Afirmación e inseguridad en el adolescente

           La adolescencia no es exclusivamente un periodo de cambios físicos y psicológicos. En aquella, también ocurre el despertar de ‘algo’ nuevo y radical: la intimidad. El adolescente descubre en sí mismo algo que es completamente suyo, -tan suyo que a veces piensa que en la intensidad de sus vivencias es incomprendido-. Al principio, ese despertar es una suerte de estado emotivo que ora le sorprende y desconcierta, ora le llena de satisfacción y ora de desasosiego. Más adelante, ese estado muda, se torna estable y consciente  precisamente a medida que el adolescente descubra y tome posesión de su yo. En este momento, no solo siente sino que será capaz de reflexionar y dialogar consigo mismo.

          El adolescente emprende un camino sin retorno con respecto a su pasado inmediato. A partir de la revelación de su yo, se descubre como origen y fuente de sus pensamientos, de sus sentimientos y de sus emociones. Los estímulos del entorno le afectan y responde de manera irrepetible y singular. Bien afirma Gerardo Castillo, psicólogo español, que la adolescencia es un periodo caracterizado por una crisis de originalidad. El esplendor del descubrimiento del yo es su causa. En este sentido, la afirmación del yo es una tendencia que marca el desarrollo del adolescente hacia el gran objetivo que es valerse por sí mismo.

           En el comportamiento del adolescente se puede advertir: obstinación, espíritu de independencia total, afán de contradicción, deseo de ser admirado, búsqueda de la emancipación del hogar, rebeldía ante las normas establecidas… entre otras conductas; las mismas que no son otra cosa que la expresión hacia afuera de su afirmación interior. Esta pretensión crece desmedidamente y se radicaliza frente a la rigidez, a la incomprensión y al autoritarismo y otros modos de los adultos.

         La seguridad en sí mismo cede ante las exigencias del entorno que no pocas veces superan sus posibilidades y ante los intensos cambios que en él se operan, que no los comprende o no sabe cómo gobernarlos. Por tanto, no es casual la aparición de sensaciones de duda e inferioridad. Sin embargo, más   que la inestabilidad que pueda generar dichas sensaciones, el binomio autoafirmación-inseguridad es lo que explica el movimiento que péndula entre su euforia o autocomplacencia, por una parte y su pesimismo o melancolía, por otra.

         Autoafirmación e inseguridad son dos aspectos menos contrapuestos de lo que a primera vista pueden parecer. Cabe decir, en este sentido, que los adolescentes pueden sentirse inseguros por haber pretendido demasiado o haber intentado ir demasiado lejos en la afirmación de sus posibilidades; pero también cabe indicar que se autoafirman, precisamente al ser conscientes de la situación de inseguridad en la que viven. Las dos formas conocidas de reaccionar ante la inseguridad, el aislamiento o los desplantes desafiantes, pretenden lo mismo: afirmarse a sí mismo y evitar la desvalorización del yo.

          Ante la inseguridad del adolescente conviene evitar: a) la postura de pretender eliminar los factores que la originan y ocupar su lugar en la solución de los problemas planteados. Esta actitud es correspondida ordinariamente con el rechazo; b) la de no prestarle ningún tipo de ayuda, esperando que resuelva con sus únicas y exclusivas fuerzas las contrariedades con las que enfrenta. Esta postura permisiva, genera en los adolescentes un problema de tipo afectivo: no me quieren o no les importo.

         La tarea que tiene el adolescente de ‘salir adelante’ y de adaptarse a su nuevo papel en la vida, no es fácil y al extremo se constituye en un drama por la desproporción que advierte entre la  tarea y los medios que dispone para alcanzarla. La misma que puede graficarse comparándola con la de un casual bañista situado entre dos puntos (infancia y edad adulta), con escasos conocimientos de natación (falta de recursos y de experiencia), con una travesía llena de escollos y peligros (influencias del ambiente) y, sin saber exactamente dónde está y que le espera al otro lado (desorientación). Sin embargo, a pesar de las dificultades y limitaciones personales, el adolescente sigue adelante para llegar a meta. La explicación que puede esgrimirse es la existencia de un fuerte impulso interior hacia la madurez.


2 thoughts on “Afirmación e inseguridad en el adolescente

  1. La neurociencia establece que la maduración es un proceso de mielinización de las neuronas (engrosamiento del axón) que nunca termina, es decir su engrosamiento se va dando incluso en instantes de mi deceso. Ahora si consideramos la neuroplasticidad de las conexiones nerviosas promueve una más rápida mielinización. Es decir, mientras existan estímulos, que en el contexto educativo se llamarían oportunidades de aprendizaje, conflictos cognitivos, discusión entre pares o aprender para emprender, la maduración no se acelerará. Por ello la adolescencia hoy tiene un mayor espectro debido a que su verdad es inmejorable e impenetrable para el adolescente. Su contenido es inmóvil y su criterio eficiente, obtiene resultados con el menor esfuerzo. La solución es contextualizar su aprendizaje y estar sumamente preparados para contraargumentar.

    1. Midgely, en efecto, las posibilidades de aprendizaje de los adolescentes son más interesantes en estas épocas, creo que lo importante es darles confianza, animarlas y saber dialogar con ellos respetando su pensamiento divergente y sus ideales.
      Gracias por su comentario
      Edistio

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