todo a sus decisiones personales, lo modifica ya sea incrementándolo  o no.  La forma cómo se dispone o decide sobre el patrimonio recibido configura el modo de ser, del cual depende el modo de actuar, que revela el ‘estado actual’ de una persona. ([2]) Como la persona se manifiesta a través de su modo de ser, de su actuar –aunque, vale la pena recalcarlo, la persona no es su modo de ser ni su actuar, más bien: tiene un modo de ser y una forma de actuar  – la manera de aproximarse a ella es conociendo los aspectos relevantes de ese modo de ser, que no encajan a una férrea tipología psicológica, sino que derivan de una acendrada singularidad y exquisita libertad.

La diversidad es un hecho antropológico, por tanto, su atención y trato no debería derivarse ni limitarse al nivel de la tenencia, de la cultura o del estatus económico, sino en la dignidad y condición de ser persona. Aquellas características no determinan la diversidad, a lo más dejan su impronta en el modo de ser o en la personalidad, por consiguiente, en educación el reto no es atender la diversidad sino la singularidad. ¡Esto sí que es ardua tarea porque no solamente interesan aquellos alumnos que exceden la norma tanto por arriba como por abajo, sino todos sin excepción, con el agregado que siendo irrepetibles también lo serán sus motivaciones, expectativas, intereses, capacidades, ideales, deficiencias,… y en el ejercicio de su libertad y decisiones! Para lo cual es fundamental procurar conocer y tratar a cada uno de los estudiantes desde su condición de personas.

Cuando se insiste en demasía en la diversidad basada en signos ‘externos’ se corre el riesgo de no reparar en las semejanzas ([3]) que tienen las personas: la coexistencia: la persona es una intimidad que es una apertura radical;  la libertad: que es la capacidad de autodeterminarse hacia la verdad y el bien. Dichas características hacen posible el abrirse a un tú, el encuentro y la acogida al ‘otro’, tan persona como yo, con quien puede relacionarme simultáneamente con singularidad y las diferencias en su modo de ser, dibujado con el pincel de su libertad, para complementarme como persona. La persona gracias a su apertura- coexistencia- y a su libertad puede donarse y aportar. Donarse desde su núcleo íntimo a otros semejantes –personas- en la amistad o en el amor personal. Aportar desde su condición de singular e irrepetible es contribuir con novedad a la sociedad mediante el trabajo, siendo solidarios en el logro del bien común.  Todas las personas están llamadas a la donación y el aporte personal. Las diferencias en su modo de ser y de actuar – la educación contribuye a remover los obstáculos antropológicos: la ignorancia y la falta de carácter que impiden la plena manifestación de su ser persona – los enriquecen y valoran.

 

[1] Como apunta Yépez: “La persona está detrás de sus manifestaciones, en un núcleo íntimo y oculto, a donde a primera vista no es fácil llegar… La persona está más allá de lo que muestra, de lo que dice y de lo que hace” en Alcázar, Manuel, Las decisiones directivas, Tesis Doctoral, UNAV, España, 2010, págs. 199-200
[2] “La esencia´ humana – mi modo de ser, del cual depende mi modo de actuar – es el estado actual de mi ‘humanidad’ modificada – para mejor o para peor – a través de las acciones, de la vida vivida” Ibíd. Pág. 207
[3]“En lugar de levantar acta de lo que el vecino puede tener de diferente, quizá sea más oportuno buscar lo que tenemos de común con él. Porque existen entre todos los hombres, por muy alejados que estén los unos de los otros en la geografía o en la historia, puntos de coincidencia intelectuales o morales que los hacen menos desiguales de lo que con frecuencia imaginan (…) Un francés puede sentirse muy diferente de un hombre de Patagonia en materia de costumbres o de vivienda, pero un patagón y un francés que se estrechan la mano hablan la misma lengua, y esto es, precisamente, lo que hay que dedicarse a practicar, mucho antes que eso del ‘derecho a la diferencia’ ”. Frossard, André, El hombre en preguntas, Ediciones Dolmen, Colombia, 1995, pág. 61

¿QUE ESPERA EL DOCENTE DEL DIRECTIVO?

