LO QUE CARACTERIZA A UN LÍDER

lider

INSPIRACIÓN

 “Stefan Zweig, escritor austriaco, cuenta que cuando tenía 23 años, después de una apasionada conversación sobre pintura y escultura con su amigo Verhaere, fue invitado a la casa de Rodin, a la sazón, un artista sumamente prestigioso. Joven él, ante importante personaje, pasó la velada intimidado sin siquiera soltar palabra alguna. Ante su sorpresa, su timidez complació al escultor, que le propuso conocer su estudio. Al ‘sí’ entusiasta, le siguió una invitación a cenar.

Primera lección: Los grandes hombres son siempre los más amables.

Ese hombre, cuya fama llenaba el mundo, comía y vivía con la misma austeridad que un campesino.

Segunda lección: Los grandes hombres siempre viven de forma sencilla

Luego el escultor lo condujo a un pedestal cubierto por unos paños húmedos que escondían su última obra. Retiró los trapos y retrocedió unos pasos; al mirar la imagen advirtió un pequeño detalle que corregir. Avanzaba y retrocedía, cambiaba y corregía. Trabajó con fuerza y pasión, estuvo absorto durante una hora sin reparar en el joven Zweig que, silencioso, con el corazón encogido y un nudo en la garganta, estaba feliz de contemplar en pleno trabajo a un maestro único como Rodin.

Tercera lección: El escritor había visto revelarse el eterno secreto de todo arte grandioso y, en el fondo, de toda obra humana: la concentración, el acopio de todas las fuerzas, de todos los sentidos” (Aguiló, Alonso, 2006).

Así se aprende de los líderes sin que siquiera ellos lo adviertan. Rodin no hizo nada especial, se comportó con naturalidad, como era él. La interpretación es siempre personal y de ella nace un aprendizaje. ¿Que mantuvo focalizado a Stefan Zweig? El prestigio de Rodin. ¿Qué le encandiló? Dos cosas, 1) la sencillez de como llevaba su prestigio y, 2) lo imitable de su conducta. ¡En lo mío o con lo mío: puedo ser como él!

 

El HÁBITO DE VIVIR EN LA VERDAD

La poetisa rusa Olga Sedakova, que conocía a Juan Pablo II, dijo de él en una ocasión: Necesitaba algo personal de todo el que conocía […] Miraba a las personas con sumo interés y esperanza, como diciendo ¿qué cosas tan maravillosas vas a ayudarme a descubrir? ¿Qué regalo me vas a ofrecer? (Harvard, A. 2013, pág. 88).

Un objetivo a conseguir por parte del líder es atender y pararse a pensar acerca de la realidad, camino seguro para vivir en la verdad, en estricta relación con el corazón de su principal competencia: dirigir y animar a cada quien para que descubra, haga propia y realice su misión.

Desde esta óptica le corresponde explorar y reconocer la verdad de sí mismo y de los demás. Entre otras características a considerar destacan: a) nuestra condición de creaturas, hemos venido a la existencia no por acción o méritos propios. Tener vida significa hacerse cargo de ella para -como tarea-  llevarla a plenitud. Toda persona posee una dignidad y una grandeza que se conjugan con acierto y extensivamente: yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos; nadie, absolutamente nadie, escapa de ser titular de tan valiosas y apreciables notas.

Cada quien tiene talentos pero también defectos; el aprender a reconocerlos, aceptarlos y luchar contra ellos, hará posible que los primeros brillen más.

El hombre tiene un encargo que cumplir en su vida. Por tanto, una vez descubierto y definido, se tiene que procurar que guarde proporción con la dignidad; aprovechar eficazmente los talentos y reducir las desviaciones o retrocesos que las debilidades pueden ocasionar en pos de los objetivos. Por cierto, el encargo es irrenunciable y no intercambiable. A cada quien le compete sacarlo adelante.

Desde esta óptica, el líder se configura como un importante agente que, desde afuera, anima, orienta y señala el norte. Para ayudar, atender en lo que necesitan o precisan los demás, se requiere que un líder viva la virtud de la humildad, que le permita confirmar y ser movido racionalmente por la dignidad y la grandeza de las demás.

Más que gestionar las cosas o estar pendiente que se ejecuten o salgan, lo propio del líder es hacer que la gente crezca. El líder debe ser lo suficiente sabio para dar poder a los demás, permitir que ellos mismos, por sí y ante sí, se autodeterminen (Harvard, Alexander, 2013). Según el mismo autor, servir -esencia del liderazgo- implica más tirar de ellos que empujarles, enseñar más que ordenar e inspirar más que reprender. Si un líder presenta la agudeza sensible de descubrir la grandeza de los demás, estará en la inmejorable posición de procurar, de dibujar un abanico de alternativas orientadas a actualizar su potencial humano.

 

LA ACCIÓN Y EL TALENTO

 Reconocer el problema y dedicarse a actuar es quizá la acción de liderazgo más significativa que uno puede hacer” (Harvard, A. 2013, pág. 62). También, hacer factible que cada persona sea protagonista -actor- de su propio perfeccionamiento y sujeto dinámico en la consecución del bien común.

¿Cuál es el costo de una omisión, cuando no se decide o cuando no se actúa? El costo está en relación directa con el bien que deja de adquirir quien depende de uno. Una decisión certera abre alternativas que tienen sentido para el beneficiado confirmando el bien buscado, y es a partir de esa confirmación que -ordenada la conducta- se va al encuentro de otros y/o mejores bienes. Por el contrario, cuando no se actúa, se autoconfirma un comportamiento que traza un camino pero paralelo al bien ofrecido o buscado.

El carácter social y la diversidad de talentos sufraga al conjunto de personas que integran un pequeño, mediano o gran colectivo. Su condición de medio propicia su intercambio aportando simultáneamente al crecimiento de unos y otros. En efecto, las propias capacidades se dilatan ya sea porque uno es capaz de distinguir las necesidades de los demás, las mismas que se proponen como oportunidades para descubrir un nuevo matiz o perspectiva en aquellas, o porque se es receptor de un bien del cual se carece y el cual es aportado por un menor, medio o gran talento que no se posee.

La diferencia de talentos en las personas no solamente habla de diversidad de funciones sino también de personas que tienen muchas capacidades dentro de una comunidad. Su existencia debe ser aceptada, porque han de dar a la sociedad más de lo que deben recibir de ella. ¿Dónde está la ganancia? En su crecimiento personal que esto significa: poner muchas más capacidades al servicio de los demás (Pérez, Pablo, 2013).

En este sentido, es fundamental hacerse cargo de que en el cabal cumplimiento de la propia tarea -sea la que fuere- reside el aporte a los demás. Si por algún motivo los talentos no se despliegan de acuerdo a su naturaleza y al servicio de los demás, la persona deja de aportar, la sociedad se resquebraja, la armonía se pierde y el bien común es imposible (Pérez, P. 2013).

Del líder se espera que sepa dirigir y animar -con exquisita prudencia y respeto a la libertad-, a que cada quien descubra, haga propia y realice su misión. Solamente las necesidades de la persona y los requerimientos de la misión definen el tipo y duración del apoyo que se le debe prestar al interesado. En resumen, cuando se reemplaza y se quitan las responsabilidades a una persona, se le reduce su función por debajo de sus capacidades y competencias, no se toma en cuenta su preparación y se limita su desarrollo y crecimiento personal y profesional.

Edistio Cámere

 

 

 

 

 

 

 


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