La escuela tiene que ser fecunda

ENTREVISTA REALIZADA AL EDUCADOR EDISTIO CÁMERE
REVISTA ANTESALA (Edición agosto 2016)

“La escuela más que eficaz tiene que ser fecunda. Es fecunda porque es capaz de dar a sus alumnos la oportunidad de que cuenten con un tutor que los acoja. Cuando te miran a los ojos y te preguntan ¿Cómo estás?, te están confirmando: ¡Qué bueno que estés con nosotros! Es esta una de las experiencias más intensamente educativas que se pueden vivenciar; saberse que somos importantes para alguien especial. ¡Creo que no existe mayor motivación para hacer las cosas bien!”. Importante reflexión que nos deja el educador Edistio Cámere, quien además advierte: “A veces pienso que hemos perdido largamente de vista a quienes se educa. No son máquinas. Son personas libres, frágiles, con motivaciones de diversa índole, maduración en proceso”.

Para este especialista el éxito de la acción educativa se logra “cuando el docente aplica su inteligencia y su querer en orden a buscar el bien de todos y cada uno de sus alumnos”. Porque, como bien enfatiza, “los alumnos son como son y no como nos gustarían que fueran, pero pueden ser mejores si las estrategias didácticas y las actividades escolares se ajustan a sus necesidades y a sus características”. A continuación conversamos con él para conocer cómo afinar algunas estrategias educativas que deben ser parte del proyecto educativo.

-¿Hasta qué punto las instituciones educativas deben tener libertad para definir y desarrollar su estilo educativo?
Los principios de libertad de enseñanza junto con el de fundar centros educativos, consagrados en la nuestra Constitución, fundamentan el derecho de configurar un propio estilo educativo. Se suele pensar que la existencia de los centros educativos particulares obedece a intereses marcadamente lucrativos o que deben compensar las limitaciones de los estatales. Ambos enfoques son reductivos. En una sociedad plural, democrática, tiene que existir alternativas diversas precisamente para que los padres de familia ejerzan su derecho de elegir el colegio que más se acompase con lo que quieren educativamente para sus hijos. Las alternativas que se ofertan se configuran con arreglo al estilo y visión que cada titular imprime a su centro. Cuando, en aras de la educación de un ‘ciudadano global’ o de la calidad medida con indicadores productivos, se aboga y se quiere implantar un sistema ‘universal’ se afecta el derecho de cada familia de decidir ante sí y por sí el tipo de educación que quiere para sus hijos; y, desde el punto de vista político, se genera una suerte de oxímoron: democracia para votar pero autoritarismo para gobernar.

-¿A qué cursos o áreas se le debería dar mayor énfasis para mejorar el nivel educativo de los estudiantes?
Lo propio de la escuela no es la especialización, lo suyo -gradualmente- es incorporar a sus alumnos a la cultura de la sociedad, lo que implica la trasmisión de las ciencias, humanidades, artes, deportes… Por tanto, más que enfatizar en un curso o en un área, lo importante es que los alumnos aprendan. Con aprender me refiero a que a través de los conocimientos recibidos formen conceptos, los formulen original y apropiadamente a través del lenguaje y sepan transferirlos a situaciones nuevas. En suma, importa mucho en la escuela ayudar al alumno a pensar y a tomar decisiones acertadas. El nivel educativo de los alumnos no se mejora per se con nuevas materias, con medios de última generación, con franquicias internacionales… se incrementa si se logra que el alumno ejercite con autonomía su inteligencia, es decir, que quiera aprender no solamente lo que en el aula recibe, sino que busque profundizar. El aprender así es un acto libre del alumno, el reto es cómo convocar su libertad para aprender.

-¿Cómo debería realizarse la evaluación docente para reconocer sus verdaderas capacidades y habilidades?
La evaluación del docente tiene, a mi juicio, que atender las capacidades de la persona como tal, las que forman parte de la profesión y las que demanda la escuela con arreglo a su visión o ideario educativo. Desconozco si existe algún instrumento que las mida integralmente; sin embargo, prefiero partir de una sólida base: la vocación del maestro (incluyo también la de aquellos que por ocasión la han descubierto) abriga en su seno una serie de atributos que bien estimulados dan paso a habilidades sumamente positivas. Valoro como condición indispensable: el gobierno del aula, pues un profesor que no la gobierna no realiza la relación enseña-aprendizaje; pasión por lo que enseña; buena didáctica; e ilusión profesional. Si además los directivos lo conocen, lo tratan personalmente, la escuela caminará tras su visión corporativa y diferenciadamente.