Edistio Cámere

Concluida una dinámica, cordial e interesante reunión de intercambio de opiniones entre profesores de escuelas públicas y privadas – a la que asiste como simple escucha – tres ideas me quedaron grabadas con respecto a lo que los docentes esperan de sus directivos.

La Confianza.- Confiar significa creer en las capacidades y en la disposición del docente con relación al desempeño de su quehacer. Hacerse cargo de que como profesional de la educación aportará a los fines de la escuela. La confianza predica respeto a su autonomía y jurisdicción en el ámbito de su aula. A su vez se hace cargo del querer (libertad) mediante la cual el docente procurará intencionadamente que el alumno aprenda y de su responsabilidad que en buena cuenta implica ‘el responder’ por el encargo recibido y por las consecuencias derivadas de su ejercicio docente.

Confiar direcciona la relación profesional hacia una suerte de ‘sociedad’: directivos y docentes se asocian para que cada cual desde su propio saber, contribuyan a un mismo fin. Esta complementariedad recaba el conocimiento de la misión externa, valores y el saber específico de la escuela a través de programa de formación a los docentes –grupal e individual – más que en la capacitación técnico-pedagógica de los mismos: es ese su patrimonio profesional a partir del cual aportan – pero desde su condición personal- a la escuela.

Confiar también significa delegar aceptando que el docente logrará el objetivo incorporando la originalidad de su aporte y creatividad. Se trata de llegar a la misma meta no de hacer lo mismo para alcanzarla.

La confianza libera al docente de los temores y de las excusas para aventurarse por el camino de la innovación, del cambio y de las sugerencias que, recibidas por los directivos, se constituyen en un importante y valioso modo de gobernar conjuntamente. Al permitir, no solamente aplicar una política sino que en su aplicación se la corrige o se le ratifica, que es el modo de hacer escuela en la que todos los actos son protagonistas principales.

La Previsibilidad.- Es como un árbol: mudan las hojas pero el tronco permanece. La estabilidad del tronco permite que las hojas y/o frutos florezcan cuando el clima sea propicio y se replieguencuando es contrario. En ambos casosel árbol sigue enhiesto cumpliendo su misión. En la escuela la previsibilidad no implica rutina ni menos se opone a la innovación, más bien, promueve que el docente establezca una relación personal y profesional con el proyecto educativo, de manera que estará en condiciones de conocerlo en todas sus dimensiones y desde esta perspectiva proponer mejoras puntuales en su ejecución. ‘Tener posesión’ de lo que la escuela busca en el mediano y largo plazo le da seguridad al docente. Los cambios intempestivos generan desasosiego que impide un despliegue eficiente de su desempeño.

La previsibilidad también alude a la importancia de contar con reglas claras, concisas y razonables, no sujetas al estado de ánimo ni al capricho de los directivos. Cuando las normas son precisas y objetivas contribuyen decididamente a crear una buena y positiva convivencia en la escuela.

El buen trato.- La relación entre el directivo y el docente es doble: a) simétrica pues se establece entre dos personas capaces de conocer, querer y decidir libremente; y, b) asimétrica porque el primero tiene que lograr objetivos institucionales pero contando con el conocimiento, el querer y la libertad del segundo. El buen trato reclama que la función no anule a la persona, es ésta la que da relieve a aquella. Aceptar al docente desde su condición radical de persona implica reconocer la valía de su aporte aderezado con su particular modo de ser y actuar. Es desde esta aceptación que la escucha atenta encuentra su mejor argumento. Se escucha a un ‘quien’ único e irrepetible empeñado en realizar su vocación docente, con iniciativas, ganas y conocimientos pero que a veces la institución o su modo de ser se lo impiden. Entonces, la palabra que estimula, el ejemplo que arrastra o la remoción de algún inconveniente organizacional se tornan en tarea irremplazable del directivo.