¿Competir o ser competente? Una respuesta desde la educación

Por Edistio Cámerepersona construyendo

Competencia es una palabra de significado equívoco. Puede entenderse como disputa o contienda, como oposición o rivalidad; pero también como pericia, aptitud para hacer algo o intervenir en un asunto. A su vez, predica atribución legítima de una autoridad para el conocimiento o resolución de un asunto (DRAE, 2001). De la primera acepción se sigue el competir, la competitividad; en cambio, de la segunda, el ser competente. Al mismo tiempo se abren dos caminos que, sin sustento de fondo, pueden correr paralelos sin visos de entrecruzamiento.

Desde la perspectiva de la educación es necesario precisar el norte al que se pretende conducir al alumno. Si se subraya el ‘competir’, se orientan las actividades educativas al entorno; en cambio, si se enfatiza el ‘ser competente’, entonces se centran en la persona. Ciertamente no se pretende incoar una polarización: entre la persona o la sociedad, reviviendo polémicas similares a la de la herencia o medio ambiente, o al de la naturaleza o libertad.

La cuestión tiene que ser planteada y abordada ‘desde’ y ‘en’ el ámbito educativo: ¿Se educa para ser competitivos o para ser competentes? La respuesta, sin duda, no es neutra en sus efectos. Cada colegio debe responderla desde su Ideario o desde su filosofía educativa.

Del lado de los padres de familia también suele plantearse con acuciante impaciencia el mismo dilema, quizá más como un problema práctico que teórico ligado al éxito profesional. De ello se deduce que una meta educativa que satisface sus expectativas es aquella que asegura una ventajosa ubicación profesional a su hijo. Los padres proyectan –multiplicándolas- las condiciones y características de su situación presente al medio en que se moverá su hijo, olvidando que tendrán que pasar casi 25 años para que aquél se incorpore como ciudadano activo. Tal presunto escenario es el que alimenta las razones o motivos para elegir el colegio deseado para su hijo.

No es de poca monta consignar que la centralidad de la atmósfera competitiva es una realidad que, por lo menos en el Perú, no supera el cuarto de siglo. Coincide con el posicionamiento de la corriente liberal y de la globalización, junto con el resquebrajamiento de la sociedad y la instauración del individualismo.

La competencia

La competencia como disputa o contienda tiene como saldo un ganador, y una percepción: los ‘otros’ como rivales. La victoria como estandarte cruza fácilmente a la acera de la pasión y del subjetivismo; demás está abundar en las consecuencias que acarrea un comportamiento signado por el ansia del éxito.

Prepararse para competir es poner la atención al medio, que es cambiante, tanto que puede verse afectado por las normas del gobierno de turno. En tal sentido se procura que un alumno adquiera lo que ese medio ‘manda’ como señales, signos o estilos de eficacia. De lo contrario se ‘corre el riesgo’ que no sea competitivo. En los tiempos que corren, no es insólito escuchar acerca de lo fundamental que es el aprender el chino-mandarín, por ejemplo.

La competitividad se centra en el éxito profesional, medido en términos de renta, lo que implica hacerse con un estatus y lo que aquel incluye. Desde esta óptica, la preparación para la competitividad supone igualdad en los fines y en los medios. Con respecto a los fines, que en el mercado laboral no son muchos los que reportan beneficios desde el punto de vista utilitarista, su acceso sólo es posible venciendo a quienes pretenden llegar primero. No existe alternativa si se pretende ser exitoso. ¿Cómo derrotar a los contrincantes? Las estrategias serán tanto más ominosas cuanto mayor sea la ambición y menor sea el respeto a la otra persona. Y qué de los ‘perdedores’. Su frustración puede mudar en violencia. Por tanto, ¿no se está promoviendo una embozada lucha darviniana en pos del éxito?

Con los medios ocurre otro tanto; es más, si los fines son uniformes, y hasta cierto punto limitados, aquéllos devienen en recetas tipo que hay que asimilar a pie juntillas incluyendo algunos ‘ingredientes’ informales que desde luego la escuela no los puede enseñar. Estamos entonces frente a una suerte de estructuralismo.