-¿Cuál debe ser el perfil del director y hasta qué punto debería gozar de autonomía?
El perfil de un director no debería deducirse de las leyes y reglamentos educativos promulgados por el Ministerio de Educación. Su enfoque enfatiza más las funciones administrativas-pedagógicas. Creo que la definición del perfil de un director pasa por aceptar que el cometido de una escuela no se reduce a las actividades en aula; toda ella educa. Por tanto, se necesita que sea conducida -mirando el corto y el mediano plazo- por un líder que sea capaz de gobernar todas las variables e instancias organizativas con armonía e eficiencia. Para que un director sea y se desempeñe como líder se precisa que tenga el respaldo y autonomía delegada de los titulares de los centros. Así como en las escuelas públicas la labor del director está mediada por la burocracia y la desconfianza de las autoridades superiores, en las escuelas particulares la dificultad más recurrente es la intromisión de los titulares y, en consecuencia, los conflictos en la toma de decisiones. Por cierto, esto último es consecuencia del decreto legislativo N° 882 (09/11/96).

-¿De qué manera se puede involucrar a los padres de familia en la formación escolar de sus hijos?
Entiendo la intención de la pregunta, pero no deja de llamarme la atención el hecho de que sean los colegios quienes tengan que pensar estrategias para que los padres se impliquen en la formación de ‘sus’ hijos. Debería ser al revés. Desde larga data la legislación acerca de las Asociaciones de Padres de Familia (APAFA) se ha centrado en la periferia: infraestructura, administración, economía… etc., ante la incursión de los padres, en todo menos en aquello que es la formación de sus hijos. La reacción de los colegios no se hizo esperar. Lo más dañino en la relación familia-colegio es la pérdida de la confianza, la misma que a pesar de las malas prácticas o normas populistas, debe siempre protegerse: el bien de cada alumno lo reclama y exige. No hay un modo único de involucrar a los padres. No olvidemos que cada colegio tiene un estilo educativo y cada familia el derecho de elegir el tipo de educación que quiere para sus hijos; por tanto, habrá colegios y padres donde la relación entre ambos tenga cotas bien definidas. Sin embargo, a pesar de la libertad de enseñanza, me parece que existen algunos indicadores que se pueden mencionar para lograr dicho fin. El colegio debe funcionar bien, tener prestigio académico ante sus padres, normas claras, organización cabal y eficiente de las actividades en que son invitados los padres; respeto y acogida en el trato ordinario… pero, sobre todo, tratar de modo personal a cada familia, confiar en ella y educar positivamente.

-¿Cuán importante es promover la tutoría con los alumnos?
Es una de las tareas más atractivas y demandantes, en el buen sentido de la palabra. La instrucción es una actividad grupal pero la educación, esa que busca extraer la singularidad de la persona, solo es posible mediante el trato personal. A través de la relación personal el tutor conoce al alumno, no de modo universal, sino como un alguien que crece, se relaciona, es afectado por su entorno, siente, piensa… a partir de esta recepción y acogida el tutor es capaz de sugerirle horizontes insospechados en su desarrollo. Insospechados porque no se repiten en otros, son originales. El conocimiento otorga autoridad: las sugerencias que recibe el alumno son pensadas con nombre propio. El ser humano es relacional y dialógico, la tutoría desarrolla y refuerza esas dos condiciones de la persona. La escuela, más que eficaz, tiene que ser fecunda. Es fecunda porque es capaz de dar a sus alumnos la oportunidad de que cuenten con un tutor que los acoja. Cuando te miran a los ojos y te preguntan ¿Cómo estás? Te están confirmando: ¡Qué bueno que estés con nosotros! Es esta una de las experiencias más intensamente educativas que se pueden vivenciar: saberse que somos importantes para alguien especial. ¡Creo que no existe mayor motivación para hacer las cosas bien!

