AULAS VIVAS®

Edistio Cámere

Programa Aulas Vivas. Profesor del colegio Gutenberg Schule (Quito-Ecuador) en clase del colegio Santa Margarita (Lima-Perú).

Entre las diversas propuestas de capacitación tanto a directivos como docentes, Aulas Vivas tiene la virtud de integrar en simultaneo la ciencia y la técnica aplicada, explicada o mostrada por sus propios artífices. Un curso de capacitación acerca al conocimiento, Aulas Vivas – en cambio – conecta con el genio y arte del docente.

En este programa, al profesor no se le recibe en el vestíbulo, es introducido en la cultura, en el estilo y la estructura organizativa de una escuela. De esta forma, no solamente ‘pasa revista’ a las instalaciones, ni ‘visita’ un aula sino que participa activamente de las actividades ordinarias y extraordinarias previstas en un plan ordinario de trabajo. Participar aquí significa intercambiar enfoques, culturas y metodologías, que permiten re-apreciar – por analogía o por contraste – las actividades que desarrollan en su escuela de origen; iluminar, con mirada nueva, aquellos procedimientos, estrategias o acciones que el colegio receptor – por ser habitual o costumbre – no reconoce o se hace cargo de su valor.

La asistencia del docente a las actividades que organizan y participan sus pares no solo le reporta conocimientos teóricos en la docencia, sino conocimientos que en base a la experiencia directa atienden los síntomas y los relieves de la realidad. Fernández Mariano ([1]), afirma que aquellos se caracterizan por ser tácitos (Polanyi) por lo difícil de formalizarlos, lo que impide sean trasmitido por una facultad o un libro. Es como montar bicicleta; y, los pegajosos–sticky (Hippel) porque es difícil separarlos de la práctica, del ejercicio; se trasmiten y adquieren gracias a la colaboración profesional docente-alumno. De la interrelación profesional pueden surgir tópicos que susciten campos de investigación, de intercambio de información o interés por sistematizar buenas prácticas en aula. Asimismo, la ganancia trasciende hacia el plano personal. La cordialidad, la conversación, el buen trato y por qué no también la amistad que se inicia, contribuyen a complementar la formación del docente. También el modelado de los valores recogidos en el Ideario y que permean la estructura de la escuela, le permiten advertir la fuerza, coherencia e integridad de una cultura escolar. En el canje de motivos, visiones, esperanzas, conocimientos, culturas, el docente resuelve dudas, reanima su vocación y reforzado su querer se aventura con más vigor y entusiasmo a su quehacer educativo.

En esta línea, el programa Aula Viva favorece: la innovación distribuida gracias a que los docentes aprendan unos de otros, ajustando y modificando lo aprendido sin traer o importar prácticas no verificadas o por estar de moda; y, la difusión horizontal que implica contacto fluido y suficiente promoviendo los tiempos y los espacios de contactos no planificados. Se constituyen redes o centros de interés que permiten ampliar experiencias y distribuir la experimentación.

El contacto con los alumnos se establece a través del dictado de seminarios sobre su especialidad a los grados afines a los que enseña en su escuela de origen, quienes son expuestos a la experiencia de escuchar temas que si bien les son familiares, son aderezados con un enfoque, profundidad y didácticas de estreno. El profesor, por su parte, recibe de los alumnos retroalimentación acerca de su capacidad expositiva, de la eficacia de sus estrategias didácticas y de lo versado de sus conocimientos.

El programa de Aulas Vivas principia su despliegue con la convergencia del interés de las escuelas por subrayar el protagonismo del docente en su capacitación y formación. El intercambio físico entre profesionales de la educación – que puede ser simultáneamente o en fechas distintas – inicia cuando la escuela A envía a un profesor asumiendo el costo de trasporte y la escuela B que lo recibe se hace cargo de su alojamiento y alimentación durante el tiempo de permanencia previamente acordado y viceversa.

El programa Aula Vivas, promovido por la Red CENIT®, diluye las fronteras entre colegios, pues, tiene la certeza de que de todos sin excepción se puede aprender, todos pueden aportar copiosamente en algún área escolar, sean de la localidad, de la misma provincia, del mismo país o del extranjero, sean públicos o privados…lo importante es que tengan la disposición de aprender, de compartir y de ensanchar horizontes para poder brindar a la sociedad un servicio educativo de calidad siempre renovada y vigente en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Fernández E. Mariano, “La educación en la encrucijada” Fundación Santillana, Madrid, España, 2016

AL COLEGIO CON EL INDECOPI

Edistio Cámere

Al colegio con el INDECOPI ([1]) es el lema con el cual se pone en guardia a los padres de familia en contra de los colegios privados. Sus funcionarios aducen que la campaña tiene por objeto cumplir con lo que la ley prescribe. Sin perjuicio de sus buenas intenciones, el modo como se ha planteado genera inseguridad y pocos beneficios; a mi modo de ver estas son algunas consecuencias:

1.- Definición del consumidor.- La defensa del consumidor es necesaria y  bienvenida cuando el servicio o bien que se recibe es deficiente en calidad y en oportunidad; además, cuando lo ofrecido no se condice con lo aceptado; y, finalmente cuando se advierte comprobada negligencia, un engaño o fraude. En esta línea, cualquier intervención de oficio o por solicitud de la parte interesada es muestra de una real y efectiva  preocupación por el consumidor. Sin embargo, no se entiende el concepto de consumidor que maneja INDECOPI pues interviene en su favor cuando recibe y utiliza un servicio a satisfacción pero de modo unilateral decide no pagar lo debido. Este tipo de injerencia desestabiliza el orden jurídico porque un organismo del estado promueve y avala conductas irresponsables de cara a las obligaciones contractuales contraídas.

