Un gran reto: instruir y culturizar

Por Edistio Cámere

Con relativa frecuencia, en la vida diaria, instrucción y cultura se utilizan como sinónimos, no solamente en cuanto se refiere a su definición, sino sobre todo a los alcances prácticos que de ellos se deriva.  Incluso más, en el Diccionario de la Real Academia, ‘instrucción’ y ‘cultura’ se definen como: “conjunto de conocimientos”.

Sin embargo, la situación actual invita a la siguiente reflexión: Se vive una época en la cual la instrucción está más extendida que nunca.  Los medios de comunicación -cada vez más sofisticados-  difunden un sinnúmero de datos y sucesos que en mucho exceden de los necesarios para mantener al ciudadano común al corriente del acontecer nacional y mundial. En fracción de segundos un avance tecnológico, un descubrimiento científico, un hecho social o económico… es conocido en todo el orbe. El hombre actual es ‘acosado’ por una masa informativa, ante la cual es incapaz de actuar con criterio selectivo.

Nadie puede dudar que hoy en día se tiene un manejo de la información sin precedentes en la historia. Sin embargo, a despecho de esta característica propia del pasado siglo XX, no pocas voces se alzan denunciando la existencia de una ‘crisis cultural’. En un mismo momento histórico ocurren paradójicamente dos fenómenos: de un lado, abundante información; y de otro, crisis cultural. ¿Qué motiva o causa semejante paradoja?  ¿Será que la abundancia de información ahoga la capacidad de discernimiento y reflexión del hombre,  o que a fuerza de difundir tanto el material informativo, éste se ha convertido en un ‘mero producto’ que no sintoniza con las demandas del receptor? 

Tal vez la velocidad con que fluye la información impida que el receptor pueda formarse un juicio personal frente al material recibido y, en consecuencia, se convierta en un mero ‘retransmisor’ de otras ideas o juicios.  Finalmente, ¿será que los medios de comunicación se orientan más al mercado que a la persona?

Si tal es la realidad actual, entonces la información suministrada por los medios de comunicación apunta más al ‘tener’ que al ‘ser’ de la persona; luego, lo útil es su motor, y su consecuencia es la masificación.  El hombre-masa obedece y acata sin cuestionarse si lo que recibe es cierto o falso. De esta manera se comporta o consume con arreglo a lo que ‘sugiere’ la opinión pública.

Si hay crisis de cultura en un mundo que navega en las aguas de la información, es, entre otras razones, porque ella potencia y favorece la instrucción descuidando la cultura. Y es que la ‘instrucción’ es algo exterior al hombre. Favorece la acumulación de conocimientos que no necesariamente implican la participación interna del sujeto.  Es impersonal y su debilidad estriba en presentar soluciones preparadas antes que los hombres estén en situación de plantearse personalmente problemas. 

Por este camino, es imposible guardar distancia con los acontecimientos y la información. Necesitamos por tanto de ‘certidumbre’, ya que el hombre instruido está abierto a cualquier información que es ‘exacta’ y que le evite el trabajo de discernir.

La ‘cultura’, por su parte, es algo personal. No sólo implica el conocimiento de un objeto sino la participación vital del sujeto. El hombre culto, producto de la reflexión, forma un todo con la cultura y es modificado por ella interiormente.  En suma, “el hombre culto es el que establece relaciones personales inéditas entre los distintos datos de la instrucción” (Thibon).  Por tanto, sabe guardar distancia con los acontecimientos y la información, recibe y va eliminando de la misma forma que lo hace un organismo vivo. Tiene en él cierta verdad para descubrir y rechazar la mentira.

Es que, en primera instancia, conseguir dicha verdad representa un trabajo personal.  En segundo lugar, cabe preguntarse si los medios de comunicación pueden contribuir con el logro de dicha meta. ¿Qué tarea le corresponde al informador para favorecer la cultura en sus receptores?  Inversamente:  ¿qué tarea le corresponde realizar al receptor para ser culto y alcanzar la verdad? ¿Cómo conciliar la instrucción y la cultura con el material a presentarse? ¿Cómo tiene que ser el comunicador social del siglo XXI, considerando que está inmerso en una sociedad, también en crisis? Por último, cabe preguntarse ¿qué papel le toca desempeñar al docente y a los colegios? Es un gran reto que obliga a respuestas creativas y puntuales.


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