LA PROMOCIÓN DE LA FAMILIA: NUEVA TAREA DE LA ESCUELA

Edistio Cámere

Un árbol será flexible y más resistente a las inclemencias climáticas en la medida que sus raíces sean fuertes y profundas. Por su parte, una nación se mantendrá cohesionada en tanto que sus familias sean sólidas y fuertes.

 El valor que tiene la familia para los suyos y para la sociedad no lo certifica el Estado. Su valía es inherente a su naturaleza, la familia vale por lo que es.  Al Estado no le corresponde intervenir hacia adentro de la familia para configurarla de acuerdo a las visiones de moda; su obligación es promulgar leyes o iniciativas que generen alternativas y faciliten los medios para que aquella se despliegue conforme a su esencia.

 Un modo de que la familia se ocupe y decida sobre la base de sus necesidades, capacidades y valores en aquello que le compete directamente es que el Estado practique el principio de subsidiariedad básicamente permitiendo que la familia disponga de liquidez económica para atender los derechos de salud, educación y vivienda de sus miembros. ¿Cómo? Simplemente que esos gastos puedan deducirse del pago del impuesto de renta anual.

 Una sociedad pequeña o grande despliega sus virtualidades cuando existe un clima seguro y pacífico. Por eso, cuando las familias se rompen, aumenta la delincuencia y el desorden social. El Estado debe intervenir y reafirmar el control social con más acción policial, con una ampliación del sistema penitenciario, con unas ayudas infantiles coactivas, y con tribunales que dirijan la vida familiar ([1]) lo que incrementa el gasto público y también la intervención coercitiva del Estado.

famila Las familias fuertes que permanecen unidas estabilizan al Estado y reducen la necesidad de agencias sociales burocráticas, costosas e intrusivas.([2]) Desde esta perspectiva debería corresponder a Estado y a los gobiernos locales, con leyes y medidas simples y prácticas –  desde fuera – contribuir decididamente a que las familias cumplan con sus funciones y tareas inherentes a su naturaleza: la promoción y formación de las personas, el querer a sus integrantes por lo que son y no por lo que hacen, educar a los hijos de modo capilar y respetando sus condiciones y características personales; trasmitiendo sus tradiciones y creencias… Más que claudicar ante la flaqueza o debilidad humana, promulgando leyes que lejos de eliminar esa realidad, la hacen evidente, aquellas deben orientarse a poner al alcance de las familias, ayudas calificadas que los acompañen en la reestructuración o fortalecimiento del proyecto familiar.

El gran matemático Albert Einstein refiriéndose con admiración al Mahatma Ghandi dijo: “En nuestro tiempo (…) él era el único verdadero hombre de Estado que en la esfera política defendía las relaciones humanas” ([3])   Tanto la educación como las relaciones humanas – entendidas en su significado más amplio – son baluartes necesarios para el desarrollo integral y para la cimentación pacífica, participativa y ética de toda sociedad. En este sentido, el papel que juega la familia, en ambos campos, es preponderante y de primer orden; silencioso pero constante; con yerros pero con buenas intenciones; con pocos recursos quizá pero generosamente distribuidos. Tal es la familia, tal es la  persona y la sociedad.

 


[1] Matrimonio y bien común: Los diez principios de Princeton, Social Trends Institute, España, 2007, Págs. 19-20

[2] Ob. Cit. Pág. 19

[3] Santiago Álvarez de Mon Pan, “ El mito del líder”, Prentice Hall, Madrid, 2001, Pág. 90


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