2.- El incumplimiento contractual y su impacto en la escuela.- Basta que la norma deje un orificio a través del cual se resuelva en favor de la conducta del no-pago para que se genere inseguridad jurídica, entonces el incumplimiento deja de ser una eventual posibilidad para convertirse en práctica ordinaria. Asimismo, aquella termina por minar la autoridad y el orden en las instituciones. Cuando los acuerdos estipulados entre las partes no son vinculantes, la relación se establece sabiendo que se puede quebrar con relativa facilidad y habilidad. Se instaura, entonces, la cultura de la sospecha y de la desconfianza. Al punto que un proveedor ante el hecho de no recibir lo que es debido por un servicio prestado, se ve obligado a demostrar – con la asesoría de abogados – que se le vulnera un derecho y, asimismo, que ha actuado conforme a ley. De esta manera, se ha introducido un ingrediente pernicioso: la vía judicial como método para resolver las desavenencias escolares entre el colegio y los padres.

Como es lógico, la intromisión de tácticas  querellantes perjudica la mutua confianza entre el padre de familia y la escuela. Durante los trece años que dura, la relación no se limita al pago de la pensión, los padres participación activamente en el logro de los objetivos educativos de su hijo. Pero cuando la confianza se pierde la relación fluye por los meandros de la omisión. En efecto, omite el padre quien – al no estar al día en sus pagos – prefiere no asistir, no pedir, no apoyar ni aplicar las sugerencias para su hijo propuestas por la escuela. Por su parte, el colegio, también se ve forzado a omitir para evitarse demandas por algo que no le parece o le sienta bien al padre. El reclamo airado ha desplazado al dialogo. Se pierde la gran ocasión de sumar esfuerzos en bien del estudiante: ¡el aporte profesional del profesor!

3.- La sobrerregulación.- El empoderamiento del consumidor, corre el riesgo de convertirse en la dictadura del subjetivismo: lo que me afecta, lo que me parece, lo que me gusta…está por encima de la norma, de la realidad, del bien común y de la naturaleza de las cosas y, por tanto, el Estado y sus organismos deben velar para que la norma se me acomode y la autoridad se someta al imperio de lo que apetece.

Esta democracia de los consumidores presiona sobre la oferta. Esto se explica porque el modo de salir airoso de una denuncia venida de un ente estatal es haber cumplido en exceso con todas sus reglas, y superar ‘revisiones’ sin término y, por si fuera poco, maleables porque se ajustan al ánimo del funcionario de turno.  Un accidente, según el Diccionario de la Real Academia (vigésima tercera edición: 2014) es un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas, o también lo define como acción de que resulta daño involuntario para las personas o cosas, no obstante, a causa de un infortunio un proveedor es castigado y sancionado pecuniariamente.

Así, entre trabas y multas, brindar un servicio se ha tornado gravoso por el esfuerzo y tiempo invertidos para destrabar una regulación, pero sobretodo porque constriñe a descentrar la atención en el corazón de la institución para centrarse en evitar sanciones. Si la mejora de una escuela o de un servicio se  castiga ¿a quién se perjudica? ¿Esta es la defensa del consumidor que busca el INDECOPI?

4.- Aplicación unilateral del ‘derecho a la educación del niño’.- El derecho a la educación del niño es incuestionable y representa un interés superior que debe conducir a concertar determinados intereses y medios entre el estado, los padres – primeros educadores-, y los colegios a fin de remover los obstáculos que impidan su ejercicio. No obstante, una interpretación perversa de ese derecho impone sobre los hombros de las escuelas privadas la obligación unilateral de aplicarlo. Más aún, esa interpretación inaugura un camino de intromisión del Estado sin retorno en la educación privada. Apelando a tan noble derecho, se podrá implementar iniciativas políticamente correctas que veladamente afecten: la libertad de enseñanza, libertad para contractual o económica y libertad para elegir el tipo de educación para los hijos, todos también derechos de los ciudadanos.

Por paradójico que parezca, la campaña del INDECOPI ocurre en un país que se proclama democrático y con una educación privada en expansión y crecimiento. ¿Será que en el fondo, la férrea defensa del consumidor tiene por objeto el digitar desde las altas esferas, cómo debe vivir y pensar el peruano?

 

 

 

[1] INDECOPI, Instituto Nacional de Defensa de Defensa y de la Protección de la Propiedad Intelectual, es un organismo público autónomo especializado del Estado Peruano, adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros.

