Darse vuelta para aprender y mejorar

A pocas horas de terminar este año 2016, quizá lo que primero se nos venga a la cabeza y al corazón sea mirar hapulgar-arriba-y-abajo-cuerdacia adelante pergeñando nuevos planes y proyectos. ¡Qué duda cabe: el ser humano camina inexorablemente hacia el futuro! Puede hacerlo de muchos modos o maneras. Pero hay dos principios u objetivos dignos de tomar en cuenta: mirar hacia atrás para aprender y llegar al futuro siendo mejor de lo que se es en el presente.

La calidad en educación está entrelazada con la mejora personal del profesor, de manera que los vínculos posteriores que establezca con sus alumnos, tendrá un efecto positivo en los aprendizajes. ‘Darse vuelta’ es una buena práctica que tiene como propósito aprender de lo andado. En el caso del docente el aprendizaje contiene una particularidad: lo adquirido no le añade habilidades le da mayor prestancia y precisión. Efectivamente, cada experiencia educativa con un alumno es inédita, original, no se repetirá tal cual pero lo ganado en paciencia, escucha, empatía, capacidad de corrección… le servirá – atendiendo a las circunstancias específicas – para ser más fino y efectivo con un posterior estudiante.

Si hacemos el firme propósito de mejorar las virtudes personales que ayudan a la calidad de nuestro vínculo con los alumnos, el 2017 será más focalizado en la demanda de esfuerzos y el optimismo será amigo fiel durante ese año: el empeño por ser mejores no se agota, siempre se puede ser un poquito mejor. Al tiempo, que nos confirma en los efectos de esa mejora: niños, niñas y jóvenes con nombre, historia y proyectos propios.

Algunas cosas no cambiarán: la visión mecanicista y utilitaria de la educación; el intento de muchos estados de que impere un ciudadano tipo con una visión uniforme de la vida; el atropello a la libertad de enseñanza y, el desplazamiento de la función educadora – primera – de los padres de familia. Pero como el acto educativo es un prodigio personal no debemos desesperar. Lo que importa es andar sin pausa pero sin prisa y con la convicción de que la docencia es la única profesión que permite escribir directamente en la biografía de cada alumno.

Después de cada siete años he querido hacer una ‘suerte de maquillaje’ a la presentación o formato de este blog. La línea editorial sigue y seguirá siendo la misma, así mismo la disponibilidad para responder a los comentarios y críticas que tan amablemente me hacen nuestros lectores. Espero que estos mínimos cambios sean amablemente acogidos de lo contrario, estoy abierto a sus sugerencias.

No quiero terminar este año sin agradecer a todos y cada uno de ustedes por la gentileza en abrir – ordinaria o extraordinariamente- este blog. Espero que los artículos propuestos estén a la altura de sus expectativas, de modo que, sigan contando con la amabilidad de su lectura.

GRACIAS Y FELIZ AÑO 2017

Relación Familia-Colegio

relacion-escuela-familia               Las presentes líneas no buscan otra cosa que hacer extensivas a los directores de colegio y profesores, algunas reflexiones conceptuales en relación a los comportamientos intervencionistas de las entidades públicas, que en su afán miope por defender a los padres de familia, termina lesionando su participación fundamental en la educación de sus hijos. La naturaleza de la acción educativa recusa cualquier sesgo mercantilista como modo de explicación y de tratamiento normativo. La actitud de los colegios no sólo debe limitarse a esgrimir argumentos legales como respuesta al intervencionismo – lo cual es legítimo y oportuno – además, se hace imprescindible que expliquen y defiendan ante los padres que los logros escolares de los alumnos son consecuencia de una relación confiable, cálida y objetiva. La desconfianza entre las partes conlleva a reducir la educación a lo estrictamente utilitario e instructivo.