El ser competitivo como horizonte educativo se focaliza en una sola parcela del hombre: el tener mediante el progreso económico. Sin embargo, el hombre se abre a otras áreas en las que también puede desarrollarse: la familia, como padre o madre, como amigo, como esposo, como ciudadano… Es la persona una unidad, y como tal tiene que perfeccionarse pero no como un alguien aislado, sino coexistiendo con los demás. Esta realidad se soslaya en la competitividad que de plano, quizá sin proponérselo, estimula el individualismo.

Ser competente

Ser competente, en cambio, implica educar a un ‘quien’ que tiene que desarrollarse en un entorno -no se sabe a ciencia cierta cuál será el que específicamente le corresponda- en el que tiene que actuar, responder, discernir las posibilidades que le ofrece para convertirlas en disponibilidades.

La persona no se integra a un medio sólo con la ‘cabeza’, esto es, con sus conocimientos, títulos y pergaminos académicos, sino toda ella presente e integralmente. Su hacer no puede estar desgajado de su ser. La calidad de las operaciones depende de la valía personal de su autor, que no es una condición estática, más bien se retroalimentan mutuamente dando paso a una constante perfección.

El educar para ser competente apunta a la formalización de las facultades humanas: inteligencia y voluntad, para que desde la condición singular e irrepetible del hombre, informe y deje su impronta en el ámbito en que le corresponda desenvolverse. Digo que ‘le corresponda’ porque las circunstancias pueden modificarse radicalmente. La muerte del progenitor puede truncar los estudios universitarios y obligar a dedicarse a ayudar a la familia. La nueva realidad no es obstáculo para la realización personal, aunque se consiga lejos de la situación ideal que se imaginó. El ser competente le faculta para que responda con flexibilidad e idoneidad a los retos que la vida le propone.

La educación para la vida se asienta en dos hechos básicos: cada persona tiene una misión que descubrir y realizar. Todo hombre encuentra en lo ya ‘dado’ un espacio que lo configura como ambital, es decir, con su presencia lo informa, lo hace suyo, no en el sentido posesivo, cuanto imprime en él su huella. Pensar que uno se allega al entorno como una pieza de rompecabezas que encaja a un modelo preestablecido, sería admitir que el hombre no es creativo ni capaz de modificarlo a través de sus operaciones. Con ese criterio, se reduce las dimensiones y posibilidades del trabajo como medio de transformación y de perfeccionamiento personal.

Segundo, para ser competente, en la preparación se tiene que enfatizar la triada propuesta en el informe de Delors: ‘El saber, el saber hacer y el saber ser’. La calidad del hacer es una acción resultante de la calidad del ser. Por eso en el modo de hacer se encuentra comprendida la originalidad de cada persona, precisamente porque recaba lo que lo distingue y diferencia. Destacar lo singular es tarea señera del educador; al hacerlo contribuye a que el educando aporte a su entorno un valor o matiz especial. La novedad, la iniciativa y la creatividad no proceden de las cosas, a lo más la provocan, es el hombre quien debe responder.

Pero también es tarea vital del educador hacer consciente al educando que el hombre es un ser social por naturaleza y, por tanto, el ‘otro’ no es su rival, es su responsabilidad en el sentido que también debe procurar que sea competente. La comunicación de los talentos, la solidaridad, la ayuda y el afecto, el amor, son elementos que forman parte constitutiva del crecimiento personal y de la sociedad.

La incumbencia

Esta es otra acepción de la palabra competencia, pero tiene una particularidad en su significado pues vincula responsablemente al hombre con el ámbito en el cual se desenvuelve. Es propiedad de la acción humana estar abierta a muchas posibilidades, pero aquella se específica, se concreta siempre en un espacio o lugar determinado. El ‘dónde’, como contenido y continente, es lo que incumbe, es lo que obliga, porque es en ese ‘dónde’ en se tiene autoridad y jurisdicción para operar de modo competente.