LAS CIFRAS Y SENTIDO COMÚN

Edistio Cámere

El año 2008, en la educación básica regular (EBR) de régimen público habían matriculados 6’125,456 estudiantes. El año 2016 el número de matriculados disminuyó a 5’746,098, es decir que en ocho años la educación pública perdió 379,358 alumnos, (47,500 alumnos por año). En cambio, el sector educativo privado, incremento el número de matriculados en 455, 677 (57, 000 estudiantes por año). Es decir, paso de 1’ 528,161 alumnos matriculados en el 2008 a 1’ 983,838 en el 2016. Estas cifras recuperadas – vía internet 2017 – de ESCALE, unidad de estadísticas del Ministerio de Educación del Perú (MINEDU), permiten elaborar las siguientes conclusiones:
a) Suponiendo hipotéticamente cada escuela tenga 2000 alumnos matriculados, quiere decir que en estos 8 años la EBR pública ha debido cerrar 190 escuelas, es decir, 24 cada año. Lo que debería implicar también la reducción o reubicación de docentes, administrativos y personal de mantenimiento.
b) En el caso de la educación básica regular privada, supuesta una población de 1500 estudiantes por centro educativo, se han debido de crear casi 303 (38 cada año) escuelas de esa magnitud para atender tan solo a quienes dejaban los servicios educativos estatales sin tomar en cuenta aquellos que directamente eligen colegios privados.
c) El año 2008, el número de docentes que trabajaba en las escuelas públicas fue de 287,505 y el año 2016 se elevó a 342,346 profesores. En ocho años se incorporaron 58,144 – 6,855 cada año – nuevos docentes al sistema estatal.
d) En cambio, en el caso de la educación privada, en 8 años el número de profesores ha crecido en 25,466, casi 3,833 por año. Las escuelas privadas el año 2008 contaban con 125,954 y el año 2016 con 151,420 docentes.
e) En el ámbito estatal, para el año 2008 la ratio un profesor por cada 23 alumno. Luego de ocho años la relación es de un docente por cada 17 discentes. En ese mismo periodo, la escuela privada comenzó con una relación de un docente por cada 12 alumnos y terminó el 2016 con 1 profesor por cada 13 alumnos. El origen del descenso en la escuela pública fue el incremento de los docentes y la disminución de alumnos. Mientras que en la escuela privada, es el incremento del número de estudiantes lo que modifica el coeficiente.
Comentarios:
1.- No se entiende la razón por la cual el sistema estatal pone trabas, controla y no promueve con procedimientos ágiles, la iniciativa privada. Los números presentados que tiene como fuente el Ministerio de Educación predican a las claras una gran demanda insatisfecha que busca educación no estatal.
2.- La Educación básica regular estatal al 2016 tiene menos alumnos matriculados que hace 8 años; más docentes; pide más recursos económicos para el 2018, porque dicen que la solución es mayor inversión.
3.-Si dividimos el número de alumnos matriculados entre el número de locales escolares estatales de la EBR: encontramos que cada centro educativo tiene 110 alumnos.
¿Es un problema de capacitación? ¿De recursos económicos? ¿Del cambio climático? O como apunta Vladimir Putin ¿Será un problema de sentido común y aceptación de la realidad?
Las APAFAS
Mención aparte merece la finalidad y el aporte de las Asociaciones de padres de familia (APAFAS) en las escuelas públicas. El artículo 15 de la ley N° 28628/ 24-11-2005, dictamina que los recursos de la APAFAS los siguientes: La cuota anual ordinaria y la extraordinaria así como las multas que se imponen a sus miembros, debidamente aprobadas por la Asamblea General. El monto de la cuota ordinaria no puede exceder del 1.5% de la Unidad Impositiva Tributaria (UIT), vigente a la fecha en que se realiza la Asamblea General respectiva.
Por su parte, el artículo 16 define que los ingresos se utilizarán para colaborar con:
• El mantenimiento y reparación de la infraestructura física;
• La conservación y refacción del mobiliario escolar;
• El equipamiento e implementación de tecnologías de información y comunicación;
• La realización de programas de capacitación para sus asociados, poniendo énfasis en las escuelas de padres; y,
• La adquisición y mantenimiento de materiales educativos, lúdicos y deportivos.

Una rápida lectura de los artículos mencionados afirma la buena voluntad del Estado, pero en su aplicación observamos el desconocimiento (o miopía) de la realidad. Partamos del siguiente ejercicio:
El año 2016 el 1.5% de una U.I.T fue de 59.25 soles. Ese mismo año, los alumnos matriculados en las escuelas públicas fueron 5’746,098. Si quisiéramos saber el número de familias aportantes a las APAFAS, asumamos la hipótesis de 3 hijos por familia, en este escenario, el conjunto de familias aportantes sería 1’915,366 y su aporte económico ascendería a 113’485,435.50. Para ese año, ESCALE reportó que en el sistema público habían 52,169 locales escolares, por tanto, cada colegio debió de recibir 2,175.34 soles. La pregunta es ¿Qué se puede hacer con ese monto al año en un colegio y cumplir con lo indicado en el artículo 16? De otro lado, aquellos ítems considerados ‘obligación’ de un APAFA competen al promotor de la escuela ¿Quién es el promotor de las escuelas públicas? El Estado.

 

 

 

LA EDUCACIÓN PRIVADA:RETOS

Ordinariamente, el ingreso de un nuevo gobierno genera inquietudes y expectativas entre los ciudadanos. Es comprensible. Se esperan reformas y cambios en los que existe el riesgo que de un modo u otro puedan afectarnos. En el caso peruano, el presidente electo querrá marcar distancias, en forma y fondo, con respecto al saliente. Sin embargo, no creo que los retos para el sector educativo privado procederán de la nueva administración. Más bien, pienso que sus desafíos se derivarán de la robustez que goza en materia de la demanda y de la calidad de sus servicios.

          ¿El Estado sería igual de incisivo y enfático en su regulación e injerencia si la escuela privada estuviera instalada en la medianía? Pienso que no. No se saca agua de un pozo seco por más que se cuente con los medios de última generación para obtenerla. Por eso, mantenerse y conservarse saludable – como sector – es una buena estrategia pero no es suficiente. Se tiene salud no para evitar perderla, sino como condición para la acción, para moverse en pos de objetivos que, sobre la base de ‘cómo se está’, orientar los esfuerzos para alcanzar ‘lo que se debería ser’. Lo que haga o deje de hacer la educación privada como sector, asumiendo su robustez, será decisivo no para el próximo sino para los posteriores lustros.

          El crecimiento económico alcanzado en nuestro país – hoy en día, pausado por variables coyunturales – ha traído consigo el incremento de una clase media que no se conforma con el beneficio que otorga la cobertura: matricular al hijo en un determinado colegio. Busca más y mejores servicios educativos prestados por una misma escuela.