REFLEXIONES

1.- ¿El quehacer educativo puede ser considerado – en sentido estricto- como un bien o servicio mercantil? ¿Los padres de familia cara al colegio son clientes, son consumidores, son usuarios, son beneficiarios o son compradores? ¿Es meta de la escuela la satisfacción del cliente? ¿La eficiencia educativa de un colegio pasa por la reducción de costos y la mecanización de sus procesos? ¿Es el precio determinante en la elección de un colegio? ¿A mayor monto en la pensión menos alumnos y, por el contrario, a menor costo más alumnos? En suma ¿La educación puede reducirse a las claves del mercado?
2.- En una sociedad democrática, las opciones educativas para los padres de familia son variadas y diversas. La pluralidad de la oferta para que calce con la libertad de elección reclama que los colegios se distingan entre sí en mérito a su orientación y proyectivo educativo, a su cultura y procedimientos que – conocidos con anticipación – permitan una acertada y justa decisión por los padres de familia.
3 – El colegio no es una isla, para funcionar necesita proveerse de profesionales y recursos tangibles que se pagan y adquieren tan igual como lo hacen las organizaciones que operan en otros sectores. Requiere de una infraestructura que tiene que mantenerse; de docentes competentes remunerados adecuadamente; de equipos, y materiales técnico-pedagógicos…etc. cuya oportunidad, disponibilidad y calidad suponen unos costos que tienen que incluirse en el precio final del servicio educativo.
4. – A diferencia de la industria y del comercio, el quehacer educativo incluye “insumos intangibles” que operan al margen de las leyes del mercado, pero contribuyen decididamente en el aprendizaje. Son impagables, su valor no se puede tasar: el consolar a un alumno cuando está triste; alentarlo cuando arrecia el desánimo; corregirlo cuando yerra; orientarlo para mejor elegir; reconocer sus logros o simplemente escucharlo…, así se podría seguir abundando en hechos ‘in- apreciables’.
5.- La neutralidad que caracteriza la relación entre un vendedor y un comprador cualquiera no se predica en la relación docente– discente. La dinámica de la convivencia, el trato personal, las manifestaciones propias de la edad de los alumnos, fecundan la germinación del afecto, de la preocupación, y del cariño. Al componente afectivo –“insumo intangible”- no se le puede poner precio. Desde esta perspectiva, a la educación no se le puede entender exclusivamente con las claves del mercado.
6. – La axiología de un colegio compromete las mismas entrañas de su organización en su múltiple complejidad: cultura, procesos, normas, actividades, estilo didáctico, metodologías… Al tiempo que aquella reclama de adhesión de parte de los docentes. Por eso, la ejemplaridad es un elemento esencial en toda actividad educativa. En el comercio, en la industria, etc. se valora más la pura y simple eficiencia. En la educación la eficiencia viene condicionada por la ejemplaridad, porque la acción del maestro no se cumpliría correctamente si el alumno, descubriera en aquel los mismos vicios o defectos contra los cuales predica. (García Morente)
7. – La educación es un servicio de asistencia –se enseña al que no sabe- brindado por profesionales, utilizado con asiduidad por los padres de familia cuyos hijos se encuentran en edad escolar. En tanto que la educación es un proceso que requiere continuidad, a los padres de familia con respecto a los docentes y al colegio se les puede denominar propiamente: Clientes. Sin embargo, es inapropiado incluir a los alumnos dentro de la categoría de consumidores, primero porque la educación no es una mercancía y, en segundo lugar, porque sus efectos no se consumen, ni se extinguen, todo lo contrario perdura en el tiempo incorporada en el alumno.
8. – Los padres están comprometidos y participan activamente en la educación de sus hijos a tal punto que la dinámica familiar influye en sus logros. Su relación con el colegio no termina con su elección y el pago de la pensión escolar. Entre ambos se establece una alianza, objetivada en competencias y responsabilidades claramente distinguibles pero que concurren complementariamente en beneficio de la educación del alumno-hijo.
9. – La educación no se impone, se propone a voluntades libres. La libertad y el querer del alumno son datos esenciales, sin ellos no se califica como logrados o no los objetivos educativos.
10. – Se educa personas singulares e irrepetibles. Ante un mismo estímulo, las respuestas son diferenciadas y diversas, por tanto, en una escuela no se puede hablar de una uniformidad o estandarización sino de pluralidad en los logros o resultados educativos.
11. – Colegio y familia son instituciones completas e íntegras desde tanto el punto de vista del derecho natural como del civil. Coinciden en los fines. Uno de los fines del matrimonio – base de la familia – es la generación y educación de los hijos. El fin central de la escuela es la educación a través del proceso de enseñanza-aprendizaje.
12. – Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos, tienen el deber-derecho de hacerlo, del cual no pueden sustraerse ni menos se les puede arrebatar tal prerrogativa. Sin embargo, tienen la potestad de buscar y elegir – entre las que la sociedad provea – instituciones que les completen y complementen en su tarea. Estas instituciones ayudan porque pone el incremento allí donde ellos consideren necesario y, son calificadas porque ofrecen un servicio especializado, profesional e idóneo.
13. – Entre los centros educativos y los padres de familia – luego de la elección y satisfechos todos los procedimientos – se establece un vínculo jurídico cuyas partes son:
1. La materia: el hijo o hija en tanto educandos.
2. El objeto: la colaboración y voluntariedad de las partes para educar a un sujeto concreto, singular y con un ethos particular: el hijo.
3. El cuerpo: la coincidencia de los fines entre ambas instituciones que el colegio lo específica a través de su axiología y de su estilo educativo.
4. Contratantes: padres de familia y el colegio.
14. – La materia y el objeto son la razón y causa del vínculo jurídico. El pago de la pensión escolar – en el monto y modalidad acordada – impide que el vínculo devenga en nulo o se extinga en el corto plazo. Sin la oportunidad de los desembolsos, el colegio no podría adquirir ni contar con el personal, con los medios ni con los recursos adecuados para constituirse en una ayuda calificada idónea.
15. – La relación que el colegio establece es con cada familia. En razón de la materia y el objeto del vínculo, dicha relación no puede ni debe ser precaria, opuesta ni antagónica, si no buena y fluida, garantía de una diferenciada y mutua colaboración.
16. – Condiciones de una buena relación.-
a) Confianza
Los padres de familia confían en la idoneidad del cuerpo docente y en que sabrá conducir a su hijo teniendo como foco el perfil del alumno egresado que el colegio prometió (y que ellos aceptaron por coincidir con sus objetivos educativos familiares)
Para que la relación familias –colegio sea confiable conviene considerar que:
1. – Atribuir la responsabilidad de los problemas escolares de los niños a la otra parte, no es del todo cierto. Se tiene que aceptar que no existe un único responsable de los problemas que afectan a un niño.
2. – Los padres de familias no pueden observar directamente el comportamiento de su hijo durante la jornada escolar; los profesores no están dentro del ámbito familiar. Por tanto, para una mejor comprensión y toma de decisiones, ambos se complementan. No obstante, las versiones no siempre coinciden, la mutua y recíproca confianza ayuda a superar dicha limitación que es a su vez física y práctica.
b) Delegación de autoridad
La tarea de los padres no concluye con la elección del colegio ni menos con la matrícula. Es inherente al proceso educativo el delegar al colegio parte de su autoridad, el que a su vez la transfiere a los profesores para que puedan ejercer su quehacer académico y formativo. La autoridad no se agota en la conducción, también implica respaldo a las acciones educativas propuestas por la escuela. De ahí la importancia que la familia y el colegio coincidan en el cuerpo del vínculo.
El respaldo de los padres expresados en el acto de delegar su autoridad no es incompatible con el derecho que les asiste a solicitar correcciones o las explicaciones del caso. Lo capital es que aquellos derechos se orienten y dirijan a quienes puedan atenderlos y darles curso de solución.
c) Rectitud de intención
En una relación que apunta a un fin claramente definido la colaboración entre la partes reclama de una recta intención en el actuar. La escuela no puede garantizar infalibilidad e impecabilidad en sus actuaciones – como los padres tampoco- al fin y al cabo se trata de instituciones compuestas por hombres. Pero sí el colegio puede prometer acciones signadas con la intención de buscar el bien de cada uno de sus alumnos. En el marco de dicha atmósfera, padres y profesores podrán encontrar los mejores y más efectivos medios y criterios para zanjar presuntas desavenencias.

 

El querer en EDUCACIÓN

Estimado Jorge desde hace unos largos días estoy tentado a ponerte unas líneas. ¡Excusas!Las tengo y te las puedo presentar… Aun así aquellas no han abatido mi intención de escribirte. A propósito, es interesante hacer notar que entre el querer y el poder se definen muchas conductas. Yo quise pero no pude, es una versión socialmente aceptada aunque no sea cierta. Mientras que pude pero no quise, siendo verídica no es fácilmente digerible.

Desde el momento en que se me cruzó por la mente el escribirte, ¿en cuántas ocasiones no pude y en cuántas, en efecto, no quise? Ruboriza responder. El no-querer en un determinado momento no predica renunciar definitivamente a ejecutar lo planeado… digamos por un acto de rebeldía extrema. Lo ordinario – desde mi modesta opinión – es que el no-querer equivalga a postergar… a veces sine tempore. Lo postergado pierde fuerza ante la presencia de una nueva oferta. Ésta no siempre es mejor y más beneficioso, no obstante, tiene el ímpetu de apartar de la primigenia intención o compromiso. Ante una responsabilidad no cumplida uno puede justificarse insinuando: ‘me faltaron datos; creí que; pensé que; empero, la excusa no repone la acción no ejecutada y, ante el interlocutor, queda la sensación (¿la evidencia?) de que no ha querido cumplirla. ¿Confiarías nuevamente en esa persona? ¡Buena pregunta!

También podría darse el caso contrario, es decir, querer pero no poder, por falta de recursos técnicos, de habilidades o de tiempo. El querer está relacionado con la libertad y la capacidad de autodeterminación hacia algo valioso aunque suponga esfuerzo. El poder, por el contrario, conecta más con los medios o instrumentos, mismos que se pueden cambiar, intercambiar o modificar con vistas al fin perseguido.

Jorge entiendo que es propio de tu quehacer tener en mucho el querer del alumno: que quiera atender la explicación, que quiera estudiar, que quiera aprender, que quiera ser buen compañero… de su querer dependen, en gran medida, los logros educativos. Empero, también eres consciente de que activar el querer del alumno constituye uno de los retos que más acrisola la labor de todo docente. No me gustaría darte la impresión de ser anárquico – valoro el orden y la jerarquía en tanto respeten las instancias intermedias – pero no deja de llamar la atención que usualmente las opiniones de políticos, de empresarios, de funcionarios y de consultores enfatizan más “lo que se debería hacer en educación” para conseguir buenos resultados -obviamente, éstos se configuran con arreglo a su particular visión y posición dentro de la sociedad-. ¡El aparcarse en lo que se ‘debería hacer’ lo encuentro tan poco empático con la acción del docente y del discente! Jorge, tú y yo sabemos que la educación – esa que intenta iluminar la novedad de cada alumno – no se resuelve siguiendo a pie juntillas una receta, ya que, no es una tarea mecánica sujeta a leyes inexorables. Esa educación tiene de arte, de vocación y mucho de virtud. La docencia es un arte porque a través de sus operaciones propias manifiesta la actividad humana, la misma que encuentra su apogeo en ayudar al educando a descubrirse como persona en vía de crecimiento y a descubrir los hitos a colonizar en camino a esa perfección.

