La integración regional desde la escuela:un camino y una valiosa experiencia

Por Edistio Cámere

La Comunidad Andina (CAN) ha celebrado su cuadragésimo aniversario, que de suyo es meritorio. Durante estas cuatro décadas las decisiones asumidas por las altas autoridades de los países miembros han respondido a un momento y contexto históricos. Por tanto, su acierto se tendría que juzgar a la luz de aquellos. Que ha habido grandes momentos, nadie lo duda; que hubo tensión y desánimo, es cierto; que falta mucho trecho por recorrer, suena a perogrullo. Pero, sin duda, el anhelo de integración entre los países es una semilla que late y pugna por florecer. Quizá con una visión actual -producto de este tiempo- se pueda afirmar que la integración no se consigue, exclusivamente, a partir del mercado, pues las transacciones comerciales de compra-venta se agotan en sí mismas y no remiten, necesariamente, a intereses sociales de mayor envergadura.

La integración es una actitud y, en cierto sentido, una cultura que tiene que forjarsecenit 2 desde las mismas entrañas de la sociedad. Es un aprendizaje sine tempore pero reclama de condiciones gubernamentales que lo favorezcan. Por ello, hablar de aprendizaje remite a posar la mirada en la sociedad y más específicamente en las escuelas, sin obviar la fuerza y el empuje de otras sociedad intermedias. “La poca sintonía de la CAN con la población” ([1]) no radica en la falta de atractividad o en la inviabilidad de la visión integracionista, más bien parece residir en que sus propuestas formales -de las que no se duda de su consistencia- son cerradas, vienen de arriba hacia abajo y deja poco espacio para el aprendizaje vital. El conocer el contenido de una norma o directiva no es suficiente para que entusiasme su seguimiento; más bien debe sugerir alternativas, espacios o actividades para que los ciudadanos se aventuren con creatividad y buena dosis de autonomía a intentar desde su ámbito procurar la integración, cooperación o intercambio.

A la integración no se arriba en un solo acto o producto de la fusión de totales. Aquella debe partir de lo que es propio en las sociedades: su pluralidad, que contiene a las partes en sus funciones, naturaleza e intereses. Las sociedades intermedias -las partes- desde sus características pueden abrirse e interactuar con sus similares intengrándose en aquello que son similares. Es a este nivel, el cotidiano, donde se verifica el aprendizaje y se genera cultura.

Las sociedades intermedias se articulan entre sí en razón de los fines que persiguen, los recursos humanos y materiales con que cuentan etc., configurando una trama o plexo social en permanente actividad y adaptación a las cambiantes condiciones del cuerpo social en su conjunto (Carlos Sacheri). Mediante ellas, el ciudadano asume la función social que le corresponde desempeñar, articulándose con otros de modo espontáneo según su afinidad, complementariedad e intereses. Los grupos intermedios hacen posible que sus miembros ejerzan su capacidad de iniciativa y su sentido de responsabilidad asumiendo encargos o cargos que miran al bien de los demás. Al interior de cada grupo, las decisiones  y competencias personales tienen un peso específico y se convierten en autores de su destino contribuyendo al mejoramiento de la sociedad en su conjunto. También, la vitalidad de las sociedades intermedias se explica por su autonomía y poder decisión en los asuntos que les compete. 

Desde la escuela

Decía que la integración, como actitud y cultura, tiene que nacer en el seno del mismo fondo social. Las escuelas destacan por su cercanía con el aprendizaje y porque con arreglo a su propia naturaleza y fines de ellas participan niños y jóvenes (el futuro) y sus padres, quienes sin solución de continuidad ocupan diversos puestos en la sociedad (presente). Desde esta perspectiva las escuelas se enlazan estrechamente con el acontecer cotidiano: normas, costumbres, creencias, valores, visiones… de las sociedades. Ese enlace no se circunscribe en la impartición de conocimientos, sino que sobre todo formaliza, habilita al niño y al joven para que los internalice y los haga propios de manera que, cuando adultos, en el ámbito en que se desenvuelvan, al interactuar con sus pares, se pueda estructurar una sociedad vertebrada en torno a unos símbolos y significados comunes.

