La buena presencia y el respeto

Por Edistio Cámere

La infraestructura de un colegio pinta distinto: el campo de fútbol, gracias a las bondades de la tecnología puede lucir plano y verde; los nuevos pisos y el techado en las zonas deportivas dan un toque especial a la infraestructura; los salones amplios y pintados facilitan que profesores y alumnos se empeñen con más comodidad en la enseñanza-aprendizaje. En suma, el mantenimiento habitual de sus instalaciones -que todas las vacaciones de verano realizan los colegios- evidencia o, mejor, confirma la importancia de la buena presentación.

En efecto, las mejoras si bien quedan como patrimonio del colegio tienen un sentido que lo trasciende: su usufructo es para los alumnos. Es un modo concreto de demostrarles respeto. Desde un punto de vista objetivo, se podría afirmar que las mejoras no son necesarias para que un colegio siga cumpliendo su función. Pero no todo tiene que medirse con el rasero de lo mecánico o de lo utilitario.

El respeto a los demás para un colegio no se reduce al dictado de clases, ni a la puntualidad en el comienzo de las actividades. La limpieza, el buen trato, la comodidad, el cuidado y mantenimiento de los bienes también es parte de ese respeto que se debe a los demás. Muchas veces el esfuerzo y la dedicación invertidas en esos afanes no se aprecia lo suficiente, pero ¡qué grato es estar en un lugar limpio y apacible!

El porte personal

Algo parecido ocurre con la presentación personal de todos y cada uno de los alumnos que, por cierto, no tiene que limitarse al uso del uniforme y al mobiliario del colegio. El respeto es a todos en general y en toda ocasión, porque quien interactúa con nosotros es siempre una persona digna y respetable. Cabe decir que el respeto no se reduce sólo a la no violencia física; eso no es respeto, es más bien la condición mínima para la convivencia.

La mala presentación es una forma soterrada de violencia: “Me presento como quiero porque el otro me tiene sin cuidado”. Que exige tiempo y dedicación el estar bien puesto, claro que sí. Pero el afecto reclama renuncia personal. Aunque no se pregone a viva voz, pero ¡qué bien se pasa cuando el compañero o compañera están limpios y bien presentados!

En el Diccionario de la Real Academia Española el vocablo ‘presentación’  tiene diferentes acepciones. Como verbo, ‘presentar’ significa “hacer manifestación de algo, ponerlo en la presencia de alguien. Dar gratuita y voluntariamente algo a alguien”. Como sustantivo, ‘presencia’ significa “estado de la persona que se halla delante de otra u otras en el mismo sitio que ellas. Talle, figura y disposición del cuerpo”.

Las relaciones entre las personas, por vivir en comunidad, suelen establecerse casi sin forzarlas. Sin embargo, no por ello se les podría calificar de triviales e intrascendentes, aún a pesar de que no todas despierten simpatía o terminen en amistad. Su importancia radica en la categoría de quienes interactúan. La persona tiene una intimidad que la hace única. Es portadora, en exclusiva, del misterio y profundidad de su ser, el cual sólo se puede alcanzar en tanto aquella decida revelarlo descorriendo los cerrojos de su corazón.

El hombre no es pura idea o sentimientos. Se expresa y comunica a través de su cuerpo. Y no siempre coincide lo que se siente o piensa en el fuero interno con lo que se muestra corporalmente. Como el cuerpo es la puerta de entrada a la intimidad, el porte es vital para que las relaciones fluyan. Toda relación reclama, para que se inicie y continúe, el respeto y la afabilidad. El respeto no es un mero formalismo o sentir, es una actitud valorativa hacia los demás que se especifica o, mejor, se obsequia en el modo en que uno se presenta.

El aseo corporal, la limpieza en los atuendos, el pudor en el vestido, la disposición del cuerpo encuentran su sentido precisamente en que lo importante de toda relación personal es asomarse al misterio y profundidad de cada ser. Por último, conviene añadir que el modo de presentarse es radicado, debe ajustarse a los criterios de una determinada organización. El ‘uniforme’, en un ambiente donde la convivencia es lo cotidiano y recurrente, tiene por objeto facilitar no sólo el orden institucional sino, sobre todo, el encuentro con lo peculiar de las personas.      

Buscando la armonía 

El cuidado del cuerpo tiene que ver con la moderación y equilibrio en las comidas, las bebidas, en los ejercicios físicos, el descanso… y el aseo e higiene diario, con la presencia y con el porte personal. La presencia e impresión personal formaliza y facilita que la propia valoración sea así recibida por los demás, de modo que en los encuentros interpersonales no medien obstáculos que impidan el acceso a la riqueza interior. También, el cuidado del porte personal encuentra su fundamento en la valoración y el respeto hacia los demás. 