La preparación personal y profesional se despliega en todo su apogeo en el ámbito, que por un sinnúmero de razones y circunstancias, una persona acepta o elige. Es allí en que, en orden a la cercanía a otras personas y a la proximidad a las tareas a enfrentar, el hombre aplica, muestra y demuestra sus condiciones, posibilidades y virtualidades. Ese ámbito es su responsabilidad, tiene que responder con miras a su realización personal. La responsabilidad no puede ser maximalista, es decir, pechar las consecuencias de los actos de otras personas en otros lares; menos puede pretender que sea minimalista al suponer que las consecuencias de sus decisiones no afectan a terceros. Se es responsable por los efectos de los actos en el ámbito de la propia jurisdicción.

Los actos, las decisiones y las operaciones cuanto más colmadas estén de conocimientos (inteligencia), de bienes a favor de terceros (voluntad) y se lleven a cabo buscando mejoras constantes (libertad), tanto más aquellas y sus consecuencias permitirán que su autor sea considerado competente, que gane prestigio y que se enrumbe por el camino de su realización personal y profesional.

Finalmente…

Los principios educativos que fundamentan la formación del alumno como competente no descuida la promoción acabada en el uso de los técnicas o modos propios de cada momento histórico. Antes, al contrario, su dominio engalana al competente. No obstante, conviene no perder de vista que el objeto principal de la educación es la persona. Ella es el autor y el operador. Su desarrollo y éxito personal no están condicionados al aprendizaje de las técnicas o de los métodos, estos están a su servicio.

La educación no tiene la capacidad de vaticinar el futuro de cada alumno, que no es un gran salto marcado por el modo como se cae. Más bien a aquel se llega a través de la sucesión de presentes. Cada presente plantea retos que demandan respuestas que a su vez sirven para acometer otras propuestas, y así sucesivamente. En este contexto, la educación debe abocarse a promocionar con intensidad y eficacia las virtualidades que día a día le corresponde desarrollar al educando. Con todo ese capital, más su formación humana y ética, a ese alumno le corresponde la tarea insustituible de descubrir su misión y una vez encontrada aplicar lo mejor de sí en cada ámbito que le le toque vivir.

 Si bien es cierto que la educación es contextualizada, tanto desde el punto de vista de las influencias como de los resultados no puede hipotecarse a las corrientes ideológicas reinantes en una época determinada. Lo suyo es, sin duda, la persona, quien se autodetermina hacia su fin eligiendo libremente los medios para conseguirlo. Si se mueve hacia los bienes honestos y en servicio de los demás, el educador habrá hecho una gran contribución a la sociedad: ésta tendrá un ciudadano efectivamente competente que sabrá serlo en el trabajo, en la familia, en el barrio y, sobre todo, será solidario con los demás y con su país.

18 pensamientos en “¿Competir o ser competente? Una respuesta desde la educación

  1. Es cierto. Las personas debemos ser formadas para ser competentes a responder en cualquiera de nuestras dimensiones y en favor de la sociedad en su conjunto. Debemos erradicar el concepto del individualismo en la carrera profesional y en el día a día, porque es un plano egoísta pensar que debemos prepararnos solo para tener éxito compitiendo con los demás, ganando al otro. Nuestra preparación para la vida debe dar frutos más importantes que llenarnos de títulos y premios materiales, debemos sentir una verdadera satisfacción al final de la jornada, sabiendo que a través de nuestras habilidades y capacidades pudismo aportar algo en beneficio de nuestra familia, nuestra sociedad, nuestro país y el mundo.

  2. Hola; me parece i con gran seguridad puedo decir que en estos momentos me siento una persona competitiva en lo que me estoy profesionalizando, obteniendo conocimientos muy importantes para salir al mundo laboral y empresarial siendo competente en mi labor demostrar con aptitudes y excelencia en lo que amo hacer.
    Karol Espinosa
    Tegnologa En Gestion Logistica
    SENA

  3. Lo más importante es ser competente, no competitivo; es decir, hacer una tarea lo mejor posible. El capitalismo no premia ser competente, premia ser competitivos aunque lo que se haga no tenga calidad alguna.

