La emergencia educativa

Edistio Cámere

Una vez más, la educación ha sido declarada en emergencia en virtud del DS 014-2021-MINEDU. En el referido decreto, se proponen 6 ejes y medidas de emergencia, de los cuales solamente el primero tiene visos más de perentoriedad que de emergencia: Recuperación y consolidación de aprendizajes de los estudiantes de la Educación Básica y retorno a la presencialidad. Los restantes – siendo fundamentales – son estructurales y apuntan a soluciones a más largo plazo. Declarar en emergencia el sector educativo ha supuesto y supone un riesgo porque es una suerte de escudo tras el cual se parapeta el gobierno para actuar por libre y pergeñar cambios en el marco legal normativo que remuevan los cimientos de la educación.  En estos próximos 180 días la urgencia es el retorno al colegio. El liderazgo del MINEDU es fundamental: los actores educativos esperan señales claras para secundarlo.

La emergencia puede ser también divergente si se aprovecha la ocasión para mirarse hacia adentro. El MINEDU suele justificar las deficiencias de su servicio educativo aduciendo falta de recursos económicos. Su grave problema es la falta de recursos. La solución sería entonces incrementar el presupuesto anual, movilizar a la cooperación internacional y al sector privado para que se asegure la premisa: a más ingresos, mayor calidad educativa. Los hechos dan noticia de una variante que sugiere otra trayectoria. Con todo, el presupuesto en Educación se ha triplicado en las últimas dos décadas. Sin embargo, entre los años 2005 y 2020, el saldo devuelto al erario nacional ha crecido 5.52 veces; y, en ese mismo periodo, el monto no ejecutado se ha incrementado en casi 4.5 veces más. Estos pocos datos evidencian que es la gestión, la productividad y la primacía de la ideología sobre la realidad, lo que en buena cuenta impiden al MINEDU ofrecer una educación de calidad con equidad.

Sin duda, los controles y regulaciones excesivas secan la iniciativa y la creatividad. La autonomía en la dirección de las escuelas públicas y privadas implica el cuidado de dos extremos: que el MINEDU formule un norte predecible y que confíe en los actores. ¿No es suficiente la muestra de solvencia por parte de los maestros el haber continuado la enseñanza-aprendizaje desde sus hogares? En esta línea, ¿no resulta crucial realizar una acción conjunta estado y sociedad con miras a reposicionar y reconocer la carrera y el ejercicio docente?

La pandemia ha demostrado que la básica regular no es pura instrucción, es educar integralmente al estudiante. En este sentido, la libertad de pensamiento se traduce en la pluralidad de propuestas educativas que se ofrecen a los padres para que elijan la que más se ajuste a sus objetivos familiares. La tentación de imponer un pensamiento único está siempre al acecho. Durante estas últimas décadas, en las escuelas ha sido notoria la desinformación – abierta o tergiversada –  acerca del terrorismo y de la ideología que la soportaba. Con el ejercicio efectivo del pluralismo y la autonomía de las escuelas el concepto de peruanidad se hubiera extendido.


Una respuesta a “La emergencia educativa

  1. El Ministerio de Educación como sabemos está tomado, capturado, y no apunta su labor, por importar, como expresa usted, más la ideología que la realidad. Y esto afecta su gestión, donde se encuentra el problema. Imaginemos si en cada escuela al lado del director que se concentrara en lo pedagógico y en el apoyo y motivación a los profesores, hubiera un administrador que se hiciera cargo de los servicios, de la infraestructura, etc. Si a todos los profesores que ya están trabajando para el Estado se les otorgara la seguridad económica y laboral (esta ultima libremente aceptada) y se les capacitara o actualizara a través de cortos cursos anuales por verdaderos especialistas. Si el Ministerio fuera más flexible, respetando el estilo didáctico de cada profesor, señalando solamente que se sigan los temas y los objetivos de los planes de estudio. Si se atendiera a través de asistentas sociales «sensibles, empáticas y reverentes» a niños y jóvenes con escasos recursos para focalizar y optimizar las ayudas sociales. Y se crearan o establecieran escuelas normales para formar profesores (que ya hacen falta) en 4 años con apoyo directo de las mejores universidades del país…

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