El descuido externo comunica dos tipos de mensajes: 1.- Exagerada valoración de uno mismo, que pretende imponer un estilo independientemente del efecto o de la afectación que pueda causar. “Soy así y así  me tienen que aceptar” es una expresión que confirma esa actitud. 2.- La otra cara de la moneda tiene que ver con una minusvaloración de la opinión y de los afectos de los demás. 

La armonía personal, que poco tiene que ver con el lujo o en el emperifolle del cuerpo, es lo que se expresa a través de la presencia personal. Es una condición de la belleza que en el caso del ser humano emerge de su intimidad. Descubrir esa intimidad no debería ser como la acción del minero que luego de un gran esfuerzo desciende a las profundidades de los cerros para extraer el mineral preciado. Más bien, debería ser como el trabajo a tajo abierto, donde el mineral está a su alcance.

El deporte también ayuda

El deporte es una actividad que tiene gran valor educativo, personal y social, quizá sea porque es a la vez juego, superación física y competición. Las hazañas, las aventuras plenas de retos y los logros espectaculares con los que todo hombre sueña realizar encuentran su cauce y su ámbito en él. De ahí el atractivo que invita a renunciar a ciertas comodidades que impiden desarrollar con dominio las técnicas de cualquier disciplina deportiva. 

También tiene la particularidad de distraernos y hacer olvidar las dificultades o la monotonía de la vida. Pero el deporte no es un juego de azar sujeto a los caprichos o singularidades de los jugadores. Es un juego que tiene reglas cuyo cumplimiento -lejos de entorpecerlo- lo hace divertido y emocionante. Las reglas, sean de deportes individuales como colectivos, recogen la tradición y la cultura de generaciones de jugadores que en su práctica fueron perfeccionando las respectivas disciplinas.   

Ganar o quebrar marcas es un anhelo de todo deportista. Jugar para perder suena a contrasentido, pues no habría lugar para el esfuerzo y la superación física. Vencer o perder es un arte que tiene que conquistarse. Reconocer que el otro es mejor o que estuvo mejor preparado implica nobleza, cortesía y sencillez. Se acepta de buen grado la derrota cuando se sabe a conciencia que se puso lo mejor de uno en el campo. Buscar el triunfo y el éxito a toda costa, como una suerte de obsesión que no respeta normas ni contendores, no es saber ganar. A la victoria se tiene que llegar sobre la base de habilidades, respeto y sobre todo de esfuerzo y constancia durante toda la brega. El trato con el perdedor tiene que ser de reconocimiento porque gracias a su valía y capacidad el vencedor se superó física y tácticamente.

La práctica deportiva constituye un ámbito propicio para la maduración de la personalidad, pues facilita adquirir el dominio físico y psicológico sobre uno mismo y desarrollar cualidades básicas para la vida como la lealtad, la perseverancia en el esfuerzo, la resistencia, el espíritu de sacrificio, la capacidad de renuncia, el reconocimiento de las propias limitaciones y la valoración de las virtudes de los demás.  

Por último, cabría añadir que el deporte confirma que el cuerpo humano no es especializado, está abierto a una indeterminada cantidad de posibilidades. Si no tuviéramos un cuerpo adecuado para realizar las funciones intelectuales, éstas se quedarían atenazadas. El hombre tiene un cuerpo propio de un ser inteligente.  Y es que si así no fuera, pues el deporte sería sólo una mera ficción.


2 thoughts on “La buena presencia y el respeto

  1. Estimado “blogger”:

    Permítanos felicitale por este blog y, en general, por su preocupación por la educación.

    Nos gustaría invitales a participar en el Certamen Internacional EducaRed, que pretende facilitar a la comunidad educativa nuevas herramientas, conocimientos y métodos de trabajo para asumir los cambios que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) provocan en nuestra sociedad y en las nuevas generaciones de estudiantes, así como en los métodos de enseñanza y aprendizaje.

    Tienen toda la información en nuestra web: http://www.educared.org/certameninternacional

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    Pueden participar en el Certamen creando blogs, webs y wikis. Además, los docentes pueden participar en solitario, con Experiencias Didácticas relacionadas con el uso de las TIC.

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    Un cordial saludo,

    Oficina del Certamen Internacional EducaRed
    Correo electrónico: certamen@educared.org
    Teléfono: 902.905.144
    +34.981.975.621

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