CIUDADANOS en una misma patria  

Edistio Cámere

El énfasis en las diferencias y en la diversidad como categorías sociales puede dar paso a aquello que el destacado sociólogo polaco, Baumann ha denominado mixofobia: el impulso a buscar islas de similitud e igualdad. El reiterado mensaje de las diferencias termina por generar incertidumbre existencial: estoy rodeado de ‘otros’ con quienes tropiezo o coincido en un determinado tiempo y lugar. Sin condición afín, los vínculos se tornan cuesta arriba o se contaminan con intenciones utilitarias. Cuando el ‘otro’ es distinto, no se le percibe cercano; por tanto, se despiertan temores y resquemores que mueven a demarcar el propio territorio y en son de dizque defensa se levantan muros, trámites y pasos de desnivel.

El uso de categorías o de cualquier adjetivo que clasifique, trae al primer plano lo accidental, lo epidérmico, lo circunstancial, dejando en la penumbra lo primordial, lo sustancial o esencial. Por sobre el lugar de nacimiento, la edad, la raza, el quehacer laboral, la filiación política, el credo; etc., nos topamos con una realidad axiomática: nuestra condición de personas; y, como tales esencialmente no somos diferentes: cada quien es único e irrepetible, piensa, quiere, siente, elige, sueña, sufre y muere. Es verdad, que cada persona – con nombre y apellidos – tiene sus pensamientos, sus propios sentimientos, deseos e ilusiones; pero el que cada cual los tenga y además que sean distintos no anula que las facultades que los originan: inteligencia, voluntad, libertad, afectividad… sean las mismas en todas las personas.

Las rivalidades, las controversias, los litigios y hasta las agresiones no se incoan con el advenimiento del presente siglo. Su emergencia individual o colectiva data desde los albores de la humanidad. La libertad es un don, pero tiene ese riesgo, que los marxistas y los gobiernos totalitarios, recusan tomar ese riesgo: ellos prefieren conculcarla. O en su defecto, exacerbando en el perfil del ciudadano solo la parte relativa a sus derechos, soslayando abiertamente el cumplimiento de sus deberes. En este contexto, sin certeza en la satisfacción de los derechos, el descontento escala para que no llegue a mayores, el estado debe intervenir.

Las soluciones a actitudes contrapuestas se resuelven – aunque pueda sonar paradójico – convocando la libertad de las personas para focalizarse en las coincidencias, en lo sustancial que tiende a la unión y, no pertinazmente centrarse en las diferencias. “Como destacó, Hans-Georg Gadamer en su célebre libro titulado Verdad y Método, el entendimiento mutuo nace de la ‘fusión de horizontes’, los horizontes cognitivos, es decir, los que se trazan y expanden a medida que se expande y se acumula la experiencia vital. La “fusión” que requiere el entendimiento mutuo sólo puede provenir de una experiencia compartida; y compartir experiencia es inconcebible si no se comparte el espacio.” Los horizontes cognitivos, predican la búsqueda de ideas, ideales y valores que al ser participados alienta a que las personas los realicen aportando, entrelazando sus talentos, sus recursos y su tiempo en un mismo espacio, construyendo – mediante la cooperación – un hogar, una escuela, una empresa, un distrito y una nación.   


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