Más aún, en la escuela se preserva la memoria de la patria, se gesta la identidad personal y se generan los ideales que articularán el porvernir de una nación. Es la cultura misma que transversalmente dinamiza la escuela. En ella, los estudiantes no solamente conocen y respetan su historia sino que también aprenden a hacer lo propio con las historias de otras naciones. La pluralidad, nota relevante de los países insertos en la comunidad regional o internacional, puede ser asimilada y aceptada sin mayor impedimiento por los jóvenes porque se encuentran en la antípoda de intereses subalternos o prejuicios chauvinistas que los habilita a reconocer lo bueno y valioso de otras latitudes. La edad, la docilidad y buena disposición de los escolares es uno de los argumentos que abona en favor de aventurarse a explorar desde la escuela el camino de la integración.

Un segundo criterio es la misma naturaleza de los colegios: su quehacer educativo. La educación no se agota en la enseñanza de materias, sus posibilidades se abren hacia actividades que promueven que el joven tenga experiencias directas con sus pares de otras escuelas a través de encuentros culturales, artísticos, deportivos… y de intercambio. Lo propio es válido para los docentes. Dichas actividades implican un acercamiento entre instituciones que mediante el diseño y realización de proyectos en común incoan espacios de integración a partir de las escuelas. Los efectos educativos de estas iniciativas son de capital importancia para el desarrollo personal de los participantes.

Un tercer argumento remite a considerar que las escuelas son organizaciones culturales con la suficiente autonomía como para convocar o aceptar cuando sean solicitadas por otras.  Su capacidad de movimiento no depende de terceros. Si la dirección valora una iniciativa como viable y positiva para sus alumnos, pues toma la decisión pertinente. Pero es su permanencia y continuidad en el tiempo lo que asegura que los proyectos o iniciativas se hagan historia y generen frutos. Aquellos, cuando se hacen ‘educativos’, es decir, redundan en beneficio de los alumnos, se estructuran fácilmente en la planificación escolar y se repiten en la periodicidad acordada. En el tiempo, los proyectos o iniciativas, al generar sinergia entre disintos centros educativos, promueven actitudes basadas en una nueva cultura. Desde esta óptica las escuelas pueden convertirse en aliadas eficaces para la apertura de nuevos caminos en la mira de cimentar la integración supranacional.

El CENIT: una valiosa experiencia

cenit 1La apuesta por las escuelas como organizaciones insertas en el seno mismo de la sociedad, a partir de las cuales se trabaje ‘por’ y ‘para’ la integración regional en estrecha consonancia con la visión y principios de la Comunidad Andina, no descansa solo en un compromiso conceptual y programático; más bien, aquel se ha hecho experiencia e historia. Es así que desde el año 2003 el Colegio Santa Margarita, de Lima,  con el auspicio de la Secretaria General de la Comunidad Andina, diseñó y gestó el encuentro de escolares CENIT como un foro internacional de jóvenes líderes que convoca anualmente a directores, docentes y alumnos de escuelas de los países miembros de la CAN. 

“El CENIT  es un espacio que congrega voluntades e iniciativas para que, a partir del cual se instrumentalice la comunicación e intercambio entre los distintos colegios unidos por una misma inquietud comunitaria. La permanencia de los colegios en sus respectivos países dará la suficiente continuidad y actualidad a los ideales de la integración. Generaciones de jóvenes mantendrán la tea de la integración encendida” (Discurso de Clausura, 2003) .

Cada CENIT incorpora la experiencia anterior, que se trenza con la siguiente constituyendo una historia que se abre al presente y se proyecta al futuro. Siete años han transcurrido demostrando que la juventud es capaz de asumir responsabilidades y reflexionar acerca de los grandes temas sociales con hondura, seriedad y precisión. Durante ese tiempo, en que se ha visto de cerca la actuación de los jóvenes escolares, el CENIT ha devuelto el optimismo y la esperanza en la educación y en un mañana diferente. Y es que su desarrollo es un proceso donde, desde la sinergia juvenil, se estructura la integración entre nuestras ciudades y entre nuestros países.