         Ante la sostenida demanda ¿podrán aparecer competidores? El Estado con sus Colegios de Alto Rendimiento (COAR) ¿podrá constituirse en un importante contendiente? Ojalá y dichos colegios, se multipliquen para atender a un mayor número de jóvenes – de recursos medios – pero deseosos de una buena educación. ¿Los colegios sistematizados, en serie, con una persona jurídica como titular, serán los llamados a copar el mercado educativo, de manera que, mermen el número de postulantes de las escuelas no seriadas? A la fecha eso no ha ocurrido. Si bien son atractivos por su precio, infraestructura y tecnología no lo son tanto, en los servicios y actividades que configuran una educación integral.

          Lo que si dificulto es el ingreso de nuevos operadores al sector educativo privado, por lo menos en la cantidad necesaria para atender la demanda. La barrera más alta que se opone al ingreso de competidores no es propiamente la actividad educativa sino el lugar en donde ésta se lleva a cabo: el terreno. Su escasez y el precio por metro cuadrado, los costos de construcción y el equipamiento, a los que suman las disposiciones municipales (trámites, regulaciones…), las leyes de protección de la economía familiar y similares… hacen onerosa y compleja la creación de nuevos colegios.

         Con un Estado que impenitentemente opone la regulación y el intervencionismo a la libertad de enseñanza; con una demanda sostenida y sin el asomo de nuevos competidores en el horizonte ¿cómo debería aprovechar de esta coyuntura la educación privada como sector? ¿Seguir protegiéndose del Estado a costa de ir entregando sus peones, alfiles, torres…y, por último su reina? ¿Mirarse a sí misma – cada escuela – complacida de sus logros y enfilando baterías en pos de ser la mejor del sector? ¿Buscar fortalecer la identidad y los servicios de los centros educativos privados para – como sector – contribuir decisivamente a satisfacer las necesidades humanas, culturales y formativas la sociedad peruana?

          El sector educativo privado puede elegir entre: a) mantenerse en el statu quo. En este escenario, no solamente se enfatizarán las diferencias entre las escuelas, sino que además, la presión por obtener vacantes, al acentuarse, dará pie a medidas populistas promovidas por algún (os) padre (s) de la patria; O, b) trabajar con denuedo y sencillez para lograr una efectiva interdependencia y acuerdos estratégicos generales que conduzcan a establecer pisos de calidad que satisfagan – independientemente de los precios – a las necesidades educativas de los padres de familia. Desde esta perspectiva me aventuro a sugerir una suerte de agenda para el próximo lustro:

  1. Afirmar, argumentar y defender como sector el principio de la libertad de enseñanza consagrado en el Constitución del Perú (cfr. Artículo 13)
  2. Aunar esfuerzos para proponer la promulgación de un instrumento jurídico que se haga cargo, sin miramiento ni concesiones, de la realidad, dinámica y objetivo de la educación privada. Además, velar para que se incluya el respeto a la libertad de enseñanza y la creación de centros y lo que estos principios implican. El respeto a la autonomía considerando la diversidad de personas jurídicas, titulares de los centros. Definir un estatuto y funciones del director atendiendo a las nuevas corrientes del liderazgo educativo. Asimismo, definido lo que se entiende y espera de la educación básica regular, permitir a las escuelas una banda ancha de innovación educativa.
  3. Constituir una gran federación de asociaciones – sin menoscabo de la propia identidad- con fines gremiales y procurar su inclusión en la Confederación Nacional de instituciones empresariales privadas (CONFIEP) o configurar una exclusivamente para centros educativos.
  4. Diseñar y aplicar una campaña de comunicación mediática con miras a devolverle el señorío y estatus a la educación y al docente de cara a la sociedad. La elevación de la imagen podrá atraer a los jóvenes a estudiar pedagogía.
  5. Estudiar formas, modos, estrategias, políticas….conducentes a mejorar las remuneraciones de los docentes, respetando la realidad de cada escuela.
  6. Crear una gran ‘escuela’ de formación para docentes en ejercicio, con miras a actualizarlos a las necesidades y requerimientos de la sociedad actual.
  7. Constituir un fondo fiduciario con el aporte de los agremiados, de empresas y editoriales, destinado a promover: Publicaciones Realización de encuentros o congresos.
  8. Becas de estudio a jóvenes y docentes con trayectoria tanto a nivel nacional como internacional.
  9. Investigaciones
  10. Aulas vivas: que representan un modo de romper el aislamiento educativo, celebrando alianzas, foros, intercambios y pasantías entre los docentes y directivos de los mismos colegios privados del Perú.

        Finalmente, un reto permanente: Las escuelas aún son acendrados bastiones llamados a preservar los altos principios por los que se inmolaron no pocos prohombres de nuestra historia; a cultivar las tradiciones, costumbres y cultura peruanas permeadas por los valores occidental-cristianos; y, promover el respeto a la dignidad de la persona, la solidaridad y la convivencia pacífica entre los peruanos. Desde esta vertiente, cabría afirmar que el conjunto de escuelas configura una cultura filosófica-educativa que informa a un significativo número de padres, alumnos y docentes. Un gran reto sería globalizar esa cultura, de modo que, su influencia fecunde orgánicamente a la sociedad peruana. ([1])

[1] Edistio Cámere, Signo Educativo N° 211, año 2012

LA CALIDAD EDUCATIVA

Edistio Cámere

            Calidad es uno de esos términos que admite muchas interpretaciones. El usuario de un servicio educativo tiene a su vez criterios que no siempre coinciden con el que lo presta. Por otro lado, la satisfacción perfecta no es usual. El usuario, una vez satisfecho con un determinado rango de calidad puede demandar o necesitar uno de mayor nivel.