Para ayudar, sin reemplazar, se requiere de una vocación, misma que no remite necesariamente a la atracción que pueda ejercer la docencia como profesión. Diría que es una especie de don, de atributo que dispone al maestro a acompañar al discente en la búsqueda de su propio bien. Ese don tiene la propiedad de dilatarse tanto cuando el alumno solicita ayuda o cuando se acerca con firmeza a la meta acordada. En ese movimiento – el profesor- encuentra su complacencia, primero porque lo confirma en su quehacer y segundo porque lo capacita efectiva y afectivamente a distinguir y buscar el bien de cada uno de sus alumnos.

Te decía, líneas arriba, que la docencia, además de arte y vocación era virtud. No buenisimo-1únicamente porque el docente tenga que mantenerse, en positiva tensión, dispuesto a ayudar al alumno, con independencia de su estado de ánimo e intereses del momento. Por cierto, Jorge, el sostener en el tiempo una buena actitud de apoyo es más fecundo de lo que uno supone. Tampoco porque con generoso desprendimiento procure el bien de sus alumnos. La docencia es virtud puesto que lo suyo es convocar el querer del educando. A la libertad se le atrae con proposiciones razonables y encarnadas. Proposiciones razonables implica un cierto nivel de profundidad, de sabiduría y de reflexión; en palabras cortas: pararse a pensar antes de presentar una indicación o sugerencia. Las proposiciones encarnadas muestran, hacen patente la unidad entre el decir y el actuar del docente. Sin virtud personal – predicamento de la autoridad – la libertad del alumno corre el riesgo de quedar a expensas de solicitaciones cuya primicia es la de postergar las actividades de enseñanza-aprendizaje.

De otro lado, Jorge considera que por ser libre el querer es indeterminado: se puede querer muchas cosas y por motivos distintos; precisamente por eso la determinación de querer algo entraña un querer querer. Con esta forma duplicativa busco subrayar el compromiso e involucramiento del yo personal – la persona como titular- cuando decide querer o no querer. Cuando el alumno quiere el bien propuesto como suyo las conexiones virtuosas se multiplican en beneficio de su mejora personal. Pero… y ¿si no quiere? Algunos podrían decir: “se le motiva”. ¿Cómo? ¿Al estilo dado un estímulo se obtendrá la respuesta esperada? No dudo que los programas motivacionales funcionen en las empresas, tengo mis reservas sobre su eficacia en las escuelas. Por ejemplo, un adolescente no quiere por diferentes razones: porque la pereza le gana, porque busca actuar a su aire para ser popular, porque está desanimado, triste, molesto con sus padres, con su mejor amigo, porque la chica que lo entusiasma ni de soslayo lo mira, y un largo etc. El no querer del alumno se manifiesta, se hace notar en la conducta o en la relación con sus compañeros. La virtud del docente radica en no perder la serenidad para dar a cada quien lo suyo: orden y dictado de la materia a la clase y, atención – sin concesiones – al alumno aludido.

En el aula, el profesor sabe quiénes son sus estudiantes, sin embargo, el conocer a cada uno para ayudarlo a que quiera, es un serpenteado o empinado camino que se recorre a base de virtud. Es verdad, te podrías limitar a cumplir con las indicaciones recibidas y así te aseguras una buena valoración de tu jefe; Jorge, me consta el tiempo que insume, el cumplimentar documentos y registrar las notas de todas las evaluaciones aplicadas – tantas más si el paradigma que impera es el de los resultados cuantificables- las reuniones de programación, amén de otras prácticas o procedimientos derivados de la condición reglada y social de la educación. De seguro, convendrás conmigo que cumplir con las operaciones descritas y ganarse el querer del alumno, en el trato personal, solo es posible desde la virtud del docente.

Si estamos de acuerdo en que la clave educativa reside en el querer del profesor y del alumno, entonces la acción educativa, aquella que efectivamente opera un cambio, se resuelve gracias a la libertad que se revela y ejercita en la toma de decisión. Es tan vital la relación docente-discente que basta que una de los extremos no quiera hacer la parte que le corresponda para que las políticas y medidas procedentes de las altas esferas queden sin efecto. No te parece más sensato, Jorge, que en vez de gastar tiempo, dinero y energías en la confección y difusión de reglamentos e instrucciones regulatorias, se aplicaran en promover y facilitar que el docente quiera. Para que quiera es preciso que pueda. Con poder me refiero no solamente a contar con los medios e instrumentos mínimos para desempeñar su quehacer con eficacia sino a contar con el tiempo y espacio necesarios para dedicarse al trato personal, ya que a través del cual se corona el acto educativo. Asimismo, el querer del docente se estimula confiando en su capacidad y criterio profesionales, de modo que ante terceros, las decisiones por asumidas y aplicadas por él sean respaldadas.

Jorge, mientras impere una visión economicista y cuantitativa de la educación, la labor del docente se retacea o se reduce a nivel de mero trasmisor casi compitiendo – en desventaja, obviamente – con los aparatos tecnológicos. Nada más lejos de la realidad. Soy un convencido, que la educación es una actividad manifestativamente humana: la dignidad, la singularidad y la fragilidad de quienes educan y son educados se muestran en toda su condición de personas. No es un mostrar sin sentido. Al revelar-se el alumno siendo-así, la ayuda del docente – siendo-así- será la precisa para su mejora personal. La figura del docente es compartida por un grupo de alumnos, no obstante, el modo de ser profesor es distinto para cada cual. La relación es personal e irrepetible, como también será el cómo o el qué de la acción de mejora que tendrá que emprenderse, por tanto, la ayuda que recibe el educando es personalizada, a su medida.

Finalmente, una cosa me gustaría que no olvides: si logras que un alumno quiera ser mejor persona – aunque en el intento se le vaya la vida – ten por seguro que ese alumno será una tea que alumbre en los ámbitos en que se desenvuelva. La formación de una persona hace la diferencia. ¡Cuánto bien puedes hacer tú a la historia de tu país…comenzado por cada alumno!

La escuela tiene que ser fecunda

ENTREVISTA REALIZADA AL EDUCADOR EDISTIO CÁMERE
REVISTA ANTESALA (Edición agosto 2016)

“La escuela más que eficaz tiene que ser fecunda. Es fecunda porque es capaz de dar a sus alumnos la oportunidad de que cuenten con un tutor que los acoja. Cuando te miran a los ojos y te preguntan ¿Cómo estás?, te están confirmando: ¡Qué bueno que estés con nosotros! Es esta una de las experiencias más intensamente educativas que se pueden vivenciar; saberse que somos importantes para alguien especial. ¡Creo que no existe mayor motivación para hacer las cosas bien!”. Importante reflexión que nos deja el educador Edistio Cámere, quien además advierte: “A veces pienso que hemos perdido largamente de vista a quienes se educa. No son máquinas. Son personas libres, frágiles, con motivaciones de diversa índole, maduración en proceso”.