    • Estimado Amigo: Gracias por su comentario y por el tiempo dedicado. El ser competitivo se limita a tareas remuneradas. El ser competente además contribuye a hacer la convivencia social más grata y llevadera.
      Gracias nuevamente
      Edistio Cámere

  4. Con humildad comento lo que entendí:
    competitivo se refiere a ser mejor en las contiendas o disputas para ganar dinero, estatus, poder,cosas materiales, se centra en el “tener”, que es su fin, sin importar los medios para lograrlo; mientras que competente significa conocimientos y habilidades para finalmente desarrollarse, realizarse como persona, en una palabra “ser”
    Me gusta este concepto, es decir, que en esta sociedad tan materializada desgraciadamente hay muchas personas que viven para “tener”, y pocas para “ser”. Tal es así que en ocasiones cuando nos presentan a alguien lo primero que nos dicen de esa persona es que tiene, no quien es.
    Muchas gracias Mr Edistio Cámere por sus conceptos, por ellos ya conozco algo de quien es.
    Saludos, desde México, de un docente de bachillerato preocupado precisamente por lo que enseñamos a nuestros alumnos.

    • Don Miguel
      La síntesis que hace acerca del artículo es correcta y consistente. Le agradezco sinceramente su comentario y sobre todo el ponerlo por escrito.
      Un profesor interesado en todos y cada uno de sus alumnos es la base para su formación de cara al futuro, el mismo que se fragua en el presente a través de la persona y la acción del docente.
      Suerte y éxitos en su quehacer docente.
      Cordialmente
      Edistio Cámere

  5. Quiero felicitarlo por su articulo, es muy interesante y sobre todo satisfactorio saber que alguien piensa que la educacion no es el remedio de todos los males de la sociedad, sino un factor que influye, pero que el principal movilizador de cambio es el propio ser hunano. Me agrada mucho lo que escribe sobre la importancia de destacar y reconocer las virtudes de nuestros alumnos. Muchas gracias por ayudarle a una maestra que algunas veces pierde el camino.

    • Estimada Srta. Gracias por su comentario. La docencia es, en cierto sentido, un quehacer realizado en solitario: se tienen que asumir estrategias y decisiones sobre la marcha, los alumnos esperan respuestas rápidas. Me alegro que -aunque sea de lejos y de modo virtual- pueda acompañarla en su importante tarea.
      Nuevamente gracias
      Cordialmente
      Edistio Cámere

  6. felicitaciones por este exceleente articulo que nos da la vision exacta que debe tener un educador : ayudar a formar a los alumnos como personas competentes desarrollando sus aptitudes y ayudandoles a explorar sus fortalezas a traves del desarrollo de las inteligencias multiples y asi cada uno sera muy competente en la labor en la que en la que se desempeñen,

  7. los que tenemos a cargo la educacion de los alumnos debemos ser competentes en primer lugar para darles el ejemplo, en segundo lugar para poder educarlos bien hoy dia y lograr trascender con ellos en la sociedad del manana. debemos educarlos con amor, inculcarles habitos, habilidades y actitudes buenas respetando en cada uno su singularidad y, formarlos como personas competentes capaces de dar, de amar, de ser solidarios con los demás. Solo asi lograremos formar personas felices y nosotros mismos sentirnos satisfechos con nuestro trabajo. las instituciones tambien debieran ser competentes y no competitivas, debieran ayudarse mutuamente para mejorar mas y cada vez mas, respetando cada una su individualidad institucional pero nutriendose y solidarizandose con otras instituciones afines para beneficio de toda la comunidad educativa, del Peru y del mundo.

    • Gladys. En verdad es un materia pendiente el lograr que las escuelas cooperen entre ellas con el fin de mejorar sus servicios cara a la entera sociedad.
      En ese sentido pretende caminar PROFORHUM sin prisa pero sin pausa.
      Gracias por tu comentario
      Cordialmente
      Edistio Cámere

  8. me parece muy interesante la diferencia entre competente y competitividad. ser competente es aquella pesona que tiene muchas herramientas para poder desembolverse en cambio la competitividad es aquella persona que tiene habilidad, creatividad etc. pero que lo sabe utilizar inteligentemente al afrontar los retos que le toque vivir y esto debemos procurar ser competitivos

  9. Pingback: ¿Competir o ser competente? Una respuesta desde la educación | malejandraf13

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