Al finalizar cada Encuentro, alumnos y docentes presentan al Secretario General de la Comunidad Andina conclusiones y recomendaciones que, en cierto sentido, son vinculantes para los colegios asistentes.  Junto con la continuidad de los CENIT, que ya es un gran logro, también se pueden destacar los siguientes:  Su incorporación en la Decisión 594 ([2]); ha sido declarado de interés cultural por el Parlamento Andino ([3]); como consecuencia de una propuesta, desde el 2006 entró en vigencia la Escuela de Líderes que busca formar jóvenes proactivos y con una mirada integracionista; el 7 de mayo se instituyó como el Día de la Integración Supranacional, en el que se iza la bandera de la CAN que, en su momento, la Secretaría General donó una a cada colegio participante; se ha creado la Red CENIT de colegios andinos que en el corto plazo se formalizará en lo que será el Primer CENIT de Directores; y, por último, los colegios asistentes están convencidos -como producto de estos encuentros- que en sus respectivos países también deben promoverse foros similares con temas previos a los que se abordarán en el CENIT Internacional, cuya sede oficial es en Lima, Perú.

Por todo ello, vemos que los objetivos que el CENIT se planteó y presentó a la Comunidad Andina se han cumplido. Para los jóvenes participantes, la integración ha dejado de ser una palabra ajena, tiene un contenido vivo y real. Se ha convertido en una meta asequible y viable. La visión y los propósitos quedaron esculpidos desde el año 2003 en el discurso leído en su inauguración:

Este primer CENIT Internacional marca un verdadero hito en la historia de nuestros colegios. Primero, porque se reúnen jóvenes con vocación de servicio e inconformes con el estilo que promueve la sociedad actual. Jóvenes dispuestos a dialogar y debatir, con respeto y cordialidad, para unificar criterios y acciones que orienten la labor del líder que emerge con la generosidad y transparencia desde la propia juventud,  para abrirse a una sociedad que clama por propuestas creativas y humanas. En segundo lugar, porque el ideal que vertebra este Encuentro es la integración regional, que al amparo de los lineamientos de la Comunidad Andina, tienen la grata responsabilidad de vivirla, de llevarla a la práctica, de demostrar que es posible; sólo el espíritu limpio y sencillo de los jóvenes es sensible a identificar las cosas que integran. Estoy seguro que de los encuentros informales, almuerzos y descansos, nacerá la amistad, que la distancia sólo la acrecentará, pues su fundamento son los mismos ideales e ilusiones. 

Otra gran reto es construir la integración a partir de los colegios, proponiendo redes de cooperación e intercambio, iniciando proyectos académicos que impliquen un monitoreo compartido, abriendo la currícula escolar para incluir y compartir las riquezas y las bondades de una comunidad andina sin fronteras.   

 En tercer lugar, una verdad se alza maciza. El panorama que hoy se delinea es un mar sin orillas. Ustedes definirán sus trazos y el modelo. Las posibilidades serán tantas y tan variadas como sus sueños e ideales. No dejemos pasar esta oportunidad. No se pongan límites. La integración se está haciendo y ustedes tienen un protagonismo histórico. Lo que ustedes propongan quedará esculpido en oro y servirá de pauta para los sucesivos encuentros escolares. Dejarán un proyecto que estimulará a las altas autoridades de los países miembros de la Comunidad Andina a incorporarlo dentro de sus políticas como propuesta para la Educación Andina. Simón Bolívar,  antes de iniciar una batalla decisiva para la independencia de América, anima con estas palabras a los combatientes, que hoy me permito repetirlas con licencia pero con respeto: “Alumnos y profesores: la Comunidad Andina aguarda de vosotros la paz, hija del desarrollo y aún la América os contempla porque la integración es la esperanza de nuestros países. Vais a iniciar la obra que el cielo y la historia os ha encargado: la de construir la integración desde la escuela”.

 Más información sobre el CENIT: http://www.cenit.org.pe

 


[1] Ramiro Escobar “El dilema existencial de la Comunidad Andina” , 2009.

[2]  Décimotercera Reunión Ordinaria del Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores , 10 de julio de 2004 en Quito, Ecuador.

[3] Lima, 27 de mayo del 2007.


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