Para este especialista el éxito de la acción educativa se logra “cuando el docente aplica su inteligencia y su querer en orden a buscar el bien de todos y cada uno de sus alumnos”. Porque, como bien enfatiza, “los alumnos son como son y no como nos gustarían que fueran, pero pueden ser mejores si las estrategias didácticas y las actividades escolares se ajustan a sus necesidades y a sus características”. A continuación conversamos con él para conocer cómo afinar algunas estrategias educativas que deben ser parte del proyecto educativo.

-¿Hasta qué punto las instituciones educativas deben tener libertad para definir y desarrollar su estilo educativo?
Los principios de libertad de enseñanza junto con el de fundar centros educativos, consagrados en la nuestra Constitución, fundamentan el derecho de configurar un propio estilo educativo. Se suele pensar que la existencia de los centros educativos particulares obedece a intereses marcadamente lucrativos o que deben compensar las limitaciones de los estatales. Ambos enfoques son reductivos. En una sociedad plural, democrática, tiene que existir alternativas diversas precisamente para que los padres de familia ejerzan su derecho de elegir el colegio que más se acompase con lo que quieren educativamente para sus hijos. Las alternativas que se ofertan se configuran con arreglo al estilo y visión que cada titular imprime a su centro. Cuando, en aras de la educación de un ‘ciudadano global’ o de la calidad medida con indicadores productivos, se aboga y se quiere implantar un sistema ‘universal’ se afecta el derecho de cada familia de decidir ante sí y por sí el tipo de educación que quiere para sus hijos; y, desde el punto de vista político, se genera una suerte de oxímoron: democracia para votar pero autoritarismo para gobernar.

-¿A qué cursos o áreas se le debería dar mayor énfasis para mejorar el nivel educativo de los estudiantes?
Lo propio de la escuela no es la especialización, lo suyo -gradualmente- es incorporar a sus alumnos a la cultura de la sociedad, lo que implica la trasmisión de las ciencias, humanidades, artes, deportes… Por tanto, más que enfatizar en un curso o en un área, lo importante es que los alumnos aprendan. Con aprender me refiero a que a través de los conocimientos recibidos formen conceptos, los formulen original y apropiadamente a través del lenguaje y sepan transferirlos a situaciones nuevas. En suma, importa mucho en la escuela ayudar al alumno a pensar y a tomar decisiones acertadas. El nivel educativo de los alumnos no se mejora per se con nuevas materias, con medios de última generación, con franquicias internacionales… se incrementa si se logra que el alumno ejercite con autonomía su inteligencia, es decir, que quiera aprender no solamente lo que en el aula recibe, sino que busque profundizar. El aprender así es un acto libre del alumno, el reto es cómo convocar su libertad para aprender.

-¿Cómo debería realizarse la evaluación docente para reconocer sus verdaderas capacidades y habilidades?
La evaluación del docente tiene, a mi juicio, que atender las capacidades de la persona como tal, las que forman parte de la profesión y las que demanda la escuela con arreglo a su visión o ideario educativo. Desconozco si existe algún instrumento que las mida integralmente; sin embargo, prefiero partir de una sólida base: la vocación del maestro (incluyo también la de aquellos que por ocasión la han descubierto) abriga en su seno una serie de atributos que bien estimulados dan paso a habilidades sumamente positivas. Valoro como condición indispensable: el gobierno del aula, pues un profesor que no la gobierna no realiza la relación enseña-aprendizaje; pasión por lo que enseña; buena didáctica; e ilusión profesional. Si además los directivos lo conocen, lo tratan personalmente, la escuela caminará tras su visión corporativa y diferenciadamente.

-¿Cuál debe ser el perfil del director y hasta qué punto debería gozar de autonomía?
El perfil de un director no debería deducirse de las leyes y reglamentos educativos promulgados por el Ministerio de Educación. Su enfoque enfatiza más las funciones administrativas-pedagógicas. Creo que la definición del perfil de un director pasa por aceptar que el cometido de una escuela no se reduce a las actividades en aula; toda ella educa. Por tanto, se necesita que sea conducida -mirando el corto y el mediano plazo- por un líder que sea capaz de gobernar todas las variables e instancias organizativas con armonía e eficiencia. Para que un director sea y se desempeñe como líder se precisa que tenga el respaldo y autonomía delegada de los titulares de los centros. Así como en las escuelas públicas la labor del director está mediada por la burocracia y la desconfianza de las autoridades superiores, en las escuelas particulares la dificultad más recurrente es la intromisión de los titulares y, en consecuencia, los conflictos en la toma de decisiones. Por cierto, esto último es consecuencia del decreto legislativo N° 882 (09/11/96).

-¿De qué manera se puede involucrar a los padres de familia en la formación escolar de sus hijos?
Entiendo la intención de la pregunta, pero no deja de llamarme la atención el hecho de que sean los colegios quienes tengan que pensar estrategias para que los padres se impliquen en la formación de ‘sus’ hijos. Debería ser al revés. Desde larga data la legislación acerca de las Asociaciones de Padres de Familia (APAFA) se ha centrado en la periferia: infraestructura, administración, economía… etc., ante la incursión de los padres, en todo menos en aquello que es la formación de sus hijos. La reacción de los colegios no se hizo esperar. Lo más dañino en la relación familia-colegio es la pérdida de la confianza, la misma que a pesar de las malas prácticas o normas populistas, debe siempre protegerse: el bien de cada alumno lo reclama y exige. No hay un modo único de involucrar a los padres. No olvidemos que cada colegio tiene un estilo educativo y cada familia el derecho de elegir el tipo de educación que quiere para sus hijos; por tanto, habrá colegios y padres donde la relación entre ambos tenga cotas bien definidas. Sin embargo, a pesar de la libertad de enseñanza, me parece que existen algunos indicadores que se pueden mencionar para lograr dicho fin. El colegio debe funcionar bien, tener prestigio académico ante sus padres, normas claras, organización cabal y eficiente de las actividades en que son invitados los padres; respeto y acogida en el trato ordinario… pero, sobre todo, tratar de modo personal a cada familia, confiar en ella y educar positivamente.

-¿Cuán importante es promover la tutoría con los alumnos?
Es una de las tareas más atractivas y demandantes, en el buen sentido de la palabra. La instrucción es una actividad grupal pero la educación, esa que busca extraer la singularidad de la persona, solo es posible mediante el trato personal. A través de la relación personal el tutor conoce al alumno, no de modo universal, sino como un alguien que crece, se relaciona, es afectado por su entorno, siente, piensa… a partir de esta recepción y acogida el tutor es capaz de sugerirle horizontes insospechados en su desarrollo. Insospechados porque no se repiten en otros, son originales. El conocimiento otorga autoridad: las sugerencias que recibe el alumno son pensadas con nombre propio. El ser humano es relacional y dialógico, la tutoría desarrolla y refuerza esas dos condiciones de la persona. La escuela, más que eficaz, tiene que ser fecunda. Es fecunda porque es capaz de dar a sus alumnos la oportunidad de que cuenten con un tutor que los acoja. Cuando te miran a los ojos y te preguntan ¿Cómo estás? Te están confirmando: ¡Qué bueno que estés con nosotros! Es esta una de las experiencias más intensamente educativas que se pueden vivenciar: saberse que somos importantes para alguien especial. ¡Creo que no existe mayor motivación para hacer las cosas bien!