            La interacción entre el usuario y el prestador de un servicio produce cambios tanto en la percepción como en la satisfacción del mismo. En buena cuenta se produce un aprendizaje. Frente a un servicio determinado quien lo presta puede modificarlo, al hacerlo le agrega una innovación, en consecuencia, quien lo recibe puede a) aceptarlo, b) rechazarlo. En el caso de aceptarlo, habrá modificado su percepción y/o satisfacción positivamente. Trascurrido un tiempo prudencial el usuario, acomodado a este tipo de servicio, puede demandar o necesitar una mejora; sí quien lo presta capta el mensaje y decide modificarlo para sintonizar con esa nueva necesidad, con relación al servicio original, éste último habrá mejorado y entrado en vigencia. Entonces, se habrá producido un aprendizaje positivo generador de confianza en la interacción entre ambos.

            ¿Qué ocurre si el servicio recibido es rechazado? El que lo presta puede: a) revisarlo y responder cambiando la estrategia para dar una solución; b) desalentarse. El receptor por su parte: a) mostrará su disconformidad, b) perderá confianza.

            La calidad de un servicio educativo no obedece en su configuración a impulsos sugeridos por la moda o por la indomable tendencia a competir para ganar mayor porción de mercado; su fundamento habría que rastrearlo en la calidad motivacional de quienes lo prestan, es decir de todo el conjunto de profesionales que laboran en una escuela. A su vez, esa calidad en sus motivaciones se desprende, se origina en la misión externa, que es conocimiento real de las necesidades de los usuarios, del saber institucional: lo que sabe hacer bien la institución ([1]) y del estilo de dirección. La calidad del servicio educativo es fruto, consecuencia o corolario, a ella no se arriba directamente sino a través de un proceso en el que las personas y sus acciones están alineadas y comprometidas con la satisfacción de las necesidades reales de los usuarios.

            Si el docente no puede porque no cuenta con los recursos mínimos y oportunos para realizar bien su labor; si no sabe enseñar ni gobernar su aula y si no quiere, es decir, no tiene la intención, no busca que sus alumnos efectivamente aprendan; sin estas tres condiciones difícilmente podrá la escuela dar un servicio de calidad. Si por el contrario, puede, sabe y quiere se puede tener la certeza de que los usuarios podrán estar satisfechos. Naturalmente, estas tres condiciones son promovidas desde dentro por el sistema directivo de la escuela. En la dirección recae una importante responsabilidad de cara a la calidad del servicio educativo.

            Si una escuela está comprometida razonablemente por el bien de sus alumnos y menos preocupada por contemporizar con sus padres de familia, será más flexible y, por tanto, más permeable para escuchar y aprender de las sugerencias recibidas de los alumnos, profesores y padres de familia.

[1] A veces por satisfacer la percepción de calidad de los usuarios o para complacerlos, la escuela puede ofrecer servicios que escapen del dominio de lo que sabe hacer. En consecuencia, lo ofrecido no es de la calidad esperada y, desperdicia oportunidades, energías y dinero que bien podrían destinarse a reforzar, mejorar o innovar en aquello que sabe hacer y los diferencia de otras escuelas.  

BUSCANDO EL CENTRO EN LA EDUCACIÓN

Edistio Cámere

–          … “A veces pienso que algo hicimos algo muy mal en la educación de nuestro hijo…”

–          ¡Pero Querida! Si sigue dos carreras, habla cuatro idiomas, toca varios instrumentos, practica todos los deportes…

–          “Si…Pero sólo come hamburguesas con papas fritas” ([1])

            En los días que corren con la educación ocurre un fenómeno curioso. Por un lado, se le atribuye el desarrollo económico de un país; de otro, se le endilga el poder de reparar los males o problemas sociales; el gobierno de turno la utiliza como ‘pista de aterrizaje’ de su ideología y de las promesas ofrecidas en su campaña electoral; los organismos multilaterales no solo diseñan políticas educativas, sino que buscan ‘aplicarlas’ condicionando las ayudan económicas a su implementación; en general, los críticos especialistas, hombres de prensa y hasta los ciudadanos de a pie dictaminan, califican, cuestionan y resuelven en torno al ‘deber ser’ de la educación.

         Lo dicho hasta ahora subraya la importancia que tiene la educación. Sin embargo, de esta feliz coincidencia en su jerarquía no se sigue una feliz coincidencia en las intenciones y en el quehacer educativo. Un argumento que lo explica puede deberse a que detrás de un plan o política educativa hay una filosofía o concepción de la persona y de la sociedad que sesga o acentúa uno o varios aspectos dejando sin iluminar otros. Asimismo,  independiente de la posición ideológica, impera cierta visión ‘mágica’: se tiene la certeza de que tal o cual propuesta, por el solo hecho de implementarla dará los resultados educativos esperados. Aparejada a dicha visión se incuba una mirada reduccionista de los últimos protagonistas: docentes y profesores, quienes sin autonomía, sin intereses y motivaciones particulares ni vida propia….tienen que ajustarse a los mandatos provenientes de las altas esferas políticas.

         El padre quiere que su hijo sea ingeniero; el empresario, profesionales proactivos; el Ministerio de educación, alumnos con alto rendimiento; el gobierno, ciudadanos solidarios; la universidad, estudiantes creativos, el residente vecinos corteses;  el profesor, escolares aplicados y obedientes… En suma, todos queremos que el ‘otro’ sea como nos parece o complace. No obstante, cuando el hijo, el profesional, el escolar, el vecino… no se comporta como se espera, se le echa la culpa también a la educación. ¿En qué quedamos? ¿La educación es a la vez la solución y la culpable? ¿No será que miramos a la educación desde una perspectiva utilitarista y pragmática?