-¿Cómo fortalecer la sana convivencia en la escuela?
Ante todo se podrá promover una sana convivencia si: a) En la escuela existe un adecuado nivel organizativo que permita el logro de metas y objetivos; es decir, que funcione y funcione bien; b) Se mantiene un clima pacífico y ordenado gracias al ejercicio de una autoridad orientada al servicio de los miembros de la comunidad educativa; y, c) Se procura que el ‘estar’ de los profesores y alumnos trascurra en un ambiente que sea limpio, grato y bonito. Otro gran capítulo a tomar en cuenta son las normas. Estas tienen que ser pocas en número, claras en su formulación, éticamente consistentes y posibles de cumplir. Al respecto, el personal docente y administrativo en su observancia deben in por delante. Las normas tienen que conducir a bienes demostrables y atrayentes y no ser resultado de caprichos o demostraciones de poder. La normativa debe facilitar que cada quien pueda cumplir con sus propias responsabilidades. En efecto, en la medida en que se confíe en los alumnos y profesores la convivencia podría discurrir por los cauces de orden en libertad. Finalmente, en la convivencia entre pares debe fomentarse y protegerse el buen trato y el respeto mutuo. Reconocer y acoger al yo del otro fortalece el compañerismo y alimenta la amistad. El crecimiento personal pasa por ayudar al ‘otro’ a crecer.

-¿Cuál es la importancia de promover la participación estudiantil a favor de la formación integral de los alumnos?
Es vital promover la participación de los estudiantes. El primer modo es la promoción, como práctica institucional, de la escucha atenta y respetuosa de los alumnos a partir de la cual se recogen iniciativas y se concretan modos de hacerlas viables. Se cumple el principio de que todos los alumnos puedan participar proporcionalmente en configurar una buena y pacífica convivencia, de acuerdo con las edades y capacidades. Con la participación se logra en los alumnos el sentido de pertenencia: Si puedo intervenir y aportar en las mejoras es porque formo parte ‘de’. Además, se educa socialmente; es decir, se aprende que los talentos se comunican para el bien de los demás.

¿Qué opinión tiene respecto de las evaluaciones sobre la Evaluación Censal de Estudiantes realizada por el Minedu y las pruebas PISA?
Obtener resultados es un objetivo legítimo pero debe ser el último de la lista de las pretensiones del docente. Los resultados expresados en guarismos o en porcentajes suelen ser epidérmicos. Una nota alta no refleja efectivamente que el estudiante haya aprendido y una baja no siempre es señal de un mal aprendizaje. Si el foco se centra en los resultados las actividades previstas se reducen a ese fin perdiendo su riqueza y posibilidades para lograr un ambiente propicio para la participación activa de los alumnos.
Los resultados en educación son consecuencia del crecimiento como persona y como profesional del docente. Su nivel de desarrollo es la medida del de sus alumnos. Crecer implica abrirse a la realidad del grupo y a las circunstancias de cada quien: los alumnos son como son y no como nos gustarían que fueran, pero pueden ser mejores si las estrategias didácticas y las actividades escolares se ajustan a sus necesidades y a sus características. En este esfuerzo el docente aplica su inteligencia y su querer en orden a buscar el bien de todos y cada uno de sus alumnos.
A las evaluaciones se les debe considerar siempre como oportunidades de aprendizaje más aún cuando los resultados ‘no son los esperados’. De este modo, se evita que el docente se congoje o frustre y se logra que este mejor dispuesto para reflexionar con objetividad y proponer –aceptar – las medidas correctivas.
Es cierto que en el Perú los resultados de la prueba Pisa no son muy alentadores. Pero en Singapur – en el mismo periodo de medición- solo el 20% de los alumnos tenía nota positiva. ¿Qué pasó con el 80%? ¿No que era un país desarrollado? No quiero ni me interesa hacer comparación alguna, simplemente señalo que ningún país logra el 100% en Pisa y que cada vez más la actividad empresarial está solicitando el cultivo y dominio de las habilidades llamada blandas en sus colaboradores. A veces pienso que hemos perdido largamente de vista a quienes se educa. No son máquinas. Son personas libres, frágiles, con motivaciones de diversa índole, maduración en proceso. Además no siempre lo que dicta la norma, el estándar económico o quimeras del funcionario es lo que conviene efectivamente a cada persona.


2 thoughts on “La escuela tiene que ser fecunda

  1. Hola Edistio, mi futura esposa llega a Lima, ella es de Costa Rica, por dos semanas, a partir del 19 de Octubre. Psicóloga, especialista en niños, Emilia es directora de una escuela privada, primaria y secundaria, que ha sido reconocida por la UNESCO por su metodología de educación para la paz. La escuela está ubicada en Siquirres, un pueblo de la provincia de Limón en Costa Rica, la provincia más pobre de Costa Rica. Me gustaría que ella conozca tu colegio, será posible?

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