-¿Cómo fortalecer la sana convivencia en la escuela?
Ante todo se podrá promover una sana convivencia si: a) En la escuela existe un adecuado nivel organizativo que permita el logro de metas y objetivos; es decir, que funcione y funcione bien; b) Se mantiene un clima pacífico y ordenado gracias al ejercicio de una autoridad orientada al servicio de los miembros de la comunidad educativa; y, c) Se procura que el ‘estar’ de los profesores y alumnos trascurra en un ambiente que sea limpio, grato y bonito. Otro gran capítulo a tomar en cuenta son las normas. Estas tienen que ser pocas en número, claras en su formulación, éticamente consistentes y posibles de cumplir. Al respecto, el personal docente y administrativo en su observancia deben in por delante. Las normas tienen que conducir a bienes demostrables y atrayentes y no ser resultado de caprichos o demostraciones de poder. La normativa debe facilitar que cada quien pueda cumplir con sus propias responsabilidades. En efecto, en la medida en que se confíe en los alumnos y profesores la convivencia podría discurrir por los cauces de orden en libertad. Finalmente, en la convivencia entre pares debe fomentarse y protegerse el buen trato y el respeto mutuo. Reconocer y acoger al yo del otro fortalece el compañerismo y alimenta la amistad. El crecimiento personal pasa por ayudar al ‘otro’ a crecer.

-¿Cuál es la importancia de promover la participación estudiantil a favor de la formación integral de los alumnos?
Es vital promover la participación de los estudiantes. El primer modo es la promoción, como práctica institucional, de la escucha atenta y respetuosa de los alumnos a partir de la cual se recogen iniciativas y se concretan modos de hacerlas viables. Se cumple el principio de que todos los alumnos puedan participar proporcionalmente en configurar una buena y pacífica convivencia, de acuerdo con las edades y capacidades. Con la participación se logra en los alumnos el sentido de pertenencia: Si puedo intervenir y aportar en las mejoras es porque formo parte ‘de’. Además, se educa socialmente; es decir, se aprende que los talentos se comunican para el bien de los demás.

¿Qué opinión tiene respecto de las evaluaciones sobre la Evaluación Censal de Estudiantes realizada por el Minedu y las pruebas PISA?
Obtener resultados es un objetivo legítimo pero debe ser el último de la lista de las pretensiones del docente. Los resultados expresados en guarismos o en porcentajes suelen ser epidérmicos. Una nota alta no refleja efectivamente que el estudiante haya aprendido y una baja no siempre es señal de un mal aprendizaje. Si el foco se centra en los resultados las actividades previstas se reducen a ese fin perdiendo su riqueza y posibilidades para lograr un ambiente propicio para la participación activa de los alumnos.
Los resultados en educación son consecuencia del crecimiento como persona y como profesional del docente. Su nivel de desarrollo es la medida del de sus alumnos. Crecer implica abrirse a la realidad del grupo y a las circunstancias de cada quien: los alumnos son como son y no como nos gustarían que fueran, pero pueden ser mejores si las estrategias didácticas y las actividades escolares se ajustan a sus necesidades y a sus características. En este esfuerzo el docente aplica su inteligencia y su querer en orden a buscar el bien de todos y cada uno de sus alumnos.
A las evaluaciones se les debe considerar siempre como oportunidades de aprendizaje más aún cuando los resultados ‘no son los esperados’. De este modo, se evita que el docente se congoje o frustre y se logra que este mejor dispuesto para reflexionar con objetividad y proponer –aceptar – las medidas correctivas.
Es cierto que en el Perú los resultados de la prueba Pisa no son muy alentadores. Pero en Singapur – en el mismo periodo de medición- solo el 20% de los alumnos tenía nota positiva. ¿Qué pasó con el 80%? ¿No que era un país desarrollado? No quiero ni me interesa hacer comparación alguna, simplemente señalo que ningún país logra el 100% en Pisa y que cada vez más la actividad empresarial está solicitando el cultivo y dominio de las habilidades llamada blandas en sus colaboradores. A veces pienso que hemos perdido largamente de vista a quienes se educa. No son máquinas. Son personas libres, frágiles, con motivaciones de diversa índole, maduración en proceso. Además no siempre lo que dicta la norma, el estándar económico o quimeras del funcionario es lo que conviene efectivamente a cada persona.

Las omisiones en EDUCACIÓN

Frente a una determinada situación caben dos posibilidades: actuar o no actuar. Si se actúa dos opciones se abren: se acierta o no se acierta. Si se acierta, se confirma la actuación, con lo cual se queda mejor dispuesto para replicar una similar o una mejor. En ambos escenarios se ha tenido una experiencia, un aprendizaje, pero por sobre todo, quien actúa incorpora, introduce – desde su condición de singular – en el curso de la historia una condición, un atributo o un bien, que antes no estaba.

Cuándo no se decide, cuándo no se actúa, ¿Cuál es el costo de esa omisión? En educación el precio que se paga está en relación directa con el bien que deja de adquirir un alumno quien está en franco proceso de crecimiento y maduración. Una buena decisión abre alternativas. Quien la toma – el profesor – solo conoce las contiguas, mientras que, las siguientes o posteriores serán discernidas y tendrán sentido para el alumno. La actuación del docente es movida por un bien que conviene al alumno. Al presentárselo amplía su horizonte de mejora integral, quien si decide hacerlo propio, su yo estará mejor dispuesto para ir al encuentro de otros y/o mejores bienes.

padres-hijosLa índole de la educación es ayudar, auxiliar a los alumnos en su crecimiento personal e integral, en este sentido, la intervención del docente siempre es y será un acto de primer orden. Reconocer el problema y dedicarse a actuar es quizá la acción de liderazgo más significativa que uno puede hacer”. (Harvard, A. 2013) precisamente porque el maestro al confirmar o rectificar una actitud o comportamiento abre cursos de desarrollo que el alumno podrá seguir y profundizar en beneficio propio. Por el contrario, cuando el docente no actúa, la red de alternativas de crecimiento de un determinado alumno no existirá. Lo que podía ser, no es, ni será. Desde la óptica educativa a) cuando no corrige – se pone recta- una conducta, queda como ‘aprendizaje’ en el alumno que ese modo de operar es el que tiene que elegir, además, las decisiones próximas continuaran en la línea de la inicial conducta; b) cuando no se interviene, el amplio espacio de acciones o conductas positivas se quedan sin valorar, fortalecer y estimular. Tan malo es no corregir como dejar de confirmar las cualidades y los buenos actos en beneficio propio y de los demás.

Hoy en día, es un ‘mandato’ darle la razón en todo y por todo a los padres y alumnos – se les llama clientes-; los entes públicos apuran sanciones sin detenerse a escuchar explicaciones ni menos conocer la realidad de la escuela; cada vez suele ser más frecuentes las sesiones en las que los directivos y docentes reciben impasibles cuestionamientos sobre su actuación pedagógica de parte de los padres de familia. El resultado cierto es que la confianza en la escuela se debilita y no se respalda su autoridad (toma de decisiones y criterio). Ante tal escenario ¿Cuál debería ser la conducta de la escuela? ¿No complicarse? ¿Actuar por omisión?

Quienes defienden el trato de clientes a los alumnos y quienes preconizan que los alumnos deben dar rienda a sus deseos sin que medie norma en contrario, desconocen el grave perjuicio que les están ocasionando en su presente y en su futuro. Duele reconocerlo pero lograran su propósito: sus hijos tendrán la razón en sus deseos… pero con una gran diferencia: la escuela aprenderá a no pasar un mal rato defendiéndose por todo antes los padres de familia. ¡Cuántas inmejorables oportunidades perdidas de crecimiento o adquisición de bienes para el alumno!  ¡A la historia de cada persona no se le afrenta con las equivocaciones sino con las omisiones!