          Si se mezcla hidrógeno y oxígeno en las proporciones adecuadas se obtendrá agua. Empero, de la enseñanza no se sigue necesariamente el aprendizaje como tampoco de la promulgación de una ley, su cumplimiento. De igual manera, lo aprendido no conduce estrictamente a su aplicación – en el sentido deseado – en el obrar. La educación no es un acto y proceso mecánicos, es una propuesta – no imposición – a personas libres tal y como son el educador y el educando.

El centro de la educación no es su utilidad, ni los resultados per se. Lo central de la educación es la persona de quien enseña y de quien aprende. Cuando se habla de persona se alude a un quién con nombre propio, con una personalidad, con una historia, con inteligencia, voluntad, irrepetible y libre por naturaleza. Desde esta óptica, la clave en educación es definir el cómo se convoca la libertad de los actores principales, más que en centrarse en lo que otros pretenden.  Si a la inteligencia se la orienta a su fin: la verdad;  sí a la voluntad se le propone valores y virtudes, obviamente todo ello a través de un definido plan curricular con el decidido aporte de cada escuela, el primer y gran resultado es el desarrollo de la persona quien será capaz luego de aportar, en consonancia con sus capacidades y su vocación, a la sociedad en su conjunto. Aunque también puede renunciar a hacerlo: gajes de la libertad y no de una mala educación.

        A los educandos – personas – vale la pena mostrarles con la palabra y el ejemplo,  lo simple, lo  justo, lo bello y lo verdadero que tienen las cosas y la realidad, que además de darles seguridad y esperanza, se les ayudará  a puedan acertar en la elección de su propio camino, aun cuando el sufrimiento aparezca o tengan que rectificar para nuevamente empezar.


[1] Maitena. Revista Somos, 21 de septiembre de 2013

LA CONFIANZA EN EL COLEGIO: Reto del Director

Edistio Cámere

El pasado 17 de agosto en el Congreso Internacional de Profesores (CIP) organizado por ADECOPA (1) presentamos las conclusiones de la investigación realizada bajo el patrocinio de la Fundación SM sobre la “Convivencia Escolar en Lima Metropolitana” en la que analizamos las opiniones de 2,400 alumnos – entre 12 y 15 años – tanto de colegios particulares como nacionales. Entre las conclusiones a las que arribamos, me gustaría compartir una que, a mi juicio, es sugerente e interpelante: Seis de cada 10 alumnos afirman que tienen poca confianza en su colegio.
Dos apreciaciones surgen de inmediato. Primero, el porcentaje significativo que desconfía de su centro educativo y; segundo, sí la confianza remite a la credibilidad, entonces, la recepción de los estudiantes de la trasmisión de la escuela en términos de contenidos, valores y cultura, será también débil. Ciertamente, no es factible saber la causa real de la poca confianza, el único modo sería preguntando a cada alumno sobre el particular; sin embargo, lo que sí es posible inferir es que dicha percepción alimenta la configuración de un ambiente escolar caracterizado por la desconfianza: a menor confianza mayor inseguridad, mayor recelo y más reglamentación, la misma que acentúa la distancia entre los actores.
El diccionario de la Real Academia de la lengua española define confianza como la esperanza firme que se tiene de alguien o algo y esperanza, como poner en alguien la confianza de que hará algún bien. ¿Eso espera el alumno de su colegio? No me atrevo a afirmar que tal interrogante se la plantee el estudiante, no porque no sea capaz sino porque lo más sensato sería escuchar su personal punto de vista; pero sí creo que puede ser materia de reflexión de parte de las autoridades de un plantel sobre la base de revisar los siguientes aspectos que propongo con la reserva de que es a título personal.
El primer canal a partir del cual un colegio labra la confianza es mediante la relación tutor y los profesores de asignatura: ¿Es política del plantel centrar sus esfuerzos en la persona y necesidades del alumno? ¿Es preocupación del centro promocionar el prestigio del docente respetando la autonomía en el campo de su jurisdicción, respaldando sus decisiones y formándolo en los principios educativos que animan a la escuela?
Un segundo aspecto a considerar se vincula con la seguridad afectiva: ¿El colegio valora y promueve el trato personal entre el profesor y el alumno, así como entre el docente y los directivos? ¿Los estudiantes encuentran oportunamente resolución a sus problemas ‘pequeños y cotidianos’? ¿Los docentes tienen conciencia de la importancia de la ‘labor de pasillos’ y de su presencia en los recreos? ¿El colegio promueve una sana convivencia entre los alumnos? ¿Los alumnos mayores respetan y ayudan a los menores? ¿La escuela facilita que sus alumnos intervengan asertivamente en la organización y ejecución de las actividades como medio para satisfacer el sentimiento de pertenencia al plantel?
Un tercer campo da cuenta del ‘estar’ de los alumnos en el colegio: ¿Es política de la institución el cuidado y limpieza de los ambientes en los cuales trascurre la vida de los alumnos? ¿Se planean y organizan las actividades con criterio y eficiencia profesional de manera que los alumnos se sientan respetados y acogidos? ¿Se procura que en los recreos los alumnos tengan los espacios adecuados para el juego y el descanso?
Finalmente, ¿Cuál es el estilo de gobierno que impera en la escuela? ¿Las autoridades son percibidas como siempre punitivas o más bien cercanas y asequibles? ¿Las normas son aplicadas como un medio o como un fin? ¿Son pocas, claras, entendibles y concretas? ¿Se toma tiempo para explicar el sentido de la sanción cuando se aplica al alumno? ¿Las autoridades y docentes son conscientes que en el cumplimiento de las normas, ellos deben ir por delante? ¿Los directivos y profesores comprenden que la generación de un ambiente acogedor y formativo se alimenta con la coherencia, buen humor y profesionalidad en todos sus actos y decisiones?

