LAS FIESTAS EN FAMILIA

Edistio Cámere

En las fiestas de familia la organización es accesoria, no porque defendamos el caos y la improvisación sino porque en aquella, de modo fácil, se consigue a quienes puedan alegrarse. La organización remite a lo externo, a la disposición de las cosas pero poco tiene que ver con el por qué o la esencia de una fiesta.
La fiesta es una pausa en el trabajo, es un alto en el trajinar diario para celebrar “las supremas realidades sobre las que reposa la existencia humana”(Pieper). En la familia, la cotidaneidad, las urgencias, lo concreto y lo inmediato aprisionan, jalonan respuestas que se actúan en el día a tal extremo que pueden empalidecer la contemplación del valor e importancia de los sujetos de tan febril actividad: los cónyuges y los hijos. Las fiestas traen a nuestros ojos el fundamento oculto de todo lo bueno inscrito en el seno familiar.
“La fiesta es un día en que todos se alegran. El motivo de la alegría es siempre el mismo, aunque presente mil formas concretas: uno posee o recibe lo que ama; y da lo mismo que ese poseer o ese recibir sean realmente actuales o una simple esperanza o un recuerdo. La alegría es una manifestación del amor. La alegría es la respuesta del amante. Donde se alegra el amor, allí hay fiesta” (Pieper) En la familia, el amor enlaza a sus integrantes. El marido celebra un aniversario porque su alegría radica en que posee y goza del amor de su esposa. La mamá se ilusiona y festeja el cumpleaños de su hijo porque aquel es un “pedazo viviente del amor de ella con su marido”. El amor no se detiene en aceptar la presencia del amado, más bien, le lleva a exclamar: ¡qué bueno que estés aquí!. ¡Qué bueno que existas! De este modo, celebrar una fiesta significa celebrar por un motivo especial y de un modo no cotidiano dichas afirmaciones. “Porque aquellas en la medida en que se producen, son validas “sin cesar”, y continuamente es de esperar que en razón de ellas pueda darse miles de motivos legítimos para celebrar con una fiesta; desde la llegada de la primavera hasta la del primer diente”(Pieper)
En la familia las celebraciones marcan unos hitos en su biografía. Pero no toda conmemoración es una fiesta. Lo pasado, en sentido estricto, no puede conmemorarse festivamente a no ser que la vida de la comunidad celebrante reciba de ello brillo y realce, no en virtud de una mera reflexión histórica, sino por ser una realidad históricamente activa.
El fruto de la fiesta, es un simple don; eso es lo que en la fiesta nunca puede “organizarse” procurarse, hacerse con ello de antemano. Es un don porque sólo por amor se es capaz de renunciar a la comodidad, al trabajo, al cansancio… para que el agasajado tenga un buen día.
La familia tiene unos valores y características que es bueno que existan y porque es bueno conviene afirmarlos mediante oportunas celebraciones. Las fiestas en familia son pausas necesarias para destacar la fuente de la alegría: el amor entre padres e hijos. Muchas o pocas es irrelevante. Lo importante es su intensidad prodiga en afectos, cariños y atenciones, condiciones indispensables para lograr buenos recuerdos entre sus integrantes y tradiciones que se mantengan y conserven a través de los años.


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