 

Apuntes para una CARRERA DOCENTE

La carrera magisterial propuesta por el Ministerio de Educación se basa en incrementos salariales, a quienes han satisfecho los requisitos definidos en las respectivas convocatorias. Sin duda, la mejora económica es un estimulante y apetecible indicador aun así no creo que a aquella se reduzca la trayectoria profesional. Existen diferentes variables que – a modo de peldaños – van valorando y sellando la carrera del docente. Por esta razón, no es tarea fácil para quien gobierna una escuela diseñar el futuro profesional de sus docentes.

La docencia se distingue por ser una profesión intelectual y de ayuda. Estas dos notas deberían de marcar el camino del crecimiento del docente. La aspiración a cargos directivos que siendo legítima, no conviene al conjunto de profesores, primero, por lo limitado del número de dichas posiciones en cualquier organización escolar; y, segundo porque implica intereses personales y competencias específicas que no a todos les mueve cultivar. De otro lado, la experiencia señala que una buena gestión directiva sucede al desempeño acabado del quehacer docente.

Un ámbito donde – sin duda – se luce el arte y la ciencia del docente es el aula. El sobrevenir de los años no empalidece su luminosidad, más bien, la acrisola pues ajustar con finura la materia que se imparte a las siempre nuevas y expectantes promociones de alumnos, actualiza renovadamente las competencias, prolonga la ilusión profesional y termina dibujando una satisfactoria carrera docente. En suma, en la misma actividad docente – en el aula- se encuentra su realización intelectual y de ayuda.

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Más allá de las riquezas propias del aula, una línea de desarrollo profesional, podría derivarse de la comunicación intelectual. La misma que presenta tres campos: a) Sistematización de las experiencias o buenas prácticas y la investigación –acción o de campo; b) La publicación artículos, ensayos y los resultados de las investigaciones; y, c) participación activa en congresos, docencia universitaria o de post grado; consultorías o asesorías a escuelas de básica regular, regiones y a otra instituciones. A su vez, en lo relativo a la categoría de ayuda su campo de acción es más específico pero no por eso menos trascendente con miras a la carrera laboral, esto es, asuntos de tutoría u orientación a alumnos; mentoría o coaching a profesores; orientación a padres de familia. El desempeño de estas funciones reclama de estudios complementarios que especializan al docente y le abren un vasto panorama profesional.

El prestigio de un centro educativo abre opciones para la realización profesional del docente en los campos arriba mencionados. A mayor prestigio, sus docentes serán más requeridos para que trasmitan sus experiencias o compartan los resultados de las investigaciones concluidas. A su vez, la buena performance de los docentes redundará en el incremento del prestigio del centro, estableciéndose así un círculo virtuoso. ¡La realización de los docentes es la misión interna de la escuela, no cabe duda!

LA EDUCACIÓN PRIVADA:RETOS

Ordinariamente, el ingreso de un nuevo gobierno genera inquietudes y expectativas entre los ciudadanos. Es comprensible. Se esperan reformas y cambios en los que existe el riesgo que de un modo u otro puedan afectarnos. En el caso peruano, el presidente electo querrá marcar distancias, en forma y fondo, con respecto al saliente. Sin embargo, no creo que los retos para el sector educativo privado procederán de la nueva administración. Más bien, pienso que sus desafíos se derivarán de la robustez que goza en materia de la demanda y de la calidad de sus servicios.

          ¿El Estado sería igual de incisivo y enfático en su regulación e injerencia si la escuela privada estuviera instalada en la medianía? Pienso que no. No se saca agua de un pozo seco por más que se cuente con los medios de última generación para obtenerla. Por eso, mantenerse y conservarse saludable – como sector – es una buena estrategia pero no es suficiente. Se tiene salud no para evitar perderla, sino como condición para la acción, para moverse en pos de objetivos que, sobre la base de ‘cómo se está’, orientar los esfuerzos para alcanzar ‘lo que se debería ser’. Lo que haga o deje de hacer la educación privada como sector, asumiendo su robustez, será decisivo no para el próximo sino para los posteriores lustros.

          El crecimiento económico alcanzado en nuestro país – hoy en día, pausado por variables coyunturales – ha traído consigo el incremento de una clase media que no se conforma con el beneficio que otorga la cobertura: matricular al hijo en un determinado colegio. Busca más y mejores servicios educativos prestados por una misma escuela.

         Ante la sostenida demanda ¿podrán aparecer competidores? El Estado con sus Colegios de Alto Rendimiento (COAR) ¿podrá constituirse en un importante contendiente? Ojalá y dichos colegios, se multipliquen para atender a un mayor número de jóvenes – de recursos medios – pero deseosos de una buena educación. ¿Los colegios sistematizados, en serie, con una persona jurídica como titular, serán los llamados a copar el mercado educativo, de manera que, mermen el número de postulantes de las escuelas no seriadas? A la fecha eso no ha ocurrido. Si bien son atractivos por su precio, infraestructura y tecnología no lo son tanto, en los servicios y actividades que configuran una educación integral.

          Lo que si dificulto es el ingreso de nuevos operadores al sector educativo privado, por lo menos en la cantidad necesaria para atender la demanda. La barrera más alta que se opone al ingreso de competidores no es propiamente la actividad educativa sino el lugar en donde ésta se lleva a cabo: el terreno. Su escasez y el precio por metro cuadrado, los costos de construcción y el equipamiento, a los que suman las disposiciones municipales (trámites, regulaciones…), las leyes de protección de la economía familiar y similares… hacen onerosa y compleja la creación de nuevos colegios.

         Con un Estado que impenitentemente opone la regulación y el intervencionismo a la libertad de enseñanza; con una demanda sostenida y sin el asomo de nuevos competidores en el horizonte ¿cómo debería aprovechar de esta coyuntura la educación privada como sector? ¿Seguir protegiéndose del Estado a costa de ir entregando sus peones, alfiles, torres…y, por último su reina? ¿Mirarse a sí misma – cada escuela – complacida de sus logros y enfilando baterías en pos de ser la mejor del sector? ¿Buscar fortalecer la identidad y los servicios de los centros educativos privados para – como sector – contribuir decisivamente a satisfacer las necesidades humanas, culturales y formativas la sociedad peruana?

          El sector educativo privado puede elegir entre: a) mantenerse en el statu quo. En este escenario, no solamente se enfatizarán las diferencias entre las escuelas, sino que además, la presión por obtener vacantes, al acentuarse, dará pie a medidas populistas promovidas por algún (os) padre (s) de la patria; O, b) trabajar con denuedo y sencillez para lograr una efectiva interdependencia y acuerdos estratégicos generales que conduzcan a establecer pisos de calidad que satisfagan – independientemente de los precios – a las necesidades educativas de los padres de familia. Desde esta perspectiva me aventuro a sugerir una suerte de agenda para el próximo lustro:

  1. Afirmar, argumentar y defender como sector el principio de la libertad de enseñanza consagrado en el Constitución del Perú (cfr. Artículo 13)
  2. Aunar esfuerzos para proponer la promulgación de un instrumento jurídico que se haga cargo, sin miramiento ni concesiones, de la realidad, dinámica y objetivo de la educación privada. Además, velar para que se incluya el respeto a la libertad de enseñanza y la creación de centros y lo que estos principios implican. El respeto a la autonomía considerando la diversidad de personas jurídicas, titulares de los centros. Definir un estatuto y funciones del director atendiendo a las nuevas corrientes del liderazgo educativo. Asimismo, definido lo que se entiende y espera de la educación básica regular, permitir a las escuelas una banda ancha de innovación educativa.
  3. Constituir una gran federación de asociaciones – sin menoscabo de la propia identidad- con fines gremiales y procurar su inclusión en la Confederación Nacional de instituciones empresariales privadas (CONFIEP) o configurar una exclusivamente para centros educativos.
  4. Diseñar y aplicar una campaña de comunicación mediática con miras a devolverle el señorío y estatus a la educación y al docente de cara a la sociedad. La elevación de la imagen podrá atraer a los jóvenes a estudiar pedagogía.
  5. Estudiar formas, modos, estrategias, políticas….conducentes a mejorar las remuneraciones de los docentes, respetando la realidad de cada escuela.
  6. Crear una gran ‘escuela’ de formación para docentes en ejercicio, con miras a actualizarlos a las necesidades y requerimientos de la sociedad actual.
  7. Constituir un fondo fiduciario con el aporte de los agremiados, de empresas y editoriales, destinado a promover: Publicaciones Realización de encuentros o congresos.
  8. Becas de estudio a jóvenes y docentes con trayectoria tanto a nivel nacional como internacional.
  9. Investigaciones
  10. Aulas vivas: que representan un modo de romper el aislamiento educativo, celebrando alianzas, foros, intercambios y pasantías entre los docentes y directivos de los mismos colegios privados del Perú.

        Finalmente, un reto permanente: Las escuelas aún son acendrados bastiones llamados a preservar los altos principios por los que se inmolaron no pocos prohombres de nuestra historia; a cultivar las tradiciones, costumbres y cultura peruanas permeadas por los valores occidental-cristianos; y, promover el respeto a la dignidad de la persona, la solidaridad y la convivencia pacífica entre los peruanos. Desde esta vertiente, cabría afirmar que el conjunto de escuelas configura una cultura filosófica-educativa que informa a un significativo número de padres, alumnos y docentes. Un gran reto sería globalizar esa cultura, de modo que, su influencia fecunde orgánicamente a la sociedad peruana. ([1])

[1] Edistio Cámere, Signo Educativo N° 211, año 2012

CONTRATAR O DESCUBRIR: Dilema del directivo

En la línea de contratar o descubrir nuevos talentos docentes, planteamos dos estrategias directivas, no antagónicos ciertamente, pero que tienen consecuencias distintas en el horizonte temporal de una escuela:

  1. Descubrir nuevos colaboradores con talento en el mercado educativo con la esperanza cierta de que viertan toda su valía y experiencia profesional, al proyecto educativo de la escuela. Esta estrategia descansa – una vez definida la posición a ocupar – en los medios utilizados para la convocatoria, en un riguroso proceso de selección y, finalmente en un eficaz protocolo de aceptación e inducción. Sin duda, los mejores talentos no vendrán únicamente por las tentadoras condiciones contractuales, también por el prestigio y consistencia del proyecto educativo de esa escuela.
  2. Descubrir nuevos talentos y capacidades en las personas que ya trabajan en la propia escuela. Esta estrategia implica:
    1. Identificar las necesidades específicas que se quieren satisfacer, considerando que la necesidad general a solventar en una escuela es la de introducir al niño o joven en la cultura de una colectividad a través de la enseñanza. Dichas necesidades que se recogen en el Ideario, dan lugar a saberes específicos que fundamentan nuevas actividades tanto en su concepción, diseño y realización.El saber especifico constituye un “además” en el desarrollo profesional de los docentes porque su aplicación abre nuevos áreas para el estudio, la investigación y para la gestión. Dichas acciones reclaman de titulares para su ejecución, por tanto, implementando un sistema matricial que permita su empoderamiento se consigue que – mientras se desarrolle un nuevo proyecto – ejerzan un liderazgo que incrementa su valía profesional, mayor aporte y compromiso con la escuela.
    2. Mostrar el sentido y los fines que reverberan en el cotidiano quehacer docente. En la medida que se le descubra la profundidad, el horizonte y las relaciones que anidan en toda tarea educativa se contribuye a confirmar y aquilatar la vocación del maestro.
    3. Confiar en que el docente desempeñara con eficiencia, lealtad y prudencia las tareas encomendadas. La confianza no se fundamenta en una evidencia. Confiar significa creer en alguien, en sus palabras, no en lo convincentes que puedan ser sus razones. El directivo que confía arriesga, porque abandona su propia seguridad que le otorgan sus conocimientos, experiencia o posición en favor de una promesa, de un ofrecimiento o de una disposición que no controla porque lo ofrecido aun no lo tiene. (Terrasa, Eduardo, 2005)
    4. Sobre la base de la confianza en una escuela se estructura y define la ‘zona de autonomía’ (Isaacs, David, 2004) que es el ámbito en el cual cada docente toma decisiones atendiendo el contexto y su criterio profesional. Compete al directivo – en estricta coherencia con la confianza depositada – respaldarlas e introducirlas en la cultura organizativa. Ordinariamente, cuando se reconoce autonomía en la zona de la propia competencia, el actuar con responsabilidad es un modo de corresponder a la confianza depositada en el docente como persona y profesional.
    5. Considerando que la docencia escolar es una profesión intelectual y de ayuda a otros, la escuela con el propósito de ofrecer un futuro atractivo, tiene que conocer a cada docente para proponerle oportunidades que – sin sacarlo necesariamente del aula – le permitan el desarrollo intenso y renovado del estudio, de la investigación, de la trasmisión de conocimientos a través de conferencias y/o de asesorías; así como poner a sus disposición instancias mediante las que pueda ayudar fina y capilarmente en su desarrollo personal a sus alumnos, a los padres de familia y a sus colegas.

Al margen de la estrategia que se elija, el director no debe cejar en el empeño de lograr que su escuela sea lo suficientemente estimulante para que todos y cada uno de los docentes puedan desarrollar su labor como tales y puedan encontrar cauces para su satisfacción y realización profesional: intelectual y de ayuda. Asimismo, tiene que procurar que sea lo necesariamente flexible, de modo que, se pueda acompasar con las iniciativas, innovaciones y proyectos de cada uno de sus integrantes.

 

 

En pos de lo mejor

        Un maestro paseaba por el bosque con su discípulo cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia muy pobre y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comenta al aprendiz sobre la importancia de las visitas, de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que se suscitan de esas experiencias.

       Llegando al lugar constata la pobreza del sitio. Se aproxima al padre de familia y le pregunta: ¿En este lugar no existen señales de trabajo ni comercio, como hacen para sobrevivir aquí? El señor calmadamente respondió: “Amigo mío, nosotros, mis tres hijos, mi esposa y yo, tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con el resto producimos queso y derivados para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo”.

       El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento y se fue. En el camino le ordenó a su discípulo: “Busca la vaquita, llévala a ese barranco y empújala”. Aquel cuestionó vivamente el mandato del maestro, quien se mantuvo imperturbable. Finalmente, el discípulo cumplió con la orden.

       Esta escena quedó grabada en su memoria durante algunos años. Al punto que un buen día, el joven regresó a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedirle perdón y ayudarla. A medida que se aproximaba veía todo muy bonito, con árboles floridos, habitado, niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y preocupado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir.

       El joven preguntó a un hombre por la familia que vivía allá hace unos cuatro años, éste le respondió que aún seguían viviendo allá. Asombrado entró corriendo a la casa y reconoció a la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le pregunta al dueño de aquella vaquita “cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida“.