(1) Asociación de colegios privados amigos que agrupa 22 colegios de Lima- Perú

LA RED CENIT DE COLEGIOS ANDINOS

Edistio Cámere

El pasado mes de mayo estuve ausente de este medio porque en mi calidad de Coordinador General de la Red estuve visitando colegios en los países que integran la Comunidad Andina con el único propósito de promover desde la Escuela la Integración Andina. Quizá pueda parecer osada tal pretensión pero una mirada de largo alcance nos advierte de su viabilidad. Por lo pronto, han trascurrido diez años ininterrumpidos en que alumnos de los últimos grados de escolaridad, provenientes de Bolivia, Ecuador, Colombia, Argentina y Perú asisten al Encuentro Interescolar, CENIT®, que durante el mes de septiembre se realiza en la ciudad de Lima. A la fecha más de dos mil estudiantes han vivenciado en primera persona que las fronteras se diluyen ante el contacto e intercambio interpersonal.

 La pregunta es ¿por qué a través de las escuelas? Básicamente por dos grandes razones: a) La escuela como institución forma parte esencial de la sociedad, es más, calza a la medida con el concepto de sociedad intermedia. Es una organización que, por lo general, tiene continuidad en el tiempo, forja una cultura y es autónoma en sus decisiones, asimismo está compuesta por padres de familia (el presente) alumnos (el futuro) y docentes (que se constituyen como el puente entra ambas realidades; y, b) La naturaleza de la escuela se caracteriza por la relación enseñanza-aprendizaje. Los niños y jóvenes son dóciles y maleables para adquirir modos de ser, actitudes, virtudes personales y sociales mediante un proceso continuo y sistemático. La convivencia y la sensibilidad hacia los ‘otros’ aseguran un deseo de explorar nuevas experiencias interpersonales con otros pares independientemente o no de pertenecer a un mismo grupo o escuela.

La Red CENIT involucra a estudiantes, a profesores y a directores de los colegios adherentes. A los alumnos se les ofrece uncenit espacio rico en actividades de reflexión, de exposición y de debates junto con la presentación de números artísticos a través de los cuales muestran los atributos de su folklore y cultura, así como momentos de socialización en los que la experiencia de integración es intensa, palpable y atractiva. El CENIT internacional de alumnos que se realiza en Lima, se replica con el mismo formato y a modo regional en otras escuelas de la Red. Se espera que en breve se lleven a cabo CENIT escolares, además de Argentina y Colombia, en Bolivia y Ecuador.

A nivel de docentes se han echado a andar dos programas puntuales: las denominadas ‘aulas vivas’ que implican el intercambio de profesores entre colegios por periodos no mayores de un mes. La mirada educativa del docente en otra escuela agrega valor tanto a la suya como a la que lo recibe pues, al contrastar sus prácticas pedagógicas con las observadas las reafirma o las innova, al tiempo que es capaz de decantar aquellas que por habituales no las aprecian significativamente los docentes de la escuela que lo acoge. Ciertamente, esta iniciativa es un espaldarazo para los docentes y guarda para sí un vasto campo de posibilidades de proyectos que pueden dibujarse en el marco de las buenas relaciones que entre los profesores se concretan. El segundo programa da cuenta de la realización de un primer diplomado internacional titulado: “Liderazgo y participación estudiantil” cuyo objeto es precisamente proponer a fundamentos y estrategias para promover en los colegios una cultura de liderazgo y participación de los estudiantes como requisito para abrirse a la integración comunitaria.

Finalmente, el CENIT de directores cuyo objeto es el intercambio de visiones educativas, experiencias de gobierno e intercambio de buenas prácticas educativas. Estamos trabajando para realizar el segundo CENIT de directores que con el auspicio de la Universidad Andina Simón Bolívar se intentará llevar a cabo el 2014 en la ciudad de Quito (Ecuador).

Estoy seguro que la integración desde la escuela es un camino transitable que conducirá a la formación de futuros ciudadanos con una visión y misión comunitaria.

LA EDUCACIÓN PRIVADA ¿POR QUÉ Y PARA QUÉ?

alumnos

Edistio Cámere

       En una de las páginas de un diario de circulación nacional apareció una noticia en la que la Ministra de Educación (Patricia Salas) remarcó que la Evaluación Censal de Estudiantes (2012) revela que en el aprendizaje de matemática, los colegios públicos superan a los privados en Lima Metropolitana. Hay casos en los distritos con nivel socioeconómico medio o bajo, en los que la educación privada aparece muy por debajo de la educación pública. Esto muestra que, en general, no todos los colegios privados son mejores, especialmente en sectores populares. En lo personal me da mucho gusto que los colegios públicos puedan superar a los privados, sin embargo, la razón de la existencia de los últimos no radica en que sirvan como termómetro contra el cual se mide la temperatura de los públicos ni tampoco se explica que sean los contrincantes contra los que se tiene que competir en la calidad de los servicios educativos ofrecidos. En otras palabras, ambos sistemas existen no precisamente para demostrar quién es el mejor, esta percepción se queda en la periferia de lo político.

       La Carta Magna del Perú al reconocer y garantizar la libertad de enseñanza (Art. N° 13) sanciona también la  vigencia del principio de libertad en el sistema educativo.  Este principio se hace viable de la mano con otro valor constitucional: la pluralidad. “La efectiva proyección del valor libertad en el sistema educativo se termina de plasmar necesariamente con la configuración de un ámbito de pluralismo educativo” (Castillo, Luis: 2004) Este pluralismo se expresa no solamente en la posibilidad de la creación y dirección de centros educativos sino también en la variedad de ofertas educativas basadas en valoraciones, axiologías o ideologías: es precisamente, esta pluralidad la que hace posible la práctica de la libertad de enseñanza. De un lado se permite la fundación y dirección de centros educativos y de otro, cada cual tiene la potestad de dotarlo de un Ideario o Carácter Propio que recoge la visión y orientación ideológica del titular o promotor. Sobre la base de estos derechos se hace patente otro derecho: el de escoger el tipo de educación que los padres de familia deseen para sus hijos. La elección de los padres no descansa – como suele suponerse – en la mera enseñanza dado que en las asignaturas existe cierta uniformidad exigida por el Plan Nacional Curricular y por la universalidad de las ciencias, su decisión se enlaza con aquello que distingue a cada escuela: sus valoraciones, principios e ideología.

       La educación pública tiene por objeto asegurar que nadie sea vea impedido, por razones económicas o de otra índole, de recibir una educación adecuada; de este modo, el Estado garantiza la igualdad de oportunidades ofreciendo servicios educativos gratuitos. Ahora bien, a la educación pública no solo le compete facilitar la cobertura educativa, que es un modo limitado de ejercer la justicia, sino justamente porque sus usuarios no tienen alternativas para elegir, le corresponde brindar un servicio educativo de alta calidad, que es dar a cada cual lo suyo. Que la educación pública sea igual o mejor que la privada es un caro anhelo que si fuera cierto no tendría por qué condicionar la existencia de la educación no pública, simplemente el Estado lograría en el marco de un sistema educativo plural, armonía entre los principios de justicia y libertad.

       La educación privada por su parte hace patente el ejercicio de la libertad de enseñanza tanto para los padres de familia como para quienes fundan y dirigen centros educativos. La educación privada no tiene como finalidad el competir y ser mejor que la pública, su presencia es garantía para la vigencia de la pluralidad de ofertas educativas en una sociedad democrática que valora la libertad de los padres para decidir qué tipo de educación desean para sus hijos. El ideal sería que – sin descuidar la justicia (la gratuidad) – todos los padres puedan optar por el colegio de su preferencia.

La educación privada

Edistio Cámere

La educación privada no es privativa de pocos, más bien hace referencia a que su gestión está en manos de particulares, quienes asumen toda la responsabilidad tanto de los éxitos como de los fracasos. Otra gran diferencia es que la educación llamada pública es ‘gratuita’, – los servicios que tienen un costo- se pagan indirectamente y solidariamente vía impuestos; en la privada el servicio educativo los costos son pagados directamente por el padre de familia. Atendiendo a esa sola diferencia se corre el riesgo de etiquetar como social y humanitaria la una y exclusiva y elitista la otra. Cuando en verdad el costo de la educación privada incluye el costo de la educación pública. El padre de familia no puede deducir los gastos por la enseñanza de sus hijos.

educacion

                “Hasta fines de la década de los noventa el 85% de la matrícula del sistema educativo era atendida  por el sector público y el 15% por el sector privado.  Es a partir del presente siglo que el aumento de oportunidades de educación empieza a reposar exclusivamente en la educación privada. Su cobertura de atención fue 68% superior a la del 2000; es decir, se incrementó en 1’057,000 de estudiantes.  Lo contrario sucedió con la educación pública. El alumnado que asiste a sus instituciones se redujo en 1’097,000 estudiantes, lo que significa que atendía 14% menos de alumnos que a principios de siglos”[1]. ¿Qué lectura provoca esta realidad? Es cierto que la economía peruana está en un interesante y sostenido ritmo de crecimiento, por tanto, el incremento de la clase media genera más demanda. Pero también cabe preguntarse ¿por qué debería renunciar a un servicio educativo gratuito para elegir uno pagado? Si uno permanece en el primero y tiene más ingresos ¿por qué no lo destina al ahorro familiar? La única explicación es que el padre de familia privilegia la calidad incluso a costa de renunciar a invertir sus excedentes en otros avatares.

CONSECUENCIAS:

 1.-  El Estado debería cambiar su óptica al normar el Sector Educativo: legislando con miras a una educación peruana integrada e integral, en la cual todos tienen los mismos derechos y deberes.  Legislar para todos significa que la educación privada no es sinónimo de lucro de la que hay que defender a los usuarios, es una opción que se condice con el derecho a la libertad de la enseñanza.

 2.-  Los padres tiene el derecho de elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos. Tal derecho se ejerce en la medida que existan centros educativos que se diferencien por su axiología, proyecto y planes educativos. Un tipo único de escuelas no se condice con una  sociedad plural y, en último extremo con las familias que cuentan con objetivos educativos diferentes.

 3.-  La educación privada permite que el padre de familia pueda elegir y controlar  con mayor eficacia la calidad del servicio que ofrece la escuela elegida.  La educación privada no tiene por qué ser satanizada como en épocas pretéritas, su razón de ser se entronca con el hecho que los padres de familia son los primeros educadores de sus hijos y por ello tiene la potestad de elegir la mejor ‘ayuda calificada’ (colegio) para lograr con ese importante cometido.

 El crecimiento de la educación privada es señal clara que soplan nuevos vientos en la sociedad. Es de esperar que el Estado los aproveche para  imprimir también velocidad a la educación pública y no legislar para igualar hacia abajo todo el sistema educativo.


[1] Instituto de Investigación para el Desarrollo y la Defensa Nacional – INIDEN – Noviembre 2012. Año 21. N°11