       El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el cambio que ven tus ojos ahora”.

       Cambiar, remover modos, estilos de comportamiento que si bien tienen resultados nos mantienen en la comodidad, en la rutina. Para ir a más, el esfuerzo tiene que ser sostenido. La vida no es para contemplarla, para ensebarla sino para gastarla, consumirla en el propio desarrollo y en el de los demás.

      La leña se consume brindando calor. La gasolina se consume: el auto camina. El hombre al ingerir los alimentos retira los nutrientes necesarios para vivir. Cuando se consume, una parte se pierde para conseguir otra parte mejor; nada se pierde, permanece convertido en algo superior.

       Cuando se corre se pierden sales, minerales y el equilibrio del reposo, Pero ¿qué se consigue? Mejor flujo circulatorio, respiratorio, mayor resistencia, mayor velocidad. Todo esto se logra con el esfuerzo que acompaña al correr. Pero si, además, se pretende ser un gran corredor, entonces, tenemos que renunciar a otras cosas… buenas: dormir hasta tarde, comer todo lo que se nos antoja, desvelarse… Cuanto más alto y grande es lo que se quiere obtener, se tiene que dejar de lado acciones buenas pero inferiores con relación a lo que se espera obtener.

        Lo propio ocurre si uno quiere ser buen estudiante. El estudio demanda esfuerzo, consume energías y quiebra el estado de inactividad, además, obliga a renunciar otras cosas menos prioritarias. Ver televisión no es malo de suyo pero si se busca ser buen estudiante, mirar muchas horas al día aleja de esa meta.

        Los resultados exitosos pueden venir, el premio puede ser buen estímulo pero alegrarse sólo con ello, limita. Alegrarnos en cambio, procurando hacer las cosas bien, esforzándonos y poniendo en cada acto, alma, corazón y vida, nos cambia interiormente y nos hace más grandes. De este modo nos preparamos para seguir haciendo las cosas bien.

       Los modelos sociales miran hacia la uniformidad pero hacia abajo, se presentan bajo envolturas atractivas y vistosas. Ir contracorriente, implica no dejarse atrapar por esas imágenes. El picaflor se divierte yendo de flor en flor y en eso gastan su vida. La gaviota otea el horizonte de palmo a palmo y sólo recoge lo que necesita del mar, zambulléndose. Con la inteligencia bien formada se conoce y distingue lo bueno de lo malo; con la voluntad uno se adhiere y mantiene en el bien conocido, a pesar de que otros no participen de ese bien y de ese conocimiento.

Saboteando la AUTORIDAD DEL PROFESOR

Soy profesor de primaria. El día de ayer me sucedió algo que nunca había pasado. Un niño estaba parado y no quería tomar asiento, hasta que le dije que no seguiría con la clase hasta que se sentara y los demás niños le dijeron fulano siéntate, a lo cual él se sentó, pero replico mi mama me dijo que no le hiciera caso a usted.

Es este un caso que me propuso un amable lector de este blog. Lo he leído varias veces… no sé si mi asombro se debe a la acción del niño o a la indicación de la madre. ¡Quedarse en pie cuando los compañeros están sentados! Me sabe a conducta osada y contestataria. ¿Sabrá el niño lo que busca expresar con dicha actitud? Cierto es, que por un momento tuvo en vilo al profesor al punto que gracias a la presión del grupo accedió a sentarse. Dificulto que ese niño de primaria haya tenido la intención de sabotear la clase.

La composición de los hechos lleva a discurrir que el niño hace una interpretación literal y generalizada de la indicación recibida de su madre. Es bastante probable que ante un hecho puntual relativo a una norma o al modo de realizar una tarea, la mamá – ante la persistencia de su hijo por cumplir prolijamente lo señalado en el colegio – haya sentenciado: “no le hagas caso al profesor” quizá seguido de alguno que otro adjetivo como para no dejar duda de quién sabe más. Pero, ¡claro! Dato importante: el niño no es la madre ni ella va al colegio. Si lo fuera, el comentario no hubiera pasado a mayores. ¿Cuál fue el mensaje que decodificó el niño? ¿La madre tenía la intención de minar toda acción docente? Estimo que la buena señora no le tendría mala voluntad al profesor…porque eso de liquidarlo ante su hijo pinta a café amargo.

Desconozco la intención de la madre por eso es mejor no juzgar. Sin embargo, algo se puede decir acerca de las consecuencias de su comentario. Una primera tiene que ver con la comunicación, más bien, con la capacidad interpretativa del receptor. Uno interpreta no solamente en función de los signos que escucha también en relación a las experiencias, intereses o situaciones que despiertan y/o asocian con lo escuchado. Somos dueños de lo que decimos más no de sus resultados. Entre otras razones, porque la persona es imprevisible, puede actuar ‘justo de la manera que no se ha pensado’. Hoy en día en que las palabras se desplazan sin tocar la realidad ni para significarla menos para comprometerse; no obstante, el hombre es un ser que conversa, que dialoga, por tanto, más que gastar palabras en perjuicio de otro u otros para descargar la conciencia, hagamos de ellas verdaderos vehículos de pensamientos y sentimientos. Los niños y jóvenes no quieren que les digamos como están las cosas… ya lo saben, pues las viven; quiere saber por qué están así para… cambiarlas.

La segunda consecuencia da cuenta de la pertinencia del comentario. Me explico. Es habitual que haya algún tema o hecho con el que no se esté de acuerdo en el colegio. No es pertinente comentar, argumentar o criticar abiertamente de ese hecho ante la presencia del hijo. Primero, razón económica: él no puede hacer nada para solucionarlo. Segundo, cuanto menos edad tenga el niño, más lo pondrá en crisis: no sabrá cuál es el lado de la fuerza. Tercero, al padre le asiste el derecho y el deber de acercarse a la escuela y conversar amigablemente con el responsable. Éste, además de mostrarse agradecido, abundará en razones y explicaciones que por lo menos le dejará a usted la sensación de que en ese colegio se actúa con criterio y no con el hígado. ¿Quién es el ganador? Su hijo sin duda. Usted, ahora confía más en la escuela y, por tanto, apoyará y dejará actuar al profesor de su retoño.

En una escuela podemos encontrar dos fuentes de autoridad. “La legitimidad y necesidad de las relaciones de autoridad y obediencia se fundan no en el poder sino en la jerarquía como institución social creada para posibilitar la organización de los grupos humanos” (Quintana, J. María, 1989) Es decir, que la escuela constituida por personas requiere de una autoridad que permita fluidez en la convivencia y orden en el uso de los espacios y ambientes.

Una segunda fuente yace en la visión y principios educativos que destinan a una escuela, en consecuencia, en su elección va implícita la conformidad o aceptación como fundamento e itinerario de su autoridad. Cuando existe coherencia, la conducción de los alumnos en la escuela será más que llevadera. Ciertamente, la autoridad se puede resquebrajar pero frecuentemente en el punto de la aplicación pero al haber acercamiento en los juicios, de inmediato se puede revisar y modificar su práctica.

Antes de ‘soltar’ un ligero comentario del colegio o de un profesor ante nuestro hijos, tengamos presente: a) No sabemos cómo lo interpretará y que conducta finalmente emitirá b) Su hijo poco puede hacer ante sus reclamos, es mejor dirigirlos a quien le competa actuar c) Si son muchos los comentarios que le ‘suelta’, es momento de repensar: ¿Es este el colegio qué en verdad quiero para mi hijo?